Capítulo Segundo:
"KAIN"
El tiempo sigue su curso lentamente mientras yo, dentro de este capullo el cual se vuelve cada vez más duro, continúo sumergido en un mar de recuerdos.
Considere ese como el día en que la conocí ya que fue cuando vi su verdadera manera de ser, era una excelente guerrera, con voz de mando y preocupación por los demás pero siempre manteniendo la delicadeza y sensibilidad que tanto la caracterizan.
Yo llevaba algunos años vigilándola por mandato de mi señor Kain, pero no la conocía realmente, y ¿Cómo no?, ya que por mis obligaciones la visitaba solo de noche y una o dos veces por semana, aun que estoy seguro de que Kain también lo hacía.
Precisamente eso es lo que lo hace ser tan especial para mí, su manera de ser, y esa tan extraña forma de preocuparse por algunos de nosotros y en este caso… por una humana. Me pregunto si ¿sentirá algo de afecto por su anterior vida humana?, ¿en aquel entonces tal vez o incluso ahora?... creo que ahora no. Sin embargo eso es algo que tal vez jamás sabré pues él nunca lo diría, nadie sabe qué es lo que esconde en su interior ni porque hace lo que hace, pero en fin, esa es su forma de ser, única en este mundo, mi señor, mi creador… mi padre, tan frío y cruel a veces, pero en otras es tan cálido y preocupado que no parece que se tratara del mismo vampiro.
Muchos de los aspectos de su personalidad son un misterio incluso para mí, que a estas alturas soy quien mejor le conoce de entre todo el imperio. De entre todos mis hermanos yo soy el único que tiene conocimiento de uno de los más profundos secretos de mi señor, pero no es porque él me lo dijera de buenas a primeras, sino porque descubrí parte de él, podría haberme destruido sin embargo por alguna extraña razón decidió contármelo, esa fue la primera vez que sentí que Kain realmente confiaba en mí.
Todo comenzó alrededor de unos siete años antes de la noche en que hable por primera vez con Christine, fue en la época en que su madre murió.
Esa noche no había luna y era perfecta para el ataque, hace pocos días habían logrado dar con el campamento y estaban a punto de deshacerlo completamente, esos insectos jamás sabrían que fue lo que sucedió, pero bueno, así es la vida. Les ofrecieron rendirse pacíficamente, pero no, osaron resistirse, oponerse a la conquista, proteger su villa, ¿protegerla? Al primer ataque fue arrasada completamente, y ahora serían cazados los últimos rebeldes que vivían escondidos como ratas, atacando de vez en cuando pero jamás con éxito, de hecho sus pequeños ataques eran insignificantes para las legiones de Kain, las cuales los superaban no tan solo en numero, sino también en fuerzas y tácticas gracias a las cuales esa región de Nosgoth ya estaba casi completamente bajo dominio vampírico.
Al ver como crecían en número arrasando y conquistando cada pueblo de Nosgoth, ¿Quién podría siquiera pensar que hace algunos siglos atrás los vampiros estuvieron a punto de extinguirse? Sin embargo uno de ellos sobrevivió y gracias a los clanes que se crearon a partir de él, muy pronto todo Nosgoth estaría bajo su poder.
Ya estaban por iniciar el ataque, no sería complicado, en aquel campamento habían alrededor de ochenta personas y a pesar de que todas luchaban, o por lo menos lo intentaban, la gran mayoría no había recibido ninguna clase de entrenamiento, solo eran un montón de humanos asustados, por esta razón esta vez solo atacarían Kain y sus seis lugartenientes, líderes de cada uno de los seis clanes vampíricos, quienes a pesar de tener solo un poco más de doscientos años eran prácticamente invencibles, en especial Raziel el primogénito y quienes le seguían Turel y Dumah, y qué decir de su señor Kain quien blandiendo a su eterna compañera, la Segadora de Almas, era intocable.
Habían trazado un plan para acabar rápida y silenciosamente con todos los humanos del lugar, no tardarían más de una hora, después de haberlos estado vigilando por tres días ya conocían la rutina del campamento y a esa hora todos estarían en sus respectivas tiendas a excepción de aquellos que hacían la guardia, que no eran más de quince dispersos por todo el campamento en grupos de dos o tres, eliminarían primero a los más fuertes y luego al resto.
Gracias a que había un poco de niebla Kain logro infiltrarse justo en medio del campamento asesinando rápidamente al grupo que hacia la guardia en ese sector y apagando las fogatas que habían hecho, puesto que el fuego era mortal para los vampiros los cuales ardían completamente al primer contacto, por suerte no habían grandes cantidades de agua cerca ya que esta era como ácido para ellos, cuando ya se hubo desecho de los obstáculos les susurro que iniciaran la masacre, atacando desde fuera hacia el centro por las cuatro esquinas en completo silencio para no ser descubiertos, Kain se encargaría de la parte central.
Todo iba saliendo a la perfección hasta que Rahab no pudo evitar que un humano lo viera al salir de una de las tiendas que acababa de "limpiar" y diera la alarma, lo bueno era que a estas alturas los humanos habían sido reducidos más o menos a la mitad.
- ¡Vampiros! ¡Nos atacan! Ahrggg… – alcanzó a decir antes de que Rahab le abriera la garganta.
- ¡Mierda, nos descubrieron! – exclamó Dumah al ver como los humanos salían alertados por su compañero y comenzaban a atacarlo rápidamente.
- Ya decía yo que este plan no funcionaría como Raziel quería – comenta Turel mientras le rompe el cuello a un sujeto bastante más alto que él.
- Ja ja ¡Ahora las cosas se pondrán más interesantes! – dice divertidamente Zephon mientras avanza cortando con su espada a todo humano que se le acerque.
Kain también se veía bastante satisfecho con esta situación ya que, si bien el plan no había salido como se lo habían propuesto en un principio, este reciente giro no era del todo negativo, ya que tendrían algo más de acción.
Esta era de la pocas ocasiones en que se podía ver a Melchiah, el más joven de los lugartenientes, con cierto aire de alegría en la mirada ya que con estas matanzas podía aliviar en algo la frustración que siempre llevaba consigo, pues al ser el último creado era el más débil de los seis, sin embargo era lo suficientemente poderoso como para destrozar sin ningún problema a cualquier humano que se interpusiera en su camino, pero no era esa la razón principal de su frustración, sino que por ser el menor recibió la parte más pequeña de los dones de Kain y por eso su cuerpo tardaba un poco más en regenerar las heridas que le hicieran, a diferencia de sus hermanos que solo tardaban algunos segundos, a menos claro que se encontraran débiles por falta de sangre, pero aun así la regeneración era perfecta, no así Melchiah cuyo cuerpo se encontraba cubierto de cicatrices hechas en su gran mayoría durante sus primeros años.
Kain continuaba luchando, masacrando y deleitándose con la sangre de sus víctimas, mientras que la Segadora hacía lo propio con sus almas. De vez en cuando se detenía por unos momentos para ver luchar a Raziel, el mayor de sus hijos, el cual era el más fuerte de los seis, aun que su apariencia no lo demostrara tanto, puesto que no era tan alto y fornido como Dumah o Melchiah quienes eran incluso más altos que Kain, de hecho la contextura física de Raziel era bastante similar a la de Kain aunque unos centímetros más bajo y no tan musculoso como este, pero su presencia era mucho más imponente que la de sus hermanos, era sin duda el más cercano al maestro.
En el campo de batalla era donde dejaba mas en claro su superioridad, no en fuerza bruta como Melchiah o Dumah, quienes prácticamente arrasaban con todo a su paso, tampoco en rapidez como Rahab quien era capaz de matar a cualquier persona antes de que esta siquiera pudiese advertir su presencia, o como Zephon que al igual que Rahab era bastante rápido y aparte de eso se valía de trucos y engaños para vencer o incluso Turel quien utilizada su agilidad y algo de telequinesis bastante básica pero era el único que podía usar este don y también era el que más se acercaba a Raziel en poder. Raziel, sin embargo utilizaba las habilidades de todos sus hermanos, era tan fuerte, rápido o ágil como ellos, pero sabía combinar a la perfección sus habilidades y técnicas, de hecho en más de una ocasión había vencido a todos y cada uno de sus hermanos, solo Kain era capaz de vencerlo las veces que se le diera la gana, pero eso era de esperarse ya que él era su creador, su padre, con mas y evolucionados dones y sobre todo siglos y siglos de experiencia.
- ¡Se suponía que siguiéramos el plan! – grita un tanto molesto el joven a la vez que parte a la mitad a uno de sus oponentes – ¡Pero no! Como siempre los cambian en el último momento – continua quejándose mientras esquiva la espada de otro humano posicionándose justo atrás de él para atravesarlo con su espada y de paso sujetando la mano de este para que a su vez elimine a otro, alejándose rápidamente para esquivar a un cuarto atacante, todo en solo un par de segundos.
- ¡Deja de quejarte tanto!, sabes que no fue a propósito – responde Rahab tratando de calmarlo un poco, mientras acaba con otros tantos – Admite que esto también te divierte – le dice luego de morder y succionar la sangre de sus víctimas.
- Si bueno, esto también es divertido – haciendo lo mismo que su hermano - ¡Pero así no era el plan! – vuelve a quejarse a la vez que arroja lejos el cadáver.
- Cálmate muchacho – le habla Kain quien también estaba bastante ocupado – los planes no siempre salen como nos lo proponemos – dice luego de decapitar a dos tipos de un solo ataque – los errores se consideran, analizan y superan, pero hay que saber improvisar ten siempre eso en cuenta – ciertamente Raziel era el que más se le parecía, sin embargo aun era joven y un poco inflexible en los planes, eso por una parte era bueno, sin embargo esta vez incluso Kain era consciente de que tal vez las cosas no salieran como se lo propusieron, era imposible matar a más de ochenta humanos sin que por lo menos uno se diera cuenta, aun que lograron acabar con la mitad de esa forma.
Y por fin el último, había sido todo muy rápido y como se lo propusieron en un principio, no alcanzaron a tardar una hora. Luego de esto Kain le ordenó a sus hijos que volvieran a los pilares, lugar en torno al cual se estaba erigiendo lo que sería el centro de su imperio, El Santuario de los Clanes, pues fue precisamente en ese lugar donde decidió vivir por sí mismo y por su raza, la cual se extinguiría con él, en lugar de morir por los mismos humanos que lo asesinaron, utilizaron y traicionaron, así que ese sería su hogar y su corte pues se sentía irremediablemente unido a ese lugar aunque los pilares ya estuviesen hechos pedazos por su negativa a morir.
- Maestro, ¿acaso tú no volverás con nosotros? – pregunta Melchiah.
- Tengo algo importante que hacer antes de volver – explica Kain acomodando la Segadora en su espalda.
- ¿Y no podemos acompañarte maestro? – esta vez quien hablo fue Zephon.
- ¡De ninguna manera! – replicó el vampiro de cabello blanco – además necesito que ustedes vigilen la construcción de santuario, aun hay humanos en ese sector – dice mientras se aleja en la dirección contraria a los pilares.
- Otra vez se va misteriosamente – comenta Raziel al verlo alejarse.
Era normal que Kain desapareciera misteriosamente algunas noches llegando antes del amanecer o al siguiente, pero eso era una o tal vez dos veces al mes, sin embargo desde hacia una o dos semanas Kain se ausentaba todas las noches a veces llegando a la siguiente para luego volver a irse y esta situación incomodaba y a la vez llenaba de curiosidad a Raziel, quien no podía evitar preocuparse ya que en una o dos ocasiones lo había notado algo triste, aunque claro Kain no se había dado cuenta ya que por lo general no demostraba ese tipo de sentimientos que podían hacerlo parecer débil, sin embargo no era tan cruel e insensible como quería hacer creer a los demás, solo que nadie lo había notado salvo su primogénito, quien lejos de sentirse intimidado por su señor lo admiraba más que a nadie.
- Ustedes adelántense, yo los alcanzaré luego – dijo de pronto Raziel.
- ¿Tú también hermano? – pregunta Melchiah.
- Has lo que quieras – dijo indiferente Zephon a quien le daba igual lo que hiciera el resto y ya iba en dirección a los pilares.
- ¿Que vas a hacer? – pregunta Turel haciéndose una idea de lo que planeaba su hermano.
- Solo… tengo algo que resolver – respondió el mayor.
- Si quieres te acompaño – se ofreció Dumah.
- No, no te preocupes, tal vez no tarde mucho – decía mientras se alejaba de ellos.
- Bueno pero ten cuidado, recuerda que aun deben haber rebeldes en esta área – volvió a hablar Turel quien emprendía la marcha hacia los pilares seguido de Dumah y Melchiah.
- Raziel, ¡espera! – esta vez el que hablo fue Rahab que hasta el momento se había mantenido en silencio.
- ¡¿Qué pasa?! – a estas alturas se estaba molestando.
- Solo ten cuidado… y no hagas algo estúpido – le aconseja.
- ¿Hacer algo estúpido?, ambos sabemos que de los seis, yo soy el más centrado – responde el muchacho bromeando en tono ofendido.
- Ja ja, hermano trata de que no sepa que lo sigues, tal vez eso lo ponga furioso – dice ahora en tono serio – todos sabemos lo que pasa cuando se enfurece – concluye preocupado, pues sabía que Raziel pretendía seguir a Kain.
- Tranquilo estaré bien – responde Raziel con una tranquila sonrisa en el rostro, para luego irse en la misma dirección que momentos antes tomara Kain.
- Solo ten cuidado – vuelve a repetir su hermano quien era el más unido a Raziel, tampoco es que se llevara mal con el resto, solo es que con Rahab su relación era más estrecha y confidencial.
Ya era un poco mas de medianoche, llevaba más de una hora siguiendo a su maestro, siempre manteniendo una distancia prudente para que este no se diera cuenta, y por esta razón estuvo a punto de perderlo de vista en dos ocasiones, por eso y porque en cierta parte del camino Kain decidió ir volando por lo que transformó su cuerpo en docenas de murciélagos, un don bastante curioso pensó Raziel a la vez que se peguntaba que se sentiría volar por los cielos.
Cuando comenzaba a pensar que no descubriría nada y que solo perdía su tiempo divisó a la distancia la ciudad de Coorhagen, la recordaba muy bien ya que fue una de las primeras que visitaron, además ocurrió algo bastante raro ya que a diferencia de otros pueblos y ciudades donde simplemente atacaban, esta vez Kain les había dado a elegir, por lo que sus habitantes se rindieron pacíficamente aceptando a Kain como su señor, quien solo dejo a algunos vampiros del clan de Turel para que mantuviesen a los humanos bajo control y cada cierto tiempo le entregaran informes de cómo iba todo.
De pronto Kain se detuvo en una inmensa mansión a las afueras de la ciudad, más específicamente en el balcón de una de sus numerosas habitaciones. Raziel, a pesar de haber corrido y saltado durante gran parte del camino se encontraba como si nada hubiese pasado por lo que sin ningún problema logro escabullirse en la mansión y al ver que Kain entraba a la habitación decidió observar un poco más de cerca así que trepó sigilosamente hasta el balcón donde había descendido su maestro.
El balcón era muy amplio, había algunas plantas y hasta un par de sillones, el ventanal que daba a la habitación también era inmenso y colgaban unas cortinas muy gruesas de color celeste las cuales estaban descorridas y sujetas con cintas en los extremos, además de estas colgaban también unas más finas, blancas casi transparentes las cuales se mecían suavemente con la brisa nocturna. El interior de la habitación no podía ser menos, estaba muy ricamente amoblada con piezas muy finas sin embargo no tuvo tiempo de apreciarla bien ya que otra cosa mucho más importante llamó toda la atención del joven vampiro.
Justo al centro de la habitación, más específicamente en la gran cama, su señor se encontraba sentado junto a una mujer de unos cuarenta años aproximadamente, tenía el cabello largo recogido en una trenza que caía hacia un lado por sobre su hombro, a pesar de la poca iluminación se notaba que era de color rubio muy claro, ella se veía muy enferma sin embargo poseía una belleza que muy pocas veces había visto. Ella se hallaba recostada entre unos cojines mientras Kain sentado a su lado apartaba delicadamente unos mechones de cabello que caían sobre su rostro para luego dejar su mano sobre la mejilla de aquella mujer en una suave caricia, mientras ella sostenía la otra mano de Kain entre las suyas.
- ¿Cómo te has sentido hoy… Marianne? – oyó que preguntaba Kain, pero no daba crédito de lo que sucedía, aunque lo veía no lo podía creer, su señor hablaba con una voz tan suave y preocupada que no parecía la suya, no más que eso, no parecía él.
¿Que era lo que sucedía?, ¿Quién era aquella mujer?, ¿Acaso era posible que la amara? Estaba deseoso de averiguarlo, jamás había visto a su señor con esa actitud, y esa escena de cierta forma lo conmovió y a la vez lo desconcertó.
