La primera vez le temblaron las manos. Pero aún así acertó al blanco perfectamente, como si hubiese tenido toda la seguridad del mundo.
Luego de eso, se lavó obsesivamente las manos, decenas, centenas de veces; sin embargo, parecían gotear sangre, de todos modos.
La segunda vez fue, quizá, peor que la primera. Cumplió con sus deberes militares al pie de la letra, magistralmente…
… Para más tarde estallar en un ataque de pánico.
Se sentó hecha un ovillo junto a un edificio desvencijado, se cubrió la cabeza con las manos, y lloró con desconsuelo.
Eran personas. Sin importar todo aquello que les habían enseñado, ella seguía viendo personas.
Ya no le estaba disparando a un objeto inmóvil, no estaba atentando contra un muñeco relleno de aserrín, o una imagen negra de cartón.
Estaba asesinando a seres humanos que tenían familias, amigos, vidas. Humanos que sentían, al igual que ella.
Mientras las lágrimas caían por sus mejillas, una tras otra, sintió que alguien se situaba junto a ella.
Sus instintos, refinados y precisos, le decían que se pusiera en guardia. Que se levantara, apuntara, y disparara. Pero un sentimiento frío y pesado se expandía rápidamente dentro de ella.
Sólo se dio cuenta que aquella persona que se había aproximado estaba sentada junto a ella cuando se sintió envuelta en un abrazo, cálido y fuerte.
A pesar de sus ya citados instintos, que le decían 'debes apartarte, pero apartarte ayer.', ella sólo se quedó allí. Si le tocaba morir, le tocaba morir. Sería tan solo una menos.
(O sería una más, una persona más que ya no existía gracias a la guerra.)
-No pienses idioteces, Hawkeye. Me habían dicho que tú eras la mejor, así que te necesitaré.
La voz sonaba tranquila, a pesar de la situación.
-¿Y tú quién mierda eres?-Preguntó ella, sin levantar la cabeza, y perdiendo un poco los estribos.
El hombre (la voz, grave y fuerte, y la musculatura de los brazos que la abrazaban lo delataban como tal) rió y plantó un suave beso sobre su cabeza.
-Nadie, por ahora. Pero tal vez, y si tú me ayudas, algún día seré Fuhrer.
Y así como vino, se fue.
:::…:::
Riza a veces recuerda ese día, y además de sentir un pungente sentimiento de vergüenza, siente algo muy parecido al amor.
En esos días, trata de evitar a Roy Mustang; algunas veces, sin embargo, no lo logra, y termina sonriéndole de una forma demasiado radiante.
En esos momentos, Roy siente algo muy parecido al amor.
:::…:::
NA: En fin, esto se retrasó porque no estuve teniendo unos buenos días. Pero acá está. Voilá. La sacarina hecha persona.
Que alguien por favor me mate.
