Disclaimer: Orihime y Ulquiorra, así como los personajes que restan de Bleach, no me pertenecen, son única y exclusivamente del Gran Tite-Sama.
Advertencias: Contiene gore, palabras malsonantes, lenguaje sexual explícito y lemmon.
Aclaraciones: Las frases en cursiva que separan los párrafos, son una especie de resumen poético del fragmento leído, lo digo por si alguien no se había fijado =).
Notas de la Autora: Capítulo dedicado a María, para que se decida de una vez a ver Bleach XDDDD.
Un saludo =D
He´s My Sin
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Capítulo 2
Sangre Negra
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La luz del sol entraba por la ventana cuando me paré a mirar mis manos, eran blancas, largas y fuertes. Su sempiterno color tiza estaba salpicado de cientos de gotas escarlata. Los hilos de aquella putrefacta sangre me manchaban las manos y la camisa, y como tantas otras veces, me sentí enloquecer de ira. Asesté otra patada en la cara del gusano que yacía a mis pies, que implorando inútilmente por su vida, mis ojos, como dos esmeraldas ennegrecidas, permanecieron observando el cuerpo maltratado y lo ojos yertos de mi víctima, impasibles ante el sufrimiento, deleitándose con el fulgurante brillo de la sangre colorear las blancas baldosas del suelo.
Zas. Crack.
Otro grito de dolor…¿le habría roto otra costilla?
Ya iban 5.
Contemplé con satisfacción como la vida se le escapaba poco a poco del cuerpo, a través de las heridas abiertas, los ojos y la cueva tumefacta en la que se había convertido su boca.
Escuché un balbuceó, y otra patada en la cara que lo hizo gemir.
-Como no te calles te mato -dije. ¿Por qué tenía que ser tan ruidoso? ¿Es que no le había quedado claro ya, que no iba a cesar de golpearle? Tsk, todo era tan jodidamente molesto… .
A mí alrededor, en cambio, el silencio más absoluto imperaba con maestría, y causa de esto, no pude evitar sentirme levemente de mejor humor, y más que satisfecho con el miedo que infundaba. Nadie me iba a parar.
Nadie lo había hecho nunca, ni lo haría jamás.
Me aparté un par de pasos y miré a la multitud mientras el despojo cercenado se revolvía en sus encharcadas coyunturas.
El terror se había expandido por el aire y llegado a mi nariz como una ráfaga afrodisíaca que me excitó al instante.
Fue entonces cuando la ví entre la multitud…aquella chica de cabellos de brillante naranja y ojos grises como pozos sin fondo.
Sentí ganas de sonreír. Pues estaba seguro al cien por cien de que era su terror el que me había exaltado de aquel modo. Fue exactamente igual que aquella vez hacía ya cuatro meses, cuando me la había encontrado frente a frente a la salida del instituto , y ella, había estado tan cerca de morir que ni se lo habría podido imaginar.
Fue en ese momento en el que más me reprimí de golpearla, de tirarla al suelo y violarla hasta que pidiera clemencia, de que su sangre manchase mis manos y así beber…y disfrutarla.
Pero me contuve.
¿Por qué lo hice?
Incluso hoy me lo planteo, cavilo y me desquicio en vano, intentando encontrar una respuesta a aquella insidiosa cuestión que me corroe como el ácido.
Y me siguió mirando, con temor y terror esculpido en aquella cara pálida, contraída de pánico…de miedo.
No pude evitarlo, y antes de darme la vuelta y abandonar el pasillo, sonreí.
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_No hay peor castigo que la indiferencia_
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Y allí estaba yo. Delante de ella de nuevo, expectante y sediento de sangre, tan enfebrecido y agónico, que, apenas pude contenerme.
-Respóndeme chica, ¿Qué miras?
El silencio me consumió las entrañas.
Avancé un paso hacia ella, presa de la ansiedad, y, muy a mi pesar, ella no retrocedió ni un ápice, tembló durante unos instantes y luego se serenó dando con débil zapateo.
-Te voy a matar si no me respondes.
Y entonces me sorprendió por segunda vez.
-¿Por qué haces esto? -preguntó con los ojos grises llenos de lágrimas.
Parpadeé sorprendido por su pregunta.
No había rastro de miedo en sus ojos, ni de terror en sus palabras cuando se dirigió a mí, casi exigiéndome una respuesta, pidiéndome que la contestara, que le diera motivos de por qué hacía aquello, que justificaran mis actos…. Incliné levemente la cabeza, enfocando mi mirada con la suya. Aquella chica no me conocía si, en primer lugar, pensaba que iba a responderla, y en segundo lugar, si esperaba encontrar aunque fuera un mínimo de coherencia lógica en el hecho de que no la hubiese matado aún…lo que me recordó que, efectivamente, mis actos no correspondían a mi usual aplicación de la antes indispensable coherencia.
Vaya…otra vez.
Un calor conocido me recorrió por dentro cuando nuestros ojos se encontraron.
Ella tembló de nuevo y se acercó dando un paso muy breve. El aire que revolvió sus cabellos fue directo a mi sensible olfato, ayudando a que mi retorcida mente divagara y desdibujara una truculenta escena llena de sangre y sexo, que me nubló los sentidos e hizo mella en mi cuerpo, llenándome de una insidiosa y súbita debilidad.
¿Quién era esa chica, que podía aturdirme de aquella manera?
La ira fluctuó cuando respondí sin pensar, sin saber realmente que acababa de entrar en un juego al que había perdido de antemano.
-Tú primero…chica.
Ella avanzó otro paso.
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_Ve con lobos y aprenderás a aullar_
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Rememoré mi conversación con ella mientras permanecía tendido en mi cama, con la mirada clavada en el techo.
*Flash Back*
-Yo…bueno, aquella primera vez en la que choqué accidentalmente te miraba a ti porque… -lo dijo en voz baja y temblorosa mientras yo la miraba a los ojos, fijamente, esperando a que continuase.
Su respiración estaba agitada, sus pupilas de un suave gris ceniza viajaban de mis propias pupilas hacia el suelo continuamente, intentando evitar el súbito miedo que yo tanto había anhelado por su parte.
-Contéstame.
-Bueno yo...sentía... -avancé un paso hacia ella, el aire helado abrasaba cuando me rozaba la piel, tenía la vista teñida de rojo y dorado, y lo único que deseaba era acercarme a ella…tocarla, y que me tocara.
-¿Si?
-C-curiosidad por ti…porque nunca te había visto tan de cerca, Ulquiorra -aquello me dejó noqueado durante unos segundos.
¿Curiosidad? ¿Esa chica había sentido curiosidad por mí? ¿¡Por verme de cerca?¿¡A mí? Por todo lo que se mueve... ¿Me estaba vacilando?
Chasqueé los dientes y apreté los puños, enrabietado porque sentía que se estaba riendo a costa…¿Qué otra explicación podía haber? ¡Nunca nadie aparte de mis compañeros, me había visto de cerca y había vivido para contarlo!
-¿U-Ulquiorra? -no se por qué, pero cuando escuché mi nombre brotar con temor y ansiedad de sus labios, el hambre que asta entonces había permanecido bajo control, se disparó por encima de mi consentimiento.
Un gruñido desgarrado brotó de mi garganta, y el deseo de poseerla me consumió por dentro, despertando mi sexo y tensándolo como un cable de acero.
Avancé hasta ella como una exhalación hasta apretarla contra la pared, aspiré el olor que desprendía la pálida piel expuesta de su cuello, cuando mi cara se hundió en el naranja furioso que eran sus cabellos.
-¿Qu-Que haces? -su voz salió con un gemido bajo, a la par que mi nariz rozó su mejilla.
-… -no respondí, solo seguí acariciándola, piel contra piel, su aliento cálido se estrellaba con delicia contra el cuello de mi camisa, mis manos exploraban sus tenues caderas y su corazón latía desaforado contra la redondez sublime de sus pechos, delatando la excitación que mi cercanía le provocaba. Mi cuerpo. Yo. Sentí el deseo irrefrenable de que gimiera, de que me besara y me acariciase. De que me arañase la espalda con las uñas, y que rogara porque siguiera haciéndoselo, cada vez más fuerte, más dentro, más cerca…De que me dijera que nadie la había hecho sentirse igual, de lamer su piel perlada en sudor y que, por fin, gritara mi nombre cuando el orgasmo la devastase, de que su interior estallase en llamas y me devorara. De sentirla y que me sintiese. De que me anhelase y yo la anhelara. De poseerla y que me poseyese. De ser uno…una y otra vez.
-¿Qué sientes…chica? -moví mis labios sobre los suyos, sin tocarlos, gozando de la tensión sexual acumulada entre nosotros, del olor a excitación y a sexo que despedía su cuerpo, y al brillo lujuriosos de sus pupilas cuando se encontraban con las mías.
-Yo...y-yo…no lo sé -una lágrima silenciosa brotó de sus ojos, y yo, me apresuré a recogerla con la lengua. Jadeó y yo no pude hacer más que apretarme contra ella, mi erección la golpeó en el vientre, insinuante y tan caliente como un hierro al rojo vivo. Gimió levemente, y con manos trémulas intentó apartarme de ella.
-No…por favor -imploró, yo esbocé una sádica sonrisa, y volví a moverme contra ella, frotando mis caderas con las suyas, arrancándole gemidos exaltados a pesar de que se esforzaba mordiéndose los labios…hasta hacerlos sangrar.
Sangre.
La boca se me secó cuando aprecié el resplandeciente escarlata en contraste con su piel de porcelana.
No pude evitarlo, me fue imposible no pasar mi lengua por sus labios, relamiéndolos, chupándolos con fruición, mientras nuestros alientos se entrechocaban y mezclaban, mientras los jadeos de ella me hacían apretarme contra su cuerpo, buscando calor y humedad aún con la ropa puesta.
-P-Para por favor…no sigas…n-no me m-mates -cuando me separé de ella lo suficiente, aquellas palabras inconexas surgieron de su boca como una ráfaga de aire frío, llenándome de impasibilidad al instante.
Junté mi frente con la de ella, clavé mis pupilas en las suyas, y luego, sonreí.
-¿Te parece que esté intentando matarte?
Un violento sonrojo cubrió su cara perlina en una superficie escarlata brillante, su sangre palpitaba contra aquella sedosa piel pálida, pugnando por salir. Acaricié aquella pureza virginal con las yemas de los dedos, hambriento y embelesado a partes iguales.
-No...no me lo parece.
Entrecerré los ojos al apreciar la vergüenza en sus pupilas, y la pregunta salió sin permiso de mis labios aún coloreados por su sangre.
-¿Te avergüenza lo que acabamos de hacer?
Ella gimoteó en voz baja, y las lágrimas volvieron a surcar su cara, temblaba como una hoja mecida por el viento, y fue eso lo que me impulsó a hablarla de nuevo, en un intento infructuosos de paliar aquel sentimiento que, de una extraña manera me había llegado dentro.
-Yo nunca he hecho esto antes -como tantas otras veces se me adelantó…y me sorprendió.
Entrecerré los ojos levemente.
-¿Nunca?
Ella negó co la cabeza.
Una idea peregrina se instaló en mi cerebro durante unos instantes.
-¿Amas a alguien?
Sus ojos se abrieron de par en par y, desde su baja posición engarzó su mirada con la mía de manera completa y absolutamente…sensual.
Me descubría mi mismo deseando que no fuera a sí. Lo que no me sorprendió tanto fue el deseo asesino de descuartizar y quemar vivo a aquel que tuviera control sobre esa chica.
Entonces ella negó con la cabeza.
Yo permanecí impasible y me dí la vuelta.
Satisfecho con la respuesta.
-Fin del Flash Back-
El silencio se había cernido sobre mí cuando por mi mente pasó la descabellada e irracional idea de llamar a Yammi…Pero, ¿Para qué? Incorporándome muy lentamente y sacando el móvil del bolsillo de mi pantalón, rememoré ilógicamente, y casi con gusto, los labios de la chica.
Marqué los números correctos y esperé con paciencia hasta que la voz del sujeto salió a todo volumen por el auricular.
-¡Eh, Ulquiorra tío! ¿A que se debe tu llamada?
No me sorprendió su elocuente reacción.
-Si me conoces tan bien como alardeas, debería plantearme si matarte o no -comenté sin emoción.
Sus carcajadas salieron a borbotones contra mis oídos.
-Hay que joderse, ¡Siempre con tus bromitas macabras!
Decidí no aclararle que no era ninguna broma. Más que nada para evitar gastar saliva en vano.
-Quiero que investigues a alguien.
-Que sorpresa…¿Y de quien se trata esta vez?
Sonreí.
-Orihime Inoue.
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ºº_Las razones, solo son razones si merece la pena explicarlas_ºº
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Cuando terminé de limpiar la ducha, me vestí y salí de mi apartamento más rápido de lo habitual, pues una desconocida e incompresible ansia me corroía las entrañas. Como todas las mañanas desde que tenía recuerdo, llegué al parque del noroeste, junto al instituto, el primero. Siempre llegaba antes de la hora, para así evitarme parloteos innecesarios e incluso alguna que otra reprimenda de los sujetos con los que allí me concertaba. Pues eran "sujetos" y no amigos.
Yammi tal vez esclavo, pero nada más.
-Eh, ¡Ulquiorra! -parpadeé confuso durante unos instantes, luego, y sin llegar a creerme que fuese un espejismo, Yammi me esperaba sentado en el banco de todas la mañanas, con una bobalicona expresión en la cara que s eme hizo inconfundible.
Sin duda era él, y a juzgar por la velocidad y la fuerza con la que agitaba su mano, tenía la información que le había pedido el día anterior.
Perfecto.
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ºº_Los motivos del corazón, ni la mente los entiende_ºº
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Y hasta aquí llego =)
Espero que os haya gustado, aunque haya sido más breve que el anterior.
¡En el siguiente capítulo veremos que es lo que esconde Orihime!
º0º0º0º0º0º0º0º0º0º_Review?º0º0º0º0º0º0º0º0º
