Capítulo I: Mi Sol

La luz del sol comenzaba a entrar por mi ventana. Quise dormir un rato más pero esa luz no me dejaba. Me desperecé y agité mis rizos cobrizos. Papá y mamá ya se deberían de haber dado cuenta de que estaba despierta, aunque como justo ese día brillaba el sol no me podrían llevar a la escuela. Cuando salí por la puerta Tía Alice vino corriendo a abrazarme y a llenarme la cara de besos.

-Tía Alice, ¡qué efusiva estás hoy! ¿Ocurre algo?- le pregunté con curiosidad.

-Nessie, ¿Cómo puedes haberlo olvidado? ¿En serio no sabes qué día es hoy?- preguntó asombrada.

-No lo sé tía, no lo recuerdo… ¿26 de agosto?

-Sí, Nessie hoy es tu decimosexto cumpleaños.

-Ah, bueno.- dije- ¿Y para eso tanto escándalo? Desde los siete años aparento dieciséis, no ha cambiado nada.

-Te pareces a tu madre cuando era humana con sus cumpleaños.- dijo con la mirada perdida. Le puse una mano en la mejilla transmitiéndole un recuerdo.

**Mamá estaba preocupada mirando por la ventana viendo como el abuelo Charlie se iba a su casa y Tía Alice, Tío Jasper y Tío Emmett cuchicheaban en bajito. Papá agarraba a mamá por la cintura y sonreía, porque sabía perfectamente que estaban tramando. Tía Alice se acercó a mamá saltando y le dio un abrazo y un beso en la mejilla. Le colocó una llave en la mano. Mamá le miró extrañada y le preguntó:

-¿Qué es esto?

-Unas llaves ¿no lo ves?- rió Tía Alice.

-Ya lo veo pero, ¿porqué?

-¡Tonta es tu decimonoveno cumpleaños!

-¿QUÉ?- gritó mamá.

-Hoy es 13 de Septiembre, es tu cumpleaños.- aclaró papá.

-NO, NO, NO Y NO.- siguió gritando mamá.- yo tengo 18 años y ahora para toda la eternidad. ¿Por qué Edward se puede quedar con sus 17 años eternos?**

Tía Alice sonrió recordando ese día.

-¡Qué memoria tienes Nessie! Acababas de nacer y estabas creciendo muy rápido, pensé que no te acordarías.

Me reí.

-Sí ya pero lo recuerdo todo día a día, y créeme tengo un álbum de fotos de cada día de mi vida.- dije pensando en la escalofriante cifra de álbumes de fotos que había en mi cuarto, todos fechados con un día diferente.

-Nessie, ve a la ducha, que luego tenemos una sorpresa para ti.- sonrió, me volvió a besar en la mejilla y se marchó corriendo como un rayo.

Caminé lentamente hasta mi cuarto de baño. Me metí debajo del agua caliente. Enjaboné mi cabello con mi champú de melocotón y lima, que me hizo sentir más… diría humana pero no lo soy del todo, ni siquiera vampiro, persona estaría mejor.

Cuando salí me tomé mi tiempo para secar mis rizos con el secador y colocarles en su sitio con mi rizador. Quizá mamá no fuese muy coqueta, aun siendo tan hermosa, pero Tía Alice y Tía Rose sí lo eran, y en eso me parecía a ellas bastante. Me puse el vestido azul lavanda y las sandalias plateadas. Bajé las escaleras dando saltitos y cuando me quedaban 3 escaleras me tropecé con mis pies y me caí. Puede que fuese muy rápida, puede que saltase muy alto, pero era total y completamente descoordinada. Nadie vino a levantarme, ya estaban acostumbrados, aunque por supuesto tendría que soportar las bromas de Tío Emmett.

Me levanté. Por supuesto no me había hecho ninguna herida, eso era prácticamente imposible si tenemos en cuenta la dureza de mi piel.

Antes de que entrase en la cocina mamá corrió a abrazarme.

-Hola Renesmée.- por cierto, mamá es la única que me llama Renesmée. Tío Emmett es el único que se atreve a llamarme Nessie delante de mamá, todos los demás le tienen miedo y el abuelo Carlisle y la abuela Esme sólo por no hacerla renegar.

-Buenos días mami.- dije abrazándola.

-Tu padre y yo tenemos algo para ti. – papá se acercó a nosotras.

-Buenos días corazón.- me besó en la mejilla. Agarró a mamá de la mano. Se aman más que nada, se les puede ver en los ojos cada vez que se miran.

-Buenos días papi.- me tendieron una pequeña cajita.

-¿Qué es? -pregunté curiosa.

-Ábrelo y lo verás.- dijo papá.

Lo abrí. Era un pequeño lobo tallado en una piedra de la playa de La Push, ese lugar que yo tanto amaba y que echaba de menos. Una lágrima rodó por mi mejilla.

-Gracias.- no tenía palabras para expresarles cuanto se lo agradecía y le puse a cada uno mi mano en la mejilla. Con esto al menos fui capaz de mostrarles mis sentimientos. Mamá sonrió y me abrazó fuerte y papá me guiñó un ojo. Llegamos a la cocina. Tía Rose y Tía Alice me habían comprado más ropa y como ya no me cabía en el armario me habían regalado otra habitación para poder dejarla. Eran increíbles. Tío Jasper y Tío Emmett me habían comprado un coche, un porsche mucho mejor que el de Tía Alice y de color azul cielo (que legalmente sólo podía conducir en los Estados Unidos). Mamá me había preparado una macedonia de frutas. Obviamente prefiero la sangre, de animal claro, pero las frutas me encantan. Mi favorita es la manzana roja.

Los abuelos no habían llegado todavía y supuse que no les vería hasta la noche porque no podían permitir que les viesen a la luz del sol.

Me despedí alegremente de todos y cogí mi chaqueta y mi bolso con los libros. Cuando estaba abriendo la puerta el sol me deslumbró, MI SOL PERSONAL.

-Jake, Jake, ¿qué haces en Estocolmo?- pregunté con lágrimas en los ojos. Hacía un par de años que nos habíamos tenido que marchar de Forks porque ya estabamos hartos de estar escondidos. Mamá y papá sabían perfectamente que era imposible separarnos, así que cada fin de semana nos veíamos o en Forks o él venía a Suecia.

-Venir a felicitarte por tu decimosexto cumpleaños Nessie.- me susurró al oído aunque la casa estaba plagada de vampiros, seguramente lo habrían oído todo.

-Eres el mejor regalo de cumpleaños.- hacía dos semanas que no le veía y si bien no habían sido semanas tristes del todo sentía que me faltaba algo importante.

-Mmmm… ¿Me ves un lazo en la cabeza o envuelto en papel de regalo?- bromeó.- Te he traído algo.- dijo mientras me besaba en la mejilla, muy cerca de la comisura del labio. Papá se puso tenso, casi no nos habíamos dado cuenta de que se habían acercado todos a saludar.

-Hola Jake.- dijo mamá dándole un beso en la mejilla.

-Valla Bella, ni si quiera cambiarte de país hace que huelas mejor.- se rió. Mamá le lanzó una sonrisa forzada, enseñándole los dientes.

-Chucho.- saludó papá.

-Sanguijuela.- dijo Jake. Les miré mal a ambos y se rieron.

-Hola perrito.- dijo Tía Alice pegándole un puñetazo amistoso… que seguramente le dolería todo el día.

-¡Oh vidente! ¿Qué noticias nos traes hoy?- Tía Alice le sacó la lengua y se refugió en los brazos de Tío Jasper. Tío Jasper gruñó a Jake.

-¿Qué tal por Forks?- preguntó ¿amablemente? Tío Emmett. Todos nos le quedamos mirando asombrados y añadió.- perro.

-Bastante bien sanguijuela, aunque desde que os fuisteis tenemos que vigilar a menudo a los habitantes porque se producen constantes ataques de los vuestros.

Todos nos quedamos callados y pensativos. Un escalofrío recorrió mi espalda al imaginarme a toda esa pobre gente. Tenía a Jake tomado de la mano y este vio lo que pensaba.

-No te preocupes Nessie, están todos bien.

-Renesmée cariño, vas a llegar tarde a clase.- dijo mamá.

-Jo mami ¿no me puedo quedar hoy en casa alegando enfermedad? Es que el colegio ya me aburre mucho, me lo sé todo.- refunfuñé.

-Te acompaño yo.- se ofreció Jake. Papá gruñó pero sabía que así era la única manera de que fuese a clase. Ellos venían conmigo al instituto, pero los días soleados se quedaban en casa. Es muy extraño que tus padres vayan contigo al instituto, incluso si parecen tan jóvenes como tú.

-¡Vale! Vamos Jake.- dije agarrándole la mano y arrastrándole fuera.

Caminábamos en silencio cogidos de la mano, pero yo le iba explicando a cámara rápida lo que había pasado las dos últimas semanas. No me di cuenta de censurar a mis compañeros de clase, que sin quererlo se habían convertido en mis más fervientes admiradores. Papá se ponía furioso cuando les leía la mente y mamá le tenía que calmar para que no les cortase en cachitos. Con Jake me ocurrió lo mismo. Cuando llegamos a "Runan Skölor", mi instituto, uno de mis compañeros estaba en la puerta esperándome, supongo que para pedirme los deberes. Jake le dirigió una mirada llena de odio, y el pobre chico se asustó. Se dio cuenta de que íbamos de la mano y me dijo en sueco que luego me veía.

-¿Qué te ha dicho?- dijo Jake enfadado.

-Que luego nos vemos- dije entre risitas.

-Que tenga cuidado.- refunfuñó.

-¿Estás celoso?

-Sí.- dijo se inclinó y me besó en los labios. Lo hizo con furia, con fuerza y a la vez con un amor tan dulce e intenso que deseé que ese momento jamás acabase. Era la primera vez que me besaba a pesar de que tenía este aspecto desde casi al menos 10 años.

Se separó lentamente de mí y me regaló una nueva pulsera de cuero (rojo) trenzada. Sin duda era mucho más hermosa que la otra.

-Te quiero.- me susurró. Me puse de puntillas y le volví a besar.

-Yo también te quiero -le dije. Le guiñé un ojo y me metí al colegio a punto de hiperventilar.


Hola!

Ya visto que el prefacio solo no tiene mucho exito, os pongo el primer capítulo. No dudeis en dejar reviews si lo leeis porque me hace muchíiisima ilusión!

Un beso,

Elle