Hola! Espero que le den una oportunidad a mi fic, tomando en cuenta que este es el primero que hago.

Agradecimientos especiales a NyVan

Los personajes y algunas acciones no me pertenecen, son de Hisayama - sensei.


Capítulo 2: Corre Melly.

Había pasado exactamente un año desde aquel día negro. El mundo no volvió a ser el mismo nunca. Los recuerdos de la sangre, el polvo, el vapor de los titanes, el grito desgarrador de su madre siendo devorada por un titán. Melly tenía esa pesadilla desde ese entonces.

Las cosas en su hogar habían cambiado. Desde la trágicamente muerte de su madre, nada volvió a ser igual. Su padrastro se comportaba de forma extraña, cada vez más distante, dejándola a su suerte y a merced de la buena voluntad de las empleadas de la casa. Eso no le importaba en absoluto. Quería saber si sus amigos habían logrado salvarse. Rogaba todos los días por eso. Quería convencerse de que estaban bien, de que Armin estaba vivo. Sonrió al recordarlo y rememoró en su corazón la tarde en que lo conoció y como se enamoró locamente de él…

Las aves cantaban a los lejos aquella tarde. El carruaje seguía su andar sin apuro para que la pequeña Melly pudiera ver el paisaje. Su madre, en compañía de Nella, escapaba con ella a lo más profundo de Shiganshina para buscar "algo". Nella visitaba a sus parientes y la pequeña Melly se entretenía en ver el cielo y flores que no se encontraban en el muro Sina.

-Melly, quédate con Nella – dijo de pronto la madre – preguntaré por algo.

La pequeña vio como la madre se alejó a paso rápido del lugar. No quería esperar más tiempo a su madre demorosa. Tenía miedo de que su padrastro las encontrara y las castigara por eso. Ya había sido testigo de las golpizas que sufría su madre por parte del "monstruo", como le decía ella al padrastro. Siempre era la misma pelea, siempre le reclamaba lo mismo, siempre hablaba de un él que no tenía nombre.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un bostezo largo y cansado de Nella. De pronto, una mariposa blanca cruzó por su cara. La vio tan frágil y bella. Nunca antes había visto una mariposa de ese color y que volara con tanta gracia. Y siendo guiada por el impulso de observarla un tiempo más corrió. Recorrió grandes callejones y se sorprendió al observar otra realidad a la que no estaba habituada. Vio la carencia, el hambre y la pobreza que en Sina no había, pero vio algo más: la humildad en ojos trabajadores y que en el lugar en donde vivía ya no quedaba rastro alguno. De pronto se vio en un callejón sin salida y cuando quiso regresar se intimidó al verse rodeada de tres niñas que la observaban detenidamente con ojos amenazadores.

- ¿Qué haces aquí niña? Tú no eres de aquí – dijo uno de los niños.

- Yo solo me perdí, lo juro – Melly tembló de miedo.

- ¿Vienes a reírte de las desgracias de los pobres? – Ahora le gritó otro niño – Allá en el Muro Sina no tienes necesidades.

- ¿Cómo sabes que vengo de allá?

- Tu ropa y tu modo de caminar tonta. Mejor que ese ¿Sabes lo que le hacemos a los que vienen a reírse de nosotros? – el niño levantó la mano para golpearla.

Melly vio pasar su vida en pocos segundos. Esos niños tenían la clara intención de golpearla y quien sabe que otras cosas. Cerró sus ojos esperando lo peor. Lloró de miedo y rabia. Maldijo a la mariposa blanca que siguió hace un rato. Trató inútilmente de gritar por ayuda. Su voz se atragantó en su garganta. Todo estaba perdido.

-¡Déjenla tranquila! – fue todo lo que se escuchó antes de que el cuerpo de la niña callera a la tierra completamente desvanecido.

Un rato más tarde, Melly abrió los ojos pesadamente. Se incorporó de inmediato. Se tocó por todas partes para cerciorarse de que estaba bien. Giró su rostro y horrorizada vio el rostro de otro niño. Estaba golpeado y la comisura de su labio sangraba débilmente.

-¿Estás bien? – terció el pequeño niño junto a ella.

-Sí – contestó Melly.

- Traté de defenderte de esos niños. A mí siempre me golpean por las cosas que digo, pero tú eres una niña.

-A ti te golpearon por mi culpa, perdóname – susurró Melly. Se sintió avergonzada de ser débil.

-No te preocupes, ya estoy acostumbrado. Soy Armin.

-Yo Mellizabeth, perdón, Melly…

Más tarde, aparecieron Eren y Mikasa y ya con eso el cuarteto se completó. Pasaron largo tiempo hablando y jugando. Melly se sintió feliz: no le dijeron nada respecto a que pertenecía al Muro Sina: la aceptaban tal y cual era. A lo largo de la plática, Melly se percató de todas las cosas que compartía con Armin como el gusto por la lectura y la curiosidad por saber que había fuera de las murallas. Era la primera vez que se sentía rodeada de cariño. Era la primera vez que tenía amigos con los cuales hablar y jugar. Era la primera vez que se sonrojaba ante el contacto de la mano cálida de Armin cuando la llevó a jugar al muelle. Era la primera vez que su corazón latía tan placenteramente. Estaba enamorándose perdidamente y se sentía bien.

-¡Señorita Melly!

-¡Melly! ¿Dónde estabas? Me preocupaste mucho – gritó la madre y la pequeña niña pensó lo peor.

-Perdóname mamá, es que vi una mariposa blanca y la seguí y unos niños me persiguieron y ellos me ayudaron… - No pudo seguir hablando, ya que fue interrumpida por los brazos de su madre.

-Te amo pequeña, no vuelvas a asustarme de esa manera.

-¿Podemos venir más seguido? – Terció la pequeña – Mira, ellos son mis amigos.

Melly presentó a su grupo de amistades y prometió portarse bien para que cada vez que Nella o su madre quisieran visitar Shiganshina consideraran llevarla…

Los recuerdos la invadieron impresionantemente al punto de soltar una pequeña lágrima. Quería volver a esas tardes en donde los cuatro amigos jugaban en el muelle o hablaban de las cosas maravillosas que había fuera de los muros. Extrañaba las sonrisas de Eren, la comprensión de Mikasa, la calidez de Armin… Sobretodo extrañaba al rubio. Tenía unas enormes ganas de abrazarlo, tal vez besarlo y decirle lo que sentía por él…

-¡Mellizabeth! – exclamó el padrastro, entrando de golpe.

-¿Pasa algo señor? – terció la joven.

-Quería hablar contigo. Ven, tu madre murió hace un año y créeme que me duele. Créeme que te quiero, eres mi hija.

-Señor… - susurró la joven.

-Eres mía… por eso vas a empezar a cumplir tu papel…

El resto de la historia fue una verdadera pesadilla. Podía soportar los golpes, las humillaciones y las marcas es su débil cuerpo, pero eso era demasiado. Su padrastro estaba sobre ella, recorriendo su blanca piel con sus callosas manos. Se empezó a sentir sucia mientras el miedo subía por su garganta. Si la situación continuaba, su padrastro terminaría por violarla cruelmente.

-Señor… por favor, suélteme – suplicó la joven.

-Con esa forma de gritar no llamarás la atención de nadie. Serás mía todos los días a contar de hoy.

-No quiero, por favor – comenzó a llorar – por favor, no quiero.

El padre rasgó las ropas de la joven y alborotó sus castaños cabellos. Melly lloró amargamente. Ahora el padrastro lamía sus pechos, dejándolos amoratados. Luego los mordió, así como su vientre. Peligrosamente se fue acercando a su parte inferior. Fue terrible el momento en que le arrebató el resto de su ropa y se vio expuesta ante él.

Fue entonces cuando recordó. Recordó a su madre y la misión que un día ella le dejó. Buscaría a su padre y sería feliz. Encontraría a sus amigos y sería feliz. Saldría de las murallas y sería feliz. Volvería a ver a Armin y sería completamente feliz. Con sus manos tomó la lámpara que descansaba en la mesita de noche junto a la cama y la estrelló en la nuca del padrastro. Este, ante el dolor se retorció y cayó a un costado, lo que le dio oportunidad a la joven de escapar de su agarre. Acto seguido, Melly tomó un cuchillo y apuntó al padrastro.

-No eres capaz – dijo el hombre – Tú eres débil. Además, tienes un buen cuerpo ¿Lo sabías?

Un ardor asqueroso subió por la garganta de la chica provocándole náuseas. No lo soportó y corrió a toda velocidad hacia el padrastro apuntándolo con el cuchillo. No lo importó estar desnuda. Tenía un solo objetivo y no retrocedería hasta verlo cumplido. Sus ojos se dilataron y una fuerza descomunal invadió su cuerpo. Sintió como la sangre caliente de él resbalaba por su cuerpo. Hundió aún más profundo el cuchillo hasta que vio como el viejo Marshall caía desvanecido.

Aturdida por el miedo se puso un camisón para dormir y un morral introdujo algunas cosas como ropa y libros para salir corriendo. Lloró y corrió por las calles de Sina. Aún era de noche. Las luces de vela en los hogares estaban apagadas y no había rastro de la Policía Militar. Melly seguía corriendo con sus manos llenas de sangre.

Horas más tarde llegó a un río donde lavó su cuerpo sin lograr quitar las manchas del abuso y la vergüenza. Lavó también sus cosas y limpió sus libros. Volvió a vestir el camisón para comenzar a caminar. Con lo que había pasado quería olvidar todo lo que había pasado. Quería volver a empezar. De pronto, vio una fila de carretas de comerciantes esperando pasar al siguiente muro. En ellos la pequeña Melly vio su oportunidad. Subió sigilosamente a una de las carretas y se tapó con las mantas que cubrían los productos. Si su intuición no fallaba, esas carretas la dejarían muy bien ubicada para enlistarse en el ejército. Esa era su única salvación. Además, sabía que si sus amigos seguían con vida estarían allá, esperándola, tal y como lo habían prometido de pequeños.

Sus ojos cansados se fueron cerrando cuando el amanecer apuntaba dando comienzo a un nuevo día. Llovía ligeramente tal y como a ella le gustaba…

Y eso Armin lo sabía perfectamente. Había despertado temprano. Eren y Mikasa seguían soñando. La lluvia lo sedujo de tal forma que se sentó en la ventana y vio el paisaje. La lluvia, el alba, los árboles meciéndose levemente al compás del viento y el olor a las flores húmedas le recordaron el rostro de Melly, sus manos, su cabello y su bella sonrisa.

No sabía a ciencia cierta cuándo y cómo se había enamorado de la dulce sonrisa de Melly. Lo único que pudo llegar a entender fue el inquieto latir de su corazón cuando leyó las palabras escritas tan delicadamente en la última página del libro que ella misma le regaló el día en que sus vidas cambiaron para siempre. Decía que lo amaba, que soñaba cada noche con él, que quería caminar su vida junto a él más allá de las murallas. Se sintió amado… Sintió que la amaba…

Abrazó aún más el libro. Su vida, junto a la de sus amigos, había cambiado drásticamente desde aquel día… Desde aquel día la había dejado de ver. Tal vez si hubiese sido valiente podría haberla rescatado… Lo único que le quedaba ahora era la promesa: Ser militar y postular a la Legión de Reconocimiento.

Sintió como Eren se removía en su cama aún dormido. Luego de eso pasó su vista a Mikasa. Él siempre supo que ella amaba locamente a su mejor amigo. Sabía también que ese gran secreto lo sabía Melly… Se percató de cómo sus pensamientos y comportamientos estaban ligados fuertemente a ella. La extrañaba, la necesitaba…

Desde ahora en adelante su vida marcaba y cerraba otro camino: Estaba más grande, ya pensaba como todo un hombre. En un plan de reconquista del Muro María, en el que habían ido todos los adultos para evitar la escasez de comida, había muerto se abuelo devorado por un titán. Definitivamente ahora quería cambiar ese cruel destino. Lucharía, pelearía y ganaría para poder ver más allá de los muros junto a sus amigos y junto a Melly, aunque fuera en sus más locos pensamientos.


Y aquí se fue el segundo... Gracias por leer y esta historia continuará... Sayonara.