Capítulo 2
POV Edward
*Actualmente
Rosalie Masen y yo estábamos casados, tuve que esperar dos años más y trabajar fuertemente para darle la ceremonia de matrimonio que ella se merecía, aunque solo asistieron Esme, Carlisle, tres amigas y dos amigos de Rose y Jasper; exacto, mi cuñado se presentó en nuestro matrimonio y no tengo ni idea de cómo hizo para alejarse de sus padres… A ellos también los invitamos pero, obviamente no asistieron. Rose estaba radiante, se veía completamente hermosa en su vestido blanco de novia y sonrió aún más cuando estuvimos juntos frente al altar diciendo nuestros votos, ni qué decir la expresión de felicidad absoluta cuando vio a su hermano sentado en primera fila, acompañándola en su día.
Un año después, llegó la gran bendición a nuestra pequeña familia: El nacimiento de mi pequeña Vera fue un acontecimiento digno de recordar; su nacimiento se hizo presente cuando yo estaba recogiendo a Rosalie de su trabajo en su turno de noche, íbamos llegando a nuestra casa y ella empezó a sentir las contracciones, así que tuve que dar marcha atrás y buscar el primer hospital que estuviera a mi vista.
Vera Masen era una de las dos mujeres más importantes en mi vida, cada cosa o cada logro que ella alcanzaba era lo mejor para mí y sonreía con tan solo verla. Era muy parecida a Rosalie en todo sentido, hasta su carácter era igual al de ella, exceptuando el hecho de que su cabello era más oscuro; más bien, trataba de ser una combinación entre el de Rose y el mío. No hace falta mencionar que mi esposa estaba tan feliz que se podía ver en sus ojos la alegría y el orgullo. Sus padrinos fueron Carlisle y Esme; nadie, aparte de Rosalie y yo, estuvieron más pendientes de mi hija que sus padrinos; sobretodo Esme, quién se encargaba de mimarla y estaba con ella todo el tiempo que podía, sin contar que a veces Jasper pasaba a verla y le llevaba juguetes.
Ahora mi hija tenía seis años, mi esposa tenía veintiséis y yo tenía veintiocho; estábamos felices y dichosos, Vera nunca estaba sola porque tenía a Esme e iba a una pequeña escuela que Carlisle, muy amablemente, me ayudaba a pagar.
Terminé mi trabajo y fui a casa de Carlisle, ya que Vera estaba con Esme y Rosalie no alcanzaría a ir por nuestra hija, su trabajo la tenía completamente esclavizada y por más que ella tratara de conseguir otro, no lo lograba. Algunos días no nos veíamos, ahora sería peor porque yo salía a mi trabajo y ella apenas llegaba del suyo.
Para completar nuestra distancia, me enteré de que la solicitud de una beca para estudiar ingeniería automotriz en una de las más prestigiosas universidades de Nueva York, había sido aceptada, lo que no sabía era la razón por la cual me aceptaron hasta esta hora; siendo que, había enviado la solicitud antes de conocer a mi esposa. Ya había pasado una semana y todavía no le había dicho nada a Rose, no sabía cómo hacerlo y tampoco podía prever su reacción… Ni siquiera sabía si aceptar después de tanto tiempo.
– ¡Papi! – Gritó mi hija apenas me vio, corrió y alzó sus brazos para que la alzara. Detrás de ella venía Esme sonriendo.
– Hola, mi vida ¿Cómo te fue hoy? – Besé los cabellos de mi hija.
– Muy bien, estuve en la escuela y mi profe me puso una carita feliz porque hice bien una tarea y luego estuve con mi abu Esme el resto del día en la casa jugando con los peluches y las muñecas que me regaló mi abu Carlisle – Sonrió.
Yo fruncí el ceño – ¿Abu? – Miré a Esme.
– Sí – Respondió mi hija rápidamente – Es que todas mis amiguitas tienen abuelitos, entonces yo decidí que Carlisle y Esme serían mis abuelitos. Además, mi mami me dijo que eran como tus papis – Dijo todo tan rápido que apenas le entendí. Pero quedé con una duda ¿Qué le dijo Rosalie a Vera?
Seguí mirando a Esme y ella se encogió de hombros – No hay nada malo en que me diga abuelita, parezco una ¿No? Y cuando Carlisle la vio esta tarde, tampoco puso problema – Se veía nerviosa mientras decía todo eso.
Miré a Vera y luego a Esme – Mmmmm bueno, gracias por todo… ¿Puedes cuidarla mañana? – Pregunté y ella asintió sonriente. Puse a Vera en el suelo – Despídete, Vera.
Vera corrió hasta Esme – Adiós abu, te veo mañana – La abrazó.
Llevé a mi hija a casa, lo primero que ella hizo fue ir a la habitación que compartíamos Rose y yo para ver si su mamá estaba allí. Mi hija empezó a gritar – Mami – Por todos lados mientras corría, hasta que unos minutos después; Rosalie salió del baño, a medio maquillar y con una expresión preocupada, quizá pensando que le había sucedido algo a Vera. Rose alzó a Vera en sus brazos sin dejar la expresión preocupada que tenía en su rostro, tocó la frente de mi hija con su mano y después la observó de pies a cabeza. Al ver que ella no tenía ningún malestar, la puso en el suelo y le preguntó qué pasaba, a lo que ella respondió que solo quería saludarla y verla; Rosalie soltó un suspiro de alivio.
– Ve a tu habitación y prepárate para dormir, en un momento voy a darte el beso de buenas noches – Le dijo Rose a Vera besando su frente.
En cuanto mi hija se fue saltando a su habitación, Rosalie se devolvió al baño para seguir con su maquillaje y lo que más me sorprendió fue que, la que era mi esposa y el supuesto amor de mi vida, no me dirigió ni una sola mirada; algo así, como si yo no estuviera en el mismo lugar que ella o que para ella, yo fuera invisible.
Con cara de decepción y perplejidad caminé automáticamente hasta el baño, en donde se encontraba Rosalie terminando con su maquillaje. Abrí la puerta del baño y me quedé recostado contra el umbral, esperando que ella me notara: En el tiempo que estuvimos de novios, incluso cuando llevábamos pocos meses de casados, ambos sentíamos una leve y agradable corriente cuándo estábamos cerca, no importaba si no nos veíamos, solo sabíamos que estábamos en el mismo lugar.
Luego de un par de minutos, decidí que era mejor mostrarme ante ella. Caminé lenta y sigilosamente hasta que estuviéramos a un par de metros y luego hablé.
– Hola – Traté de subir mi cabeza y sonreí tristemente.
Ella pegó un saltico, lo que provocó que se manchara una mejilla con el labial rojo pasión que se estaba aplicando. Con gran rapidez, tomó un pedazo de papel higiénico, lo mojó y luego lo pasó por su mejilla para quitar la raya de labial. Puso una cara enfadada; claro, eso tampoco lo esperé y lo siguiente que sucedió, ni siquiera me lo habría imaginado.
– ¡EDWARD! – Chilló enojada – Me asustaste ¿Por qué no me avisas cuando vas a entrar?
– Pensé que te gustaría verme después de que en todo el día, ni siquiera hemos hablado por teléfono, por lo menos yo ansiaba verte y poder saludarte con un beso – Terminé.
Ella frunció el ceño y volvió a su posición frente al espejo – Estuve ocupada hoy, busqué trabajo; pero, como siempre no conseguí nada – Bajó la mirada por un segundo, para luego ponerse firme frente a mí – Me hubiera gustado saludarte si hubieras tenido la decencia de anunciarte.
– ¿Tengo que anunciarme para saludar a mi esposa?
Volteó a verme completamente furiosa – TU NO ENTIENDES NADA Y CAMBIAS TODO A TU ACOMODO, ESTOY CANSADA – Gritó.
– ¿TU CREES QUE YO NO? ESTUVE EN LA ENTRADA MIENTRAS SALUDABAS A VERA Y NI SIQUERA ME MIRASTE, ESTUVE AQUÍ PARADO DETRÁS DE TI POR MINUTOS Y NO NOTASTE MI PRESENCIA ¿AHORA VIENES A RECLAMARME? ¿QUÉ PASA CONTIGO? – Grité histérico, no recordé que Vera estaba en casa y tal vez podría escucharnos, lo que menos quería era que ella presenciara nuestra discusión.
– ERES TU, ESTOY CANSADA DE ESTAR AQUÍ. NO ESTOY CON VERA, NO LA VEO COMO QUISIERA Y TODO EL TIEMPO TENGO QUE TRABAJAR PARA PODERLE DAR UNA CÉNTESIMA PARTE DE LO QUE QUIERO PARA ELLA. TU TRABAJO TAMPOCO AYUDA Y SIENTO QUE ELLA ESTÁ CRECIENDO CON ESME AUN CUANDO ELLA ES NUESTRA HIJA, YO SOY SU MADRE… QUIERO VIVIR COMO ANTES – Salió del baño y, conociéndola, estaba evitando el llanto.
Me quedé allí estancado por unos cuantos minutos mientras lograba procesar todo lo que nos habíamos gritado, estaba completamente absorto; siendo que, esta era la primera discusión real que teníamos. No habíamos discutido hasta llegar a gritarnos lo que sentíamos; porque, ella o yo siempre teníamos que irnos a otra parte y nuestros horarios de trabajo no nos daban más espera, después nos calmábamos y se nos olvidaba la razón del enfado.
Ahora, todo era muy difuso y llegué a contemplar la posibilidad de que esa mujer con la que había gritado, no era la misma de la que yo me había enamorado años atrás. No, definitivamente no era la misma: Antes siempre hablábamos por teléfono para asegurarnos de que estábamos bien, utilizábamos mi tiempo de almuerzo para vernos. Cuando nació Vera ambos nos unimos más, pude sentirla más cercana a mí aunque no la viera en todo el día; sin embargo, no recuerdo en qué instante ella comenzó a cambiar, no recuerdo el momento exacto en el que comenzamos a distanciarnos de manera que llegáramos a… Esto: A lo que sucedió minutos atrás en este mismo lugar.
Caminé hacía la habitación de mi hija, quizá ella me diera valor y me comprobara una vez más, que yo tenía que luchar por ella y por la familia que tenía. Todos los matrimonios pasaban por dificultades y el mío no iba a ser la excepción; además, solo era una discusión y cuando estuviéramos calmados, lo hablaríamos, tarde que temprano lo haríamos.
Llegué a la habitación de mi hija, ya más calmado y manteniendo la mente en positivo respecto a mi relación con Rosalie. De nuevo, me quedé allí, recostado en el marco de la puerta mientras Rosalie le daba un beso en la frente a Vera; vi que, ella tenía los ojitos cerrados hasta que de alguna manera, sintió mi presencia y los abrió, tendió su mano hacía mí.
– Papi ¿Puedes acercarte? Por favor – Dijo con la voz quebrada.
Pude sentir el malestar de Rosalie; sin embargo, no me podía negar a los pedidos de mi hija – ¿Qué pasa, princesa? – Pregunté tomando su mano.
Ella bajó su cabecita y en el segundo que la levantó pude observar que sus ojos estaban conteniendo las lágrimas – Yo… escuché… ustedes… – Se sentó en la cama y nos volvió a mirar alternadamente a Rosalie y a mí – Oí que ustedes se estaban gritando ¿Por qué peleaban? – Preguntó inocentemente. Rosalie y yo nos miramos con los ojos abiertos, sin saber qué responderle; al mismo tiempo, por la mejilla de mi nena recorría una lágrima – ¿Peleaban por mí?
– No, no nena. Nada de eso es tu culpa – Respondí rápidamente, quitando su lágrima con mi pulgar.
Rosalie me siguió – Nosotros hablábamos de lo que queríamos para ti y que no te podíamos ver, por eso estábamos tristes y empezamos a gritar, no nos dimos cuenta que lo hacíamos – Acarició sus cabellos.
– No me gusta que peleen – Pasó una mano por sus ojitos – ¿Por qué no pueden verme?
Sentí como Rosalie tragaba saliva; conociéndola, tenía un nudo en la garganta que no la dejaba hablar, por lo que yo le respondí – Mira princesa, tu mami y yo tenemos que trabajar todo el día para poder vivir aquí, comer y llevarte al preescolar. Por eso no podemos estar contigo todo el tiempo y te tienes que quedar con Esme – En cuanto dije esa última frase, Rosalie volvió a tragar saliva. Acaricié de nuevo la mejilla de Vera – No te tienes que preocupar por nada, no me gusta verte así. Tienes que prometerme que no volverás a llorar – Ella asintió con su cabecita – Bien, buenas noches, te amo – Besé su frente.
Rosalie se acercó a ella y también besó su frente – Te amo, hijita. Mañana te veré temprano, te llevaré al preescolar – Una sonrisa apareció en el rostro de Vera, se acostó de nuevo y no tardó en quedarse dormida profundamente.
Miré a Rose por un par de segundos, ella tenía la mirada fija en nuestra hija, presentía que ella me estaba ocultando algo; pero, me negué ante ese pensamiento luego de procesarlo – ¿Qué me podría estar ocultando mi esposa? – No había nada que ella pudiera ocultarme, ella no me haría algo como eso.
Me levanté de la cama de Vera y fui hasta la cocina por un vaso de agua, tomé solo un sorbo pensando en todo y en nada al mismo tiempo; sin duda, lo que más llamó mi atención y en lo que no me había fijado con detenimiento fue en la expresión de Esme cuando le pregunté la razón por la cual Vera le decía "Abu"; sí, mi hija mostró mucha alegría al decir que quería que su abuela fuera Esme, solo que ella se veía preocupada y ansiosa viéndome todo el tiempo con esas expresiones tatuadas en su rostro; aun así, trataba de sonreír.
– Adiós, Edward – Sentí la voz de Rosalie a mis espaldas. Me giré rápidamente para verla hermosa como siempre, con su maquillaje intacto, vestida con su uniforme y un bolso de mano.
Asentí – Siento mucho la discusión que tuvimos – Alcancé a decir antes de que se fuera.
– No quiero hablar sobre eso, dejémoslo para más tarde, es mejor que hablemos con cabeza fría – Abrió la puerta principal – Descansa.
Me despedí de Rosalie y fui directo a la cama, hoy había sido un día muy agotador: Tanto mental como físicamente; sin embargo, por más que lo intenté, no pude dejar de pensar en ella. Estuve dando vueltas en mi cama por cerca de casi cuatro horas, hasta que pensé que ver a mi hija durmiendo, sería una buena terapia para poder conciliar el sueño. Así lo hice, caminé hasta la habitación de Vera y la vi durmiendo plácidamente con sus cabellos regados por toda la almohada y una parte de su cuerpo descubierto, me acerqué lentamente para no despertarla y la arropé. Mi dulce princesa tenía todavía lágrimas secas por su carita, me sentí tan mal conmigo mismo, no debí dejar que ella presenciara esa discusión; aunque sinceramente, no me arrepentía de lo que le había dicho a Rosalie, solo habría querido que las cosas se dieran de una manera diferente: Que en lugar de gritarnos como lo habíamos hecho, hubiéramos hablado sin que toda la rabia y el estrés salieran a flote.
En parte entendía a mi esposa, yo también estaba cansado de la situación que vivíamos y todo lo que dijo ella acerca de pasar más tiempo con Vera y darle el mundo entero, era lo que yo quería... Solo que; por ahora, no podíamos. Tal vez ella estaría pensando que quería volver a la vida que tenía antes de conocerme, de esa forma todo sería más fácil de lo que es ahora: Viviendo con miedo de que algún día no tengamos que comer o dónde vivir.
Me acomodé al lado de Vera y con ella junto a mí, por fin pude dormir, algo en ella me trasmitía paz y tranquilidad. La abracé y la acerqué a mi pecho, ella a penas se movió y así quedamos juntos hasta el amanecer.
…
Al cabo de una semana, Rosalie y yo habíamos hablado de la discusión que habíamos tenido y ambos concordamos en que lo que nos tenía tan distanciados y estresados eran nuestros horarios de trabajo. No podíamos vernos, ni hablarnos porque ambos estábamos cumpliendo nuestras propias responsabilidades; pero, quedamos en que nos estaríamos comunicando por lo menos una vez al día. Así fue toda la semana, por lo menos nos veíamos más unidos y felices, Vera era la más feliz con todo esto.
Solo había un pequeño detalle que me seguía atormentando y no sabía de qué manera enfrentarlo: La beca de estudio. Aun no le había comentado a Rosalie y tampoco sabía si aceptar o no; porque, si aceptaba significaría que tendría menos tiempo para convivir con mi familia y por el contrario; si me negaba la beca, significaría negarme a una increíble posibilidad que me haría crecer profesionalmente.
Llegué a casa pensando en aquello, con Vera dormida en mis brazos; ya que, al parecer Esme la había llevado a jugar al parque y estaba completamente agotada. La dejé en su habitación y Rosalie llegó en ese instante.
– ¿Otra tarde agotadora con Esme? – Preguntó Rose a mi oído para no despertar a Vera y yo asentí.
Ambos salimos de la habitación, no sin antes dejar un beso en la frente de nuestra hija. Cuando estuvimos en la sala me sorprendió que Rosalie se sentara frente a mí, supuse que era para hablar de nuestro día, al menos por quince minutos porque ella tenía que ir a su trabajo.
– Sí, pero debo decir que Esme se veía más agotada que Vera – Sonreí.
Rosalie se estremeció – Hablando de ella… Hay algo que me pidió… Más bien fue como una invitación – Forzó una sonrisa mientras yo la veía expectante – Me pidió que fuéramos a cenar los tres… en su casa… el martes de la próxima semana… Ella estaría con Carlisle… Me dijo que era muy importante para ella… – Se retorció los dedos sobre su regazo.
– Que raro – Puse una mano en mi barbilla frunciendo el ceño – Ella no me dijo nada cuando fui por Vera.
– Me llamó cuando tú no habías llegado, tal vez venías de camino – Contestó rápidamente, noté un poco de nerviosismo en su voz.
– Bien, por mí no hay problema ¿Y tu trabajo? – Pregunté.
– No te preocupes, el martes casi no hay clientela; le diré a mi jefe que me deje esa noche libre – Miró su reloj – A propósito, ya voy tarde – Se levantó rápidamente del sillón.
– Ok – Respondí acercándome a ella – Tienes que darme un beso de despedida.
Ya cuando estuvimos juntos nos besamos como hace tiempo no lo habíamos hecho: Desde hace tiempo atrás los besos con mi Rose eran un tanto desabridos e insípidos; Sin embargo, me sorprendí gratamente al momento en el que ella respondió mi beso con devoción y pasión. Soltó su cartera y la dejó en la mesa de centro para luego pasar hábilmente sus manos por toda la extensión de mi pecho, acariciándome como la primera vez que habíamos estado juntos – Eso solo significa una cosa – Pensé e inmediatamente puse una de mis manos en su cintura y la otra en uno de sus pechos, para así mostrarle cuánto la extrañaba: Por todo lo que vivíamos a diario, no podíamos estar juntos y eso me deprimía, supongo que a ella también porque recibía gustosa mis caricias.
Dejé que mis labios bajaran por su cuello, allí disfruté de su aroma y de su suave piel; ella en cambio, gemía de placer tratando de ser silenciosa, llevó mi otra mano para dejarla en su pecho libre y comenzó a marcar el ritmo de caricias, ya se sentían duros sus pezones; de la nada, nació otro gemido de su boca, el que ya era un par de octavas mayor al anterior, si seguía así, iba a despertar a Vera. En el instante que sentí que iba a gemir otra vez, puse mis labios sobre los suyos para acallar sus gritos. La miré y tenía los ojos cerrados.
Jadeé en silencio – No vayas al trabajo esta noche, Rose. Quédate conmigo – Susurré.
Ella se demoró un tanto en responder, abrió sus ojos con pánico y se alejó de repente – No, Edward. No me pidas eso, sabes que no puedo – Afirmó repentinamente compuesta y con aires de seriedad.
Antes de que yo pudiera decir o hacer algo al respecto, la vi cruzando la puerta sin siquiera decir otra palabra o al menos despedirse. Se sentía un aire extraño entre los dos y más en esta noche, no sabía que pasaba con ella, estaba actuando más diferente de lo que lo había hecho anteriormente. Quedé parado en donde estaba y suspiré: Ya no me quedaba de otra que lidiar yo solo con mi problema de excitación y dormirme.
Al siguiente día me levanté de la cama y Rosalie llegaba de su trabajo, no hablamos de lo que había pasado; simplemente, hicimos la rutina que teníamos desde que había nacido Vera: Rose la despertaba y la bañaba mientras que yo preparaba el desayuno. Cuando Vera terminaba de bañarse, yo pasaba al baño y demoraba lo menos posible para darle el desayuno a mi princesa y de paso que Rose tuviera tiempo de darse una ducha y comer algo antes de llevar a Vera al preescolar. Siempre era así, una dinámica muy productiva porque a veces, podíamos desayunar los tres juntos.
De ahí fui a mi trabajo, recogí el taxi y manejé por la ruta que tenía programada. El día se pasó volando, ya eran las diez de la noche y había terminado mi turno, iba directo a la empresa para dejar el taxi, hasta que vi que una sombra me hacía la parada, traté de ignorarla pero cuando pasé por su lado me pude dar cuenta de que era una mujer muy hermosa, de cabellos ondulados color caoba que caían grácilmente hasta su cintura, no alcanzaba a ver muy bien su rostro; sin embargo, su figura era espectacular: Delgada, de pechos pequeños perfectos para llenar mi boca; su trasero era respingón, me provocaba estrecharlo entre mis manos; piernas finas, delgadas, bien torneadas que parecían no tener fin con esos zapatos de tacón que llevaba.
Algo me hizo detenerme, a pesar de que una muy pequeña parte de mi consciencia me decía que yo no podía tener ese tipo de pensamientos porque yo estaba CASADO, solo podía tener ojos para Rose; no obstante, no me importó en ese momento, simplemente me orillé para que ella se subiera, pude tener una mejor vista de ella: Usaba un vestido negro de brillos, escote en v, el vestido cubría sus brazos hasta los codos, iba pegado a su cuerpo, llegaba hasta la mitad de su muslo y por lo que pude ver cuando ella se subió, tenía un escote en su espalda que dejaba que mi imaginación volara.
– Lléveme a la E 72nd St. – Dijo ella con un tono arrogante.
Asentí sin decir nada. Durante el camino no me pude resistir a ver su rostro que daba la impresión de ser perfilado por los mismos ángeles, era en forma de corazón, piel pálida, ojos grandes y achocolatados, nariz fina, pómulos prominentes, labios carnosos y con una delgada línea en la mandíbula. Simplemente hermosa, parecía una muñeca de porcelana aunque no tuviera las mejillas rosadas como lo describen la mayoría de los escritores o artistas que recrean una preciosidad así.
Pero, para mí si era una mujer preciosa. Ella tenía su vista fija en el camino, había frialdad en sus ojos y algo así como un hoyo, tal vez en su alma o en su corazón, percibía algo así como soledad por parte de ella; a pesar de eso, se mostraba arrogante y superior a los demás. No necesitaba que me lo dijera, yo lo sabía por la forma en la que miraba el paisaje, con agonía. Al darse cuenta de que yo la estaba observando, ella arqueaba una ceja con prepotencia y ponía una máscara de orgullo.
En cuanto llegamos, ella abrió su bolso y me pagó con más dinero del que costaba el recorrido hasta lo que parecía ser su "casa" y que digo casa, era una mansión el lugar donde ella vivía. Me salí de la nube moviendo mi cabeza de un lado a otro; al fin y al cabo, existía la posibilidad de que ella y yo no nos volveríamos a ver… Me equivoqué: El jueves, a primera hora de la mañana, ella estaba en una de las paradas más cercanas a la ruta que yo tomaba y me hizo la señal para que la llevara a una de las sedes de la compañía hotelera más poderosa de Nueva York: McCarthy & Vulturi Association. Me demoré un poco llegando, para nadie era un secreto que esa minifalda que llevaba mostraba más de lo que debería y el escote en su pecho estaba de infarto, encima llevaba una gabardina gris descubierta y un par de botas con tacón. Eso a ella no parecía importarle porque estaba distraída mirando por la ventana pensando en quién sabe qué cosa o en quién sabe quién; digo, una mujer como ella no podía estar sola, al menos debería tener un pretendiente, novio o hasta esposo.
En cuanto llegamos, volvió a su pose fría y arrogante, me dejó un fajo de billetes y se fue moviendo sus caderas tentadoramente; cualquier hombre y me incluyo, caería en sus encantos con los ojos bien abiertos. Me quedé un par de minutos observándola hasta que ella entró al gran edificio y no la vi más (Por ahora)… En la noche, cuando estaba terminando mi turno, la vi de nuevo y no precisamente en el lugar donde la había dejado; de hecho, ella estaba bastante retirada de ese lugar.
Ella hizo la señal para que me detuviera y en cuanto vio mi rostro al sentarse en la parte trasera del taxi, se espantó – Bueno, pero a usted ¿Qué le pasa? ¿Por qué me está siguiendo? – Me preguntó molesta haciendo magüe de que se iba a bajar del taxi.
– No, señorita. No la estoy siguiendo, simplemente yo recorro todos estos lugares, es mi zona de trabajo y créame, este día me van a llamar la atención porque me he retirado mucho del sector que me indicaron y por eso estoy aquí – Ella alzó una ceja sin creer completamente en mis palabras – Vea mi credencial en la parte trasera del asiento, dice que trabajo en la empresa Cullen Express y bueno, allí está toda mi información.
Ella resopló – Bien, lléveme a la dirección de la vez anterior… o no, mejor lléveme a Great Jones Spa, necesito algo de relajación – Dijo en tono de cansancio, poniendo una mano en su frente como si se fuera a morir. Demasiado dramática, diría yo.
– Por supuesto – Asentí sin decir lo que pensaba.
…
Ya se había llegado el martes, me encontré con la mujer misteriosa que viajaba en mi taxi en muchas ocasiones, hasta tres veces en el mismo día. Ella siempre mantenía una máscara de frialdad, orgullo y acentuaba su pose arrogante cuando me miraba; sin embargo, cuando la descubría mirando por la ventana, tenía la mirada perdida, como si le faltara algo o su alma viajara errante. Siempre me pagaba más de la cuenta, no se molestaba en darme los billetes en la mano sino los botaba al asiento del copiloto y se iba.
No me agradaba mucho la actitud de esa mujer: era la imagen perfecta de la mujer fría y despectiva, su físico no era suficiente y solo la hacía ver más como una señorita de la alta sociedad, caprichosa y engreída. Moví mi cabeza, estaba pensando en ella más de lo que debería; solo que, no me cabía en la cabeza como alguien podría comportarse de la forma en la que lo hacía ella. Desde ese momento, me empezó a caer mal y si me la volvía a topar actuaría como siempre, neutral.
Saliendo de mis cavilaciones regresé a casa y sentí a Rosalie demasiado inquieta y nerviosa; tal vez, esperaba que en esta cena, Carlisle se atreviera a ascenderme, pero… – ¿Para qué quería a toda mi familia en una cena, solo para darme un ascenso? – pensé, bien podría hacerlo en la oficina de su empresa. De todas formas, Rosalie se vistió con lo mejor que tenía y se maquilló de forma que luciera una como una reina de belleza; ni qué decir de Vera, mi princesa estaba hermosa, en su cabeza llevaba una tiara de princesa y su cabello caía suavemente que se enroscaba hasta la mitad de su espalda.
– ¿Listos? – Preguntó Rose por tercera vez.
Yo no sabía para qué debía ponerme el mejor (único) traje elegante que tenía, era negro con camisa blanca y una corbata negra a juego. Miré a las dos mujeres de mi vida, Vera saltaba de un lado para otro y Rosalie se moría por hacer lo mismo; aunque, si soy sincero, mi esposa se veía algo nerviosa. Asentí con la cabeza, dándole la respuesta a mi esposa.
Tomamos un taxi y nos llevó directo a la mansión Cullen, porque ellos habían expandido su casa una vez que la productividad de la empresa de Carlisle había aumentado un cincuenta por ciento, así como también adquirieron nuevos taxis y remodelaron las instalaciones de la empresa, sin mencionar que también se aumentó el salario de los empleados. Pero bueno, ya estaba bastante asombrado con la gran casa que tenían y solo vivían ellos dos – ¿O es que acaso vivían con más personas?... Tal vez con sus hijos – Descarté la absurda idea; ya que, en los años que conocía a Carlisle y a Esme, jamás me habían presentado algún hijo o hija, sin contar que Carlisle y yo siempre hablábamos como amigos, si hubiera un hijo, ya me lo habría dicho.
…
Llegamos en menos tiempo del que pensé, le pagué al taxista y caminamos unos cuantos pasos, hasta que encontramos a Esme en la mitad del camino para llegar hasta la mansión. Llevaba un vestido elegante, rojo muy recatado que la hacía lucir bella y joven. A la hora que la saludé con un abrazo, ella se mostró feliz e impaciente, con un deje de nerviosismo. No podía creer que estuviera esperándonos afuera con un vestido tan ligero y con el frío que hacía en Nueva York; Sin embargo, parecía que a ella no le importaba y nos dirigió a la puerta donde Carlisle nos esperaba con una mueca que simulaba ser una sonrisa, a él si lo veía bastante nervioso y pensativo.
Todas esas expresiones corporales y faciales me tenían completamente aturdido, ya no creía que esta cena fuera para un simple ascenso; no, había algo importante que ellos querían decirnos a Rosalie y a mí; Desgraciadamente, no tenía ni idea de lo que era y me moría de curiosidad por saberlo.
Pronto estuvimos sentados a la mesa, la charla era sobre trivialidades y se alcanzó a colar una que otra cosa del trabajo; no obstante, el ambiente estaba demasiado tenso, había algún motivo muy importante por el cuál estábamos aquí y ya quería saberlo. Cuando terminamos de comer, pasamos a la sala con el pretexto de que Esme y Carlisle querían prolongar nuestra estancia y además profundizar la charla – Claro, ahí tendré mi respuesta – Pensé emocionado.
Por algún motivo, Vera estaba cansada y Esme, junto con Rosalie la llevaron a dormir en la habitación que tenían adecuada para ella; ya que, Vera permanecía demasiado tiempo con Esme. Cuando estuvimos los cuatro, nos sentamos en los sillones. Carlisle estaba sentado con la espalda recta, Esme retorcía sus dedos en su regazo y al mirar a Rose me di cuenta que estaba bastante nerviosa.
– Es todo ¿Podría alguien decirme qué pasa? ¿Por qué están tan nerviosos? – Pregunté irritado con tono normal.
Carlisle puso una mano en los dedos retorcidos de Esme, ella pareció relajarse y entonces, Carlisle aclaró la garganta – Edward, nosotros te invitamos a esta cena porque queremos decirte algo muy importante.
– Eso ya lo sé, de otra forma todos ustedes no estarían actuando tan extraño. Solo digan de una vez qué es lo que pasa.
Esme suspiró y se acercó a mí – Edward… – Me miró con miedo – Tu nombre real es Edward Cullen Masen – Abrí los ojos desmesuradamente, tenía un nudo en la garganta que no me permitía realizar la pregunta que tenía en mente. Me empezaba a apretar la corbata y sentí un sudor frío recorrer mi espalda; estuve desconcertado, en algún instante pensé que era un clase de broma pesada; al ver que a ninguno de los presentes se les asomaba una expresión de broma en sus rostros, me tensé aún más. No pude decir nada, no me podía mover; incluso, estaba helado cuando Carlisle dio señas de seguir con la confesión.
Carlisle se puso de lado de su esposa – Así es, eres un Cullen… Eres nuestro hijo, Edward.
– ¿QUÉ? – Me puse de pie totalmente furioso, dejando de lado mi estado de shock – ¿Cómo es posible que me digan eso luego de veintiocho años? No saben por las necesidades que pasé, me dejaron en un orfanato, a mí… – Tragué saliva – A mí me dolió mucho no tener una familia. Después de que me sacaron del orfanato, por la fuerza, tuve que buscar empleo por mis propios medios – Solté una risa sarcástica – Claro, olvidé que mi gran padre me dio empleo en su empresa de taxis luego de siete meses y por eso YO era el favorito, aunque no entiendo eso último; tal vez yo era el favorito porque les dio un repentino ataque de remordimiento – Pasé la mano por mi cabello – Si ustedes hubieran estado conmigo, no habría pasado lo que pasó, yo no… no huera perdido a mi mejor amigo.
Rosalie se acercó tratando de pasar su brazo por mi cintura – Cariño, cálmate por favor – Pidió dulcemente.
Me zafé de su agarre – ¿Cómo quieres que me calme con todo lo que me dijeron? – Me quedé pensativo viendo la expresión en su rostro – ¿Cómo es que no estás sorprendida?
Ella bajó la cabeza – Bueno, yo… – La interrumpí.
– ¿Lo sabías? ¿Desde cuándo lo sabías? – Cuestioné molesto y a la vez impresionado.
– Desde que fui a la oficina de Carlisle para hacer el reclamo por tu sueldo… Lo supe a penas lo vi porque él tenía facciones muy parecidas a las tuyas y cuando llegó Esme, entendí por qué tenías el cabello cobrizo y los ojos verdes. Una noche, recogí a Vera y confronté a Esme – Se miraron mutuamente, arrepentidas – Ella me confirmó lo que yo ya sabía.
– LO SUPISTE HACE MESES Y ¿NO ME DIJISTE NADA? – Grité sin importarme que Vera estuviera durmiendo en una habitación cercana – ¿DÓNDE QUEDÓ LA CONFIANZA QUE HABÍA ENTRE NOSOTROS? ME ENGAÑASTE – Miré a los que se suponían que eran mis padres – NO PUEDO CREER QUE ME HAYAN HECHO ESTO.
Tomé mi chaqueta y salí de aquella mansión, estaba completamente furioso, no podía creer que mi único amigo: Carlisle, me hubiera mentido y menos que mi esposa me hubiera ocultado la verdad – ¿Qué clase de relación podía haber entre ella y yo como para que me estuviera ocultando la cosa más importante de mi vida? – Pensé mientras vagaba por las calles de Nueva York. Sonreí sarcásticamente; no tenía amigos, prácticamente estaba solo y las pocas personas que había, en mi vida me mentían – ¿Qué clase de karma estaba pagando para que me sucediera esto? – pensaba al mismo tiempo que tiraba de mi cabello.
Deambulé por las calles sin rumbo fijo, por lo menos sabía que no quería volver a mi casa ni a la de los Cullen, no quería encontrarme con ninguna de las personas que habitaban allí; es más, no quería pasar la noche en ninguno de esos lugares… Lamentaba mucho no darle a mi pequeña princesa su beso de buenas noches; pero, no podía ir allí y ver a Rosalie como si nada hubiera sucedido y la sola imagen de Vera, era como ver a Rosalie cuando niña; sí, lo sé, estoy desquitándome con mi hija por lo que hizo mi esposa y en mi defensa, solo estaba buscando un sitio tranquilo en el cual pudiera pensar.
HASTA AQUÍ EL CAPÍTULO, ESPERO LES HAYA GUSTADO. ALGUNAS YA SUPONÍAN QUE EDWARD ERA HIJO DE CARLISLE Y ESME, PERO HAY ALGO QUE ÉL OCULTA… NO SÉ SI ALGUNA LO DESCIFRE ANTES DE QUE SALGA A FLOTE.
POR OTRO LADO, YA HIZO SU PRIMER APARICIÓN NUESTRA QUERIDA BELLA, AUNQUE ELLA NO SE HA PRESENTADO COMO TAL Y NO TIENE UNA RELACIÓN MUY CERCANA CON EDWARD… VEREMOS QUE PASA ¿MEREZCO REVIEWS?
