Abrió los ojos en un lugar desconocido. Se encontraba en un pequeño recinto circular que se hallaba sujeto a una pared por un único pasillo; y entre el suelo y la pared había un hueco muy profundo y oscuro. El círculo en que se encontraba tenía pintados una circunferencia y un círculo concéntricos que brillaban ligeramente. Y arriba… arriba no se distinguía nada, el techo debía ser muy alto. Pero no había ninguna puerta por la que poder salir de allí, estaba en una ratonera.
¿Cómo había llegado hasta ahí? ¿Qué sitio era ese? Pero, sobre todo, ¿quién demonios era?
La muchacha se miró las manos. Eran pálidas y delgadas, con las uñas largas. Algo iba mal, muy mal, lo intuía. No debería estar ahí. Debería acordarse de su nombre. Sabía que era alguien y no lo recordaba. Sobre todo sabía que debía de sentir algo, pero a pesar de que estaba muy nerviosa, su cuerpo no experimentaba ningún cambio.
Se tocó la cara con movimientos experimentales. Tenía los labios gruesos, los pómulos redondeados y largas pestañas; pero más allá de eso no tenía ni idea de qué aspecto tenía.
Siguió moviendo las manos. Tenía el cabello largo y suave, peinado en dos largas trenzas que se unían en la parte más baja; su cabello tenía que ser muy largo ya que las trenzas le llegaban por más debajo de los omoplatos, y era de color rubio platino, suave y brillante.
Bajó más los ojos para seguir examinando su cuerpo. Vestía una camiseta fucsia con tiras y dibujos celtas en tonos más oscuros. La camiseta era de tirantes, pero llevaba unos guantes de color escarlata que le cubrían los brazos enteros. También llevaba una falda de tiras en color blanco y unas mayas rosas y doradas.
No estaba nada mal, en realidad, pero era muy raro. Tenía la sensación de que no era ropa corriente, y ni por asomo la que debería llevar puesta.
La muchacha miró a su alrededor. Por debajo del suelo donde estaba aún arrodillada se veía un túnel lleno de números. Se sentía atrapada, claustrofóbica.
Al fin, se decidió a levantarse y recorrió el corto pasillo hasta quedar frente a la pared, que tenía una estructura llena de curvas y era de color negro. Desde luego no había ningún orificio por el que salir; la muchacha pasó los dedos por la pared en busca de alguna protuberancia que escondiera una puerta secreta.
Entonces la pared pareció absorber sus brazos, generando una serie de ondas azul celeste. Ella se asustó y apartó las manos, que salieron inmediatamente de la pared. Ajá, se dijo, así que sí que había una forma de salir después de todo. La chica dejó que la pared absorbiera las palmas de sus manos, los brazos, el torso y por último la cabeza.
De pronto se encontró en el exterior. Examinó el paisaje con mirada crítica. Se hallaba rodeada de un montón de hielo, pero no sentía frío, y sentía que a pesar de que el suelo era resbaladizo podía caminar perfectamente. Todo estaba lleno de altas esculturas de hielo llenas de cuevas, y más allá del hielo se bordeaban profundos acantilados. Parecía que era de noche, el cielo era de color añil, sin ninguna estrella que iluminase el helado paisaje, solo el hielo parecía refulgir con una luz gélida y blanquecina.
Ahora que se había alejado podía ver el edificio en el que había estado encerrada. Era una torre de una altura de unos cinco pisos aproximadamente. Los dos metros más bajos eran de color negro y de textura gruesa y oscura, como enredaderas, más arriba, la torre era blanca. El edificio estaba rodeado de una especie de aura de color azul celeste.
La chica dio una vuelta sobre sí misma. No había nadie allí aparte de ella, estaba terriblemente sola en aquel paraje desolado. La chica empezó a andar, mirando hacia atrás cada pocos pasos para no perder de vista la torre. No estaba segura de lo que debía hacer pero a lo mejor se encontraba con alguien por algún sitio, por si acaso decidió no alejarse mucho de la torre, que por el momento parecía el único lugar medianamente acogedor que había. A su alrededor se extendían metros y metros de hielo sin fin. Siguió andando durante mucho tiempo pero el paisaje a su alrededor no cambiaba, el color oscuro del cielo no se aclaraba, de modo que aquello parecía una pesadilla en una noche perpetua. Había visto un par de torres más, pero no había pasado a ninguna de ellas, ni siquiera estaba segura de que fueran torres distintas, lo mismo podía haber estado andando en círculos.
Al final acabó llegando al borde del hielo. A sus pies se extendía un vasto océano azul, aún más oscuro que el cielo. A pesar de que parecía haber andado una barbaridad no sentía nada parecido al cansancio, estaba igual de fresca que cuando había despertado, y aquello no parecía en absoluto una buena señal; aunque no se acordaba de nada de su vida anterior, si es que la había tenido, seguro que debía de sentir algo.
Sin poder aguantarse, simplemente por oír alguna voz, gritó:
_ ¡Hoolaaaaa! Estoy aquí, ¿hay alguien?_ Chilló haciendo bocina con las manos, pero su voz rebotó contra los helados picos congelados y se perdió en el océano.
No era del todo cierto que nadie la había oído. Al cabo de un momento escuchó un sonido a sus espaldas, como de algo puntiagudo golpeando el hielo.
Hola! Esta es mi primera historia, no solo de Code Lyoko sino también la primera que publico y es un poco experimental. Disculpad fallos y dejad comentarios para que pueda mejorar. Quería darle las gracias a Tximeletta por todo su apoyo y por leer mi primer borrador! Gracias también a todos los que os habéis atrevido a publicar antes que yo por darme ideas y decirme "A ver si vemos algo tuyo pronto".
