Acá estamos con otro capitulo, con Zuko incluido.
Zuko debía ser el joven más poderoso y afortunado del mundo, después de su gran amigo, el Avatar.
A sus 21 años era el Señor de la Nación del Fuego, una región marcada por la violencia pero que gracias a los esfuerzos de su pueblo y los suyos, estaban recuperando su honor. Tenía grandes amigos, Aang, Katara, Toph, Sokka; de esos amigos que aunque se vean poco, sabía que contaba con ellos. Estaba su Tío Iroh, aquel hombre que lo acompaño a través del mundo cuando todos lo habían dejado atrás. Además, llevaba casi un año casado con Mai, el amor de su vida, la mujer que siempre creyó en él y con la cual estaba esperando el nacimiento de su primer hijo.
Sí, el Señor del Fuego Zuko era un hombre afortunado en verdad.
El día del solsticio de verano, Zuko pensaba en su despacho de cómo había cambiado su vida en tan poco tiempo; sobre lo que era y lo que será. Tenía mucho papeleo sobre su escritorio, las importaciones y exportaciones de la Nación del Fuego, la parte aburrida de ser la cabeza de un pueblo. Odiaba el papeleo, pero siempre procuraba realizarlo prolijamente. Estaba volviendo a trabajar cuando Suki, su amiga y guardaespaldas, lo interrumpe entrando de golpe al despacho.
- Suki, sé que somos amigos, pero estoy trabajando – dijo el Señor del Fuego sin apartar su mirada de su papeleo.
- Es Mai! Entro a trabajo de parto – le grito Suki, mientras a Zuko dejaba sus documentos y la miraba sorprendido – Ty Lee se la llevó al Cuarto Real.
Zuko se paró rápidamente de su escritorio y cruzo el palacio lo más rápido que le permitían sus ropas reales. Afuera de su cuarto estaba Ty lee y su Tío Iroh, quien por motivos del nacimiento de su sobrino nieto, había regresado de visita al palacio. Atrás de él venía Suki.
- Tranquilo sobrino, Mai está bien – dijo Iroh mientras se escuchaba un grito desgarrador del otro lado de la puerta – son gritos normales de mujeres trayendo niños al mundo. Toma una taza de té – dijo sirviendo 4 tazas.
- ¡¿Té?! ¡¿Cómo voy a tomar Té cuando mi hijo está naciendo?! – exclamo Zuko.
- Impaciente sobrino, la pregunta es: ¿cómo no tomar Té cuando está naciendo tu hijo? – acercándole una taza.
Zuko agarro la taza con fuerza y se retiró al balcón continuo balbuceando.
Aspiro profundamente el aroma del té que le había dado su tío y no pudo dejar de pensar que a pesar de lo que había madurado, pero que aún así, con todo lo vivido, seguía siendo un joven que le faltaba mucho por vivir. Se preguntaba ¿Sería un buen padre? Seguramente, sería mejor que el suyo.
De repente una luz cálida apareció frente a los ojos de Zuko, él cual del susto, derramo su Té – seré tu hijo Señor Del Fuego, soy el Ran-Shaw – y tan rápido como llego, la luz se fue a la habitación donde estaba su esposa.
- ¡Zuko!, no hagas fuego control en el palacio – exclamó TyLee – ¡vas a quemar algo!
- No fui yo – respondió Zuko – fue…. No importa – "Talvez solo alucino de los nervios que tengo" pensó el Señor del Fuego.
Un silencio. Los 4 presentes dirigieron su mirada ante la extraña calma en el Cuarto Real. Pronto se escuchó un llanto, que revelaba la sonrisa inmediata de los que esperaban.
- ¿Listo para conocer a tu hijo? - Le dijo protectoramente Iroh a su sobrino, mientras tomaba la manija de la puerta para permitir el paso de Zuko a la habitación.
- Claro que no – le respondió Zuko, intercambiando una sonrisa cómplice con su figura paterna – Tío, ¿Quién es Ran-Shaw?
Algo desconcertado por la pregunta, le contesto – Es el nombre que daban los antiguos al Espíritu del Sol. – Zuko quedo inmóvil ante las palabras de su Tío - Vamos sobrino, ya es hora – dijo el ex general abriendo la puerta.
Al otro lado estaba Mai, algo despeinada y sudada, sosteniendo a su primogénito. Nunca vio a su mujer más hermosa, pensó el Señor del fuego, y saco fuerzas para acercarse a su familia – Eres increíble Mai – le dijo el Zuko a su mujer.
Ella le sonrió y luego vio a su hijo – Akato, quiero que se llame Akato.
- Así se llamara mi Señora – le respondió Zuko mientras le besaba la frente a ella y a su pequeño. "¿será real lo que vi?" pensó Zuko recordando su alucinación. En su interior, algo le decía que no era solo su imaginación.
Y ahí estaba el Señor del Fuego Zuko. Líder de una gran Nación, grandes amigos en quienes confiar, un sabio Tío, una hermosa esposa y su hijo. Un hombre afortunado, sin duda, y que, talvez, solo talvez, criaría a la reencarnación del Espíritu del Sol.
Espero que les haya gustado!
