Disclaimer: Los personajes perteneces a la Señora Rowling. Honestamente, dudo que alguien pudiera confundirnos.
Segundo capítulo
Hermione se sentía flotar. Mentalmente no dejaba de cuestionarse esto, claro, porque siempre pensó que eso era para chicas tontas; pero debía reconocer que ni siquiera cuando bailó con Víctor se había sentido así.
Tal vez fuera la manera en que Edmund la llevaba por el salón; con tanta seguridad y a la vez siendo tan delicado y con ese dominio.
Había algo en ese hombre que la inquietaba si era sincera consigo misma. No sabía qué era; en ese momento en particular ni siquiera la veía al bailar, mantenía la vista fija en algún punto del salón a espaldas de ella, y daba la impresión de estar pensando en cualquier cosa menos en la chica que llevaba. No sabía porqué, pero esto la molestó. Le parecía extraño que hubiera parecido tan impositivo al pedirle que bailara con él y de pronto no dijera nada. Cierto que no parecía del tipo parlanchín, pero aún así podría hacer algún comentario ¿no?, tal vez respecto a la fiesta, a la gente, lo que fuera. O aún, peor, empezó a pensar su mente con desmayo, a la mejor ella estaba bailando fatal y él no decía nada por no ser descortés, esperando que acabara la pieza para retirarse sin hacerla pasar un mal rato. Empezó a ponerse cada vez más nerviosa y a mirar a los lados, buscando a sus padres; de ese modo, cuando él se excusara, ella podría decirle que los había visto y no sería tan vergonzoso para ella.
Seguía revoloteando en su cabeza a todas las maneras de salir de esa situación de un modo que no fuera tan malo, cuando de pronto escuchó la profunda voz de Edmund preguntarle:
- Y, dime Hermione, espera, ¿puedo tutearte, cierto?
- Sí, claro,- respondió ella, sintiendo la garganta seca al hablar por haber permanecido tanto tiempo con los labios firmemente sellados.
- Bien, gracias. Desde luego, tú debes llamarme Edmund- esto último lo dijo separándola un poco de él para mirarla a los ojos fijamente.
- Claro - aseguró ella – Edmund.
- Perfecto. Suena muy bien dicho por ti. Siempre creí que mi nombre es demasiado formal, algo anticuado; pero me estás haciendo reconsiderarlo.- comentó sonriendo de lado, con esa expresión ligeramente burlona que había empezado a relacionar con él.
- Es un lindo nombre- dijo la castaña sin pensar, para luego sonrojarse violentamente- es decir, no es muy común pero creo que a usted, bueno… me parece que a ti te va muy bien.
- Vaya, gracias. Y ya que estamos en plan de cumplidos, permíteme decirte que tu nombre es precioso. Es griego, creo. – Inquirió el hombre.
- Sí, así es. Y me gusta, aunque hace mucho que sé lo extraño que suena. Cuando era pequeña, me llamaban Mione, ya sabes, para hacerlo algo más corto, pero en realidad lo prefiero completo.- se explayó la castaña, sintiendo de pronto mayor confianza hacia él.
- Totalmente de acuerdo- expresó él- Mione es… no te ofendas, pero no me gusta, te simplifica y eso no es posible. Lo que quiero decir es que tienes un nombre hermoso, complejo y muy significativo; exactamente como creo que eres tú.
- Gracias, aunque no creo que yo sea todo eso que tú pareces creer.- indicó la chica desviando la mirada para alejar de ella esa mirada profunda.
- Me temo que vamos a diferir en eso. ¿sabes? Mi madre decía que tengo una especie de sexto sentido para percibir la esencia de las personas y la verdad es que hasta ahora no me ha fallado. Tengo la seguridad, señorita Granger, de que tú no serás la excepción.- Esto último lo dijo en voz baja acercando sus labios al oído de la castaña.
La joven sintió que las piernas no le sostenían y que si no fuera porque Edmund la estaba sosteniendo firmemente hubiera terminado en el piso. Su cabeza era un torbellino; por momentos pensaba a mil por hora si es que ese hombre no la estaría confundiendo con alguien más o si estaba bien de la cabeza, porque ¿quién le hablaba de esa manera? ¿A Hermione Granger? ¿La sabelotodo amiga de Harry Potter? ¡Vamos! ¡Y un hombre así además! Un chico en fin, pero un hombre, y un hombre como ése. No se le había escapado como todas las miradas femeninas lo habían seguido cuando atravesó el salón para acercarse antes, o mientras estaban bailando ahora mismo, ya la segunda pieza.
¡No tenia lógica! Y lo ilógico la volvía loca. Pensó entonces en simplemente decirle si estaba seguro de con quien bailaba; después de todo cuando algo la confundía ella lo enfrentaba. En Hogwarts, generalmente le servía; pero con él no se atrevió. No era una poción complicada o un ejercicio de transformaciones que no le resultaba perfecto, por los cuales iba a la biblioteca a disipar sus dudas y asunto resuelto. Tampoco se trataba de Ron o Harry, personas a las que conocía hace tanto tiempo; podía conocer su estado de ánimo tan sólo con una mirada, especialmente en el caso de Harry, por eso tenían una conexión especial. Pero Edmund era un libro en blanco para ella, no sabía absolutamente nada de él; su actitud la desconcertaba.
Casi, casi, y se ponía roja como la grana tan solo de pensarlo parecía como si él le estuviera coqueteando. ¡Por todos los magos! Si era mucho mayor que ella, bueno, no tanto, pero debía llevarle casi diez años con facilidad y ella era menor de edad, no en el mundo mágico pero en el muggle definitivamente lo era. Entonces recordó a Víctor, que también era algo mayor cuando mostró tanto interés en ella, pero entonces eran estudiantes, no era lo mismo.
Habría seguido pensando, cuando se dio cuenta de que la música había cesado y seguía en los brazos de Edmund, en tanto las demás parejas se alejaban de la pista. El tan solo la observaba, sin hacer ademán de soltarla con una expresión divertida y le dijo:
- Parece que la orquesta ha decidido tomar un descanso; no quise interrumpir tus pensamientos, parecías tan concentrada. ¿Siempre pones esa cara cuando algo te desconcierta?
Hermione enrojeció aún más y alejándose de él, miraba al piso como si de pronto lo encontrara muy bonito e interesante.
- Lo siento, no me di cuenta, estaba pensando en…Bueno, en algo-dijo apresuradamente, y luego inquirió como para cambiar de tema- ¿Y porqué supones que algo me desconcierta?
En tanto ella hablaba, él la guiaba entre al gente por la cintura hacia uno de los rincones del salón, en el cual encontraron un sillón lo bastante cómodo para ambos, en el cual la hizo sentar, para luego hacer él lo mismo.
- Eso fue fácil – contestó a su pregunta, en tanto asentía en señal de saludo a un grupo de caballeros que pasaron a su lado, mirándolos con curiosidad – tenias una expresión como de estarte preguntando qué haces aquí, o mejor dicho, qué haces aquí conmigo.
- ¡Claro que no!- dijo la chica con demasiada energía, alo que el otro reaccionó elevando una ceja en señal de incredulidad - de acuerdo, tal vez pensaba algo parecido a lo que dijiste, pero es sólo que…bueno, no tiene importancia.
- Si te tiene en ese estado, yo diría que sí es importante y mucho, por lo menos para mí; así que porqué no me lo cuentas.
Hermione lo miraba con indecisión, mordiéndose el labio inferior en señal de nerviosismo.
Edmund, notando su inseguridad, cubrió sus manos que descansaban en su regazo con la suya y le dijo con suavidad pero firmemente:
- Hermione, sé que apenas nos conocemos y no sabes nada de mí. Soy consciente de que estarás un poco extrañada por la forma en que me porto contigo, pero puedes estar segura de que no tengo malas intenciones en lo que a ti se refiere. Espera, déjame terminar – pidió él al ver que ella lo iba a interrumpir – Si no pensaras así, no serías la joven brillante que sé que eres, de modo que no me vas a convencer de que no pensabas eso, sin importar lo que digas. Como te decía, si me acerqué a ti esta noche fue por dos motivos. El primero de ellos y supuestamente más importante ha pasado a ocupar un lejano segundo lugar, ya que en cuanto te vi, fue la necesidad de conocerte lo que cobró mayor importancia. Sé que te estoy confundiendo aún más y no es mi intención, pero resulta complicado explicártelo.
- Pues inténtalo - expresó algo impaciente la muchacha.- tan sólo háblame de esos motivos por los que te acercaste. Dices que el primero es muy importante, pero no me lo has explicado; en cuanto al segundo, ocurre otro tanto.
- En realidad no – le interrumpió él – el segundo motivo lo he mencionado, pero cierto que no he sido claro. Cuando te vi entrar con tus padres al salón, quedé sorprendido, porque no sabía que serías así. Sí, tenía una idea respecto a ti, pero ya te contaré eso luego. Sé que eres muy joven, pero a pesar del aburrimiento que podía ver en tu cara mientras estabas con el grupo de Henry, noté también lo encantados que estaban contigo , con tus respuestas a temas que estoy seguro ninguna otra mucha muchacha debe de saber ni siquiera que existen. Fue entonces cuando decidí acercarme, quería verte de cerca, saber como se oía tu voz, me mataba la curiosidad. Me han dicho con demasiada frecuencia, me temo, que puedo resultar algo intimidante a veces, tratándose de ti es lo último que querría; pero lo fui al invitarte a bailar , sin embargo quería alejarte de ese lugar, no soportaba verte a punto de bostezar, quería que te divirtieras, quería verte bailar, bueno, la verdad quería que bailaras conmigo, y poder hablar contigo, saber como eres, y tengo una idea de lo decidida que puedes ser, me fascinó la manera en que te plantaste frente a mi molesta porque pensabas que me había impuesto de mala manera al casi arrastrarte a la pista. He allí el segundo motivo, como puedes ver resulta totalmente egoísta pero no me arrepiento. – concluyó.
- Bien, la verdad te agradezco que me hayas, digamos, rescatado hace un rato, aunque no estaba del todo aburrida.- se apresuró a agregar para no hablar mal de sus anteriores compañeros – y también eres muy amable al decir esas cosas de mí. ¿Quieres que sea honesta contigo?
- Siempre. – Se limitó a contestar Edmund.
- De acuerdo, según tú sentías curiosidad respecto a mí, pero no entiendo porqué, es decir, no soy nada especial, y ahora soy yo la que te pide que no me interrumpas – se apresuró a decir la castaña suavemente – soy una chica común y corriente , tan sólo 18 años, casi en realidad, es decir, sé que soy joven. No soy muy bonita ni mucho menos, tampoco divertida, eso ya lo debes de haber notado y sufrido en carne propia, me la he pasado casi muda prácticamente todo el tiempo que hemos pasado juntos. Ni siquiera soy buena interactuando con extraños, la verdad no quería venir a esta fiesta, mi madre casi me arrastró, me dan pavor eventos como este; me hubiera quedado en casa feliz de la vida, pero vine porque quería compartir tiempo con mis padres, los he tenido algo descuidados últimamente y ellos no se lo merecen. – Terminó para luego agregar más para si misma que para él – no entiendo porqué te digo estas cosas, debo de estar volviéndome loca.
- ¿Terminaste? – preguntó el hombre amablemente, como quien pregunta la hora.
Hermione tan solo asintió mirando la mano que aún cubría las suyas.
- Muy bien, mi turno. No tengo idea de donde has sacado semejantes conclusiones en lo que a tu persona se refiere, pero eso es algo de lo que podemos charlar en otro momento. Aunque supongo que se debe a que a veces uno es el mayor crítico de si mismo y considerando que en realidad lo único cierto que has dicho en tu discurso anterior es que eres muy joven, eso hace que sientas cierta inseguridad que comprendo, pero que me vas a permitir que te ayude a borrar, porque es simple y sencillamente absurda. Ahora, antes de continuar, voy a hacerte la misma pregunta que tú me hiciste a mí antes. ¿Quieres que sea honesto contigo?- inquirió.
- Siempre.- contestó Hermione sonriendo al recordar lo que él le contestó hacía tan solo unos minutos y sintiendo que de alguna manera con esas afirmaciones sellaban un pacto de total honestidad uno con el otro.
- Allí voy entonces. Te diré antes que nada que no acostumbro hacer halagos gratuitos, los odio y si soy yo el objeto de ellos, me ofenden, por lo tanto lo que te voy a decir es absolutamente la verdad y mi sincera opinión, ¿de acuerdo? - preguntó sonriendo y al ver el gesto afirmativo de la castaña continuó apretando ligeramente sus manos.-Eres muy hermosa, lo eres, no pongas esa cara; me parece increíble que no te lo hayan dicho antes y con mucha frecuencia; por cierto te ves aún mejor cuando te sonrojas. Bien, ¿qué era lo otro? Ah, ya. No eres divertida. Te diré que esa palabra puede tener varias connotaciones; y si divertida para algunos significa reír por cualquier tontería, hacer comentarios estúpidos y hablar hasta por los codos de temas intrascendentes, entonces te informo con mucha satisfacción, que eres admirablemente aburrida y espero que en eso no cambies nunca. A ver, había algo más que dijiste, algo respecto a que no eres muy sociable; eso no lo analicemos porque ya oíste a Henry, yo tampoco lo soy y me niego firmemente a considerarlo un defecto. Y ahora sí, lo que me causa más estupor. Te consideras común y corriente. La verdad no sé si reír o llorar. Se me ocurren mil adjetivos con los cuales definirte y créeme que ordinaria no figura entre ellos. Es más, sabía que eras especial, pero jamás imaginé que tanto. Me has sorprendido, Hermione, y eso no es nada sencillo.
Cuando Hermione escuchó la última frase de sus labios, tan solo atinó a mirarlo fijamente y retirando una de sus manos del agarre, la usó para ponerla sobre las de Edmund, apretó ésta con firmeza y susurró conmovida:
- Gracias.
- ¿Por decir la verdad? No es un gran mérito, Hermione.- dijo él mirándola a su vez.
- No, no sólo por decir esas cosas tan maravillosas respecto a mi, son porque sé que realmente lo crees, no sé como, pero lo sé. – le indicó la castaña
- Entonces parece que tenemos algo más en común, ambos poseemos un sexto sentido extraordinario- bromeó él soltando una sincera carcajada, la cual de alguna manera hizo volver a la normalidad a la joven, que todo ese tiempo se había sentido en un mundo aparte, dentro de una burbuja en la que sólo estaban ellos.
- Es sorprendente que te haya dicho tantas cosas de mí, ¿sabes? No acostumbro ser tan abierta, y menos con gente a la que apenas acabo de conocer. – comentó ella sinceramente.
- Te creo, pareces una chica reservada. Tal vez son cosas que en realidad hace tiempo querías expresar pero no tenías con quién hacerlo; lo cual me hace sentir un poco mal porque eso quiere decir que no soy tan especial, sólo estaba en el momento y el lugar correcto- comentó él en son de chanza.
- ¡No digas eso! Claro que eres especial- dijo inmediatamente Hermione, para luego agregar rápidamente- Lo que quiero decir es que de alguna manera siento que puedo confiar en ti.
- Puedes estar segura de eso. Sin embargo, Hermione, no debes confiar ciegamente en nadie. Todos tenemos secretos o cosas de las que no podemos hablar libremente, no por falta de confianza, sino a veces por proteger a quienes queremos. La vida puede resultar tremendamente complicada, pequeña. – Mientras Edmund decía esto, su mirada adoptó una expresión de amargura y apretó con mayor fuerza la mano de la muchacha.
- Sé que todos tenemos secretos, Edmund, pero no me gusta ver que los tuyos te hacen sufrir. Tú has sido tan amable conmigo, me gustaría poder ayudarte también.- indicó dulcemente Hermione.
Edmund colocó su mano libre sobre las que sujetaban las suyas en el regazo de la castaña y suspirando retiró una de ellas para acariciar la mejilla de la chica. Tenía un aire de indecisión, como si algo le impidiera decir lo que en ese momento se moría por expresar.
- Nada quisiera más que contarte mis secretos, pequeña, pero no tengo el derecho, no aún. Pero recuerda que tenemos una charla pendiente y tal vez entonces pueda contarte muchas cosas que en este momento desearía poder compartir contigo. – le dijo él en susurros.
- ¿Te refieres al primer motivo? – Inquirió la castaña- ése que se supone por el que debías conocerme y es tan importante, pero no me lo has explicado hasta ahora.
- Vaya, señorita Granger, algo más para aprender de ti. Nunca dejas un cabo suelto, ¿eh? Cierta afición por resolver misterios, me atrevo a sospechar - respondió retomando su actitud burlona de antes.
- No sé de donde sacas eso – dijo ella atropelladamente para desviar su atención, porque él no podía saber lo cerca que estaba de la verdad, ¿o si? Con ese hombre ya no sabía que pensar.
- Fue sólo una broma, no tienes que ponerte a la defensiva.- contestó el aludido.
- No me he puesto a la defensiva, en realidad creo que eres tú quien está intentando distraerme de ese primer motivo que sigo sin saber.- lo interrogó ella.
- Y yo ya te he dicho que eso va a quedar para una futura charla, no debes tener tanto apuro por saber, vive tu juventud, señorita - siguió burlándose él.
- Ser joven no tiene absolutamente nada que ver con querer estar enterada de un tema que me concierne – espetó algo fastidiada ella en tanto retiraba sus manos de las de Edmund.
- Sí, si tiene que ver; porque también me concierne a mi y es mi decisión si lo comparto contigo o no, y ya te he dicho…
- Que será en una futura charla, si, recuerdo esa parte – lo interrumpió ella de mal talante.
- Hermione, lo último que quiero es que te molestes conmigo, importas demasiado para eso, es sólo que no sé como vas a reaccionar y esta amistad que estamos desarrollando no deseo perderla por nada, - le dijo él en tanto volvía a sostener sus manos sin que ella las retirara esta vez.
- Tienes razón, perdóname. No tengo derecho a interrogarte de esa manera, y mucho menos después de lo bien que te has portado conmigo. Soy de lo peor – dijo con la cabeza gacha la chica.
- Créeme, tienes mucho más derecho de lo que te puedes imaginar. En realidad me pregunto si…
Pero lo que se preguntaba Edmund fue algo de lo que Hermione no pudo enterarse porque en ese momento fueron bruscamente interrumpidos por la llegada de una mujer que caminaba acompañada por varios hombres revoloteando a su alrededor, pero en cuanto vio a la pareja se apresuró a acercarse a ellos.
- Querido, qué gusto verte. ¿Cuándo fue la última vez? ¿En Milán? De haber sabido que estabas aquí, te habría buscado antes, qué pérdida de tiempo- dijo en tanto no despegaba la vista de las manos entrelazadas y lanzaba miradas de reojo evaluando a la joven castaña.
Edmund, obviamente fastidiado, soltó delicadamente las manos de Hermione, para luego ponerse de pie y saludar a la recién llegada que se había desentendido de sus anteriores acompañantes, los cuales se habían alejado sabiéndose ignorados. Con evidente esfuerzo besó su mano y luego dirigiéndose a Hermione, que seguía sentada, la presentó:
Hermione, permíteme que te presente a la señorita Sara Van Hanssen, la sobrina del señor Charles Hoover y en nombre de quien se ha organizado esta encantadora velada.- dijo con cierta sorna que aparentemente solo la castaña fue capaz de detectar.
La mujer no hizo ademán de alargar su mano por lo que la joven se quedó quieta, esperando que Edmund continuara.
– Sara, tengo el enorme placer de presentarte a la señorita Hermione Granger, hija de unos muy queridos amigos de tu tío.
Hermione sí extendió su mano con educación a lo que la otra tuvo que corresponder con abierto fastidio.
- De modo que has hecho una nueva amiga, Edmund, qué amable de tu parte acompañar a esta jovencita para que no se sienta sola, - comentó con malicia, sonriendo en tanto sacudía su rubio cabello que llevaba suelto sobre los hombros desnudos.
- En realidad, Hermione me ha hecho el honor de acompañarme, ha sido muy generosa con su tiempo. La he acaparado como el egoísta que soy. – dijo con evidente malestar dirigido al comentario con doble sentido que lanzó la mujer de sorprendentes ojos azules.
- No digas eso, cariño, tú jamás podrías ser catalogado como egoísta, si rebosas generosidad, lo sabe todo el mundo. De modo que la señorita Granger, ¿ah?, me temo que nunca había oído nombrar tu apellido, pero no es de extrañar, veo poco a mi tío y él tiene tantos conocidos. – habló Sara con un gesto algo despectivo de su mano.
Para esto, Hermione no había dejado de notar la manera posesiva en que la mujer había puesto su mano de largas uñas sobre el brazo de Edmundo y como él no había hecho ademán de retirarla.
- Sí, es cierto, pero aún así el señor Hoover fue lo bastante amable para invitar a mi familia a esta encantadora fiesta. Por cierto, debo retirarme pues ya hace varias horas que no veo a mis padres y ellos deben de estar algo preocupados por mí. No había notado la hora, pero es muy posible que ya sea hora de regresar a casa – dijo ella con cierta tensión en la voz por la avasalladora presencia de la rubia que la molestaba.
- Tienes razón, - dijo para su sorpresa Edmund; ella esperaba que tal vez intentara retenerla - tus padres deben de estarte buscando. Gracias por tu adorable compañía, Hermione, confío en que nos veremos nuevamente muy pronto y podamos retomar nuestra charla pendiente.
- Claro, - respondió la castaña.
Ella veía eso casi como un imposible. ¿Dónde iban a encontrarse de nuevo? Era obvio que no se movían en los mismos círculos y ella pronto se iría a Hogwarts.
Decidió obviar la pena que ese pensamiento le causó y dirigiéndose a Sara, le dijo muy cortésmente:
- Fue un placer conocerla, señorita Van Hanssen. Si no pudiera ver a su tío antes de irme, ¿le agradecería en mi nombre por tan amable invitación? – le pidió en tanto extendía la mano para despedirse.
- Por supuesto, será un placer, señorita Granger, vaya tranquila con sus padres, como dice deben de estar preocupados y ya es algo tarde para usted, me parece - respondió con mala intención.
Hermione decidió ignorar el último comentario y dirigiéndose a Edmund se apresuró a extender su mano para despedirse, a lo que él respondió tomándola entre las suyas y despedirse diciendo nuevamente:
- Nos veremos pronto de nuevo, Hermione.
- Sí, seguro. Gracias por la compañía señor Lascelles – dijo ella llamándole por el apellido y dejando de lado su anterior familiaridad.
- Lord. – Interrumpió Sara.
- ¿Perdón? – inquirió extrañada la castaña.
- Es Lord Lascelles, querida, parece que a Edmund se le escapó mencionar ese detalle, pero no es de extrañar, a veces puede ser muy informal. – suspiró ella dando un apretón al brazo que no había soltado y sonriendo con coquetería.
- Gracias entonces, Lord Lascelles, fue un gusto conocerlo. Permiso. – se terminó de despedir la joven para retirarse en busca de sus padres.
Edmund la siguió con la mirada en tanto atravesaba el salón hacia el otro extremo para verla reunirse con sus padres, que en ese momento parecía como si hubieran estado buscándola pues mostraron un gran alivio en sus rostros al verla. El no le quitó la vista de encima en tanto no se aseguró que sus abrigos les eran entregados y se dirigían a la puerta de salida.
- Ella no va a voltear, cariño, pierdes tu tiempo. – le susurró la voz de la mujer que seguía prendida de su brazo.
Dejando la cortesía que hasta ese momento había mostrado hacia ella, se soltó de su agarre y la encaró para decirle con la voz distorsionada por la ira:
- ¿A qué se debe este jueguito, Sara? ¿Desde cuando soy tu cariño? Eso era totalmente innecesario y lo sabes.
- No sé a que te refieres, eres mi muy querido amigo Edmund, ¿es malo acaso que demuestre mis afectos? No lo creo. Pobre chica, creo que la incomodé, no era mi intención. No pongas esa cara, hablo en serio, cuando la vi de lejos pensé que podía ser una mujer que te había presentado tu madre, ya sabes que ella no pierde las esperanzas de unirte a algún miembro de su grupo. Puede ser tan terca con eso. Como si tú no le hubieras dejado en claro que es lo último que harías. Pero reconozco que me equivoqué con la muchacha, es sólo una chica común y corriente, nada especial, sé que morirías antes de reconocerlo pero es seguro que sólo te dio pena verla sola y por eso le hacías compañía – culminó su perorata la mujer con indiferencia en tanto alisaba las imaginarias arrugas de su vestido negro.
Edmund deseaba en ese momento decirle muchas cosas, pero sabía que lo mejor era que Sara siguiera pensando en Hermione como una chica común y corriente como la había llamado, aunque él sabía que no podría estar más equivocada y tal como hacía un rato le había dicho a la joven, ella era cualquier cosa menos común, era tan poco común como lo era él.
Lo único que le consolaba era que tal como le había prometido a Hermione, porque para él había sido una promesa, se verían de nuevo. Esto último se lo dijo a si mismo sonriendo con cierto misterio que no escapó a la mirada de la mujer a su lado.
- ¿En qué piensas que sonríes de esa forma? – le preguntó ella con inquietud.
- En la vida, Sara, tan solo en lo exquisita y extraña que puede resultar la vida. – Le contestó él para luego agregar con un tono de voz totalmente distinto - ¿Bailas, querida?
- Desde luego- aceptó ella, aún con curiosidad en la mirada.
- Bien, tal vez y luego quieras ir a saludar a mi madre, siempre le has caído tan bien - sugirió con aparente inocencia.
- Esa es un broma de muy mal gusto, Edmund, ella me odia, ella odia a todo el mundo, como bien sabes- le contestó la rubia molesta.
- En eso estas equivocada, Sara, ella sólo odia a los que no considera sus iguales, pero tienes razón, para ella tú no entras en esa categoría. – le dijo él con honestidad
- La niña de hace un rato tampoco- dijo con resentimiento pero sin refutar el anterior comentario.
- ¿Niña? Yo no vi ninguna, pero deja eso ya, me has prometido un baile - le recordó sin responder al anterior comentario pero con la misma sonrisa misteriosa.
En tanto se acercaban a la pista formando una pareja impresionante la rubia se limitó a contestar con evidente malestar.
- Tus comentarios misteriosos son absolutamente insoportables.
- Misteriosos para ti, cariño, tal vez para ti, después de todo recuerda que no pertenecemos del todo al mismo mundo.- culminó en tanto seguía bailando con la vista fija en el punto donde sabía la familia Granger acababa de alejarse.
Nota de la autora: Ya. Este capítulo me ha resultado algo complicado, pero era necesario. ¿Y? ¿Qué dicen? ¿Compartimos las mismas sospechas? Yo creo que sí ¿O Edmund está jugando con nosotros? No me extrañaría. Hasta pronto. Y sí, ya aparecerá Harry, paciencia.
