Disclaimer: Ninguno de los personajes de Yu-gi-oh! Me pertenecen, sólo los utilizó como medio de entretención
Warning: Este fic es de contenido YAOI si no sabes qué es esto, mejor no sigas leyendo
Cold
II
Unforgiven
La mañana cálida llegó rápidamente.
Joey se desperezó bostezando una y otra vez mientras se dirigía al baño de su camarote con los cabellos rubios hechos un completo desastre.
A tientas, abrió los grifos del agua caliente y la fría, metiéndose bajo la ducha una vez que el agua había quedado a la temperatura deseada.
A cada gota de agua que recorría su cuerpo, el sueño comenzaba a desvanecerse. Tomó el shampoo y con una cantidad considerable, comenzó a lavar su cabello para después tomar el jabón y la esponja y comenzar a retirar cualquier resto de bacterias no deseadas de su cuerpo.
Finalmente procedió a enjuagarse y disfrutar de la caricia del agua sobre su piel hasta que decidió que era suficiente a menos que quisiera quedar como una pasa viviente.
Salió del baño con una toalla amarrada a su cintura.
Comenzó a secar su cabello con otra toalla mientras que las gotas que aún resbalaban por su cuerpo, comenzaban a evaporarse.
Del mueble cercano al clóset, abrió el primer cajón, sacando un bóxer negro que se ceñía a su cuerpo. Abrió su clóset y cogió un pantalón de mezclilla azul algo desteñido, como la moda lo implicaba y una playera azul celeste de manga corta que tenía los bordes de las mangas y el cuello en un tono azul marino, mientras el logotipo de Niké bordado en la parte superior del lado derecho, se apreciaba con facilidad. Para finalizar, sacó unos calcetines negros y un par de tenis deportivos que le brindaban a su atuendo aquel toque de juventud y alegría que tanto le caracterizaba.
Se vistió y dando un último bostezo, se recostó sobre su cama, esperando a que su padre llegara y bajaran juntos a desayunar.
Había pasado una muy buena noche y de verdad se hubiera vuelto a quedar dormido de no ser por el suave toquido sobre su puerta: - Joey, es hora de ir a desayunar hijo. –fue la voz de su padre la que le hizo pararse y abrir la puerta como si llevara un resorte atrás- Que bien que estés despierto, andando, desayunaremos con el Señor Kaiba y su familia así que quiero que te comportes por más que ese chico no te agrade.
- Ya lo sé padre, pero estará Mokuba así que podré charlar con él a menos que su hermano saque las garras y los dientes y no me deje ni acercarme a Mokuba. –murmuró frunciendo un poco su respingada nariz- Pero descuida, ese sujeto no hará que te deje en mal.
- Bien, me alegra oír eso –
Dicho esto, se dirigieron a la zona privada para los dueños del crucero. Ahí, Joey pudo divisar a los Kaiba sentados ya para disponerse a desayunar y a los dos guaruras, entre ellos Odión, que cuidaban a la familia.
Interiormente llegaba a sentir escalofríos de lo duro que podría ser el trabajar al servicio de una familia tan importante. No entendía cuál era la afición de muchos para decidir ser guaruras.
- Señor Wheeler, tan puntual como siempre. –saludó Gozaburo Kaiba, dirigiendo su mirada a Joey- Y veo que aceptó mi petición de traer al joven Joseph.
- Buenos días, señor Kaiba. –saludó Joey haciendo una pequeña inclinación digna de un caballero-
- Buen día, Joseph, pero siéntense. –ambos accedieron, sentándose en la mesa redonda de la estancia-
Aunque para agrado del rubio, le había tocado sentarse junto al pequeño Mokuba.
- Esta mañana, Mokuba nos contó a Seto y a mí que anoche usted cuidó de él –comenzó el señor Kaiba mientras los sirvientes servían el desayuno, Joey asintió- Debió ser una magnífica compañía para el pequeño Mokuba como para que toda la mañana no parara de hablar de usted y de la anécdota que le contó acerca de su padre y usted.
- Jeje, lo que sucede es que Mokuba. –Seto bufó en molestia por la confianza que le había agarrado a su hermanito, gesto al que Joey hizo caso omiso- Quería que le contara un cuento y como no recuerdo ninguno, pensé que sería bueno relatarle alguna experiencia de mi padre y mía.
- ¿Ves Seto? Te dije que Joey sería alguien muy divertido con quién platicar pero tú me dijiste que era un niño bonito cabeza hueca. –Joey se atragantó con el jugo de naranja que había bebido antes de que el pequeño lanzara el comentario-
- Mokuba… -advirtió Seto con un ligero rubor en sus mejillas-
- Oops, lo siento. –contestó el pequeño sacando la lengua en un gesto inocente sacando algunas risas de los dos adultos, aunque por supuesto, la de Gozaburo era falsa- ¿Joey, te encuentras bien?
- Sí Mokuba. –respondió ya más tranquilo del ataque de tos que le había dado-
No supo exactamente por qué, pero a partir de ahí, no pudo mirar directamente al ojiazul y un molesto sonrojo cubría la blanca piel de sus mejillas.
Aunque el ojiazul no difería mucho del estado del rubio, sólo que éste último, no podía percatarse del casi imperceptible cincelado rojizo sobre sus mejillas.
El desayuno continuó con las pláticas de los dos adultos acerca de quién sabe qué asuntos y Mokuba y Joey hablando animadamente, mientras que Mokuba se las ingeniaba para adherir a su hermano a las conversaciones, a pesar de que ni Joey ni él se dirigían una mirada directa.
- Ay tengo sueño. –murmuró Mokuba aguantándose un bostezo que no sería bien recibido de acuerdo a como le habían inculcado- Padre¿puedo irme a dormir un rato?
- Sí Mokuba. –notando como Seto se levantaba para llevarse a su hermano, puso su mirada sobre él, indicándole que se quedara sentado- Odión, lleva a Mokuba a su habitación y cuídalo. Señor Wheeler, creo que es hora de que discutamos nuestros asuntos en privado. Seto, espero sepas ser un buen anfitrión con el joven Joseph.
Dicho esto, ambos hombres salieron con el guardaespaldas que quedaba en la habitación y que seguramente, se había ido a parar a la salida.
Joey suspiró pesadamente: - ¿Y bien? –preguntó- ¿Qué quieres hacer?
- … -Joey se sorprendió por la elocuencia del castaño para entablar una conversación-
- Oh vamos¿no puedes ser un niño normal de 14 años por un momento? –preguntó algo fastidiado por la indiferencia del ojiazul- ¿Tienes que ser tan aburrido?
- ¿Y tú tan hablador? –dijo fríamente, clavándole su mirada- Pareces un perro, no paras de ladrar como si de verdad no pudieras estar en silencio.
- Pues prefiero hablar a parecer un molesto muro de hielo. –replicó- Me alegra mucho que Mokuba no sea como tú pero me temo que por tú falta de sensibilidad, él también se vuelva así.
- Cállate perro, no sabes de lo que hablas –respondió mirándolo con rencor, oh si que le habían dolido esos comentarios-
- Claro que sí, Mokuba es un niño agradable y tu padre podrá ser un hombre de negocios pero sabe divertirse. –prosiguió- Es como si tú fueras el único anormal de la familia Kaiba.
- ¡Ja! Pensé que tendrías la delicadeza de usar por primera vez tu cerebro Wheeler, pero por lo que veo, ni siquiera está en tu aireada cabeza. –Joey apretó los puños- Eres como cada uno de los miembros de esta asquerosa sociedad, un idiota que juzga y habla por hablar sólo para echar en cara cosas que considera defectos para no fijarse en su propia imagen que ni siquiera llega a causar odio, más bien lástima y repugnancia.
- ¿Ah sí? Pues viendo como me hablas, se nota que tú tampoco eres diferente. –Seto lo fulminó con la mirada pero Joey no se dejó amedrentar, guerra quería, guerra tendría- O quizá si difieras en algo, estás resentido y amargado. Y claro, tú ideología de ser superior te indica que si tú no puedes vivir tranquilo, te aseguras de que nadie más lo haga y es verdaderamente triste porque en medio de todo tu patético rencor, te estás llevando a Mokuba.
- Nadie pidió tu opinión de cómo debo educar a mi hermano, así que cierra el hocico y deja de gastar oxígeno. –
- ¡Oh! Por lo que veo ahora tu agresividad se ha convertido en tu defensa¿o así ha sido siempre? –dijo mientras Seto se volteaba, decidido a ignorarlo- ¿Qué pasó, dónde has dejado tus garras?
- … -
- Así que he acertado ¿eh gato? –preguntó burlón- Sólo sacas tus garras cuando te sientes amenazado y cuando tienes la batalla perdida, haces de cuenta que nada sucedió.
- ¡Maldita sea, Wheeler! Cállate de una endemoniada vez, aquí nadie pierde nada porque no le presto atención a los idiotas. –murmuró con la voz amenazadoramente baja- Y como yo sí tengo vida, me voy a donde tu patética presencia no esté.
- Ahora huyes. –respondió con una sonrisa socarrona, tomándolo del brazo- No te vas a largar de aquí hasta que dejes de tener ese genio del demonio.
- Suéltame perro estúpido. –ordenó deshaciéndose bruscamente del agarre del rubio- Yo me comporto como se me de la gana, no eres quién para decidir que debo cambiar y que no así que deja de fastidiarme y lárgate con tus asquerosos pensamientos optimistas a otro lado.
- ¿Ves Kaiba? Lo único que haces es darme la razón. –replicó el rubio antes de que el ojiazul se alejara- Tienes miedo de estar alegre porque piensas que cuando esa alegría se vaya, serás herido, por eso siempre estás a la defensiva.
Al ver que el ojiazul no prestaba atención a sus palabras, corrió hasta la puerta, poniéndose enfrente para impedirle el paso al castaño: - Perro, hazte a un lado, estorbas.
- No me quitaré hasta que me escuches. –respondió con la decisión en sus ojos melados-
Seto estuvo a punto de replicar de no ser porque observó atentamente el pequeño y casi imperceptible cincelado rosa sobre las mejillas del rubio y lo atribuyó a que su vista comenzaba a fallarle pero cuando vio lo agitado que el rubio se encontraba, sólo atinó a hacer a una pregunta: - ¿Perro, te sientes bien?
- Cla-claro… ¿por qué no habría de estarlo? –preguntó-
Sin embargo, el rubio había comenzado a respirar más agitadamente mientras algunas gotas de sudor frío comenzaban a recorrer su fino rostro y lo blanco de su piel comenzaba a ponerse muy pálido de repente hasta que comenzó a perder el equilibrio y el ojiazul reaccionó a tiempo para detenerlo entre sus brazos y que su rostro no se estampara directamente contra el suelo.
- Mírate perro, eres tan débil. –murmuró acomodando al rubio desmayado entre sus brazos, tocándole las mejillas para cerciorarse de que tan sólo era un resfrío- ¿Tenías que desmayarte precisamente?
Suspiró cansino, se levantó y lo cargó en brazos. Se sorprendió bastante por la ligereza del muchacho, quizá él mismo le superaba por siete centímetros pero de todas formas, el chico estaba demasiado liviano a pesar de su estatura.
Abrió con dificultad la puerta y se topó con su guardaespaldas que lo miró desconcertado y estaba próximo a ayudarle con el rubio más él se negó: - Cuando los señores pregunten por él y por mí, diles que estamos en mi habitación.
- Pero joven Kaiba, su padre me ordenó que lo vigilara –Seto rodó los ojos-
- Entonces ven conmigo y quédate afuera de mi habitación –el guarura se acercó a cargar al muchacho rubio una vez más- No, yo le llevaré, me servirá como entrenamiento.
El guardaespaldas, a pesar de no estar muy seguro, accedió y así, los tres se dirigieron a la recámara del castaño.
En el camino, Seto se detenía a observar el semblante del rubio y es que aquel sonrojo, se había tornado más rojizo y eso no era buena señal.
Finalmente llegaron y, cuando el guarura le abrió la puerta, Seto entró para ordenarle al guardaespaldas que se quedara afuera porque él se encargaría del resto.
Una vez que la puerta estuvo asegurada, dejó al rubio sobre la cama parándose para después traer una jarra de agua que se encontraba sobre el tocador y tomar un paño de un cajón del buró a un lado de su cama.
Lo mojó y luego de exprimirlo un poco, lo dejó descansar sobre la frente del rubio.
Se sentó en el borde de la cama y observó el semblante que el rubio proyectaba sobre su cama, recordando cada palabra que le había dicho.
Ese rubio había resultado ser más testarudo de lo que esperaba y le sorprendía un poco el hecho de que no se dejara amedrentar cuando sus dagas azules se fijaban en él y trataban de cortarlo, obviamente eso no lo admitiría ni muerto.
De pronto, el rubio frunció levemente la nariz murmurando algunas cosas que el castaño no pudo entender. Medio sonrió al notar la mueca tan graciosa que hacía el jovencito de ojos miel y tomó el paño para volver a repetir el proceso anterior, pero esta vez, su mano tocó la piel de Joey y siendo que estaba fría, el niño comenzó a abrir lentamente los ojos.
Parpadeó unos momentos tratando de enfocar bien la vista que aún se encontraba borrosa, y al sentir cierto tacto sobre su frente, volteó hacia donde estaba el ojiazul.
- ¿Qué haces en mi habitación? –preguntó con la voz adormilada-
- Perro tonto, tú estás en mí habitación… -Joey lo miró sin entender- Te desmayaste y yo te traje a mi alcoba para bajarte la fiebre. Pescarás un resfriado a menos que te cuides.
- Ah… -fue lo único que atinó a decir mientras el ojiazul retiraba el paño de su frente- Bueno, ya me siento mucho mejor gracias, ahora mismo me iré para no molestar a "su majestad"
Se levantó con la dignidad que tenía a pesar de que sentía que su cabeza estallaría en cualquier momento, o peor aún, que las rodillas le fallarían y caería con el rostro estampado en el piso para diversión del otro seguramente.
- No seas más tonto, perro. –masculló Seto cuando vio como el rubio se tambaleaba- No quiero volver a cargarte cuando te caigas así que quédate aquí.
- No hace falta, yo pue… -no alcanzó a terminar la frase porque cuando iba pasando cerca del ojiazul, volvió a marearse y por la cercanía más el peso de su cuerpo y el relajamiento en la pose del castaño, ambos fueron a dar al suelo-
- ¡Idiota! Por eso te dije que te quedaras quieto. –reprochó tratando de quitárselo de encima- Agh, quítate
Seto trató de deshacerse del cuerpo del más bajito pero sus manos habían quedado inmovilizadas al igual que sus piernas y el rostro del rubio había quedado muy cerca del suyo.
El aroma endulzado a ámbar y vainilla que despedía Wheeler comenzó a llenarle los sentidos y no pudo evitar fijar sus ojos en los labios entreabiertos de Joey.
Completamente horrorizado por tales pensamientos, con mayor razón trató de echarlo a un lado, moviéndolo lo suficiente para que volviera en sí aunque al parecer, no lo suficientemente lúcido.
- Gato… deja de moverme… aquí estoy bien… -murmuró bajito acomodándose mejor encima suyo-
- Déjate de estupideces Wheeler y muévete. –exigió mientras el rubio abría lentamente sus ojos-
Seto volvió a prenderse de la magnífica vista que ofrecía el bonito rostro del rubio, fijando sus ojos, de nueva cuenta, en los sonrosados y delgados labios de Wheeler.
Joey por su parte, se sentía muy bien en donde quiera que estuviera tirado y además podía alcanzar a oler un rico aroma de alguna mezcla amaderada de cedro y sándalo, cuando abrió los ojos se percató de que se encontraba encima del ojiazul y aunque su mente le gritaba aléjate, un cosquilleo desde el fondo de su ser le impedía moverse.
Observó las facciones del castaño, viendo sus ojos azules que ahora se mantenían fijos en su rostro, la nariz perfectamente simétrica, el tono tenuemente bronceado de su rostro, la piel trigueña que le hacía alusión a la textura del durazno…
Fue imposible que resistiera a tocar tan bella imagen, acercó su mano hasta el rostro del ojiazul que le miraba atento y comenzó a delinear sus mejillas con la yema de los dedos mientras el trigueño se dejaba llevar por la suavidad de aquella caricia. Pero entonces, se percató de un moretón que se notaba ligeramente en la mejilla derecha del castaño y que, al parecer, había tratado de ser cuidadosamente ocultada bajo una delgada pero bien hecha capa de maquillaje.
Seto se dio cuenta de la atención que el rubio centraba sobre la marca que el golpe recibido por su padre y cuando el rubio iba a abrir la boca seguramente para preguntar, algo alarmado y más que nada impulsado por su naciente fascinación por los labios del chico, posó sus labios en los del rubio.
Joey abrió mucho los ojos y al ver que Kaiba los tenía completamente cerrados, trató de ponerse de pie sintiendo que su rostro hervía de pronto y que una sensación extraña comenzaba a recorrerle cada fibra de su ser.
Por un momento, su mente comprobó que los labios del ojiazul eran muy suaves y cuando el pensamiento de continuar ahí con él le asaltó, se separó abruptamente.
- ¿Qué fue eso? –preguntó Joey poniéndose a duras penas de pie-
Seto se levantó y sacudió sus ropas: - Nada Wheeler, olvídalo y mejor quédate sentado en mi cama, iré por unas pastillas para tu fiebre.
- N-no hace falta, me voy ahora mismo. –respondió tratando de moverse-
- ¿Y vas a lo mismo? No seas necio, te daré la pastilla y en cuanto te haga efecto te largas a donde se te pegue la gana –
El tono autoritario que había empleado el ojiazul, hizo que Joey accediera a regañadientes pero pensaba que era mejor permanecer un tiempo sentado a que volviera a caer e hiciera un nuevo espectáculo ante el trigueño.
Seto, al ver que Joey se sentaba dignamente en el borde de su cama, fue por el botiquín de auxilios, sacando una cajita de tabletas pequeñas: - Tómate dos¿quieres que te traiga agua? –Joey asintió sin mirarlo a los ojos-
Se dirigió hacia la puerta, abriéndola ligeramente: - Trae una jarra de agua –el guardaespaldas accedió y Seto volvió a cerrar la puerta-
Un incómodo silencio se formó entre ambos.
- Por lo que mi padre me ha contado, tu papá es muy bueno en su trabajo. –comenzó el castaño tratando de romper el silencio-
- Sí, a él le gusta mucho su trabajo y yo quiero seguir sus pasos. –dijo sin mirarlo aún- Según me comentó mi papá, tú comenzarás a trabajar en la empresa de tu padre.
- Así es, él dijo que ya era tiempo de que comenzara a saber de qué trataban los negocios. –dijo suspirando mientras un leve toque en su puerta, le hizo ir a abrirla-
- Aquí tiene el agua joven Kaiba –Seto tomó la jarra y después el sirviente cerró la puerta, tomó un vaso de los que se encontraban sobre el tocador y le sirvió el agua a Joey para luego darle el vaso- Aquí tienes.
Joey lo tomó y tras poner las dos pastillas y tragárselas, tomó un poco de agua: - Gracias… -murmuró-
- No hay por qué –respondió-
- Ehm… perdona por todas las cosas que te dije… no era mi intención molestarte –dijo el rubio mirándolo por primera vez en todo ese tiempo-
Seto se encogió de hombros: - No importa… es bueno que Mokuba conozca gente como tú... –
El rubio entendió que aquel orgulloso castaño jamás se disculparía directamente así que sólo atinó a esbozar una pequeña sonrisa.
Estaba a punto de preguntarle al ojiazul acerca de su edad, mas un nuevo toque en la puerta de la habitación, le hizo callar. Seto fue a ver quiénes eran, topándose con la imagen de su padre y el señor Wheeler.
- Buenas tardes joven Kaiba. –saludó el padre de Joey- Me dijo su guardaespaldas que mi hijo se encontraba aquí.
- Sí, le traje luego de que se desmayó, tenía la fiebre muy alta pero con el analgésico que le di, disminuyó –el señor Wheeler le sonrió, él solamente les dejó pasar-
- Ha sido muy amable joven Kaiba, ahora me lo llevaré para que no le cause más molestias. –
- No ha sido nada. –respondió encogiéndose de hombros-
- Bien, nos veremos después. –finalizó el señor Wheeler llevándose a Joey sobre su espalda- Gracias de nuevo.
Y tras esto, desaparecieron de su habitación, dejándolo con su "padre": - Quiero que te bañes y te arregles para la comida de esta tarde, comenzarás a entrar en lo que respecta a la empresa y no comiences a preocuparte por Mokuba, por lo que veo ha hecho una buena amistad con el hijo del detective Wheeler así que no le faltará la buena compañía.
Seto asintió y su padre salió de su habitación mientras él pensaba en lo que había pasado con el rubio¿había sido solamente para distraerlo o de verdad eso había sido causado por un impulso de su corazón?
No dándole más vueltas al asunto, se fue a bañar, acatando las órdenes de su nuevo "jefe".
- Por lo que veo ya te llevas mejor con el joven Seto –comenzó su padre-
- No es un mal chico una vez que le conoces –respondió-
Después de un lapso muy corto de tiempo, llegaron a la alcoba de Joey, mientras su padre le dejaba sobre la cama, arropándolo correctamente: - ¿Quieres que te suba la comida en cuanto despiertes? –Joey asintió- Muy bien, duérmete, luego subiré…
Y tras esto, salió de su habitación mientras él se revolvía una y otra vez entre las sábanas de su cama sin poder conciliar el sueño.
Aún no asimilaba por completo lo que había ocurrido en la habitación de Kaiba y ese repentino cosquilleo en el estómago que le asaltaba cuando recordaba las penetrantes irises azules tampoco le ayudaban mucho a calmarse.
Y es que el ojiazul tenía una mirada que podía intimidar a cualquiera a pesar de que sus facciones fueran todavía las de un niño, pero lo que él sentía cuando él clavaba su mirada en la suya, difería mucho a la intimidación.
Y de nuevo recordaba aquel roce y sentía que su cara hervía de vergüenza que no era provocada porque ambos fueran niños, más bien lo que la propiciaba era el hecho de que habría deseado continuar al lado del castaño sólo que éste le había cambiado el tema bruscamente para volver a dejarlo sobre su cama y decirle que olvidara lo que había pasado.
De verdad que lo intentaba tratando de enfocar sus pensamientos en lo que sería su nueva vida en New York, sin embargo, la misma sensación que había experimentado con el castaño, le embargaba cuando recordaba sin querer algún detalle en el rostro de Kaiba.
Después de todo aquello, pensaba que era más que obvio que nunca podría volver a ver al ojiazul a los ojos y no supo realmente por qué, pero algo en su interior se removió con lo más parecido a la congoja.
Con estos pensamientos, cayó completamente dormido.
Durante los últimos tres días que habían pasado a bordo del crucero, Joey y Seto trataban de evitarse por cualquier medio posible; aunque las reuniones a las que tenía que asistir Kaiba por órdenes de su padre, le habían ayudado en sobremanera; sin embargo quien más sufría era él mismo, a causa de los relatos con los que le venía su hermanito luego de pasar la mayor parte del día con Joey.
Finalmente, llegó el día en el que arribarían y Seto estaba más que ansioso por liberarse del par de ojos melados que le perseguían en la mente y a los cuales no lograba ponerles un alto.
Cuando el crucero se hubo anclado debidamente en el puerto, Gozaburo y el padre de Joey hablaban acerca del acuerdo al que habían llegado a bordo del crucero, mientras que él caminaba cerca de ellos, daba la impresión de que escuchaba cada palabra, sin embargo, estaba más pendiente de bajar ya.
A pesar de que el clima no debía ameritarlo, el día estaba nublado con vientos muy fríos y Seto había optado por ponerse una gabardina de un blanco perlado muy fina, además de su pantalón y suéter negros.
Joey en cambio, llevaba una chaqueta del mismo color y tela que su pantalón de mezclilla oscuro además de una playera roja. Mokuba vestía una abrigadora chamarra azul cielo, una playera blanca de manga larga y su pantalón de mezclilla.
- Espera que algún día te vuelva a ver Joey, eres un excelente amigo –le dijo Mokuba a Joey con algunas lagrimillas cayendo por su rostro-
- No llores chibi, ten por seguro que esto no es una despedida, nos volveremos a ver –murmuró cuando estuvieron a punto de separar sus caminos-
Mokuba abrazó fuertemente a Joey, mientras éste le correspondía al acto, de verdad se habían vuelto muy amigos y a ambos les dolía saber que probablemente no volverían a verse.
- Seto, despídete de Joseph –le animó/ordenó su padre mientras aceptaba a regañadientes-
- Bien Wheeler, esperemos que logres seguir los pasos de tu padre. –Joey lo miró sorprendido¿de verdad Seto Kaiba le hablaba amablemente?- Nos vemos.
- De acuerdo Kaiba, que te vaya muy bien en la empresa con tu padre –complementó de buena fe-
Sin más, Seto cargó a Mokuba dirigiéndose a la limusina que esperaba por ellos, con la gabardina ajustándosele perfectamente a su estilizada figura mientras que el rubio se giraba en dirección contraria hasta llegar a donde su padre se despedía del señor Kaiba.
- Espero volverlos a ver, cuídate mucho Joseph –añadió el señor Kaiba sonriéndole de forma hipócrita para luego dirigirse hasta la limusina donde sus hijos aguardaban-
Seto abrió un poco la ventana de la limusina para dirigir una última mirada a la silueta del niño rubio y su corazón palpitó más fuerte de lo normal, sintiéndose levemente acongojado por la visión que se proyectaba ante sus ojos.
Joey tuvo deseos de voltear hacia la limusina, no resistiéndose, lo hizo y durante unos breves momentos, su mirada se conectó con la del ojiazul, viendo en ellos la humanidad que aquel estoico niño trataba de ocultar.
De alguna manera, ambos supieron que ya serían un recuerdo para toda la vida pero de aquellos que el tiempo no perdonaba y castigaba con el sentimiento de la nostalgia y la melancolía…
CONTINUARÁ…
What I've felt, what I've known
Turn the pages, turn the stone
Behind the door, should I open it for you…
What I've felt, what I've known
Sick and tired, I stand alone
Could you be there, 'cause I'm the one who waits for you
Or are you unforgiven too?
Lo que he sentido, lo que he sabido
Voltea las páginas, voltea la piedra
Detrás de la puerta, debería abrírtela
Lo que he sentido, lo que he sabido
Enfermo y cansado, permanezco solo
¿Podrías estar ahí? Porque soy el que espera por ti
¿O tampoco me perdonarás?
Ok, me tardé un poquito en el siguiente capí pero lo terminé antes de acabar el año. A ver, de aclaraciones, están las siguientes, a partir de este capítulo, el pasado se acaba y comenzaremos a hablar en presente así que en el siguiente capítulo, habrán pasado ya 3 largos años.
Respondo los reviews a los no logueados aquí y agradezco a ALEJAMOTO DIETHEL, KIMMY ANGY, RINOA-LEBEAU, KEYQ Y KIDA LUNA, sus contestaciones a reviews están seguramente en su correo, gracias de verdad.
AGUILA FANEL.- ¡Hola! Me alegra mucho saber que te gusta tanto la historia, si mi organización de tiempo mejora, tendrás más pronto el nuevo capítulo, mientras, mil gracias por tu review, de verdad! Que pases un excelente Año Nuevo y que el año que viene, puedas cumplir todo lo que deseas para ti y tus seres queridos. Besos.
REI DARK ANGEL.- De hecho, el sufrimiento de nuestro bello ojiazul aún no se termina, creo que ambos son una lucecita fría pero cada uno a su manera y ya se darán cuenta a su debido tiempo, mil gracias por tu review! Espero la historia te siga gustando y que pases un feliz Año Nuevo en compañía de tu familia! Besos.
Espero me lleguen muchos reviews porque si no, pensaré que es tan poca cosa para ustedes que no se animan a dejarme review así que de ustedes depende.
Les deseo¡Un Feliz Año Nuevo!
Besos.
Naomi Eiri
