Sus padres la observaban con preocupación, lo cual la hizo temblar. Pero estaba decidida, no podía ocultárselos más tiempo. Se sentó en el sofá frente a ellos y los miró directamente a los ojos.

-¿Qué ocurre hija? –preguntó esta vez su padre con cierta ternura

-yo sé que esto no les va a gustar, pero espero que me entiendan…

-¿de qué hablas? –Miku dio un largo suspiro

-e-estoy embarazada –dijo sin dar más rodeos. El rostro de sus padres se volvió de piedra, lo cual la asustó.

-¿¡que estas qué! –gritó de pronto su padre con enfado, haciéndola saltar en su asiento. Su madre solo comenzó a llorar -¿¡porque demonios tenías que andar creyéndote adulta!

-yo…

-¡apenas tienes 16 años por Dios! ¡Eres una niña!

-pero papá…

-¿de quién es?, ¡responde Miku! ¿Quién es el padre?

-no va a responder por él –murmuró Miku rompiendo en llanto.

-te largas de mi casa, no sabes cuánto me desilusionas Miku –le ordenó su padre, tomándola por sorpresa.

-¿Cómo?

-a partir de hoy no eres mi hija, ¿no te gusto andar creyéndote adulta?, pues bien, hazte cargo.

Su padre salió dando un portazo y su madre corrió a encerrarse en su cuarto. Miku guardo algunas de sus cosas en una mochila, incluyendo sus cuadernos y algo de ropa, y salió de su casa sin dejar de llorar. Para su mala suerte el clima era horrendo y la lluvia no tardo en caer. Lo primero que hizo fue tratar de pedirle ayuda a Kaito, por lo que camino hacia su casa.

-¿Qué quieres? –le pregunto el peliazul susurrando para que nadie notara su presencia.

-mis padres me echaron de la casa apenas supieron de mi embarazo

-pues no es mi problema, ahora lárgate, yo ya te propuse una solución y tu no la aceptaste.

-pero Kaito, te necesito

-eso debiste haberlo pensado antes de embarazarte

-este bebe también es tuyo

-¡no lo digas tan fuerte! Vete antes de que alguien note que estas aquí

Sin más que decir el joven le cerró la puerta en la cara. Miku volvió a llorar, caminando por un largo rato bajo la lluvia. Luego de casi una hora llegó hasta un parque, donde se sentó a descansar. La lluvia parecía interminable, lo cual poco le importo. Estaba sola, completamente sola. Kaito la había rechazado y sus padres la habían abandonado a su suerte.

-¿Qué voy a hacer ahora? –Se pregunto, secándose torpemente una lágrima –ni siquiera soy capaz de cuidarte bien, estamos solos… solo tú y yo –murmuró tocándose el vientre. De pronto las gotas de lluvia dejaron de caer a su alrededor. Miku levantó la vista, descubriendo que alguien la cubría con su propio paraguas.

-Miku… -la llamo Len. Ella se colocó de pie como por reflejo, abrazándolo con fuerza. El rubio había ido a comprar a una panadería cerca del parque cuando la vio sentada bajo la lluvia -¿Qué pasó?

-mis padres me echaron de la casa –le contó ella sin dejar de llorar. Len la rodeo con sus brazos, lo cual le daba algo de calor a su frio cuerpo. –me dijeron que ya no era su hija, que los había decepcionado, estoy sola Len

-no lo estas –le dijo el rubio mirándola a los ojos. –me tienes a mí, ven, vamos a mi casa, te vas a resfriar aquí, allí vemos que hacemos para ayudarte ¿sí?, pero por favor ya no llores mas, eso no le hace bien a tu bebe.

-mi bebe –repitió casi mecánicamente.

Se sentó junto al rubio, quien acelero para llegar lo más pronto posible a su destino. No quería que la peliturquesa se fuese a enfermar, mucho menos en su estado. Condujo a través de varias calles hasta detenerse frente a una inmensa casa de color verde agua con 2 ventanales en la entrada y un balcón que daba a la calle. El patio estaba decorado con varias flores y unos cuantos árboles frutales. De verdad era una casa hermosa, típico de los Kagamine.

Len la hizo entrar rápidamente, ya que la lluvia seguía cayendo con intensidad. El interior de la casa era igual de lindo. La entrada daba a un pequeño corredor que dejaba justo en el living, a la derecha se encontraba la cocina, y a la izquierda el comedor y una pequeña sala de juegos.

-tu casa es hermosa –murmuró algo sorprendida. Len sonrió cálidamente, dejando algunas bolsas en la cocina.

-gracias, ehh… Miku, lo mejor será que subas y te des un baño. Rin salió, y siempre deja su cuarto con llave, asi que usa mi baño.

-pero… ¿no es mucha molestia? –preguntó Miku tomando su mochila, descubriendo que estaba completamente empapada –no, mis cosas

-¿se mojaron? –Le preguntó el rubio, a lo que ella asintió –voy a encender la estufa para que se sequen ¿de acuerdo? Ven, veamos que puedes ponerte mientras tanto.

Miku lo siguió hasta su cuarto, el cual se encontraba algo ordenado, pero no le dio importancia. Len saco algo de ropa de su estante, y se la paso para que se la colocara luego de ducharse.

-úsalo mientras Rin vuelve, date una ducha con agua tibia y bajas para comer algo

-de verdad Len, no quiero ser una molestia para ustedes

-no lo eres Miku, Rin y yo vivimos solos, siempre nos viene bien algo de compañía.

-¿y sus padres?

-siempre están en viajes de negocios, ahora viven en Italia, y nos envían el dinero suficiente como para mantener a un ejército.

Len salió, dejándola sola en ese inmenso estaba portando muy bien con ella, pero sabía que era solo por el momento, no quería darles problemas a ellos también, lo mejor sería comenzar a pensar que haría para hacerse cargo de su bebe. Luego de bañarse se colocó la ropa que Len le había pasado, y como no era mucha la diferencia entre sus físicos, no le quedaba muy grande.

Len la esperaba en la cocina, donde le sirvió una taza de chocolate caliente, y se sentó el uno de los sofás de la sala de juegos, mirándola fijamente.

-ahora dime, ¿Qué fue exactamente lo que te paso? -Miku dio un suspiro y se sentó a su lado.

-decidí contarles todo a mis padres hoy mismo, pero jamás pensé que reaccionarían así, se veían tan desilusionados, mi padre me trato pésimo, me dijo que yo era una niña, que porque tenía que andar haciendo cosas de adultos, que ya no era más su hija… -al decir lo ultimo las lágrimas nuevamente comenzaron a salir de sus ojos, lo cual entristeció a Len –después trate de pedirle ayuda a Kaito, pero solo me cerró la puerta en la cara

-ese maldito cobarde –murmuró Len abrazándola. En ese momento entró Rin, seguida de Mikuo, quien traía unas bolsas

-hmm, Len –los jóvenes se separaron de inmediato, mirándolos con algo de duda –Miku, ¿Qué haces aquí?, ¿Qué te paso amiga?

-prima, ¿Qué te dijeron los tíos?

-que ya no era su hija –le contestó Miku sin dejar de llorar. Esta vez fue Rin quien la abrazó, secándole las lágrimas –me echaron de la casa

-la encontré en el parque que está cerca de la panadería y me la traje a la casa –dijo Len llevando las bolsas a la cocina –estaba toda mojada, asi que le pasé algo de mi ropa, como tu cierras tu pieza con llave cuando sales

-no sé qué decirte prima –murmuró Mikuo sentándose con ella para abrazarla. – te diría que te quedes en mi casa mientras se les pasa el enojo a mis tíos, pero tú conoces a mi mamá, ella te va a juzgar y molestar como si ella fuera tu mamá, y no quiero que te causen más disgustos.

-si quieres puedes quedarte con nosotros, hasta que a tus padres se les pase la rabieta –propuso Rin con una sonrisa de oreja a oreja

-de verdad, ya se lo dije a Len, no quiero ser una molestia para ustedes

-y yo ya te dije que no lo eras, lo que si eres es una burra

-¡Len!, no le digas eso –le grito su gemela dándole un golpe en la espalda –Miku, de veras que no molestarías, tenemos 2 habitaciones que nadie ocupa, no quiero que mi futuro ahijado pase frio

-¿y quién dijo que serías la madrina? –Preguntó Mikuo en tono burlón, recibiendo un puñetazo como respuesta –lo siento cariño

-vamos Miku, solo será por un tiempo

-si no soy un estorbo, supongo que podría ser una idea mejor que dormir en la calle –murmuró Miku con resignación.

Len preparó la cena, en tanto Rin ayudaba a Miku a instalarse en su nueva habitación, la cual estaba decorada con muchas fotografías de ellos desde que tenían 7 años, la excusa, Rin usaba ese cuarto como la "habitación de los recuerdos", aunque a Miku le gustaban las fotografías, en especial cuando en ellas aparecían las únicas 3 personas que eran capaz de apoyarla en una situación tan difícil para ella.