Aclaración: Evidentemente que nada de esto me pertenece, excepto la historia. Si fuera dueña de LucasArts o Bioware, definitivamente habría mostrado la escena del beso entre Bastila y Revan a bordo del Halcón en vez de una ridícula pantalla negra. ¿Soy la única que se siente estafada por eso?

Mas el show debe continuar.

Star Wars
Caballeros de la Antigua República
Fragmentos

Kashyyyk, Rwookrrorro Village, Dentro de una choza Wookie

La lluvia caía incesante fuera de la choza. Dentro, unos crepitantes leños sostenían un incipiente fuego en el medio de la casa. T3–M4 descansaba en modo stand–by en un rincón. Bastila miraba, algo melancólica, por una rústica ventana hacia fuera… tenían tanto por enfrentar aún. Al día siguiente, cuando la lluvia amainara, descenderían a las shadowlands en busca de su segundo starmap. La agotaba un poco pensar en ello… sobre todo pensar en Eaden. Últimamente no podía evitar mirarlo, no dejaba de invadir sus pensamientos… y lo peor, era que su entrenamiento no la estaba ayudando para nada al respecto. Suspiró ampliamente. No debía desconcentrarse de su misión. Entonces, una voz grave y profunda llenó la choza.
- Bastila¿quieres unas fresas? Están deliciosas.
Ella se volvió y lo vio sentado de piernas cruzadas frente al fuego. Las llamas iluminaban su rostro, danzando entre sus cabellos y sus ropas. A su lado, un pequeño plato de madera con numerosos frutos reposaba en el suelo.
- Realmente no tengo mucha hambre… – respondió. Quería evitarlo a toda costa, antes de que se decidiera a hacer algo de lo que podría arrepentirse…
¿Cómo que no? No has comido en todo el día¿cómo planeas derrotar a las fuerzas del lado oscuro así? – sonrió – Además, creo haber escuchado claramente el rugir de tu estómago…
¡Claro que no! – exclamó. Luego le dirigió una mirada suspicaz. – Disfrutas mucho molestándome¿verdad? – Eaden amplió su sonrisa.
- Es mi pasatiempo favorito, preciosa… ahora ven y siéntate conmigo. No me obligues a ir por ti… – lo decía en serio, y Bastila lo sabía. Le levantó una ceja y se dio por vencida. Caminó unos pasos y fue a dar frente a él, con el fuego entre los dos. Eaden pareció ligeramente sorprendido. "¿Creyó que me sentaría a su lado?" pensó la joven Jedi. Lo miró directamente a los ojos, y él sostuvo su mirada sin dejar de sonreírle. – ¿Qué vas a querer?
¿Alguna recomendación? – preguntó, con un dejo de coquetería en su voz. Por el poder de la Fuerza¿es que acaso no podía controlarse?
- Está todo delicioso… aunque estas uvas están sublimes. – dijo, cogiendo un racimo de uvas moradas. Separó una y la hizo flotar sobre el fuego hacia su compañera. Ella se extrañó.
¿Qué estás hacien…? – no pudo decir nada más; cuando abrió la boca para hablar, Eaden aprovechó para depositar la uva entre sus dientes. Bastila la masticó, su sabor era dulce y suave. – No deberías usar la Fuerza para estas nimiedades, Eaden. El Maestro Vrook te reprendería severamente si se enterara de…
- El Maestro Vrook es muy rígido. – replicó – ¿No me enseñaste tú misma que debía dejar fluir la Fuerza libremente por mi cuerpo, que debía usarla para ayudar a otras personas?
¿Y de qué manera me estás ayudando, si pudiera saberse? – preguntó, medianamente divertida.
¿No es obvio? Te estoy alimentando. Estoy satisfaciendo una de tus necesidades básicas como humana. Es más importante de lo que imaginas. – concluyó.
- Bien, pues puedo satisfacer mis necesidades básicas por mi propia cuenta, gracias. No necesito que… ¡Eaden, bájame en este preciso momento! – la muchacha levitaba a 2 metros del suelo.
¿O si no qué? – la desafió, casi riéndose.
- Eaden, no tenemos tiempo para estos juegos. ¡Si no me bajas ahora mismo, me vas a ver realmente enojada! No puedo creer que con la galaxia en riesgo tú sólo pienses en… – no pudo completar su frase. En un ágil movimiento, Eaden la había bajado, recibiéndola directamente entre sus brazos.
- Tus deseos son órdenes, Princesa Jedi. – bromeó. – Sana y salva en tierra firme. ¿Contenta? – Mm. Siempre le resultaba reconfortante tenerla entre sus brazos…
- No, para nada. – le gruñó. Quiso pararse y alejarse de él, pero Eaden se lo impidió gentilmente. – Déjame ir… no creo que al Consejo le agrade saber que, en vez de estar buscando los starmaps, estamos dedicados a… "conocernos mejor" dentro de una choza wookie… a parte, no es el ambiente más romántico para esto. – terminó.
¿Que no es un ambiente romántico¿De qué planeta vienes? Estamos solos, en una choza iluminada por una fogata, con la lluvia cayendo sobre los árboles afuera y con el arrullo del bosque de música de fondo. ¿Qué más quieres, mujer?
- Eaden… – su rostro se tornó serio – te lo he dicho mil veces. No podemos. No está permitido. No… – sus palabras fueron acalladas por un profundo beso que Eaden le plantó en los labios. Tanta calidez, tanta suavidad, tanta ternura… cerró los ojos, perdiéndose en las sensaciones que la embargaban y en la electricidad que recorría sus cuerpos. Sin saber lo que hacía, rodeó el cuello del Jedi con sus brazos, queriendo atraer su rostro aún más hacia ella, nunca dejar de sentir el roce de sus labios contra los suyos. Tanta pasión había en ellos… "¡Pasión¡Esto está mal!" sujetándose de sus hombros, se separó a duras penas de él, quien la miró inquisitivamente y algo ruborizado. – No debimos hacer eso, no debimos ceder a nuestras emociones básicas. Estuvo mal.
- Bastila, no digas eso. Yo te… – esta vez fue ella quien lo silenció posando un suave dedo sobre sus labios.
- No lo digas. – cerró los ojos – Debemos… ser fuertes. Resistir estas tentaciones. Ése es el camino del Caballero Jedi. – agitada, se separó completamente de él y se puso de pie. – Voy a… voy a volver al Halcón. Necesito alejarme de ti y debilitar estos sentimientos, antes de que hagamos algo de lo que podamos arrepentirnos.
- No te vayas. – le pidió, reincorporándose. Bastila vio la decepción, la tristeza, reflejada en sus ojos. – No sería bueno que te mojaras en una lluvia como ésta. Yo me iré. – abrió la puerta sin mirarla. – Buenas noches. – se despidió, con un tono consternado y salió de la choza. Bastila cerró los ojos. "No hay emoción, hay paz…"

Tras la puerta, Eaden se dejó empapar por la lluvia. Quería enfriar su cabeza tanto como su corazón. No volvería al Halcón. Quería estar solo… y aceptaría sólo a la lluvia y a la noche como compañía.