Hello everyworld. (Díganme si está mal escrito XD)
Me gusta mucho esta historia, ya que el estilo GB tiene mucho potencial para cualquiera que planee escribir un fic así.
Sin nada más que decir…
Ayúdame, doctora
Jamás había notado hasta el día de hoy la manía de hacerse pequeñas trenzas, cuando estaba nerviosa. Realmente nerviosa. Y la razón es obvia para ella: hablaría con alguien por primera vez acerca de su situación emocional.
Y a diferencia de otras confusiones emocionales, esta es diferente y le molestaba que lo sea; incluía a su mejor amigo, y no de la manera que ella habría imaginado. No, esto lo involucraba de una manera amorosa. Jamás lo habría imaginado, pero sucedió, y aún está pasando. Hubo días que se ha preguntado cómo empezó todo esto. Todavía busca la respuesta.
Pensar en eso ahora y no hacer nada al respecto no ayudaba. Por eso se tomó la molestia de preguntar a Tamara donde se encontraba el consultorio de su psicóloga, sacó una cita, tuvo que convencer a su amiga que no comentara a Comet al respecto, de paso ocultarle la verdad a ella también. Sabiendo que si se enterara… ¡Dios! ¡Quién sabe cómo reaccionaría! Por el bien de todos que estén alrededor de la demonio, no debe saber nada, ni siquiera debe tener alguna sospecha.
Se encontraba sentada en un mueble de cuero, en la sala de espera. No había otra alma más que ella, no había tampoco una secretaria en el caso de alguna duda. Al estar sola, los nervios venían más, y más… y más.
Intentaba encontraba algo en la enorme sala que pueda relajarla. Cuadros con castillos, paredes amarillas, un reloj circular con los números de gran tamaño. Ninguno aminoraba esa inquietud. El castillo recordaba el lugar donde vive ahora, junto con Comet. El color amarillo de las paredes le recordaba el cabello de su amigo, el mismo tono, ese lindo y suave…
¡No pienses en eso ahora! ¡Marcia!
Sacudió su cabeza en busca de algún otro objeto en que distraerse. Las persianas dejaban entrar una luz sumamente brillante. Le recordaba lo tanto que brillaba el cabello de cierto rubio al salir de la piscina.
La chica gruñó tras pensar en eso. Su ropa era lo único que no le haría pensar en él. Un bivirí plomo, un short negro, eran adecuados para adecuados para el buen clima del día del hoy, al menos en esta dimensión lo era.
Estaba funcionando. No logró pensar en él por un minuto. Y habría llegado a más, si no fuera por el reloj, que le recordó que estaba a segundos de entrar al consultorio. Donde hablaría con una desconocida, profundizará más este tema, podría descubrir otras cosas que quizás no le gustaría saber, desarrollaría más sus sentimientos hacia Comet, y hay una gran posibilidad de que termine enamorándose de él. Enamorarse por segunda vez en su vida. Enamorarse de una persona que se encuentra en una relación con quién antes era su novia, una demonio con problemas de ira.
Un cortocircuito. Eso es lo que pasó en su cerebro. Todo eso puede pasar en unos segundos; no se quedaría esperando a que ocurriera. Se levantó rápidamente dispuesta a irse.
De pronto escuchó del parlante una voz femenina.
— ¿Marcia Díaz? —la castaña no tuvo oportunidad de acercarse a la salida.
Le pareció raro que la llamaran; no vio a alguien salir del consultorio. Tal vez había una puerta trasera dentro.
Lo pensó por un momento, si entrar o no. Lo único que podía decidir ahora es por qué puerta pasar. Una la conducía alejarse de los problemas, pero eso no significaba que los resolvería; y la otra a una posible solución a ellas. Tiene que jugar con las probabilidades mayores, y las más beneficiosas.
Suspiró. ¿Necesitaba ayuda? Pues sacó una cita, y ahora está acá. No tiene sentido que se arrepienta justo en este momento. ¿Echaría al tacho sus 650 dólares la hora? No sería una inversión siquiera, más bien un derroche. Tomó aire y entró.
La sala era casi igual de grande que la de espera. Las paredes eran de color blanco. Había un escritorio con un notable color marrón, supuso que fue repintado. Varias repisas con libros de autoayuda y temas biológicos. La doctora se encontraba sentada en un sillón negro, y cerca estaba un mueble de tres plazas, donde creía que se recostará. Los títulos enmarcados en la pared la calmaban un poco, debe ser una profesional después de todo.
Si mal no lo recordaba, su nombre era Brid.
—Buenos días, señorita Díaz —le agradó la cordialidad con la que habló. Su apariencia no ha cambiado mucho, y su cola de caballo aún lo conserva. Aunque por más que otros no lo hubiesen notado, ella sí se percató de sus nuevos lentes.
Marcia la saludó con la misma amabilidad. La doctora le indicó que se recostara en el mueble.
— ¿Es la primera vez que asistes a psicología? —preguntó Brid sosteniendo en su mano una libreta; y en la otra, un lapicero.
Marcia se acomodó en el mueble, fijando su vista en la hélice de techo girando.
—No. Ya en la Tierra he asistido en algunas ocasiones, pero fue hace mucho —tiene razón, fue hace años. No lo olvidaría, ya que desde ahí comenzaría su admiración a esas personas.
La doctora asintió con un "de acuerdo" y lo anotaba en su libreta.
Marcia tenía sus manos juntas por la cintura. Lo intentaba, pero disimular no le era fácil; era casi un reto para ella. Tampoco podía dejar de mirar por todos lados de la habitación; todo parecía estar en orden. Le gustaba eso, siempre fue muy detallista con todas sus cosas; un claro ejemplo fue el plan de evadir a Tamara y a Comet. No es totalmente, pero lo hacía por ellos en cierta parte. Quiere verlos felices y, sobre todo, quiere buscar su propia felicidad.
— ¿Esos son stickers de perritos? —preguntó Marcia, viendo que hay unos cuantos pegados en una de las caras de la libreta. Le dio mucha curiosidad y gracia a la vez.
— ¡Oh! —se rio un poco la doctora antes de seguir hablando— Sí. Lo son.
—Me recuerdan mucho a los cachorros que tengo en mi habitación —continuó hablando.
— ¿Tus padres te los regalaron?
A Marcia casi le da un ataque de risa tras aquella pregunta.
—No. En realidad, Comet fue quien los trajo, sin previo aviso. Y no son unos cachorros comunes. No… Estos disparan láseres de sus ojos.
— ¿En serio? —preguntó asombrada Brid. A Marcia ya no le impresionaba; hay cosas más misteriosas en otras dimensiones.
—Fue un lindo detalle. No lo pensé así al principio, pero…
Brid se dio cuenta del cambio de expresión de Marcia al mencionar a Comet.
— ¿Dijiste que Comet te dio esos cachorros?
—Sí, fue en el día en que nos conocimos. Cuando regresé de clases a mi casa, él simplemente estaba ahí, junto con mis padres. Creí que haberlo dejado en la escuela le dejó en claro que no quería saber nada de él, pero no capta algunas indirectas —su expresión era de lamento. Lo había juzgado antes de conocerlo bien. Ya se había disculpado, pero ahora que lo pensaba, no se disculparía con ella misma tras lo que había hecho ese día.
— ¿Y qué pasó después de ese día?
—Bueno, él se quedó a vivir en mi casa por un buen tiempo. Y las cosas locas que estaban por venir, nunca en mi vida los esperaba.
— ¿Cómo cuáles? —inquirió a saber Brid.
¿Por dónde comenzaría?
A Brid se le cayeron los lentes unas cinco veces tras escuchar la historia más resumida que pudo Marcia. ¿El baile de la Luna Roja? ¿Un castillo completo destruido? ¿Secuestrada por Tamara? ¿Salchichas muy peculiares? ¿El cubo de la verdad? ¿El libro de hechizos robado? ¿16 años en una dimensión donde en la Tierra solo pasaron ocho minutos? ¿Cristalizada por una miembro de la Alta Comisión de Magia? ¿El día de la canción? ¿Comet yéndose de la Tierra? ¿Derrotar a Tiffany? ¿Marcia viviendo ahora en el castillo de Mewni?
La doctora parecía realmente impresionada por todo, y aún faltaba más.
—No hay alguna aventura que no haya estado Comet, ¿no? —preguntó Brid.
—Él siempre ha estado ahí, doctora. Incluso cuando volví a la Tierra, había un gran hueco en mi vida. Comet ocupaba ese lugar. No podía dejarlo ir. No estaba dispuesta a estar sin él.
— ¿Pero te fuiste dejando parte de tu vida en la Tierra?
—Sabía que sería difícil. Pero eso no importaba, y tampoco le molestaba a mis a mis padres o a mis amigos. Pero Jack no lo tomó muy bien.
—Mencionaste que decidió terminar contigo.
—Y lo hizo. No lo culpo en realidad. Pero sé que hizo lo que creía correcto, aunque no sé expresó muy bien. Eso es lo que único malo que hizo hasta ese día; pero ahora es muy diferente.
— ¿Cómo lo sabes?
—Mi amigo Jean me lo dijo. Al parecer, ya no soportaba sus típicas bromas. Siempre lo había hecho.
—No deberías culparte de eso. Como es ahora, es lo que decidió él.
Marcia ya había escuchado eso antes; no obstante, dudaba si fuera cierto o no.
— ¿Te gustaría seguir con la historia?
Marcia asintió. Precisamente se quedó por donde Marcia le gustaría omitir.
¡No! Creo que es hora de que alguien más lo sepa.
—Fue ese día en la playa en el inframundo. Comet y Tamara me invitaron ese día para un evento que solo ocurre una vez al año.
—La elevación de las almas. Sí, lo escuché. ¿Y alguien más fue con ustedes?
—Un amigo de Comet, Kel —Marcia dio una pequeña pausa y pasó por su mente todo lo sucedido, y lo que trajo como consecuencia— ¡Ja! Si no fuera por él, tal vez no hubiese pensado que… —comenzó a dudar otra vez; ahora solo pensaba en escoger las palabras adecuadas— Que quizás… esté enamorada… de Comet.
Y ya está. No vio lo difícil al momento de decirlo; tal vez era elegir a la persona a quien decir por lo que estaba pasando.
Brid solo la observaba. Marcia no estaba segura de lo que estaría pensando.
— ¿Usted cree que es extraño?
—No —contestó de inmediato— La mayoría de las relaciones comienzan de una gran amistad. Comet se enamoró de ti mientras lo veías como tu mejor amigo. Una pareja se conoce mejor si fueron amigos por un largo tiempo. Uno desarrolla sentimientos por quien jamás creyó que sentiría. No sé si piensas lo mismo que yo, pero no creo en el amor a primera vista.
Marcia lo analizaba muy bien. Creyó estar enamorada de Jack desde la infancia. ¿Si lo que sintió en verdad fue una obsesión?
Años de obsesión. En el caso de que sea cierto, se vería como una tonta.
¿Y cómo estaba segura que lo que sentía ahora no es lo mismo?
—Creo que debería olvidarme de eso y…
—No deberías —escuchó Marcia— Si lo haces o lo intentas, entonces cuando a veas a Comet y a Tamara juntos, te sentirás mal... Primero debes aclarar tu mente, pensar si estás enamorada de él o no. No puedes olvidarte de él. Ya marcó tu vida, y te será doloroso si intentas alejar ese problema —un suspiro largo vino de Marcia— ¿Has pensado una vez en… ampliar tus amistades?
La castaña arqueó una ceja.
— ¿Se refiere a que debería conocer a más personas?
—No es necesario. Si crees que es difícil, podrías conocer más a quienes no tuviste oportunidad de relacionarte demasiado —suena lógico, pensó ella— ¿Hay algunos?
Marcia pensó primero en Jean por dos palabras: ni loca. Ponyhead era la peor opción, y era el segundo en quien pensó. A H-poo ya lo conocía demasiado, pero no hubo más tiempo entre ellos después de que se fuera a su hogar en ese entonces; era una buena opción. Pensar que recorrió desiertos, montañas y bosques para conseguir unas tijeras… ¿Bosques? ¡Bosques! Sí. Pensar en bosques le recordó a un amigo de pocas palabras: Kel.
—Los hay.
Creo que entendía a donde se dirigía si se relacionaba con otras personas. No reemplazaría lo que siente por Comet en alguien más, pero sí debería distraerse con alguien distinto.
Vio el reloj y sabía que la hora estaba por concluir. No todo salió como quería, pero fue un avance.
Una hora después, en el consultorio.
—Creo que se me ocurrió algo, doctora —contestó un chico.
—Dime qué es —dijo Brid sonriendo al ver que el chico entendió a qué quería llegar.
—Mis amigos. No tuve amistades verdaderas, y todo es gracias a mí. Pero si me acerco más ellos, eso sería un cambio en mi vida, ¿no lo es?
—Me alegro que pienses así. Y dime, ¿piensas en algunos amigos en particular? ¿Kel?
Y esto fue el segundo capítulo de "Días nada comunes" y la cuarta historia GB.
Había tenido esta idea desde hace casi un mes. Me gusta el avance emocional de unos personajes, solo que no me enfocaré tanto en eso.
Nos vemos en mi siguiente publicación.
