Nunca te vayas sin decir te quiero
Capítulo 2 The pain in my back
"¿Alguien le ha dicho que ella no respira?"
Me encontré en un lugar, un lugar desconocido para mí, un bosque se extendía a mí alrededor. La humedad del piso enfriaba mis pies descalzos, me sentía pequeña, estaba pequeña.
Un lugar tranquilo, tal vez un lugar que visité cuando… no tenía memoria, y solo mi inconsciente, o mi alma recordaba. No me atrevía a moverme, no podía moverme, una tranquilidad inundaba todo mí alrededor. Lo único que hacía era estar parada en el mismo lugar, esperando a que algo interrumpiera en mi tranquilidad e hiciera que se esfumaran todos mis pensamientos.
Era quizá la primera vez en la que podía saborear esa tranquilidad, era una tranquilidad disfrutable, una tranquilidad solamente para mí.
Hasta que por fin pude moverme, pero no me dirigía a donde yo quería. Era como si ya tuviera un rumbo por el cual ir, y yo no pudiera decidir sobre el. Solamente podía observar, ese lugar desconocido sin duda alguna era muy bello.
Parecía buscar algo, cada vez los pasos comenzaban a ser más rápidos, llegando a ser casi desesperados. Llegué donde un extraño ser de dos cabezas, al parecer eso era lo que tan desesperadamente buscaba.
La tranquilidad volvió a ser parte de aquella extraña ilusión. La criatura se elevó en el aire hasta alcanzar una altura considerable. Comenzó a mover sus cabezas, como si también buscara algo.
Un anciano verde y extraño se movía frenéticamente, como si tratara de llamar la atención de la criatura en la que yo me encontraba montada. El extraño ser de dos cabezas se dirigió en donde el sapo verde se encontraba. El sapo comenzó a regañarme, supongo, por que no podía escuchar nada, solamente veía como se movía energúmenamente, y me apuntaba peligrosamente con el bastón extraño que sostenía en la mano.
El anciano se tranquilizó y se estremeció, volteando bruscamente hacia atrás. Levante la vista y vi a un hombre blanco frente a mi. Sostuvo su mirada en la mía como por un segundo y comenzó a inspeccionarme con la mirada. Un sentimiento extraño comenzó a llenarme, un sentimiento, que no había sentido antes. Ese hombre tenía una belleza indescriptible, le harían falta letras al abecedario para poder traducir su belleza a palabras. Sus atavíos blancos eran impecables, sobre ellos una armadura negra, brillante, reluciente. Una estola adornaba uno de sus hombros. Su cabello perfectamente blanco, y liso, caía sobre su espalda, también cubierta por la armadura negra. De su cintura colgaban dos espadas. Su porte, en pocas palabras, era soberbio.
El sapo hacia muchas preguntas, lo note por que movía mucho su pico, y el hombre de la estola le dedicaba miradas fulminantes de vez en cuando. Ver esas escenas, extrañamente, me daban felicidad. Era muy placentero el estar ahí, pero, ¿Quienes eran ellos?
Me parecía extraño, ya que nunca en mi vida las había visto… nunca.
Esa escena me llevó a pensar ¿A caso esa era la forma en la que llegaría al otro mundo? ¿Esas criaturas desconocidas serian acaso las que me guiarían a mi destino? ¿O es que a caso ese era el mas allá? No podía comprenderlo.
De repente el hombre de atavíos blancos se volvió a mi tan rápido que solo pude notarlo cuando ya estaba a mi lado.
- Es hora de que vuelvas- dijo con una voz profunda y serena –fue un placer el volverte a ver.
Su hermoso rostro se quebró en una mueca de tristeza, estire mis brazos tratando de tocar su rostro, note grandes heridas en mis antebrazos.
Repentinamente una oscuridad no me permitió ver nada. El dolor volvió a mí. Pude notar como todos lo recuerdos se formaban dolorosamente en mi mente. La felicidad que me causo ver las confusas escenas se esfumo muy rápido.
Una luz blanca comenzó a dañar mis ojos,era una luz cegadora. Me costo trabajo el darme cuenta que estaba en un hospital, el sonido del CDI fue lo que me hizo entrar más en la realidad.
Una aguja se encontraba incrustada en el dorso de mi mano, al parecer me estaban suministrando suero. Me sentía mareada, horrendamente mareada. Mis labios se encontraban secos, completamente secos, al igual que mi garganta. Todo el cuerpo me dolía.
- Ya veo, haz despertado ya- dijo una voz masculina- yo soy el Doctor Beerot- se presento.
Trate de hablar, para presentarme, pero lo único que logre fue comenzar a toser, tan bruscamente, que lastime más mi garganta.
- No es necesario que me digas tu nombre- sonrió amablemente- ya me lo se, has estado aquí, ya más de una semana, y tengo que darte las malas noticias, tu madre no esta muy contenta que digamos- previno.
Una mesa estaba a un lado de mi cama, con una jarra y un vaso encima de la mesa. El amable doctor lleno el vaso con agua y me lo acerco a la boca, dejando así que saboreara el agua, parecía como si no hubiera tomado agua en meses, ya que su sabor en mi boca fue lo más magnifico que pude haber saboreado.
Alcance a escuchar unos gritos, tan perturbadores y desesperantes, acercándose a mi… unos gritos que me parecían muy familiares… Margaret, el primer nombre que acudió a mi mente… indudablemente era Margaret.
- ¿Que le sucede?- decía indignada, supongo que justo enfrente de la puerta ya que se escuchaba mas fuerte-¡Nadie me puede negar la entrada a ningún lugar, y menos usted!- gritó, entró en mi habitación de hospital, dejando su saco en un buró que estaba a un lado de la puerta.
- Disculpe señora, será mejor que salga inmediatamente de este lugar- dijo amablemente el doctor. Margaret casi lo destruye con una sola de sus miradas.
- ¡Mocosa! ¡¿Sabes lo que haz hecho?!- dijo Margaret con una mirada desquiciada, desesperada. No le conteste, obviamente-¡¿No lo sabes?!Acabas de destruir tu vida, acabas de destruir la mejor parte de tu vida! ¡Has destruido cada uno de mis esfuerzos! ¿Qué dirá la demás gente de lo que has hecho?
Al parecer ya se había enterado de mi embarazo, era lo más obvio.
Trate de aclarar mi garganta para poder contestarle.
- ¿Qué dirá la demás gente? ¿Es lo único que te importa verdad?- y como las demás, veces comencé a llorar.
- Señora de la manera más decente, le pido que abandone inmediatamente la habitación, no creo que quiera que llame a seguridad.
Margaret me fulminó con la mirada y se salió de la habitación.
Pasó un día desde que había despertado, lo único que hacían las enfermeras y el Doctor Beerot era preguntarme mi estado de salud.
El saco de Margaret seguía en el mismo lugar donde lo coloco un día anterior, y fue cuando se me vino una buena, pero a la vez estúpida, idea a la mente.
Saldría de ahí, a como fuera lugar, no podría soportar la decepción de mi padre, no quería verlo a el, ni a Margaret.
Vi el reloj digital que se encontraba en la pared, eran las 9:15 p.m. la hora de mi cena. Tiré la jarra que estaba a un lado de la mesa, mientras una de las enfermeras estaba ahí. La amable enfermera salió en busca de un intendente, y fue cuando aproveche mi pequeño espacio de tiempo para mi fuga.
Arranque rápidamente las agujas del dorso de mis manos, mis pies me dolían, tal vez al hecho de que no había caminado por mas de una semana, pero eso no me impediría que escapara. Tome el saco de Margaret, que afortunadamente me llegaba hasta por debajo de las rodillas, busque en los bolsillos, afortunadamente tenía unos lentes oscuros también, busque más… una liga para el cabello, con la cual me recogí el cabello. No encontré algo que me sirviera de zapatos, mas que las pantuflas que proporcionaba el hospital.
- Algo es algo- dije para mi- ahora tengo que apresurarme.
Salí de cuidados intensivos con éxitos, ahora tenía que burlar solamente a los demás sistemas de seguridad, cámaras, maldito avance tecnológico, aunque sin el no podría vivir. Recorrí varios pasillos, a pesar de que eran pocos, mi estado de salud me indicaba que no duraría mucho consiente, así que no podía exigirme mucho. Conocía ese hospital como la palma de mi mano, creo que era la persona que más los visitaba, y no por gusto, pero era ya costumbre que me accidentara o me enfermara.
Por fin llegué a la salida, y era la ciudad la que se me esperaba invitándome a ella.
- ¡Ahí esta!- escuche gritar- ¡Es ella la que esta escapando!- grito la enfermera.
Salí corriendo, y me metí tratando de confundirme en una multitud de gente, lo cual me dio resultado, ya que la gente lo único que quería era descansar, y se movían tan apresuradamente que no se percataron de la joven con un saco de diseñador y pantuflas, que hace unos momentos, se había camuflajeado entre ellos.
Corrí tratando de escapar, pensaba que en cualquier momento llegarían y me llevarían a un manicomio.
Corrí hasta que mis pies no dieron para más, llegue a un lugar, al parecer, era una comunidad gigante de clubs nocturnos, ya que se escuchaba diferentes tipos de música, a menos que fuera parte de mi imaginación.
Unas náuseas incontrolables se presentaron. Me acerque al primer cubo de basura que encontré, en un callejón, en el cual daba la puerta de uno de los tantos clubs.
Los cólicos me atacaron por mucho tiempo, eran incesantes, y un fuerte dolor de cabeza no me dejaba pensar lo que haría, y mis piernas lamentablemente ya no me respondían, me había exigido demasiado, me tranquilicé un poco pensando que todo pasaría en cualquier momento.
No se si era por pura coincidencia, o ella era mi Ángel guardián, pero de nuevo ella estaba cuando más necesitaba de la ayuda de alguien, Nadeshiko de nuevo se encontraba a mi auxilio.
Alcé mis brazos al aire buscando su ayuda, su hermoso rostro se entristeció, una expresión verdaderamente similar a la de aquel hombre de atavíos blancos, del extraño sueño que había tenido. El ver su rostro triste me hizo sentir verdaderamente miserable, culpable.
Ella, sin ninguna dificultad, me elevó delicadamente y me colocó, de igual manera, sobre su espalda.
Mis ojos me pesaron e inevitablemente se cerraron, quedando así dormida sobre la espalda, de ella, de mi guardián.
…
Una aclaración para la persona que me dejó el review (gracias por dejarme el review): Si, Caroline es la reencarnación de Rin. Y no, Nadeshiko es un personaje inventado, la puse como la hermana menor de Sesshomaru.
Dejen review please!
