N/A: Esta historia sólo iba a tener un capítulo pero alguien pidió segunda parte y se me ocurrió esta historia... La verdad es que no había pensado en ello pero... ¡Creo que está genial!

Angellovercriss, muchas gracias. Soy muy perver pero he preferido tener esta historia para todos los públicos... Sé que te habría gustado que escribiera parte M aquí también... Espero seguir mejorando, siempre se puede hacer mejor... Besos

Jeh, muchas gracias. Es tu culpa que haya segunda parte, así que espero que te guste. Realmente decidí hacer de ésto un One-Shot (ahora, Two-Shots) porque no tengo más que contar... Besos


NO SE PUEDE HUIR DEL DESTINO, PARTE 2

Nueve años habían pasado desde que Blaine se graduara en el McKinley, ocho desde su llegada a Los Angeles y tres desde que empezara su relación con Sam. Las cosas habían sido más que perfectas en su relación. A veces seguía sin creerse que tuviera tanta suerte. Era la primera vez que una relación le duraba tanto, con Kurt había estado año y medio la primera vez y aproximadamente un año la segunda. Ni siquiera sumándolas llegaba a los tres años que llevaba con el hombre de su vida. Casi diez años enamorado de esos ojos tan hermosos, de esa sonrisa arrebatadora y ese cuerpo tan... El moreno aceleró el paso para llegar cuanto antes junto a su amado, necesitaba estar entre sus fuertes brazos.

Entró en su casa y dejó las llaves y su chaqueta antes de caminar hacia la cocina. Escuchó que su pareja estaba hablando y dedujo que era por teléfono.

– He encontrado el hotel ideal. Está algo alejado de la ciudad y es muy romántico... Seguro que te gusta... – El ojimiel se quedó parado en la puerta, sin llegar a entrar y sin que el otro lo pudiera ver. – Todo será perfecto... Blaine no se va a enterar, no te preocupes... Te quiero... Nos vemos muy pronto... Besos

El músico intentó tranquilizarse pero su corazón dolía, se había roto en mil pedazos y no estaba seguro de que podría recomponerlo. Sam le estaba siendo infiel. Se limpió las lágrimas que habían caído por sus mejillas y fingió una sonrisa antes de entrar a la cocina minutos después de que el otro terminara la conversación. El rubio estaba manipulando su teléfono y tardó en darse cuenta de que estaba ahí.

– Amor, no te he escuchado llegar. – El ojiverde se levantó de la silla y se acercó a él para besarlo. Anderson intentó encontrar un sabor diferente o unos movimientos extraños, algo que le indicara que la relación había acabado pero era incapaz de notar ninguna diferencia. – ¿Estás bien?

– Sí, es sólo que... Ha sido un mal día en el instituto. – El moreno decidió mentir ante la mirada preocupada de su pareja.

– ¿Puedo hacer algo para que te relajes y olvides lo que sea que ha pasado? – El pintor quiso saber mientras acariciaba con dulzura su mejilla.

– Sólo... ¿Puedes abrazarme?

Evans sonrió antes de envolver a su pareja entre sus brazos. Ese abrazo era como el que habían estado dándose durante diez años, una mezcla de apoyo incondicional, amistad, amor y deseo de eliminar parte de la presión que sufría el otro.

– Te amo. – El rubio susurró y esas dos simples palabras bastaron para que el otro rompiera a llorar en sus brazos. Evans no sabía qué tenía así a su novio pero sabía que no le gustaba verlo tan triste.


Sam fue un momento al aseo y Blaine aprovechó para mirar el móvil de su pareja. Sabía que no debía hacerlo, que no debía invadir la privacidad del otro pero necesitaba saber qué ocurría. Lo primero que hizo fue mirar la lista de llamadas. No vio nada raro, un montón de llamadas a él, a su proveedor de material para hacer sus cuadros, Cooper... Nada fuera de lugar... Salvo una cosa, no aparecía la llamada que él había escuchado. Ni en enviadas ni en recibidas. Fuera quién fuese, no aparecía ni siquiera llamada de número oculto o número. Luego fue a los mensajes de texto y los contactos que tenía su novio y tampoco había nada fuera de lugar. Su búsqueda en el WhatsApp, conversaciones privadas de Facebook y otras redes sociales tampoco dio frutos. Nada que le confirmara que tenía una aventura con alguien.

Cuando el moreno escuchó la puerta del baño, dejó rápidamente el teléfono en la mesa para que su pareja no notara que había estado espiándolo. El rubio le sonrió nada más entrar al salón y se sentó a su lado. Iban a ver una película juntos, por lo que se acomodaron como siempre y empezaron a disfrutar de su rato a solas.


Eran las doce de la noche y Blaine no podía dormir. Necesitaba hablar con alguien de lo sucedido ese día. Era obvio que a Sam no se lo contaría y en Cooper tampoco podía confiar porque su hermano tendía a reírse de sus inseguridades. Sólo se le ocurría una persona en la que confiara tanto como para contarle sus miedos. Se levantó con cuidado para no despertar a su pareja y buscó su teléfono móvil antes de salir de la habitación. Se fue hasta la cocina porque era el punto más alejado de la habitación y buscó entre sus contactos.

– ¿Hola? – Una voz femenina respondió desde el otro lado de la línea.

– ¡Tina! Soy Blaine. Siento llamar tan tarde pero necesito hablar con alguien. – El moreno saludó con poco entusiasmo.

– Está bien, sigues siendo mi Blainey-Days y estoy para lo que necesites. – La chica comentó.

– Creo que Sam me está siendo infiel. Creo que tiene una amante. – El ojimiel se rompió al reconocer lo que había descubierto.

– ¿Qué? No puede ser... Sam te ama... ¿Estás seguro de eso? – La asiática sonaba confundida además de somnolienta.

– Lo escuché hablar con ella de ir a un hotel romántico lejos de la ciudad sin que yo me entere... ¿Qué quieres que piense? – El músico quiso saber.

– ¡Oh! – Cohen-Chang no tenía palabras.

– ¿Qué crees que debo hacer? ¿Lo enfrento y le digo que lo sé todo? ¿Aguanto con la esperanza de que sólo sea algo pasajero? – Anderson cuestionó.

– ¿En serio estás pensando en fingir que no sabes nada y olvidarlo si decide quedarse contigo? – La joven gritó desde el otro lado de la línea. – Te diré lo que vamos a hacer. Tú y yo nos vamos a ir a la playa... Hawai. Aprovecharemos tus vacaciones de primavera y nos iremos a relajarnos, tomar el sol, algo de spa y cuando volvamos iremos a la reunión del décimo aniversario de graduación de los chicos. Después de esos días, habla con Sam de lo que tengas que hablar y le cuentas todo lo que necesites contarle. Pero no hagas nada ahora, reflexiona primero. No quiero que te arrepientas de nada.

– Gracias, Tina.


Blaine seguía sospechando que su novio tenía una amante por lo que estaba atento a cada detalle. La ropa de Sam no olía diferente a como lo había hecho, ni perfume de mujer ni nada extraño. Tampoco había manchas raras, sólo las propias de su trabajo. Había algunos días que llegaba algo más tarde de lo habitual pero era poco tiempo, quince o veinte minutos, nada que pudiera hacerle creer que no había tenido un momento de inspiración y había estado pintando hasta tarde. No había vuelto a escuchar llamadas extrañas o mensajes inesperados. Y el comportamiento del rubio era el habitual. Se mostraba tan enamorado como siempre y, si no fuera por esa conversación, no sospecharía nada.

– Hablé con Tina. – El moreno comentó mientras cenaban. – Creo que nos iremos de vacaciones ella y yo solos. Hace mucho que no estamos los dos solos y... Tú esos días tienes mucho trabajo...

No sabía por qué pero el ojimiel no podía mirar al otro. Se sentía como si estuviera engañándolo.

– Me parece una buena idea. Te vendría bien relajarte, llevas unos días tristes... No sé qué te pasará en el trabajo pero quiero que recuperes la sonrisa.

El rubio agarró con suavidad su mano y besó sus nudillos. Eran esos gestos los que más le dolían a Anderson. Sentir que todo era normal cuando no lo era, ver como el otro era capaz de comportarse como si nada pasara dolía.


El día en el que Blaine se iría con Tina a Hawai había llegado y el moreno tenía sus cosas preparadas. Esa mañana iría a trabajar como normalmente y luego iría al aeropuerto donde se encontraría con su mejor amiga. Sam se despidió de él con mucha pasión. Hacía mucho tiempo que no se despertaban tan pegajosos y el rubio había tenido que marcharse a toda prisa porque se le hacía tarde. Sin embargo, había algo que el ojimiel había notado, su novio le había mentido. Durante todo ese tiempo se había preguntado el motivo por el que su pareja se había tomado tan bien sus vacaciones. El músico sospechaba que su compañero aprovecharía esos días para serle infiel y todo se confirmó cuando abrió el armario y notó que faltaban cosas del ojiverde.

Las horas de trabajo pasaron muy lentas pero por fin estaba en el aeropuerto. Encontró a su amiga y se fue rápidamente a abrazarla. No pudo evitarlo y comenzó a llorar, no podía evitarlo.

– ¿Qué pasa Blainey-Boo? – La asiática preguntó.

– Sam se va a ir con su amante. Faltaban cosas suyas en el armario. – El moreno sollozó.

– B... Seguro que hay una explicación para todo esto. Tienes que pensar que Sam te ama y que no te haría eso... Cuando todo acabe podrás preguntárselo si todavía tienes dudas. – La asiática intentó animarlo pero no lo consiguió.


El vuelo había salido antes de comer y llegaron a la isla a las tres de la tarde*. El primer "contratiempo" se produjo al saber que no había habitaciones con dos camas, por lo que los dos tendrían que compartir una. Después de eso, Tina insistió en que fueran a darse un masaje en el hotel y Blaine accedió.

Llegaron a la recepción del hotel a la hora de la cena, por lo que sólo iban a dejar las cosas para ir al restaurante. Sin embargo, se encontraron a alguien que conocían esperándolos.

– ¡Mike! – La chica corrió para abrazar a su novio. Durante la boda de Mercedes, seis meses después de la de Kurt, los dos asiáticos habían retomado su relación.

– Había pensado que no os importaría que os acompañe estos días y le he dicho a mi jefe que me de unos días de vacaciones... Espero que no os importe. – El recién llegado comentó con una sonrisa hacía el ojimiel.

– No te preocupes... ¿Por qué no vais al restaurante mientras yo subo nuestras cosas a la habitación? Luego podéis quedaros vosotros la doble y yo me iré a la individual. Por suerte, Tina insistió en que no deshiciéramos el equipaje. – El músico cogió el bolso con las cosas de su amiga y se fue hacía el ascensor.

No es que no le gustara la sorpresa de ver a Chang allí, le alegraba saber que su amiga era feliz y su pareja se encargaba de cuidarla y la amaba tanto como para no poder pasar tantos días sin ella. El problema era que él quería eso con Sam. Después de tantos días con dudas sobre si le era infiel o no, ver a una pareja tan enamorada y perfecta era una daga que se clavaba en su corazón.

Entró en su habitación y vio que había un camino de pétalos de rosas que se dirigía hacia el baño. Se preguntó si Mike había preparado eso para Tina pero el asiático no se había mostrado incómodo por que él fuera solo a la habitación... Además, lo habría preparado en la suya, no sabía que en esa sólo había una cama ni que él ofrecería cambiarla.

Totalmente intrigado, decidió seguir la línea roja que habían marcado los pétalos y entró al baño, una vez dentro, el camino lo llevaba hasta el jacuzzi de la habitación. Estaba lleno pero no estaba encendido, por lo que el agua estaba calmada. En el centro, un pequeño barco de madera flotaba y dentro de él había una cajita de terciopelo azul y una nota. Corrió para coger las dos cosas y pudo leer el escrito en la inconfundible letra de Sam.

"Blaine Devon Anderson... ¿Me harías el enorme placer de casarte conmigo?"

El moreno abrió la caja, que contenía un hermoso anillo de oro blanco, masculino y perfecto. Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, estaba totalmente emocionado mientras colocaba el anillo en el lugar que le pertenecía.

– ¿Qué respondes? ¿Te casarías conmigo? – La voz de Evans sonó a sus espaldas y el ojimiel se volvió para ver a su novio con una sonrisa nerviosa.

– ¡Por supuesto que sí! – El más bajo se acercó a su prometido y lo besó con mucha pasión. Sus manos se posicionaron en la nuca del otro, enredando sus dedos en el pelo rubio mientras las manos del ojiverde se situaban en su cintura de manera posesiva.

– Tenemos una hora en el jacuzzi hasta que todo esté preparado para que tú y yo tengamos una cena íntima en la playa. – El pintor comentó mientras desabrochaba los botones de la camisa de su pareja.

– ¿Has pensado en todo? – Los ojos de Blaine brillaban con intensidad.

– Llevo dos meses planeando todo esto. A mi novio le dio por pensar que le estaba siendo infiel, cosa de la que hablaré con él más adelante, pero hoy sólo soy tuyo.

Volvieron a besarse mientras dejaban caer la ropa para meterse totalmente desnudos al jacuzzi, encendieron las burbujas y disfrutaron de su momento especial mientras se entregaban en cuerpo y alma a la persona a la que amaban.


Blaine se dejó guiar por Sam hasta la playa. Los dos iban vestidos con ropa informal y ligera, camisa de manga larga y pantalones claros. Cuando llegaron a la arena, se quitaron el calzado y dejaron que sus pies tocaran el suelo.

La mesa estaba iluminada por velas y a su alrededor había antorchas encendidas para dar algo de luz. Los platos ya estaban servidos y había vino y champán. El rubio sirvió las copas con el líquido rojo mientras se disponían a cenar. La bebida burbujeante la dejaban para brindar más tarde.

– Siento haber pensado que estabas viéndote con alguien. – El moreno susurró realmente avergonzado.

– ¿Por qué pensabas eso? Nunca te he dado motivos para desconfiar... – El ojiverde lo miró sin ningún reproche.

– Escuché una conversación en la que le decías a alguien que habías encontrado un hotel, que le encantaría y que yo no me tenía que enterar... ¡Incluso dijiste "te quiero"! – Las mejillas del más bajo se volvieron rojas.

– ¿El día que llegaste triste por algo del trabajo? – El pintor quiso saber de la manera más tranquila posible.

– Te mentí, no estaba así por algo del trabajo. Era por lo que acababa de escuchar. – El ojimiel aclaró.

– Creo que hablaba con Tina. Estaba preocupada por si no le gustaba el hotel... ¡Claro que la quiero! Es nuestra amiga... – El más alto comentó serio.

– Lo siento... He estado muy paranoico estos días. – El músico se disculpó otra vez.

– No vuelvas a dudar de lo que siento por ti... Nunca... Te amo. – Evans sonrió.

– Yo también te amo.

La cena fue perfecta y después se tumbaron sobre la arena para disfrutar del sonido del mar y del ambiente romántico mientras volvían a demostrarse su amor de la manera más íntima y dulce que sabían.


Blaine y Sam llegaron al hotel y se dirigieron hacia la habitación que el moreno compartía con su amiga. Cuando llegaron a la puerta, el rubio besó al otro con dulzura.

– Que tengas buena noche. – El ojiverde susurró y el otro lo miró extrañado.

– ¿No vamos a dormir juntos?

– No... – El más alto rió al ver la expresión triste y confusa de su prometido. – Recuerdo que hace tres años me dijiste que tu boda ideal era en un lugar alejado y que cuando volvieras todos supieran que te habías casado. El mío era una boda en la playa con las personas a las que más amo... Así que pensé en juntar las dos ideas. Mañana, al atardecer, tú y yo nos daremos el "si quiero" frente a nuestros padres y hermanos, que vienen mañana, y Tina y Mike.

– ¿Qué? – El ojimiel no salía de su sorpresa.

– ¿No te gusta? – El pintor frunció el ceño.

– Me encanta. – El más bajo lo abrazó con fuerza. No habían hablado de como sería su boda pero desde luego que lo que le había propuesto su prometido era perfecto.

– En ese caso, yo me voy a dormir con Mike. – Evans comentó cuando se separaron. – Sólo les quedaba una habitación con dos camas y pensé que vosotros estaríais más cómodos que nosotros compartiendo cama. Espero que no te importe.

– Sólo es una noche... ¿Luego tendremos que discutir con ellos quién se queda la cama grande? – Anderson quiso saber.

– No... La de dos camas será la de mis hermanos.


– ¡Despierta dormilón! – Tina golpeó a Blaine con la almohada al ver que no se despertaba.

– ¿Qué hora es? – El joven preguntó.

– Las ocho. – La asiática respondió animada.

– Es muy pronto. No me caso hasta la tarde... – En ese momento se dio cuenta de lo que acababa de decir y se sentó. – ¡Me caso esta tarde!

– Lo sé, tonto. – La morena rió. – Tenemos todo el día en el spa para estar totalmente relajados y preparados para cuando llegue el momento. Sam irá al aeropuerto a buscar a todos y tu madre, la suya y Stacy se nos unirán en cuanto lleguen.

– ¿Por qué no me dijiste que sabías que Sam no me era infiel? – El ojimiel quiso saber.

– No podía decirte "no, Blaine, Sam no está viendo a nadie, simplemente te está preparando la proposición de matrimonio y la boda más hermosa del universo". Eso habría roto la magia, ¿no crees? – La chica comentó divertida.

– ¡No tengo traje! – El músico estaba asustado.

– Sam lo trajo. Le llevó a un sastre algo de tu ropa, la que mejor te queda y con eso te han hecho algo especial para esta noche. – Cohen-Chang se levantó y abrió el armario, donde estaba el traje que llevaría.

– Es perfecto.


Sam estaba muy nervioso esperando en el altar. Sabía que Blaine no se arrepentiría, pero estaba ansioso por saber si le gustaba todo lo que había preparado. Le había costado mucho elegir cada detalle aunque agradecía la ayuda que había recibido tanto de Tina como de Cooper y Stacy. Gracias a ellos no se había olvidado de nada y había conseguido todo. Sus padrinos eran Stevie y el mayor de los Anderson y las dos chicas eran las damas de honor. Mike y los padres de los novios eran los únicos invitados. Algo íntimo, como quería el rubio, y casi por sorpresa, como quería el moreno.

El corazón del ojiverde se saltó un latido cuando vio a su prometido caminar hacia él. Había decidido que los dos fueran con esmóquines ligeros en tonos blancos para estar en armonía con el lugar. No se imaginaba allí con un traje negro tradicional. Los invitados tampoco habían elegido nada extravagante o demasiado elegante. La sencillez del evento había sido captada por todos y habían elegido telas ligeras y colores suaves. No había pasillo pero tenía que recorrer parte de la playa, junto a las damas de honor, ya que el altar estaba situado en la orilla del mar. Sólo era una mesa adornada con un mantel blanco y muchas flores pero era como a ellos le gustaba, lo importante era lo que iban a hacer.

Los dos entrelazaron sus manos en el momento en el que el ojimiel llegó junto a él. Los dos se miraron con amor y se sonrieron. En ese momento Evans se dio cuenta de que el hombre que esta frente a él estaba tan ilusionado y feliz como él.

La ceremonia fue muy romántica y Anderson decidió sorprender a su recién estrenado marido con una canción. Era lo único que se le había ocurrido para agradecerle todo lo que había hecho por él. La fiesta de después fue íntima y divertida, aunque los recién casados se ausentaron bastante pronto para comenzar con su noche de bodas y su luna de miel.


Blaine y Sam pisaban el McKinley por primera vez después de nueve años. Habían acudido a la fiesta del décimo aniversario de la graduación de varios de sus amigos. Les habían convencido porque consideraban que era una buena ocasión para que se reunieran todos los miembros de New Directions, al menos los originales. Eso llevó a que Anderson tuviera una discusión telefónica con Puck al respecto, ni él ni su pareja eran "miembros originales" del Club Glee. Aun así, decidieron acudir.

Poco después de entrar se encontraron con Jesse y Rachel. Esa vez la chica no había bebido nada y los saludó con un abrazo.

– ¿Qué tal todo? – El rubio preguntó, deseoso de compartir sus noticias con los demás. Esperaba conseguir que la castaña le preguntara a él pero se olvidaba del carácter egoísta de ella.

– Genial. Los dos estamos triunfando en Broadway e, incluso, puede que nos contraten para participar en la adaptación cinematográfica de un musical. Seguro que nos llevamos el Oscar por nuestra interpretación...

Berry seguía hablando pero el ojiverde dejó de escucharla porque no le interesaba. No sabía como la chica podía hablar y hablar sin parar.

– Hola Hobbit, hola Boca-Trucha. – Santana llegó y, por primera vez, se sintió aliviado al verla.

– Hola chicas. – Blaine las saludó con educación.

– Hola... – Evans iba a saludar cuando el grito de Brittany lo detuvo y llamó la atención de todos los presentes.

– ¡Ah! ¿Os habéis casado? – La rubia cogió la mano del moreno. – ¿Por qué no nos habéis invitado a la boda? ¿No os caemos bien? – Pierce se puso triste de repente.

– ¡No es eso! – El músico se apresuró a aclarar. – Queríamos algo muy íntimo, apenas tuvimos nueve invitados. Nos casamos en Hawai, en la playa.

– Vaya... Yo siempre me imaginé la boda del Hobbit llena de gente, en un lugar ostentoso...

– Eso será porque siempre te imaginaste la boda de Blaine con Kurt. – Evans interrumpió la descripción de la latina, que lo miró con culpabilidad. Se dio cuenta que ella no había conocido a Anderson, había conocido la imagen que Hummel quería de él.

– Enhorabuena, me alegro de que os hayáis casado y seáis muy felices. – Lopez los abrazó a los dos, casi disculpándose por el error que había cometido antes.


Todos los miembros de New Directions se encontraban en una esquina del gimnasio. Habían estado atentos escuchando el relato de la boda que hacían los dos recién casados y los otros dos presentes, Mike y Tina.

– No entiendo por qué Mike estuvo invitado y yo no. – Puck comentó mientras agarraba la cintura de Quinn.

– Entiéndelos, no querían una despedida de soltero de mal gusto. – Kurt intervino en defensa de los otros. – A mí me parece romántico... No es mi estilo, pero me encaja con la personalidad de los dos.

– Sobre todo, el que desaparecieran antes de tiempo. – Noah añadió mientras miraba a sus amigos con gesto divertido.

Los esposos se miraron de manera cómplice. Sabían que sus amigos protestarían pero, en el fondo, se alegraban de que fueran tan felices.


Blaine y Sam entraban en su apartamento en Los Angeles. El moreno miró a su alrededor, consciente de lo diferente que era su vida en esos momento. Cuando se fue, estaba seguro de que su novio se fugaría con su amante. Sin embargo, ahora entraba de la mano de su marido. Apenas había tenido tiempo para hacerse a la idea, pero reconocía que le había encantado cada vez que le llamaban señor Anderson-Evans en el hotel donde pasaron la luna de miel. Agarró a su esposo y lo besó con pasión. Era más feliz de lo que nunca imaginó y todo era gracias al rubio.

– ¿Sabes? Creo que debería castigarte por haber pensado que te había sido infiel. – El ojiverde susurró entre besos.

– ¿Y cómo piensas castigarme? – El músico quiso saber mientras se abrazaba a él.

– Voy a hacértelo hasta que no recuerdes ni tu nombre. – El más alto susurró mientras mordía la oreja de su esposo.

– Dudo mucho que me olvide de que ahora soy Anderson-Evans.

Los dos se dirigieron hacia la habitación mientras se iban quitando la ropa y cerraron la puerta tras ellos. Su relación había sido perfecta durante esos tres años. La convivencia siempre había sido fácil, sólo había cambiado la habitación donde dormía Sam, que en ese momento era la de invitados. Habían tenido problemas, como cualquier pareja, pero nada que no se solucionara hablando y sincerándose. Sabían que su matrimonio sería igual... Salvo que tal vez dejaran de ser dos para formar una familia. Los dos deseaban tener a un pequeño entre sus brazos y nada podría interponerse en su deseo de ser padres, de una u otra manera lo conseguirían.


* Según he descubierto, Hawai tiene dos horas menos que Los Ángeles y el vuelo costaría aproximadamente unas cinco horas. Eso significa que llegarían allí a las tres de la tarde (hora de Hawai) aproximadamente.