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Normalmente todas las chicas con las que se topaba se paraban a admirarlo, a él, y no él a ellas.
Le llevó 3 segundos pensar en todas esas cosas, a pesar de no haberla visto muy bien ya tenía un imagen de la chica en la cabeza, solo le faltaba algo y era el rostro, había pasado tan rápido que no se lo había viso.
Antes de darse cuenta ya estaba caminando detrás de ella, la siguió hasta la esquina donde ella esperaba para poder pasar, Damon aprovecho para acercársele, se paró justo a su lado y comenzó a silbar.
Ella apenas y lo volteo a verlo, pero justo en ese instante se puso la señal para pasar y ella cruzo.
Damon prácticamente corrió detrás de ella, caminaba un poco rápido, o tal vez se había dado cuenta de que Damon la seguía y hacia bien en huirle, pero aun así no se dio por vencido, estaba dispuesto a ponerle un rosto y un nombre a su desconocida, no se rendiría tan fisilmente.
Ella entró en una librería, y Damon se paró en seco a pensar en algo rápidamente en como poder abordarla.
Primer paso: entrar a la librería y buscarla con la vista disimuladamente.
Eso fue lo que hizo y no tuvo que buscarla mucho, la encontró inclinada hacia delante, recargando un poco su peso en el mostrador alto que estaba enfrene de ella, al parecer estaba diciéndole algo a la señora que estaba detrás del mostrador.
Segundo paso: acercarse a ella y hablarle.
Dicho y hecho, Damon se acercó cuidadosamente y se puso a su lado distraídamente, en la misma posición que ella, he hizo como si no la hubiera notado en lo más mínimo y se quitó las Ray-Bans.
Sus hombros chocaron levemente y ella volteo a él, sus rostros se vieron y sus ojos se encontraron por primera vez viéndose fijamente el uno al otro.
Ella vio los ojos claros de Damon un tanto impresionada, él estaba fascinado con el color miel de sus ojos, esos ojos eran tan distintos a todos los que él había visto, y había visto muchos a lo largo de toda sus existencia, pero esos eran diferentes, no comprendía, pero estaba seguro de una cosa no quería dejar de observar ese lindo rostro.
Tenía una linda forma, alargado y delgado, rasgos finos, bellos ojos grandes dorados a la luz clara, risadas pestañas negras adornaban su cara, una pequeña nariz recta pero chata al final estaba en el centro de toda esa tés suave y broceada, al menos para él estaba suave, unos pequeños labios carnosos en la parte inferior y un poco rosados terminaba de darle perfección a ese rostro sin nombre.
Damon estaba fascinado con las facciones del rostro desconocido, parecían hechas por el mismísimo Miguel Ángel, incluso más perfectas que las de La Piedad, claro también porque estas eran reales, y no hechas sobre mármol.
Estaba como hechizado con ese rostro, ahora que la veía de frente, podía apreciar la pequeña diadema que mantener el cabello hacia atrás.
En los bellos ojos color miel Damon podía observar confusión, intriga, impresión, de esta última un poco, y una serie de sentimientos que no pudo identificar pasado tan rápido.
Ella le sonrió, era lo único que pensaba que podía hacer, Damon no se había dado cuenta de que mientras la observaba una sonrisa se había dibujado en su rostro y ella había sonreído para no ser grosera.
Damon estaba realmente encantado, la sonrisa de ella era en verdad hermosa, y cuando sonrió su nariz se arrugó un poco.
Mientras Damon pensaba en todas esas cosas, por la mente de la chica solo había una pregunta
"¿qué le pasa?"
Damon estaba entusiasmado con ella y ella ni siquiera estaba interesada en él.
La encargada de la librería los interrumpió, al menos eso pensó Damon, y dijo algo que Damon no escucho ya que estaba embobado con la chica y ella volteo en rostro en dirección a la mujer y contesto.
-sí, así es-
Su voz era poco aguda pero tan suave, le parresia la de una ángel.
Damon notó que ella no tenía ni la más mínima intención de hablarle.
Así que pensó que sería mejor que fuera él el que hablará, estaba a punto de hacerlo cuando la mujer de detrás del mostrador le dio un libro a la chica y ella se daba la vuelta en dirección contraria a la de Damon.
-¿puedo ayudarlo no algo?- pregunto la mujer de mostrador, pero Damon no le hizo caso en ese momento, él se había girado a ver como se iba su desconocida hacia la puerta, se giró nuevamente.
-no, nada, gracias de todos modos- le dijo a la mujer, ella puso los ojos en blanco.
Damon se apresuró a alcanzar a la chica, estaba desesperándose, tenía que hablar con esa chica, tenía que hacerlo, saber quién era ella, conocerla, todo.
