Nueve de espadas: "Torturas mentales a las que nosotros mismos nos sometemos, ansiedad, preocupación, vergüenza, insomnio, miedo a liberar la caja de pandora, miedo al futuro."
Esa chica...
Nerea era esa chica que en vez de vestidos vestía pantalones, que soñaba con ser el guerrero de los cuentos de su padre y no la princesa salvada. Que primero actuaba y luego hacía las preguntas. Una chica valiente, un alma libre y una madre poderosa.
Nerea tenía una familia fuerte, no siempre se entendían, no siempre se agradaban, en ocasiones discutían o eran intolerantes con ella. Pero siempre coincidieron en una cosa.
Querían que Panem fuera libre.
Con esas ideas fueron a la guerra, las mismas de Nerea, quién no vaciló en dejar a su hija preadolescente y marido atrás y lanzarse a la batalla, quién perdió mucho y ganó tan poco.
Ahora de esa chica ya no queda nada. Solo cicatrices, lágrimas y dolor.
La guerra terminó y Nerea ya no vive, tiene a Iván y a una hija, pero no le es suficiente. Nerea se encierra, chilla, raspa los brazos y, si no la retienen, la garganta y, definitivamente, sufre.
Incluso aunque físicamente esté bien. Aunque no esté en la calle. Ella ya no lucha, llora y se tortura, está aquí y a la vez no. Tiene miedo a avanzar, a vivir y disfrutar.
Tiene miedo a que, otra vez, le arrebaten lo poco que tiene.
Por eso grita y pierde los nervios cada vez que le reportan que su marido no está contento en su trabajo. Por eso abraza a su hija como si no hubiera mañana y le hace prometer que siempre cumplirá las normas. Por eso discute con su marido, por las mismas normas que ella misma transgredió en defensa de unos preceptos que le hicieron perder todo.
Pero Iván la mira y no comprende, él no estaba en la guerra, él vivía en el refugio, arropando y cuidando a la dulce Nellie, no perdió a nadie, solo a ella y se niega a aceptarlo.
Por eso discuten, se gritan desvelando como se avergüenzan el uno del otro, y de sí mismos.
Y mientras, la dulce Nellie, de trece años, intenta vivir con las consecuencias de lo que ellos dos armaron.
Ella era el punto de inflexión, la razón de que Nerea se lanzara a la guerra sin pensar, por ofrecerle un mundo mejor. Y de que Iván proteste y busque motivos y ocasiones de rebelarse, evitarle los juegos, el dolor y el sufrimiento.
Sin advertir que ahora mismo el más crudo sufrimiento de esa chica son los gritos que día tras día protagonizan él y su esposa por culpa de la caída de la revolución...
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Nota: Hace muuucho tiempo me invitaron a un syot de la tercera edición y mi tributo era Nellie Hoffman del distrito 5, aquella niña a la que se refiere el relato. Solo que por aquel entonces no sabía crear tributos. Por ende mi tributo apenas tenía personalidad y muchos detalles de su ficha eran confusos. Siempre quise editarla, retomarla, darle vueltas, pero entre que Bella, la creadora del syot lo abandonó antes de que saliera; y la pereza en general que da coger algo caído en todos los frentes y reconstruirlo, nunca lo hice.
Sin embargo, con el relato de las cartas pues muchas cosas surgen y la historia de su madre se me perfiló por aquí. En la historia original la mujer se llamaba Sushine, tenía una familia pero todos murieron en la guerra, excepto Nellie y su marido, que la vivieron en los refugios del subsuelo, a buen recaudo. Como consecuencia la mujer quedó mortificada y obsesionada con las normas y su obediencia, no importa como fueran. Nellie, por su parte, es una chica asustadiza y tímida, habituada a ver a su madre tan mortificada que se volvió casi tan sumisa al Capitolio como ella. Pero entre medias está su padre, quién trabaja como operario de la central eléctrica del distrito cinco y la rebeldía que todavía lleva dentro. Espero que os guste el producto. :D
