Cosas de gatos
Aclaraciones:
Disclaimer: El anime/manga Hetalia, al igual que todos sus personajes NO me pertenecen, pero esta historia es 100% mía.
Guías: Historia narrada ; - diálogos -
Advertencias: Gatos… gatos everywhere xD
Unos días antes…
…
No es que gato Prusia fuera un gato diferente al resto. Bueno, en realidad si lo era, es decir, ningún gato nunca podría compararse si quiera un poco a su maravilloso ser, pero volviendo al tema, gato Prusia no era diferente al resto en cuanto a costumbres gatunas se trataba.
A él le gustaba la leche, el atún y que le rascaran la panza. Le gustaba salir con sus dos mejores amigos, gato Francia y gato España, y hacer una que otra travesura. Le gustaba asolearse en el tejado de su casa y que gato Alemania le maullara irritado desde abajo porque le temía a las alturas y no podía bajar por sí mismo a su tonto hermano y decirle que ese no era un lugar para echarse una siesta. Le gustaba acicalar su pelaje y que todos le miraran, y sobre todo, le gustaban los pollitos, para comérselos, por supuesto.
Gato Prusia sabía que había todo un arte oculto tras la cacería de pollitos, y él… era todo un artista. Era su pasatiempo, su deporte y la forma en la que quemaba calorías tras haberse comido una gran cantidad de atún para el almuerzo. Y aquel día no fue la excepción.
- Me voy – Maulló gato Prusia a modo de despedida mientras salía por la puerta.
- No hagas tonterías – Le maulló despacio gato Alemania, quien estaba en medio de su siesta de la tarde.
Gato Prusia sonrió, levemente, y trotó un par de metros calle abajo, en dirección a la casa de gato España. Este se encontraba ya en la puerta, junto a gato Francia, haciéndole señas cuando le vieron acercarse.
- ¡No esperen más! Ya llegó por quien lloraban.
- ¡Hola Prusia! – Le saludó alegremente el gato español.
- Pareces más entusiasmado de lo usual, mon ami – Maulló elegantemente el gato francés.
- Kesese ¡Por supuesto! Llevo esperando este día desde hace una eternidad.
Gato Prusia maulló extasiado al recordar el cargamento de pollitos que la tiendo de mascotas del barrio había encargado para aquel día. Era la ocasión perfecta para una cacería legendaria.
- ¡Que estamos esperando! Muevan sus patas perezosas o llegaremos tarde.
Gato Prusia comenzó a caminar ágilmente, pero tras algunos pasos se detuvo al ver que no le seguían. Miró impaciente a sus amigos que aún no se habían movido de sus lugares.
Gato España y gato Francia se miraron de soslayo.
- Ehh… Prusia, hablando de eso, creo que hoy no podré acompañarte – Gato España susurró inseguro y apesumbrado.
- ¡¿Qué?! Estás loco, ¡pero si llevamos planeando este día hace… días!
- Sí, pero hoy mi dueño está planeando visitar la casa de gato Romano y quiero ir con él. Lo siento.
Gato Prusia le miró enojado, pero hizo lo mejor posible por ocultar la decepción en su voz.
- Pff, tú te lo pierdes. Vamos Francia, si nos apuramos llegaremos a tiempo.
- Creo que serás solo tú mon ami.
- ¿Eh?
- Hoy va a haber una fiesta en mi casa y tengo prepararme. au revoir! – Gato Francia con un elegante movimiento se despidió de sus amigos y caminó calle abajo.
- P-pero, chicos, ¡vamos! – Miró a gato España que bajó las orejas y volvió a susurrar un "Lo siento" antes de dar marcha hacia su casa – ¡No pueden dejarme solo! Son mis amigos… ¡MALDICIÓN!
Gato Prusia se quedó solo en medio de la acera, murmurando maldiciones y palabras disonantes mientras se arrepentía de haber confiado en ese par de traidores.
- ¡No los necesito! Cazare a esos pollos yo solo – Hizo un puchero y con la cola erizada trotó calle arriba, dándose cuenta que gracias a esos dos estaba tarde para la cita.
Iba corriendo tan apurado que apenas se dio cuenta que estaba pasando justo en frente de la casa de gato Austria. Gato Prusia miró dubitativo su camino, la tienda aún se encontraba lejos pero podía verla a la distancia, un par de minutos no haría la diferencia, pensó y decidiendo que aún había tiempo pasó a visitar al señorito.
Gato Austria estaba acicalando su pelaje cuando vio a ese "odioso" gato aparecer en el porche.
- ¿Qué quieres Prusia? Estoy bastante ocupado para aguantar tus tonterías – Le maulló en todo aburrido.
- Yo sé que me extrañabas kesese - Prusia sonrió burlón y se acercó al gato que le miró ofendido - Oye señorito, adivina, eh venido a darte la oportunidad de acompañarme a la cacería de pollitos más grande de la historia.
- Lo siento, yo no comparto esa afición bárbara que tienes.
- Pff que aburrido que eres.
Gato Prusia quería insistir, pero sabía que se le hacía tarde así que se dio media vuelta y retomó su camino.
- Oye, ¡te traeré un pollito! – Le gritó desde lejos.
- No te molestes – Le replicó Austria, pero este no pudo escucharlo.
Gato Prusia se planteó ese nuevo objetivo y trotó apurado.
La tienda de animales se encontraba en una esquina cercana a su barrio. Era pequeña, modesta y casi siempre andaba vacía, justo como ese día.
Gato Prusia se escondió tras unos botes de basura y esperó. No fue mucho, ya que el camión llego pronto y con él, sus pequeñas presas fueron descargadas despreocupadamente en la acera.
Cuando el hombre del camión ingreso al local dejando las cajas fuera Gilbert supo que aquel era su momento. Y como tal, lo pensó poco antes de comenzar a acercarse sigilosamente a las cajas. Agudos piares venían desde adentro y el gato Prusia no tuvo mejor idea que abalanzarse en contra de las cajas apiladas una sobre la otra. La torre se derrumbó y cientos de pollitos volaron, literalmente, en todas las direcciones.
Gato Prusia abrió grande su boca mientras veía la nube amarilla volar sobre su cabeza. El dueño y el hombre del camión salieron apurados para coger los pollitos que les cupieran en las manos. Gato Prusia no se quedó atrás y se unió a la cacería de pollitos.
Le hubiera gustado decir que atrapó muchos, montonales, que cuatro patas no fueron suficientes para coger todos los trofeos de la cacería, pero la verdad era que los pequeños animales corrían/volaban tanto y en tantas direcciones, que al poco rato se vio persiguiendo a un único pollito que para variar se le escurrió por un agujero en una pared de uno de los callejones aledaños.
- ¡Demonios! – Gato Prusia maulló enojado.
Metió la pata por el agujero pero no alcanzó nada al otro lado de esa pared de ladrillos. Era tan injusto, había esperado ese día desde hace… ¡milenios! Y nada había salido como lo había planeado. ¿Y ahora que podía hacer? Tanto jactarse de ser el mejor cazador de pollitos y ahora no tenía ni un triste pollo con el que llenar su estómago vacío.
- ¡Maldición!
Gato Prusia pateó furioso un contenedor de basura dispuesto a su lado y cuando estaba haciéndose la idea que debía de inventar alguna historia sorprendente para no quedar como un tonto escuchó un sonido suave venir desde alguna parte al fondo de ese callejón.
- Pio, pio, pio
Gato Prusia recuperó su entusiasmo y a paso lento, fue guiándose por el suave piar que se volvía más fuerte a medida que se acercaba. Se subió a lo alto de un contenedor de basura y con su nueva vista panorámica pudo ver un punto amarillo escondido en una esquina, entre basura y basura.
Sonrió satisfecho y con paso sigiloso se acercó de a pocos hasta que estuvo lo suficientemente cerca para atacar. Apartó con una pata la lata de refresco que se interponía en su camino, dejando ver a un pequeño pollito que al mirarle tan cerca comenzó a temblar mientras se agazapaba.
Gato Prusia estaba acostumbrado a que le temieran, que los pollitos piaran asustados mientras intentaban por todos los medios escapar de su fatídico destino. A él le gustaba eso, sentir el miedo de su presa, el reto que implicaba atrapar al escurridizo animal, y el delicioso bocado que venía después. Pero de alguna forma, ver a ese pollo allí, agazapado, herido, porque sí acababa de darse cuenta que el pollo en cuestión tenía un ala herida, le hizo sentirse de alguna forma culpable.
- Oye, ¿no vas correr?
Gato Prusia se apartó, un par de pasos, mostrando la salida hacia el exterior y analizando al pollito que en respuesta se volvió una bola amarilla y temblorosa.
- Anda, vete. No voy a comerte… bueno, iba a hacerlo pero ya no.
Esperó a que el pollito se fuera, aprovechando la oportunidad que le daba, pero este simplemente miró dubitativo, alternando entre mirar al gato, y la luz brillante que parecía hacerse cada vez más cercana.
Finalmente se quedó en su lugar, y gato Prusia suspiró cansado.
- Eres un pollo muy raro.
Concluyó.
¡Hola! Gracias por leer este capítulo, ¡espero que les haya gustado!
Me divertí mucho escribiendo esta historia, amo a Prusia *-* y a todos sus derivados *lol* incluyendo al asombroso Gilbird que es la cosa más linda del mundo –muere de amor-
Bueno, por ahora no sé a dónde voy con esta historia xD, en realidad no tenía planeado continuarla pero sus reviews me llegaron al kokoro y me inspiraron para escribir algo … ¡pero pensaré en algo! Lo prometo.
Los gatos que leyeron en este capítulo serán los principales, iré agregando eventualmente algunos más a medida que avance la historia, pero si quieren que agregue a un gato en específico me lo dicen y yo con gusto lo hago n_n
Gracias a las personas que me dejaron review y a las que agregaron esta historia a favorito, eso me hace muy feliz y me anima para dejar de ser tan vaga y darle un poco de tiempo al fandom.
¡Se cuidan!
Bye bye
¿Críticas?, ¿Dudas?, ¿Sugerencias? ¡Háganmelos saber! :D
