Admito que me he demorado más de la cuenta y por ello les debo una inmensa disculpa pero al no tener Internet en mi casa se me ha hecho más difícil además de no tener el tiempo de antes. Debo agradecer a todas las personas que están leyendo esta historia, pero sobre todo a las que han escrito ya que por ellos seguí con la segunda parte por que sinceramente pensaba dejarlo hasta ahí.
Este capitulo también estará dividido en tres parte, primero la de Akira, luego la de Shirogane y por último un sueño que tendrá mucho que ver con el tercer capitulo (y probablemente último) Aprovecho para disculparme de antemano por algunas faltas de puntuación, que estoy segura me he saltado, ya que no he tenido el tiempo deseado para releerlo por lo contrario no hubiera podido subirlo hoy.
Declaimer: Los personajes no me pertenecen a mí sino a su respectivo autor, ya que yo hubiera hecho ya la segunda temporada with a lot of Love
Esta historia esta dedicada en su totalidad a mi amiga Crisbel aunque estará algo decepcionada por no "ir más lejos" pero se lo compensaré futuramente. ¡Te quiero amiga!
Sin más preámbulos, disfrutes.
Consecuencias de una noche
Su cuerpo se sentía extraño. Abrió sus ojos y pudo notar que ya era casi la hora de levantarse para comenzar su día. Algo estaba mal en él, algo no concordaba en esa mañana pero luego las imágenes de la noche anterior volvieron repentinamente a su mente. Se enderezó bruscamente de la cama y sujetó su cabeza con ambas manos debido a la frustración que sentía. Tal vez…
No tenía ganas de ir a la escuela ese día pero si no iba lo más probable era que Kengo llegase a su casa a cuestionarlo y él no quería eso, su otra posibilidad era ir a refugiarse en la casa de Kou pero también era probable que fuera sometido a una incómoda interrogación de su parte y tampoco deseaba que eso pasase. Ofuscado decidió que lo mejor era ir a la escuela e ignorar a todos. Lentamente se dispuso a ponerse de pie pero al sentarse al borde de la cama sintió un fuerte dolor en su cuerpo.
-Que vergonzoso
Se quejó a la nada. Era verdad, su falta de experiencia era vergonzosa para él, para su maldito orgullo pero no podía hacer nada contra ello. Lentamente recuperó la compostura y se dirigió con calma hacia el baño para ducharse y bajar. Sentir el agua fría por su cuerpo era algo relajante pero aún así las caricias de Shirogane no se podían borrar de su piel, eran como eternas marcas de un fuego ardiente. Golpeó con furia la pared y lentamente se fue deslizando hasta quedar sentado mientras el agua seguía cayendo por su cuerpo. Maldecía una y otra vez mientras un hilillo de sangre comenzaba a escurrir por la comisura de sus labios.
De mala gana comenzó a prepararse para asistir a las tortuosas clases de la mañana, no tenía ganas ni deseo alguno de aburrirse con las malditas materias pero en el fondo no le quedaba de otra. De alguna manera deseaba pensar en otra cosa, en otra cosa que no sea él ni aquella… aquella noche. No tenía hambre así que salió así nada más de su casa, durante todo el camino mantuvo un paso lento pero aún así no pudo evitar encontrarse con su amigo de la infancia quién lo esperaba en el mismo lugar de siempre.
Su mente divagaba, divagaba en cosas que no deseaba pensar ni recordar pero le era imposible, era como si subconscientemente quisiera revivir la pasada noche con lujo y detalle en su memoria, ¡pero no podía! Dios, ¿en qué rayos estaba pensando? Ese no era él, no era el verdadero Akira. Desde la lejanía podía oír la molesta voz de su rubio amigo quién trataba en vano de llamar su atención como siempre. Kengo, tan fiel. Quizás si le prestara un poco de atención podría distraerse un poco.
A pesar de caminar lento y tomar el camino más largo hacia su escuela habían llegado antes del toque del timbre y era algo a lo que no estaba acostumbrado del todo pero ese día no tenía deseos de escapar de clases, no tenía ganas de estar solo… no podía darse el lujo de encontrarse con la sombra ¿Cómo reaccionar después de lo pasado? No sabía si odiarlo por lo que le había echo después de todo ¿no había sucumbido a sus brazos al final? Un escalofrío recorrió su cuerpo al recordar aquella escena. Suspiró. Sin darse cuenta ya habían llegado al salón de clases.
No le prestó atención alguna a la materia y más de una vez recibió un regaño por parte de su maestra pero esta desistió al verlo de tal manera. Sus amigos le miraban entre extrañados y preocupados, en el fondo sabían que algo le pasaba al castaño pero conociéndolo jamás les diría algo. Por la mente del joven se formaban miles de preguntas. ¿Por qué la sombra había dicho que era su culpa? Jamás lo había tentado ¿o sí? Además sabía que el peliplateado ocultaba algo, jamás le contestaba sus preguntas pero en el fondo estaba seguro de que algo muy grande le ocultaba, pero eso no era lo importante para él, lo que realmente le interesaba era descubrir el porqué "supuestamente" era su culpa.
Así pasaron varios días…
Todo seguía igual y no podía evitar pensar en ello. Según su opinión nunca lo había tentado, es más, cada vez que este se le insinuaba de una forma indecorosa lo alejaba bruscamente al instante, ¿entonces por qué? Nuevamente los recuerdos llegaron a su mente y una escena en particular le rebeló algo que podría ser de suma importancia. ¿No había dicho que si solo hubiera creído en él y en sus sentimientos…? Ahora que lo pensaba era verdad, desde el inicio él le había dicho que le gustaba pero jamás se lo tomó en serio, además solo creía que lo decía para fastidiarlo pero si todo eso fuera verdad ¿Por qué había hecho lo de anoche? ¿Por qué lo utilizó para satisfacer sus necesidades? Un momento… cuando había dicho lo de creer en él había mucha tristeza en sus ojos, si tanto sufría entonces…
Pensar en todo eso le molestaba, lo atormentaba cada día que había pasado después de esa noche. No podía seguir así. Pasó toda la mañana ordenando sus ideas y ya a la hora de almuerzo había decidido que era suficiente por lo que le había pedido a Kengo (ordenado en realidad) que fuera a comprar algo para comer mientras este le esperaba en la azotea. Se sentía tan cansado y su cuerpo se sentía demasiado pesado por lo que sin darse cuenta se fue quedando dormido. Su mente se encontraba en blanco y sentía una presencia muy conocida acercársele pero extrañamente no podía abrir sus ojos, de pronto un suave tacto sobre sus labios lo hizo despertar algo sobresaltado pero al abrir los ojos lo único que se encontraba frente a él era su amigo Kengo quién lo miraba fijamente y extrañado por la actitud de su amigo.
-¿Hace cuanto que estás aquí?
-He llegado recién ¿Qué te pasa? –Levantándose dejando la comida de su amigo frente a él –Has estado actuando extraño.
-No me pasa nada, ¿No viste o sentiste a alguien antes de llegar?
-No, has estado completamente solo –vio el semblante confuso de su amigo. –Entré y estabas dormido pero tenías un rostro muy extraño… muy sexy.
-Deja de decir estupideces, idiota. –Cogió la comida que le había dejado el rubio –has tardado mucho, eres un completo inútil, Kengo.
-El lugar estaba repleto por lo que intenté colarme pero Aya me descubrió y me obligó a hacer la enorme fila y… ¿Akira? ¿Me escuchas?
-No
-¿Y si no me escuchas por que me contestas?
-Tsk….
Aquel rato con el molesto rubio lo hizo distraerse, en el fondo sabía que su amigo intentaba animarlo por que ni siquiera Aya se había aparecido para llevarlos a la fuerza a la clase de la tarde que ya habían comenzado. El resto de su día no tuvo muchos cambios, a pesar de estar un poco más atento a la clase no pudo evitar dejar de pensar una y otra vez en todo.
Al término de clases le costó mucho deshacerse de su amigo de la infancia pero gracias a una mentira y una pequeña amenaza pudo convencerlo de que lo dejase en paz por ese día. El camino hacia su casa fue diferente, en el fondo le costaba admitirlo pero ya se estaba acostumbrando a tener la presencia de la sombra siempre a su lado por lo que le molestaba estar completamente solo. Antes de llegar a su casa había decidido comprar algo para cocinar ya que esa noche estaría solo… completamente solo. Un escalofrío recorrió por su espalda.
Su corazón comenzó a latir rapidamente al estar frente a la entrada de su casa, no era que ansiaba abrir la puerta y encontrar al peliplateado parado frente a él, no. De alguna forma se encontraba exaltado pero no por ansias de verlo, lo que de verdad temía era encararlo ya que no tenía claro lo que sentía, ni él ni la sombra. Con lentitud insertó la llave en la cerradura y tomando un poco de aire giró la llave, abrió la puerta y una brisa helada chocó contra su mejilla pero para su sorpresa no había nadie ni nada sospechoso.
Suspiró. Dejó las compras sobre la mesa de la cocina y subió hacia la segunda planta para cambiarse de ropa pero cuando llegó a su habitación los recuerdos de esa "tortuosa" aparecieron en su mente más fuerte que nunca, tanto así que las palabras de Shirogane resonaban en sus oídos como si se encontrará ahí. Dio un fuerte portazo con enfado y bajó nuevamente las escaleras para dirigirse hacia la cocina. Necesitaba distraerse pero le era imposible, como pudo preparo algo para comer pero sinceramente no sentía apetito alguno. Cansado de todo se dejo caer pesadamente en el sillón para luego caer en un profundo sueño.
·
"Hace cientos de años, una vez quise ser egoísta pero no tuve el valor para hacerlo y por ello te perdí ese día, nuevamente tuve la necesidad de ser egoísta y esta vez lo fui, pero nuevamente te perdí"
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Por su cuerpo se sentía una exquisita sensación. Un calor un tanto familiar comenzaba a adentrarse por los poros de su piel. Su respiración ya no era tan calma como al comienzo, trato de acomodarse en aquel suave mueble pero algo extraño le imposibilitaba moverse por completo. Una vez más trato de acomodarse pero esta vez un poco más brusco pero de igual forma no logro nada. Se sentía tan cansado que no quería mover ni un músculo de su cuerpo, nuevamente comenzaba a sentir una opresión sobre su cuerpo y el tacto sorpresivo sobre sus labios le hicieron abrir de par en par sus ojos.
Frente a él estaba la persona a la que menos deseaba ver, mirándolo fijamente, inclinado hacia su cuerpo dejándolo casi aprisionado. Los cabellos platinados yacían rebeldemente por su rostro algo que resultó estremecedor en el castaño. Trato de empujar al mayor para separarlo de si pero este ejercía más fuerza impidiéndole cumplir cualquier acción para escapar. El peliplateado miraba fijamente al menor y Akira podía sentir como esa azul miraba penetraba más allá de su alma. Nuevamente sintió los rojizos labios de su acompañante sobre los suyos y que estos rápidamente cambiaban su rumbo para recorrer su cuello.
Se estremeció por completo. Sentía miedo, pánico. Si permitía que el peliplateado siguiera terminaría igual o incluso peor que la noche pasada. Intento con todas sus fuerzas zafarse de la prisión en que era mantenido pero por cada esfuerzo que hacia Shirogane más acariciaba al joven bajo el y cada caricia parecía una copia exacta de las de la noche anterior.
No, esta vez no dejaría que pasará lo mismo. Por más que Akira le reclamaba el mayor parecía ignorar completamente sus palabras y sólo se enfocaba en acariciarlo por sobre la ropa y aunque aún no había un contacto de piel con piel el castaño podía sentir el mismo extraño calor que antes, exactamente el mismo. Nuevamente comenzaba a perder la razón de si, muy a pesar de su resistencia a tal acto, sus sentidos comenzaban a nublarse de a poco, más aún deseaba detener aquello ¿o no? Siguió resistiéndose hasta que por fin el peliplateado le miraba directamente a los ojos con esa mirada llena de pasión desbordante, con la misma mirada con la cual la noche anterior lo había denigrado… ¿denigrado? ¿Tan malo había sido? Su mente se encontraba confusa, lo único que lo sacó de sus divagaciones fue el hecho de que sintió como el mayor baja lentamente hasta llegar a su parte baja, comenzó a jugar lentamente mientras el castaño seguía todos sus movimientos, el sonido del cierre del pantalón siendo abierto paulatinamente era lo único que se escuchaba en la vacía casa, una mirada livinidosa del ojiazul y…
Despertó exaltado, ¿estaba soñando? ¿Qué mierda significaba todo eso? Se sentía tan frustrado consigo mismo, realmente no entendía nada de lo que le pasaba. ¿No había sido él una víctima de la situación? A su entender eso había sido, pero le era extremadamente complicado explicar el porque de aquel sueño, el porqué sentía una enorme opresión en su pecho cada vez que se imaginaba a Shirogane. Molesto se levantó del sofá, necesitaba distraerse y tal vez la única forma de hacerlo era con su molesto amigo por lo que decidió tomar una ducha y partir hacia su casa.
Se paró frente al espejo, algo estaba diferente, era algo inexplicable pero al ver su reflejo en aquel espejo podía notar cierto cambio en él. Tonterías. Terminó de arreglarse y bajo rápidamente las escaleras, antes de salir decidió buscar algo en la cocina para comer, se acercó al refrigerador y algo se estremeció en su interior. ¿No había sentido la presencia de alguien la noche anterior cuando fue por algo de beber? Pensaba que había sido su imaginación pero, ¿si se trataba de Shirogane? Quizás haya sido eso…
El toque de la puerta lo sacó de sus pensamientos, era raro que alguien llegase a la casa ya que el único que iba por esos lugares era su tonto amigo rubio, bueno, si se tratase de el se ahorraría un viaje hasta su casa. Con su actitud aburrida de siempre abrió la puerta de su entrada pero para su sorpresa no se trataba de su amigo de la infancia.
-Que tal, Aki-chan
-Kou… ¿Qué haces aquí?
-Bueno, te he venido a buscar.
-Tú nunca vienes acá, ¿qué te traes?
-Nada, ¿por qué piensas así de mí? –Entró a la casa pasando de largo al castaño y se tiró en el sofá –no te he visto últimamente, te extrañaba.
-Mentiroso, además no te dije que podías entrar
-No puedes negar la entrada a un amigo –veía el rostro molesto del menor - como si te fuera a violar
-…
Esa palabra…. ¿qué rayos pensaba al considerar que lo que había hecho ese idiota podría ser por su culpa? Estaba más que claro que la sombra se había aprovechado de él, dijese lo que dijese en su defensa y no lo perdonaría por nada del mundo, además él se había ido por su propia decisión por lo que no tendría que preocuparse más de que eso sucediera nuevamente. Su corazón se estremeció ¿acaso le dolía el echo de no ver nunca más a "ese" sujeto? No podía, ¿o sí?
-Akira
-…
-¡Akira!
-¿Qué?
-Dónde esta Shirogane –mencionó extrañamente serio el pelinegro
-¿Para que lo quieres?
-¡Donde….!
-No tengo idea –recibió una mirada de desconfianza –No lo he visto, no sé donde se podría haber metido.
-Debo irme –mencionó para luego dirigirse rápidamente hacia la puerta principal.
-Espera Kou-nii ¿adonde vas? –tenía un mal presentimiento
-No te preocupes –sonrió –asuntos de trabajo, nos vemos.
Luego de guiñarle un ojo salio rápidamente por donde había llegado dejando atrás a un muy confundido castaño. No sabía exactamente que había sucedido esos últimos minutos pero no podía evitar tener la sensación de que algo ocurriría muy pronto. Agobiado de tanta estupidez tomó sus cosas y salió en dirección a la casa de su mejor amigo. Salió de su hogar muy confundido por la actitud de su reciente visita, ese cambio de actitud era muy raro en él. A paso lento se dirigió a casa de Kengo, cuando ya estaba frente a ella rezó a todos los dioses para que no se encontrara con la hermana de este y tuvo suerte ya que al tocar salió un desaliñado rubio medio dormido que lo miraba confundido.
-Hoy no está abierto el negocio… buenas noches… –intentó cerrar lentamente la puerta pero el pie del castaño lo detuvo.
-¡Idiota! Soy yo, despierta de una buena vez, ¡tarado!
-¿Akira? –Se sobó los ojos -¡Akira! ¡¿Haz venido por mí? ¡¿Quieres pasar otra noche de hombres con tu fiel amigo? ¿Ah? Aki… -un golpe llegó a su rostro
-Deja de hacer tanto alboroto, arréglate.
-A la orden.
Tras unos cinco minutos de espera el rubio apareció radiante, con su alegría característica y una enorme sonrisa en su rostro. No entendía mucho la manera de pensar de su amigo pero era bueno tener una persona así para distraerse en una situación como esa. Akira caminaba en silencio más Kengo solo hablaba y hablaba lo que hacía reconsiderar al castaño si realmente eso había sido una buena idea, al fin habían llegado a los videojuegos donde su amigo se encontraba más emocionado que niño de 5 años. Pasaron un par de horas en ese lugar y luego Kengo invitó a su amigo a comer luego de que escuchara el sonido de su estomago, esa invitación fue bien recibida por el castaño ya que no había comido hace mucho.
Luego de salir de aquel local comenzaron a caminar a un paso lento y en un total silencio por parte de ambos lo que extrañó al castaño ya que su amigo siempre había sido hiperactivo en todo momento y sentido. Al fin de caminar por unos cuantos minutos se detuvieron en un puesto de fideos que se encontraba totalmente vacío. Desde que habían entrado y ordenado su comida el silencio no se quebró y al ver a su rubio amigo tan serio y tranquilo provocó en él un sentimiento de incertidumbre. Tras varios minutos para el castaño la comida yacía frente a ellos, se llevó el primer bocado a la boca viendo de reojo los movimientos de su amigo quién se encontraba realmente sereno, finalmente Kengo habló repentinamente provocando un sobresalto en el castaño.
-Es algo extraño que no hayan atacado los kokuchi-
-Supongo… -sentía que algo no estaba bien -… debe ser a causa del verano.
-Claro, los villanos también toman vacaciones.
Hubo un silencio sepulcral tan incómodo que hasta el dueño del local los había dejado solos. Aquel comportamiento del joven rubio era totalmente irracional para Akira ya que jamás se comportaba de esa manera, inclusive en los momentos más serios e importantes.
-No he visto a Shirogane-san en estos días –interrumpió los pensamientos de su amigo.
-No sé donde estará –trató de lucir indiferente.
-Eso es raro, ya que ustedes están unidos.
-¿Unidos? –Por un instante se mostró asombrado pero recupero rápidamente la compostura -¿A qué te refieres con eso?
-Es algo obvio, sin él no puedes ser humano y gracias a él eres un shin.
-Deja de decir tonterías Kengo
-Es muy raro verte sin él, o mejor dicho verlo a él junto a ti.
-A que quieres llegar –respondió molesto al rubio
-¿A qué quiero llegar? Pues, ni siquiera te has acercado al bar, has actuado mas raro que de costumbre, fuiste a las clases de la tarde, viniste por cuenta propia a buscarme, ¿sigo?
-Basta de tantas estupideces, gracias por la comida pero me largo de aquí –estaba a punto de desaparecer por la puerta cuando escucho la voz serena de su amigo que lo detuvo por completo.
-¿A qué le temes tanto?
Se volteó automáticamente hacia su amigo al escuchar sus palabras, este lo miraba fijamente pero lo que sus ojos reflejaban era algo indescriptible para el castaño. Con un suspiro de derrota le pidió que lo acompañara al parque que se encontraba cerca de ahí, el rubio dejó el dinero sobre la mesa y siguió a su amigo en completo silencio y sin quitarle la vista de encima. Ya había anochecido cuando llegaron al dichoso parque, se fijaron en su entorno en el cual no había mucha gente pero si unas cuantas parejas lo que los hacía sentir muy fuera de lugar y algo observados también pero de igual forma se quedaron en el lugar pero un poco más apartados del resto.
-Todos han estado hablando, especulando mejor dicho.
-No me ha pasado nada que deba contarte –se defendió con la mirada perdida hacia el frente.
-No deseo saber que te ha sucedido, más bien quiero entenderte Akira.
-No tienes nada que entender
-Evidentemente algo ha sucedido entre tú y Shirogane y no me interesa lo que haya sido, solo me interesa como estas.
-… -no tenía palabras para su amigo, ni el mismo sabía como se encontraba en ese momento.
-Incluso Kou-nii vino a verme algo preocupado
-¿Kou? ¿Qué te ha dicho?
-Que hablara contigo, tenía mucha prisa al parecer
-Kengo, ¿tú crees en las palabras de Shirogane? –Su amigo lo miró tratando de comprender –cuando él dice que… bueno, que…
-¿Te quiere?
Con dificultad asintió con la cabeza, la mirada la tenía clavada en el suelo ya que no se atrevía a mirar a la cara a su amigo debido a la enorme vergüenza que sentía al preguntar semejante estupidez. El ambiente estaba demasiado tenso para su gusto y además el silencio absoluto de su tonto amigo lo hacía sentir peor de lo que ya se estaba sintiendo.
-No crees, Akira, que tu vida sería muy aburrida sin Shirogane
-Kengo… -sonrío.
-Te has estado ahogando en un vaso de agua, mira como has reaccionado por culpa de él –volvía a ser el mismo de siempre - Aunque hubiera preferido que te enamoraras de mí.
-¡¿Qué estupidez estás diciendo? ¡Yo no estoy enamorado!
-¿Qué tiene él que yo no tenga, Akira-kun? Yo te conozco desde la infancia
-¡Cállate de una vez! –Se levantó molesto –veo que haz vuelto a ser el mismo imbécil de siempre.
-¿A dónde vas? –Vio como el castaño se alejaba por el sendero del parque, se levantó rápidamente y lo siguió -¡Espérame Akira! ¡No me dejes!
Ignorando los gritos de su rubio amigo siguió su andar, no podía decir que era la charla que esperaba ya que en vez de estar aliviado de encontraba demasiado confundido. Si le hubiera contado lo que le había hecho la sombra aquella noche lo más seguro era que su respuesta fuera otra. Entre tanto pensamiento no se dio cuanta de que había llegado a la casa de Kengo y este lo había percibido gracias al tacto de la mano de Kengo en su hombro.
-¿Por qué no te quedas esta noche? ¡Será como una pijamada! Di que si
-No
-Vamos, ¿qué harás solo en tu casa? Acepta, será divertido
-Ésta bien
Tal vez era buena idea pasar una noche fuera de casa, de ese entorno, aunque igual le temía a la hermana mayor de su rubio amigo pero era mejor que estar solo teniendo pesadillas y pasar envela. Solo esperaba dormir bien esa noche…
*****·*****
Maldita conciencia…
Desde que había huido prácticamente del lado del joven se dedico a deambular por los alrededores. Su mente era un caos y muchas veces sintió el deseo de volver a su lado y suplicarle perdón de la forma mas humillante pero sabía que no debía hacerlo.
Malditos recuerdos…
Su corazón dolía debido al recuerdo de la reciente noche y el dolor de su rostro que había quedado grabado en su mente. Su alma dolía al pensar en aquel pasado cuando eran felices y vivían en armonía pero que inevitablemente tendría que acabar, lo mismo pasaba ahora. Parecía más bien una maldición entre los dos pero su dolor aumentaba al pensar que esta vez era mucho más culpable de lo ocurrido que hace cientos de años.
Sin darse cuenta volvió al mismo lugar del cual había huido hace unas horas, se ubicó en uno de los tejados vecinos y se quedó viendo directamente la ventana del cuarto donde se alojaba. No esperaba que el menor realizara las mismas actividades del día, no esperaba que se encontrara con el mismo humor de siempre por lo que su corazón se contrajo al verlo salir de su casa como si nada y dirigiéndose hacia la escuela. Lo observó con deleite, no se había percatado de su presencia ya que lucía muy distraído. Nuevamente sintió el impulso de pararse frente a él y hablarle pero eso definitivamente sería un error muy grande.
Necesitaba distraerse, decidió ir en busca de algunos seres de la sombra en los alrededores para exterminarlos y así no pensar más en aquello, su plan parecía funcionar pero cada vez que trataba de descansar al cerrar sus ojos era invadido por cientos de pesadillas, escenas que se clavaban profundamente en su alma y que lo atormentaban por cientos y cientos de siglos. Sus luchas se hicieron casi monótonas al igual que su rutina de vigilancia por las mañanas al joven Akira.
La anhelante noche ya había caído sobre ese extraño mundo para él. Su respiración se encontraba agitada, entre las vigas de ese edificio en construcción solo se lograba ver una silueta completamente negra y de larga cabellera. Necesitaba un descanso, su cuerpo lo exigía pero su mente no se lo permitía.
Los últimos días de los había pasado eliminando a los kokuchi que habitaban en la ciudad, casi no había descansado ya que al entrar al mundo de los sueños su mente comenzaba a torturarlo lentamente por lo que ir de caza tras los seres de las sombras lo distraían casi completamente. Su respiración volvió a la normalidad, al parecer en ese sector no quedaba más que cazas por lo que ya disponía a retirarse cuando pudo percibir una presencia muy familiar en las cercanías.
-Por fin te encontré, has estado escabulléndote como una rata.
Las nubes que cubrían la enorme luna llena de esa noche se disiparon iluminando con sus rayos resplandecientes la silueta de Shirogane que se lograba ver con más claridad y cuya larga cabellera era tratada de ser llevada por el frío viento. Frente a él, enteramente de blanco y con una mirada llena de rencor, yacía la figura de un hombre desafiante. Se miraban fijamente, ninguno de los dos realizaba algún movimiento y sólo se lograba escuchar la armonía del viento.
-Kou… -dijo lo más fríamente posible.
-¡Vaya! Te ves deplorable –su voz era como si escupiera veneno –Pensé que te encontraría en mejor estado.
-… -no tenía sentido contestarle, sólo atino a estar alerta.
-¿No dirás nada? –dijo en son de burla.
-Qué quieres que diga –sonó frío
-¡Por supuesto! Debía ser así ¿no? Luego de satisfacerte por completo, típico de un ser de las sombras.
Shirogane no respondió a sus palabras ni realizó ningun movimiento a parte de sostener la mirada llena de odio que le lanzaba el pelinegro. Pareciera que Kou esperara una respuesta o reacción por parte de la sombra y al ver que no reaccionaba su sangre comenzó a hervir debido a la rabia que sentía en ese momento por lo que se preparó para atacar.
-¿Buscas pelea? –dijo serenamente la sombra mientras se quitaba lentamente su sombrero.
-Actuando de esa forma tan despreciable –se colocó en posición de atacar -¿Acaso no te das cuenta de lo que haz hecho?
-… -nuevamente no supo contestarle.
-¡Maldición Shirogane! Han sido dos veces, ¡dos malditas veces! –Se encontraba exasperado, trató de calmarse –desde aquella vez me prometí jamás volver a permitir que sucediera otra vez, así que…
Se lanzó veloz y ágilmente sobre la figura de la sombra que se encontraba estática, con sus ojos completamente cerrados y un rostro sereno. El peliplateado esquivó con gracias saltando a la viga paralela que yacía suspendida. La figura del pelinegro se encontraba agachada y jadeante, su enojo iba en aumento y era muy difícil tener autocontrol de sí, se incorporó paulatinamente y miró fijamente al peliplateado.
-No puedo permitir que me mates aún, si quieres pelear te complaceré –mencionó la sombra sacando su espada –pero si no te calmas acabaré contigo en un abrir y cerrar de ojos.
-Bien, entonces así será.
Aún desde la lejanía se lograba escuchar el ruido del metal chocando entre sí, las dos siluetas masculinas se movían a gran velocidad y tal gracia que parecía una danza secreta. Llevaban luchando varios minutos sin parar, coincidieron al detenerse en el preciso lugar de su encuentro, sus respiraciones eran agitadas pero no dejaron de mirarse ni bajar la guardia.
Maldición…
Su estado era patético. Sabía que no estaba en condiciones para luchar con un ser de luz pero también sabía que era imposible evitar esta pelea. Quizás si no se hubiera puesto a exterminar kokuchis desde esa noche ya hubiera terminado con semejante show, incluso se daba cuenta de que el pelinegro estaba peleando de lo peor y ni siquiera le podía acertar un golpe fatal.
En los últimos minutos solo se había dedicado a esquivar los golpes del pelinegro, en un comienzo daba resultado pero con el paso del tiempo comenzó a sentir su cuerpo cada vez más pesado y de a poco se le fue difícil leer los movimientos de su adversario. Se encontraba extenuado pero no podía rendirse, de pronto sintió que su cuerpo pesaba tanto que no podía moverse, comenzó a ver doble y ese instante de debilidad lo supo aprovechar muy bien Kou al insertarle un golpe con toda su fuerza en el abdomen.
Su vista se nubló, caía pesadamente por culpa de la gravedad, no se podía mover para caer lo mejor posible. La polvera que produjo el impacto cubrió un gran perímetro, el viento ayudó a disipar el polvo para finalmente ver el cuerpo tirado del peliplateado. Yacía inerte en el frío suelo, su respiración era demasiado lenta, se sentía débil y comenzaba a perder la razón. Intentó levantarse pero todo fue en vano, no poseía las fuerzas suficientes para levantarse de ese lugar ni menos para continuar esa patética batalla. Sentía los pasos de aquel hombre acercarse más y más a él, una sonrisa se formó en sus rojizos labios, si ese era su fin no podría perdonárselo nunca. Cerró sus ojos fuertemente esperando el fin, ya no aguantaba estar conciente pero no se rendiría, su mente forjo las imágenes de todos los momentos que pasó junto a Akira, el día en que lo encontró y el día en que lo transformó. Aquellos recuerdos eran como miles de dagas atravesar su corazón.
Kou avanzaba lentamente hacia su enemigo, para él era increíble que un rey de las sombras diera tan poca batalla pero más lástima le dio al ver el estado en que había caído Shirogane. Se detuvo frente a él y lo vio en deplorable estado con la respiración demasiado lenta, no entendía muy bien y definitivamente tenía una incertidumbre en su interior pero la rabia era mucho más grande que su razón. Se estaba preparando para darle el golpe final cuando escuchó unos extraños ruidos salir de sus labios, su curiosidad fue más grande que sus deseos de acabar con su vida por lo que se acercó hasta quedar a la altura de su cabeza y se agachó.
-Lo… siento, Akira… Ryuuko…
El asombro que se reflejaba en el rostro del pelinegro era inmenso, esas simples palabras provenientes de la sombra lo descolocaron completamente. Observó fijamente el rostro pálido de Shirogane y de ahí se fijo en el rosado de sus mejillas y de sus labios resecos. El miserable había estado peleando enfermo. Al darse cuenta de ello su sangre hirvió, se levantó y dio media vuelta pero algo no le permitía dejarlo tirado en ese estado. Apoyó su pesado cuerpo en su hombro y se fue de ahí con la sombra en dirección hacia su casa, al llegar tendió al peliplateado en el sofá con brusquedad luego desapareció unos minutos para volver con un vaso de agua y unas píldoras.
-Esto le ayudará –dijo para sí –Despierta, Shirogane.
-¿Dónde…?
-No agotes tu energía –su respiración se había vuelto rápida y sus mejillas se encontraban más rojas que antes –toma esto, te sentirás mejor
-Yo no… -no sabía con quien ni donde estaba, ni siquiera era capaz de levantar sus brazos por lo que el pelinegro tuvo que ayudarlo para tomarse las píldoras.
-¿Cómo has llegado a tal estado? ¿Dónde has estado los últimos días?
-Vagando… la ciudad, matando… matando… -no podía ni formar una oración coherente.
-Es esa la razón por la que no ha habido kokuchis últimamente –dijo asombrado - ¿Acaso has estado exterminándolos durante todo este tiempo?
-Tranquilidad… Akira… -lentamente perdía la conciencia -lo siento Ryuuko
-Idiota…
Era imposible que aquel bastardo haya estado peleando sin parar durante todos esos días, simplemente no lo entendía. No sabía que pensar hasta el momento, claramente ahora no podía lanzarse sobre él y atacarlo pero no deseaba dejar las cosas como estaban y sentarse a esperar a que Akira sufriera nuevamente por su culpa. No, definitivamente no podía permitirlo nuevamente, pero… Se tomó la cabeza con frustración, definitivamente no sabía que hacer y el tiempo se iba agotando, repentinamente se levantó de su lugar, tomó su chaqueta y desapareció del departamento.
*****·*****
El parque se encontraba cubierto por los cerezos y una brisa volaba traviesamente los pétalos caídos en el sendero. Caminó automáticamente sin saber donde ir, algo extraño lo guiaba contra su voluntad pero tampoco tenía deseos de detenerse. Junto al lago lo vio, de espaldas hacia él, quiso gritar su nombre pero no tenía voz alguna, entró en desesperación.
El viento comenzaba a soplar incesantemente pero suave, la corta cabellera negra del muchacho era revuelta por la extraña brisa y sus ropajes oleaban con delicadeza en plena armonía. Intentó sacar la voz pero era en vano, comenzó a caminar con una sonrisa en su rostro por ver a la persona por la cuál vivía, extrañamente parecía no avanzar, aceleró un poco el pasó pero nada, finalmente terminó corriendo hasta él como si su vida dependiera de ello pero aún así no lograba acercársele.
Cayó de rodillas pesadamente. El joven miró sobre su hombro y ambas miradas, carmesí y zafiro, se cruzaron intensamente. El viento que antes soplaba en una sola dirección comenzó a rodear la figura del menor encerrándolo en un torbellino de pétalos de cerezo, lentamente su silueta comenzó a desvanecerse con lentitud. El peliplateado comenzó a gritar con todas sus fuerzas pero el único sonido que se podía escuchar en todo el lugar era el de las ráfagas de viento. Se puso de pie rápidamente y comenzó a caminar hacía el joven pero cada vez que daba un paso la figura del menor iba desapareciendo más y más. Finalmente llegó hasta él, su silueta era totalmente traslucida, alzó su mano hacía el pelinegro y este solo lo observaba fijamente hasta que desvió la mirada hacía el cielo dándole nuevamente la espalda al mayor. Trató de tocar su hombro pero al tener un pequeño roce el menor había desaparecido junto al viento.
Se encontraba fuera de sí, parado estático en ese mismo lugar. El cielo azul que había se fue transformando cada vez más en un gris oscuro, ya no había brisa alguna que soplara. Solo un silencio lo rodeaba, un mortal silencio. Se fijo en su alrededor, todo parecía muerto, los cerezos se encontraban secos y los pétalos en el sendero parecían cualquier tipo de hojas secas y grisáceas. Volteó hacia el lago y este parecía haberse secado de la nada, todo su mundo comenzaba a desmoronarse, algo lo obligó a mirar al suelo y fue una gran sorpresa para él ver las sombras acercárseles. No podía correr hacia ni un lado, era rodado por la negrura que se iba acercando de a poco hasta llegar a sus pies, lentamente iban cubriendo su cuerpo inmovilizándolo por completo hasta que finalmente fue envuelto por la oscuridad eterna…
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¿Qué tal? Me siento algo nerviosa ya que con el premier capitulo no tienen mucho en común (para los que esperaban más acción) pero era primordial saber que sentían ambos personajes para el esperado reencuentro que, dependiendo de ustedes, tendrán.
Agradezco que hayan leído hasta el final y un Review de su parte sería un gran pago a esta humilde escritora que necesita aliento e inspiración.
Los amo mucho a todos y no dejen de leerle
Hasta la próxima…
