A ESCONDIDAS II

Por Tita Calderón

Camino rezagado al final del grupo, con una mano metida en un bolsillo del pantalón y la otra colgando con un par de cuadernos apenas sujetos por los dedos.

Nos llevan a una aburrida charla en el auditorio del colegio sobre títulos nobiliarios y demás tonterías que sólo interesan a la gente con poco cerebro, como Leegan, que va feliz unos cuantos metros delante, presumiendo que su familia es una de las que más abolengo tiene en América. Imbécil.

Sopeso seriamente en lanzarle uno de los cuadernos que llevo en la mano para ver si se le quita lo idiota. Pero sé que será en vano, éste tarado lo que necesita en un cambio de cerebro.

Me rezago un poco, para dejar de oír estupideces y logro distinguir como los Cornwell ponen los ojos en blanco seguramente escuchando la bola de sandeces que habla su primo.

A veces me pregunto si en verdad son de la misma familia. Tal vez el Elegante, es primo propio, pero el Inventor tengo mis dudas, es el más sensato.

-No te detengas Terruce - dice el padre Ricardo a mis espaldas, sorprendiéndome un poco al notar que me da un par de palmadas en el hombro.

Me limito a hacer un asentimiento. No quiero tener otra charla con él, sobre lo satisfecho que se siente por el "notable mejoramiento" de mi conducta. Y ni hablar del mal rato que pasé con la hermana Grey y el duque que me llamaron una tarde al rectorado para felicitarme por "este" cambio de actitud.

A veces tengo ganas de sugerirles que vayan a agradecérselo a la causante de todos mis males…

Levanto los ojos al cielo resignado a mi suerte, mientras me debato inútilmente en volver a mis andanzas sólo para callarlos, pero eso significaría no verla…o al menos con eso me amenazó la última vez que me fugué de clases.

Dudo mucho que cumpla con su amenaza, pero no quiero arriesgarme.

¿En qué momento me volví un idiota? Efectos secundarios del amor diría Albert…

¡Demonios! No quiero admitir que estoy enamorado…pero…creo que es más tonto ignorar este sentimiento que crece irreverente en mi corazón.

El padre Ricardo sigue de largo sin detenerse y de paso reta a Neil por andar hablando en los corredores en voz alta.

Simulo una sonrisa al ver como se le enrojecen las orejas, asemejándose a un trol.

Estoy por doblar la esquina y un leve murmullo se escucha venir, son las niñas.

Mi corazón da un latido seco y duro.

Tal vez Candy venga en aquel grupo.

Disminuyo la velocidad de mis pasos tratando de divisarla.

Una a una, pasan a nuestro costado y esto provoca un murmullo que va en crescendo.

-¡Silencio! – se escucha el vozarrón del padre Ricardo venir desde adelante.

Unas risillas nerviosas se escuchan por lo bajo y veo como varias chicas caminan ruborizadas.

Finjo mirar a la pared cuando diviso los risos tiesos de Elisa. Al menos este desagradable encuentro me da la certeza que Candy viene en este grupo.

-Elisa, por favor, la vista al frente – la voz de la hermana Margareth se escucha fuerte y decidida mientras pasa a mi costado.

Llego a la esquina y antes de girar a la derecha, escucho los murmullos de Elisa y sus amigas.

-Terry es el hijo de uno de los más altos nobles de Inglaterra – asegura suspirando.

-Ya te lo dije – responde otra – Él es el hijo de un duque, el único hijo de un duque – recalca - que estudia en el colegio.

-Lo sé, lo sé…pero es otra cosa que te lo digan así, a todo pulmón como lo dijo la hermana Grey, es más imponente…

Esa monja idiota. Que tiene que estar proclamando a media humanidad sobre los títulos nobiliarios de mi familia, protesto para mis adentros, entonces recuerdo que la charla era sobre eso mismo.

Pienso seriamente en darme a la fuga y es entonces cuando la veo. Mi corazón se desboca en cuanto distingo sus rubios rizos.

Candy, camina junto a la Tímida y a la Gordita, por suerte están embelesadas mirando seguramente a los Cornwell y no notan como Candy se ruboriza al encontrarse con mis ojos.

Respiro hondo tratando que mi corazón se acompase nuevamente, pero es imposible. Su cercanía me perturba, no veo nada más, ni a nadie más, sólo sus ojos verdes fijos en los míos.

El tiempo se detiene, mi respiración se detiene, mi corazón se detiene cuando la distancia se acorta entre nosotros.

No debería mirarle a los ojos, pierdo la voluntad y la conciencia.

Sonríe levemente y me encomiendo a la Virgen María porque su sonrisa me encandila.

No quiero que ella tenga ese poder sobre mi…necesito ser el Terry de antaño...pero el sólo pensamiento hace que me arda el corazón.

Sonrió a mi pesar sin importarme nada y me fundo en la certeza que la amo…

En cuanto pasa a mi lado, estiro la mano y rozo sus dedos…una descarga eléctrica llega a mi corazón en un segundo, mis dedos se aferran un segundo a los suyos y ella los aprieta suavemente.

Me resisto a soltarla, pero tengo que hacerlo porque ella sigue caminando en dirección contraria.

Nuestros dedos se separan y un cálido torrente corre por mis venas por la dicha de este encuentro furtivo pero a los pocos segundos un frío tenue me inunda sintiendo su lejanía.

Lejanía a la que debería estar acostumbrado…pero jamás lo estaré…

Camino varios pasos antes de girar levemente para verla alejarse.

Sólo un roce "a escondidas" y mi vida tiene sentido.

Sentido que le da rumbo a mi existencia.

Sonrió de lado sintiéndome simplemente feliz y dispuesto a escuchar mil horas de charla sobre títulos nobiliarios y abolengo como si fuera una de las mejores cosas que podría escuchar en esta vida…


Notas de la autora:

No podía cruzarme de brazos ante la cálida acogida de este mini. Así que con todo mi corazón aquí les dejo otro suspiro de inspiración.

Si este mini te gustó espero que me lo cuentes por medio de un review.

Gracias por leer.

Tita