Prólogo

Ley de la equivalencia

II

Kakashi tomó en brazos a Sasuke llevándolo hasta el sofá más cercano; pidió que nadie estuviera tan cerca de ellos para que el aire pudiera circular. Sus demás compañeros se mantenían al margen y a la defensiva por si la sombra de antaño aparecía una vez más. Itachi, quien veía los esfuerzos del de mechones grises, apuntó al cuello de su hermano y explicó a duras penas lo que pudo ver de la marca tatuada en la piel del Uchiha menor. Definitivamente, tanto Kakashi como sus iguales tenían algo más importante que hacer a partir de entonces: salvaguardar la vida del menor. Unos cuantos corrieron escaleras arriba, por las miradas cruzadas con Hatake, Itachi supo que algo no andaba muy bien… si ya lo suponía desde antes. Otros fueron hacia otra habitación para después subir por las mismas escaleras hacia quién sabe dónde; solo se supo que llevaban unas cuantas velas. Inconscientemente, el mayor de los hermanos tomó entre su pequeño puño parte de la ropa de Kakashi. Estaba asustado.

Los tres restantes, el mayor y los hermanos Uchiha, subieron las mismas escaleras y entraron a una habitación ubicada al fondo del camino. Sasuke seguía fuera de la realidad, empero brotaba de él una humareda purpura y negra que le hacía quejarse como si algo le doliese. En el cuarto yacía un símbolo dibujado con tinta, velas en cada extremo del mismo dibujo y cada uno de los compañeros de Kakashi poseía una ramilla que desprendía un olor peculiar. Sasuke fue depositado en el centro con el torso desnudo. Cuando su hermano quiso acercarse, uno de los hombres le detuvo plantando su brazo al frente. Era peligroso estar cerca si no se tenía el suficiente poder para estar allí; incluso ver el próximo proceso podría ser perjudicial para alguien novato. Así fue como una sola lágrima cayó por la mejilla del pequeño azabache y en un susurro llamó al convaleciente.

―No temas, Itachi. ―El aludido miró a los ojos quietos de Kakashi mientras sollozaba. Realmente quería mucho a su hermano y no quería perderlo. ―Lo que haremos ahora será por su bien.

―O-okay, Kakashi san.

―Debes ser fuerte. Sasuke necesita de tu fortaleza para salir de esta. ―El niño secó sus lágrimas con su brazo antes de asentir.

―S-seré fuerte. Lo pro-prometo.

Entonces los hombres alzaron sus brazos iniciando una sarta de oraciones inentendibles para Uchiha mayor. Su mirada azabache se centró en el danzar de las ramillas que con cada segundo que pasaba su hedor aumentaba. No era molestoso, pero sí que picaba en la nariz. Kakashi hizo unos cuantos movimientos con sus manos. Fue tan veloz que era imposible seguirle el paso, nadie podría imitarlo y ese era el plan. Al posar sus manos en el suelo mientras decía otras oraciones muy distintas a las de sus compañeros, los caracteres del suelo empezaron a moverse como si tuviesen vida propia. Itachi abrió sus ojos desmesuradamente; cubrió su cara cuando una luz chillante inundó la habitación, empero nunca dejó de ver.

Poco a poco los símbolos fueron bañando el cuerpo del menor en dirección a su cuello. Una vez allí, una punzada como si se tratase de mil agujas le hizo soltar un grito que acrecentó el miedo de Itachi. Sus pupilas se dilataron; quería arrancarse las orejas para no tener que escuchar a su hermano. Se sentía angustiado, mortificado. Sasuke se revolcaba de muchas formas queriéndose aferrar a algo sin poder lograrlo; no había más que suelo a su alrededor. Cuando no pudo más comenzó a golpearse contra el piso, casi como si luchara con algo o alguien invisible ante los ojos inocentes de Itachi, pero no ante los ojos de aquellos hombres que llevaban a cabo el ritual sin miramientos. Finalmente nació un nuevo sello alrededor del anterior y todo volvió a la normalidad de golpe.

Todos quedaron viendo al pequeño que yacía bocabajo sin mover ningún músculo. Ni siquiera gemía, ni siquiera lloraba. Itachi también miró en su dirección y quedó tieso por unos breves segundos antes de salir gateando hacia él. Uno de los compañeros de Kakashi quiso intervenir en la reunión pero él, Hatake, negó con un movimiento de cabeza bastando eso para transmitir el mensaje de que no hacía falta alejar a Itachi de Sasuke.

[...]

―¿Sasu…? ¿Sasu…? ¡Saaaaasuuuu…! ¿Sasuke! ―El moreno dio un sobresalto. Envuelto en el desconcierto miró para todas partes queriendo encontrar la causa de su abrupto despertar y tras ver la figura de su hermano mayor frente a él parpadeó un par de veces para aclarar su vista. ―Otra vez faltaste a las clases. ―El reprendido sacudió su cabello con desgana; estaba cansado de la misma cantaleta de las idas a la escuela y todo ese embrollo. Mientras escuchaba a su hermano recalcarle la importancia de tener una buena educación, de aprovechar las oportunidades y de valorar lo que se tiene, entre otras cosas que para Sasuke eran insignificantes, éste se encaminó hasta el baño donde terminó apoyando sus manos a cada lado del lavamanos. Se fijó en su rostro somnoliento, más que nada en las ojeras que adornaban de forma tétrica su cara. Sin duda, parecía un méndigo acabado de recoger de la calle… en eso, Itachi asomó parte de su cuerpo terminando de decir alguna frase; Uchiha menor solo respingó soltando una maldición como respuesta.

Minutos más tarde escuchó la puerta de la pequeña vivienda que les acogía a ambos, una que se ganaron gracias a los esfuerzos del mayor que, desde temprana edad, se interesó en el trabajo. Porque era un niño y porque Kakashi no se lo permitió, los trabajos que conseguía no eran para nada tediosos y no estorbaban en la educación. Así es, el de cabellera plateada terminó por hacerse responsable de los hermanos Uchiha después de la desgracia con su clan; clan que más tarde terminó por extinguirse por razones desconocidas. Lo único que se sabe es que Itachi y Sasuke son los únicos sobrevivientes.

A diferencia del mayor, Sasuke creía que el trabajo no era para personas como él. Ni siquiera a sus diecisiete años consideraba ayudar en los gastos. Por alguna razón le asentaba bien el que Itachi roleara como cualquier padre: mientras él hacía lo que sí le llamaba la atención a costa de su hermano, el otro no dejaba de laborar para que tanto él como su hermano viviesen bien. Ni siquiera bastaba tener una charla motivacional con Kakashi o la psicóloga de la escuela. Sasuke seguía reacio a cambiar; le gustaba su vida, le gustaba subir los pies sobre un escritorio para tomar aire por donde no le puede dar el sol.

Ese día en particular, Uchiha menor volvió a tener el mismo sueño que desde pequeño le ha estado atormentando. Mirándose al espejo llevó una mano hasta su cuello donde yacía la marca, tal cual su sueño casi pesadilla, una que aprendió a tolerar. Nadie le ha podido explicar su procedencia. Nadie ha sido capaz de decirle qué clase de tatuaje era ese y desde cuándo le posee. Entonces apretó sus puños de solo recordar detalle por detalle de su sueño; de repente, la electricidad comienza a fallar. Intrigado, miró en dirección a la bombilla como si esperase que se terminara de fundir. Odiaba esos momentos; odiaba vivir de esa forma tan precaria.

Sobre la mesa encontró una nota de Itachi, la cual desechó haciéndola añicos. Muy poco le interesaba lo que tuviera que decirle su hermano si lo único que le interesaba de él era la ganancia con la que regresaba a casa. Su celular sonó y de inmediato tomó la llamada. Así mismo, tomó un abrigo ubicado cerca de la puerta y salió sin ni siquiera tomar un baño. Eso tampoco le importaba.

La tarde cayó junto con el sol. Itachi llegó a la vivienda encontrando todo apagado. Trató de encender las luces y no funcionó. Recordó que cuando iba de camino por las escaleras, escuchó a un par de señoras comentar lo de la avería. Chocó su palma diestra con su frente como reprimenda. Otra cosa que notó fue la ausencia de su hermano, cosa para nada impresionante. Sasuke tenía un tiempo haciendo esas salidas inesperadas a quién sabe dónde pero siempre terminaba por regresar… Itachi sabía que iba a regresar y por eso no se preocuparía.

Para pasar el rato, hizo un chocolate caliente y se sentó frente a un estante para nada lujoso salvo por las estatuillas y diplomas que le adornaban. El azabache suspiró.

―Padre, madre. ―Una sonrisa nació, una un tanto nostálgica. ―Si tan solo estuvieran con nosotros. Miren todo lo que hemos conseguido; admito que…―su mirada descendió hasta su taza―, me gustaría que Sasuke fuera distinto pero…

―¿Pero? ―El dueño de la voz dio unos cuantos toquecitos a la puerta antes de entrar y llegar hasta el moreno. ―Él va a cambiar, a su tiempo.

―Kakashi san.

―Recuerda lo que has aprendido con nosotros, Itachi. La paciencia es la virtud más grande de todas, una de ellas para no exagerar. ―Ambos rieron un tanto. Uchiha asintió entre conforme y desganado. ―Y tú la tienes. Más que nadie, debo decir.

―Me gustaría entenderle un poco más; mírelo: tantos premios, tantos reconocimientos. Sasuke es otro fuera de estas paredes y otro cuando está dentro de ellas.

―Tu hermano está luchando con algo muy poderoso desde aquella vez ―Itachi apretó el mango de su taza―. No es fácil y tú lo sabes. Solo no debemos descuidarnos.

―¿Solo eso? ―Kakashi palmoteó un par de veces el hombro izquierdo del muchacho.

Cinco años más tarde.

―¿Qué has escuchado? ¡Sasuke, mírame! ―Con fuerza, Itachi sujetó los brazos de su hermano para lograr su cometido, pero éste solo se mantenía renegando de algo sin sentido porque ni el mismo Uchiha mayor le entendía para nada, hasta que de la nada los músculos del menor se volvieron flácidos… se había relajado.

―Hoy.

―¿Hoy qué? ―Sasuke llevó su mirada negra hasta la similar de su pariente. Una sonrisa forzada, al mismo tiempo que desquiciada, figuró en su cara antes de que sus dientes hicieran acto de presencia para hacer del gesto uno más extraño. ―No dejaré que nada te pase hoy.

―Tú no puedes hacer nada. ―Se alejó de su hermano retrocediendo, terminando en medio del salón… el mismo de hace años. Itachi le siguió con la mirada. Quiso acercarse pero el mismo Sasuke se lo impidió con un movimiento de manos…

El azabache menor inició un recorrido que iba de un lado hacia el otro con pequeñas paradas de tan solo segundos. Hacía gestos y muecas como si estuviese hablando consigo mismo o con alguien invisible; hasta desconcertante era verle mirar hacia arriba en distintas direcciones, cosa que el mayor hizo mas no lograba comprender lo que su hermano menor sí. Entonces le llamó con voz firme una y otra vez.

―¿Qué? ¿Qué? ―Esos llamados le causaron molestia, una que le llevó a golpearse la cabeza varias veces con una mano.

―Necesitamos ir al monasterio.

―¿Para? ―Con evidente molestia, Sasuke rascó su nariz un par de veces.

―Para ayudarte. Ha pasado un tiempo desde que…

―¿Desde qué? ¡Dime! ¿Desde qué mierda? ―Su mirada se afiló y se clavó en la de su hermano. ―¿Crees que unos monjes, que no hacen más que hablar en lenguas extrañas, van a ayudarme? Además, ¿ayudarme de qué? ¿Con qué? ¿Para qué? Yo estoy muy bien, ¿es que no lo ves?

―No. No lo estás. ―Itachi dio unos cuantos pasos hacia él pero de inmediato el menor sacó un arma de uno de sus bolsillos y le apuntó. ―¿Desde cuándo portas un arma? ―Sasuke sonrió autosuficiente.

―Desde que él me dijo que tenía que deshacerme de ti.

―¿Quién es él? ―Sigiloso, iba dando paso tras paso empero se detuvo de golpe cuando su hermano le encaró el arma con más fuerza. ―Sasuke, baja el arma. Sea quien sea que te haya dicho lo que te dijo, está equivocado.

―No, no lo está.

―Sí.

―¡Que no, maldita sea! Siempre te has creído mejor que yo, más inteligente que yo. Siempre destacando frente a la gente que no hace más que alabarte, ¿y a mí? ―Poco a poco fue soltando una risa cínica. ―Nada. Siempre estuviste y siempre estás en mi camino… me quieres destruir y por eso me quieres llevar con tus amiguitos, los monjes.

―No es cierto. Eres mi hermano y solo quiero protegerte de todo mal.

―No puedes protegerme de mí mismo. ―Los dos compartieron miradas llenas de desolación.

Irónicamente, las lágrimas comenzaron a brotar por los orbes opacos de Sasuke. Todavía mantenía el arma bien en alto, con un dedo en el gatillo listo para tirar de el. A su vez, su hermano mayor igualmente lloraba lleno de impotencia y desconcierto. Se sentía tan inútil; le dolía la situación en la que se encontraba su familiar, su único pariente vivo de sangre. No entendía y nunca entendió el por qué precisamente él debía pasar por tan grandes y ahogados delirios. Y no, no era que su cerebro estaba defectuoso; era algo más poderoso. Itachi tragó en seco y pese al mal sabor del momento, no contuvo una sonrisa limpia. Fue incapaz de retenerla simplemente porque sus nervios se proliferaban de esa forma poco conveniente. Así mismo sonreía porque una parte de él tenía fe… fe de que su hermano tarde o temprano podría vivir tranquilo, lejos de eso que le atormenta.

Si algo aprendió Itachi en las clases del monasterio, donde aprendía a combatir fuerzas oscuras, era morir por la causa. Se trataba de un ser querido, el más querido por él. No estaba dispuesto a debatirse en duelo para tratar de liberarle de alguien que no le ha dejado en paz desde tiempos inmemoriales. Por ahora su guerra estaba perdida y era de valientes reconocer la derrota de una de tantas batallas que surgirán por un mismo propósito y objetivo: salvarlo.

―Venga, hazlo. ―Abrió sus brazos, dispuesto a recibir lo que sea por parte de su hermano menor. Las manos de Sasuke mostraron su nerviosismo. ¿Quería hacerlo de verdad?

―Soy la paga de un pacto. ―Itachi se mostró sorprendido y nostálgico a la vez. ―Ni siquiera tu dios podrá salvarme.

―Eso nunca lo sabrás, salvo que te des una oportunidad.

―No. Ya es tarde… debí ir con él hace mucho tiempo.

―Sasuke.

―Iré a un lugar donde, por supuesto, podré ser yo mismo. ―Una vez más volvió a sonreír sardónico. ―E iré solo.

Desde cualquier parte del edificio donde residían los hermanos Uchiha, se escuchó un disparo. La policía, la gente curiosa y todo el que vivía por allí se acercaron al lugar de los hechos. Un cuerpo joven yacía muerto en medio de la sala a causa de una bala; otro se encontraba arrodillado frente al occiso diciendo unas cuantas cosas entrecortadas porque las lágrimas no le dejaban hablar con claridad. Los cansados ojos de Itachi vieron justo cuando del cuerpo de su hermano se levantó una sombra, una que conocía muy bien. La entidad sin figura exacta se posó frente al Uchiha mayor con evidente morbo. Se escuchó un suspiro de su parte, uno muy molesto… capaz de despertar la ira de cualquiera que estuviera en el lugar de Itachi pero, él siempre mantuvo su cordura pese a su inmensa tristeza.

―Se los dije. Nadie se queda sin saldar sus deudas. ―La sombra empezó a caminar de un lado hacia el otro, muy cerca del azabache, soltando risillas socarronas capaces de provocar la más terrible irritación. ―Y sin embargo, tú y otros más me hicieron esperar demasiado, tanto que me aburrí a mitad del juego y tuve que desquitarme con otros ―era evidente que se refería a los demás miembros del clan. Pese a saber el nuevo detalle, Itachi se mantuvo igual de tranquilo. ―Algún día caerás tú también.

"Yo no hago que las cosas pasen, ni obligo a nadie a actuar. Yo solo pongo el escenario."

AL PACINO.

―Y así seguirá siendo por los siglos de los siglos.

Notas de autor: A partir de ahora el fic dará un inicio más formal y espero que menos confuso xD. Prometo aclarar los huecos que puedan encontrar en el transcurso de la historia.