¡Buenas de nuevo! Aquí tenéis el siguiente capítulo. Pero antes, tres cosas:
1) No sé si la historia os está gustando demasiado. Los cinco que habéis enviado review habéis dicho que sí, pero es que tengo 106 lecturas, y si de esas 106 lecturas sólo han salido 5 reviews es que algo pasa. :-S
Soy una escritora algo insegura, así que ya sabéis, necesito feedback. xD
2) Gracias a los cinco que me habéis puesto en alertas: Teddy Weasley, Dayan Hale, Lily Black 14, Kari Uchiyama y Shinawa.
Gracias también a los que habéis marcado la historia como favorita: Teddy Weasley (otra vez), Dayan Hale (otra vez), AnnaDeLioncourtCullenMasen (vaya nombrecito tienes puesto, me ha costado escribirlo... xD) y Majo1982.
3) Los reviews que me habéis mandado desde vuestras cuentas en fanfiction serán respondidos a vuestros correos electrónicos directamente. Como sólo hay un review anónimo, lo contesto rápidamente aquí:
¡Hola, Amy! Sí, a mí también me encanta Jacob. Es mi personaje favorito, junto con Seth Clearwater (sí, dos lobos, ¿qué le vamos a hacer? Soy toda una chica loba). Al igual que tú, me alegré mucho cuando ví que las cosas se arreglaban para él. El pobre ya había tenido bastante.
¿Te gusta cómo escribo? Vaya, gracias. xD Me alegro de que te guste, aunque a mí, la verdad, me parece que tengo demasiado que mejorar. Seguiré trabajando en ello para daros lo mejor de mí misma en cada capítulo. Un abrazo muy fuerte, y espero seguir viéndote por aquí. ¡Hasta la próxima!
¡Y ahora a leer se ha dicho!
¡Espero que os guste!
CAPÍTULO 2:
Los lobos no volvieron ese día. Ni el siguiente. En la mañana de su cumpleaños, una ojerosa Renesmee retorcía las sábanas de su cama con nerviosismo. Jacob nunca se había perdido uno de sus cumpleaños. ¿Y por qué ni siquiera habían mandado noticias? Si les había pasado algo…
Si le había pasado algo a Jacob…
El dolor que le produjo ese pensamiento fue demasiado fuerte. La muchacha apretó su cara contra la almohada, y su cuerpo se sacudió en violentos sollozos. En un abrir y cerrar de ojos, sus padres estuvieron junto a ella.
- Cielo… - susurró Bella, tomando el cuerpo de su hija en su regazo.
Edward se sentó junto a ellas, y las envolvió a ambas en un suave abrazo.
- Nessie… - murmuró entonces Edward, con voz calmada. – No deberías preocuparte por Jacob. Es fuerte. Estoy seguro de que está bien.
- Pero… - sollozó la muchacha, desde el pecho de su madre. Antes de que pudiera decir nada, su padre ya le había leído el pensamiento.
- Quizás se han alejado demasiado como para mandar noticias. – contestó Edward. – No deberías preocuparte. Tres vampiros no son rivales para esas dos infernales manadas. Ni diez.
Sin dejar de sollozar, Nessie apoyó una mano temblorosa en la mejilla de su madre, mostrándole la imagen de aquella pesadilla que había tenido tres noches atrás. Edward se estremeció ante el dolor de su hija, sus ojos llenos de sufrimiento por ella.
- Nessie, no pienses más en eso. – urgió Bella, utilizando el mote de su hija, el cual no utilizaba nunca. – Fue un sueño. Sólo eso. Jake está bien. Seguro que sí. Seguro que aparece hoy por aquí con su sonrisa de golfo para que pueda arrancarle la cabeza por tenernos así de preocupadas.
- He luchado codo a codo con los lobos, Nessie. – añadió su padre. – Son más fuertes de lo que parece.
- Yo los he visto luchar. – afirmó Bella entonces. – Son ridículamente fuertes. Y además, imponen mucho respeto a sus enemigos. Recuerda que fueron ellos los que provocaron que los Volturi se detuvieran a escuchar cuando vinieron a por nosotros. Tres míseros vampiros no serán capaces ni de tocarlos.
Pero nada de lo que le dijeran podría aliviar el miedo que se había instaurado en el corazón de Renesmee.
Ese día, por primera vez en siete años, en la casa de los Cullen no se celebró la fiesta de cumpleaños de Renesmee. Charlie apareció por allí junto a Billy, una muy embarazada Rachel y Sue, esperando encontrar a la pequeña de los Cullen rodeada de regalos. Pero lo que se encontraron los humanos al llegar fueron caras largas.
Nada más ver aparecer a Billy, a Rachel y a Sue, Nessie se lanzó hacia ellos con ojos suplicantes, esperando recibir sus tan ansiadas noticias, pero ninguno de los tres sabía nada de los lobos. Le dijeron que no se preocupara, que seguro que estaban bien, pero la preocupación que los tres escondían en el fondo de sus ojos provocó el efecto contrario en la muchacha. Sobretodo la preocupación de Rachel, la hermana de Jacob. Ella también era una de las imprimadas, y temía doblemente por su imprimado y por su hermano.
Charlie, quien a pesar de su deseo no había podido evitar enterarse de ciertas cosas, y más ahora que vivía con Sue (y por tanto, con Leah y Seth), se sentó con su nieta y le pasó el brazo por los hombros, en silencio.
La noche llegó sin que se produjera ningún cambio.
Nessie se hallaba sentada en el límite entre el jardín de los Cullen y el bosque, pasando los dedos suavemente por el brazalete que Jacob le había regalado en su primera Navidad de vida. Un brazalete que también había visto en las muñecas de Emily, Claire, Rachel y Kim, las otras cuatro muchachas imprimadas por los lobos, por lo que ahora comprendía más o menos su significado. Un significado que estaba deseando abrazar, y más ahora que no sabía donde estaba Jacob. Al infierno con sus dudas, al infierno con sus miedos. Jacob estaba hecho para ella. Su media naranja, su otra mitad.
Su alma gemela.
Unas lágrimas silenciosas se derramaron por sus rosadas mejillas, casi sin que la muchacha se diera cuenta. Esa espera era inaguantable. Jamás había pasado tanto tiempo separada de Jacob. Jamás había pasado tanto tiempo sin saber nada de él. Por primera vez en su vida, Nessie se dio cuenta de cuanto necesitaba la cálida presencia del muchacho a su alrededor, del papel que Jacob tenía en su felicidad, de lo perdida que se sentía cuando él no estaba a su lado. Se sentía como si alguien le hubiera arrancado algún miembro, como si alguien apretara su corazón haciéndole daño.
Sólo ahora entendía Nessie que entre sus muchas capacidades no se encontraba la de vivir sin Jacob Black a su lado. No podía vivir sin él.
Renesmee sintió la suave presencia de sus padres tras ella. Ambos se sentaron, cada uno a un lado de ella, y la muchacha se acurrucó en medio, aceptando el consuelo que sus duros y fríos cuerpos le ofrecían. Nessie sabía que su padre estaba leyendo todos y cada uno de sus pensamientos, pero no hizo ningún comentario. Si le molestaba la forma en que la muchacha estaba pensando en Jacob, el nivel al que habían llegado sus sentimientos, no lo hizo notar. Tal vez se limitaba a aceptarlo. Al fin y al cabo, no era algo que se pudiera evitar.
- Claro que lo acepto. – ésta vez, Edward sí contestó. – Ambos lo aceptamos. Jacob es un gran muchacho, no lo puedo discutir, por mucho que me duela admitir eso de un chucho como él. – bromeó un poco, para darle un tono más informal a su afirmación.
- Jake es muy importante para mí. – dijo entonces Bella. – Y lo conozco en profundidad. No podría estar más contenta. Él es lo mejor que te podía pasar, créeme. Te hará feliz, y estará a tu lado siempre, protegiéndote y amándote con cada átomo de su ser. No se me ocurriría pedir más.
Por primera vez en tres días, Nessie sonrió.
- Vamos a salir a rastrearlos. – dijo entonces Edward. – Emmett y Jasper se están preparando. Te traeremos noticias, aunque irritemos a Jacob. No le suele gustar que les hagamos de niñeras. Billy, Rachel y Sue también se han quedado para esperar las noticias, y tu abuelo Charlie también se queda para hacerles compañía.
- Probablemente Jake os insultará con todas sus ganas cuando os vea aparecer. – rió Bella.
- Tiende a tener un vocabulario bastante vulgar cuando se enfada. – asintió Edward, con una sonrisa sarcástica. – Espero que no lo use contigo, Nessie.
Edward miró entonces hacia atrás, hacia la casa, y asintió levemente, levantándose de un salto.
- ¿Os marcháis? – preguntó Bella, pasando un brazo por encima de los hombros de Renesmee.
Edward volvió a asentir, pero de pronto volvió la cabeza hacia los árboles, dudando.
- Oh… - murmuró. Una gran sonrisa se extendió por su rostro. - No, creo que no hará falta que nos vayamos. – dijo entonces, lanzando una mirada elocuente hacia Renesmee.
Nessie comprendió. Se levantó de un salto.
- ¿Jake? – preguntó a su padre. Edward sonrió y señaló hacia los árboles.
No tuvo que decir nada más. Con pasos gráciles y silenciosos, Nessie se internó corriendo en el bosque. Bella y Edward se miraron sonrientes, y se envolvieron en un fuerte abrazo.
- Vámonos. – dijo entonces Edward. – Dejémosles un poco de privacidad.
- ¿No vas a leerle la mente a Jacob para ver si tiene pensamientos impuros con respecto a nuestra hija? – le pinchó Bella.
- No. – contestó Edward, con una sonrisa. – Creo que se merece que, por una vez, deje de "hurgar en su cabeza", como él dice. No les vigilaré esta vez. He de dejarles resolver esto por su cuenta.
Bella sonrió con dulzura, y besó a su marido con todo el sentimiento que pudo reunir. Sabía lo que le iba a costar no leer los pensamientos de los dos muchachos, y lo que le costaba confiar en las hormonas de Jacob. Pero el muchacho se había ganado con creces su confianza, eso no se podía negar.
Cuando se separaron, los dos vampiros entrelazaron sus manos, y así, agarrados, ambos volvieron a paso humano hasta la casa principal.
Jacob se hallaba sentado en el suelo en medio del bosque atándose una de sus zapatillas. Acababa de cambiar de fase, y se había vestido rápidamente, deseando llegar a su destino cuanto antes. No podía esperar para ver a Renesmee. Esos tres días sin ella habían sido un verdadero infierno. Tanto, que Leah lo había mandado de vuelta, harta de tener que compartir su ansiedad. Como sólo quedaba uno de los vampiros por rastrear, Jacob había aceptado. Había acatado la orden de Leah sin rechistar, sin un comentario sarcástico acerca de cómo la loba se atrevía a echar a su Alfa. Nada. Leah se había sorprendido. Pero no es que Jacob lo hiciera por obedecer a su hermana loba, sino que su vínculo con Nessie le había instado a aceptar la orden, a volver con su imprimada. Aunque le entraran remordimientos por haber abandonado la caza y a sus hermanos con una garrapata rondando cerca.
Levantó la vista al escuchar los pasos rápidos que venían hacia él. Unos pasos que reconocía con total claridad, que reconocería en cualquier lugar y en cualquier momento. Una sonrisa de completa felicidad se extendió por su rostro.
Fue a levantarse, pero no le dio tiempo. Una sombra se lanzó hacia él en la oscuridad, haciéndole perder el equilibrio. En un abrir y cerrar de ojos, Jacob se encontró tumbado de espaldas en el suelo, con el suave peso de la muchacha sobre él. Antes de que pudiera decir nada, los labios de Renesmee chocaron contra los suyos, noqueando todo pensamiento racional que el muchacho pudiera tener en su mente. Durante los siguientes minutos, lo único de lo que fueron conscientes ambos muchachos fue de la presencia del otro, de los fuegos artificiales que parecían haberse encendido dentro de ellos, del ardor en sus pieles allá donde se rozaban. Cuando se separaron por falta de oxígeno, sus miradas se conectaron. Sin palabras, ambos muchachos dejaron que el mundo se emborronara a su alrededor, perdidos en sus respectivas miradas, recuperando el ritmo de sus respiraciones. Lentamente, Jacob desenredó su mano de los rizos cobrizos de la muchacha para posarla de forma suave en la sedosa mejilla de Nessie. Poco a poco, el shock dejó paso al más puro y absoluto asombro, y a la más ferviente adoración por la muchacha que tenía acomodada sobre su cuerpo.
- Wow… - pudo decir entonces el muchacho, sacando una risita tintineante de la garganta de Renesmee. – Si vas a reaccionar así cada vez que me marche, voy a tener que hacerlo más a menudo.
Ese comentario le valió un fuerte pescozón.
- Ni se te ocurra. – le avisó Renesmee de forma fiera.
De pronto, toda la preocupación que la muchacha había acumulado esos días se tornó en enfado. Jacob vio el cambio en los ojos color chocolate de la chica, y se preparó mentalmente para la reprimenda que sabía que se acercaba. Nessie se separó de él, quedándose sentada en el suelo con los brazos cruzados.
- ¡No vuelvas a hacer algo así! – exclamó entonces. - ¿Tienes idea de lo preocupados que hemos estado? ¿De lo preocupada que he estado yo?
- Lo siento. – murmuró Jacob. – Nos tuvimos que alejar más de la cuenta, y esos chupasangres eran bastante más habilidosos de lo que pensábamos…
- ¡Me da igual, Jacob Black! – exclamó de nuevo la muchacha, entrecerrando los ojos en una mirada airada. – Podrías haber mandado noticias, haber dejado a Seth con nosotros para que nos tuviera informados… ¡algo! No tienes ni idea de lo mal que lo he pasado.
- No había razones para preocuparse. – dijo Jacob con voz calmada, intentando aplacar a la muchacha. – Ya te lo dije.
- ¿No había razones? ¿NO HABÍA RAZONES? – el enfado de la muchacha no hacía más que aumentar. – ¡Si hasta mi padre y mis tíos estaban preparándose para salir a buscaros!
Jacob gruñó y rodó los ojos, murmurando algo así como: "Reacción exagerada".
La ira cerró la garganta de la muchacha, y sólo pudo extender la mano y apoyarla en la mejilla del muchacho con más fuerza de la necesaria para mostrarle las imágenes de esos días y el sentimiento tan terrible de preocupación que había sentido a cada momento.
Los ojos de Jacob se suavizaron, y una mirada atormentada y arrepentida conectó con los ojos chocolate de la muchacha. Era muy doloroso para los lobos el herir a la persona con la que se habían imprimado.
- Oh, Nessie, ¡cuánto lo siento! – murmuró con voz suave, inclinándose hacia ella para tomar las pequeñas manos de la muchacha entre las suyas. – No pensaba que te fueras a preocupar tanto. De verdad. No lo volveré a hacer, ¿vale? La próxima vez enviaré noticias, dejaré a alguien en la retaguardia o algo… ¿Me perdonas?
Los ojos de Nessie se habían ido suavizando poco a poco durante el discurso arrepentido del muchacho. Le era muy difícil enfadarse con Jacob, al menos durante mucho tiempo. Sabía que el joven quileute no había pretendido hacerle daño y que, seguramente, él había sufrido tanto o más que ella.
Sin embargo, antes de que pudiera decirle que le perdonaba, las palabras murieron en su garganta. Un efluvio desconocido llenó sus pulmones, y se le erizaron los pelos de la nuca. Antes de que pudiera reaccionar, Jacob ya estaba de pie, su cuerpo temblando de forma violenta, colocado delante de ella en una postura protectora.
- ¿Quién es? – susurró Nessie, poniéndose de pie, sin moverse de detrás de Jacob. No quería distraerlo, y él no aceptaría que la muchacha se apartara de su protección ahora mismo.
- La chupasangre. – gruñó él. – La hembra que todavía no habíamos podido coger.
- ¿Has vuelto antes de terminar la caza? – preguntó Nessie, súbitamente arrepentida por haberse enfadado tanto con Jacob.
El muchacho no contestó. Escudriñaba las sombras de los árboles rápidamente, ideando el mejor plan para sacar a Nessie de allí.
- Tengo que entrar en fase. – susurró. – Tengo que avisar a Sam. ¿Crees que Edward nos estará oyendo?
- Creo que no. – susurró Nessie, súbitamente aterrorizada. Sabía que su padre no estaría intentando escucharlos, estaría dejándoles privacidad. No escucharía a menos que se acercaran mucho.
Jacob maldijo por lo bajo. El muchacho dio dos largos pasos para alejarse de Nessie, y seguidamente su cuerpo explotó para convertirse en lobo lanzando jirones de ropa por doquier. La mente de Jacob se llenó de pensamientos frenéticos.
"¡Jake!" pensaba Leah. "¡Se dirige hacia allí!"
"Está aquí" pensó Jacob simplemente.
"Estamos yendo lo más rápido posible" pensó Seth entonces.
"Bien" pensó Jacob.
"Ten cuidado, Jake" pensó Embry entonces. "Esta hembra es muy habilidosa. Más que ninguna a la que nos hayamos enfrentado antes. Debe de tener alguna cualidad, como los Cullen o esos asesinos italianos".
"No os preocupéis" gruñó Jacob. "No tengo intención de luchar, al menos hasta sacar a Nessie de aquí. Voy a intentar ponerme en contacto con Sam."
El otro Alfa contestó rápidamente, sin necesidad de que Jacob le llamara.
"Estoy yendo lo más rápido que puedo" pensaba Sam. "Leah va a llegar la primera, pero calculo que todavía estará lejos".
Jacob asintió.
"Le quedan unos diez minutos para alcanzarme" informó a Sam.
"Ten mucho cuidado con esa hembra" avisó el otro Alfa, muy seriamente.
"Lo sé" pensó Jacob simplemente. "Mierda, no sé qué hacer con Nessie"
"Mejor será que la saques rápido de ahí" sugirió Sam. "La bebedora de sangre va a mucha velocidad".
"Lo sé" volvió a contestar Jacob. "No lo he hecho aún porque sé que no va a servir de nada. Está muy cerca, y apuesto a que viene rastreándome. Voy a ver si consigo acercarme lo suficiente para que Edward me oiga, es lo mejor que puedo hacer ahora".
"Date prisa" urgió Sam.
Nessie observó al gran lobo colocado delante de ella, escudriñando la oscuridad mientras un amenazador gruñido bajo salía de su garganta. Súbitamente, el lobo volvió la cabeza hacia ella, y le hizo un gesto que la muchacha entendió al instante. Sin perder un minuto, Renesmee se encaramó a su lomo, agarrándose firmemente al cuello del gran lobo rojizo. Jacob comenzó entonces a alejarse a gran velocidad, corriendo hacia la casa principal. No estaban lejos, pero tampoco lo suficientemente cerca como para avisar a Edward de lo que estaba ocurriendo si él se había cerrado a sus voces mentales.
"Siete minutos" oyó Jacob a Leah.
"La tengo casi encima" gruñó Jacob entonces.
"No puedo ir más deprisa" se desesperó Leah, jadeando. "Aguanta, Jake".
En ese momento, un destello blanco cortó el paso de Jacob, quien tuvo que frenar de golpe. Nessie estuvo a punto de caerse del lomo, pero logró aguantar el equilibrio.
"¡No!" pensaron Leah, Embry, Quil y Seth, todos a una.
Jacob simplemente gruñó de forma amenazadora, y Nessie levantó la vista… para encontrarse con un par de ojos rojizos y malévolos escudriñándolos con curiosidad.
- Por fin. – susurró la vampira, sacudiendo su increíble y larga melena rubia en un gesto grácil. – Por fin tengo a tiro a uno de estos estúpidos chuchos, y a solas, nada menos.
Jacob volvió a gruñir, agazapándose en el suelo, todos sus músculos en tensión. La vampira no se amilanó.
- Y, por lo que veo, con comida sobre el lomo. – sonrió ella. – Aunque no huele exactamente como comida. – la vampira inspiró profundamente. - Delicioso, eso sí. Apuesto a que sabe realmente bien.
Jacob gruñó más fuerte todavía, enseñando los dientes con ferocidad. Todos los pelos de su pelaje se pusieron de punta.
- Oh, ¡qué interesante! – rió la vampira. – Te preocupa más ella que tú mismo. Bien, no hay problema. Sólo tengo que ocuparme primero de ti. Y antes de que vengan tus amiguitos.
Fue el turno de Nessie de ponerse a la defensiva. Todos sus músculos se tensaron, preparándose para luchar, y un siseo amenazador se escapó de entre sus dientes. Jacob negó con la cabeza de forma imperceptible, y la muchacha intentó relajarse. Confiaba firmemente en las decisiones de Jacob, pues sabía, por lo que el resto de lobos y su familia le habían contado, que Jacob era un buen luchador. El lobo volvió la cabeza hacia ella de forma breve, conectando sus miradas un solo instante, pero la muchacha comprendió. Tenía que encontrar la forma de avisar a Edward. Tenía que acercarse hacia la casa hasta que su padre pudiera oírla mientras Jacob entretenía a la vampira. Un escalofrío de terror recorrió la columna de la muchacha, no por ella, sino por el lobo que acababa de bajarla al suelo con una suave sacudida de su lomo. Jacob lanzó un suave gruñido de apremio, y Nessie, tras una última mirada aterrorizada al lobo, echó a correr. Por detrás de ella, escuchó como la vampira comenzaba a seguirla, y como Jacob le cortaba el paso con un tremendo golpe. Los salvajes gruñidos y golpes de la pelea quebrantaron brutalmente la quietud del bosque.
"Por favor, que esté bien, que esté bien…" pensaba la muchacha para sus adentros.
Tardó un minuto en cruzar la línea a partir de la cual sabía que su padre la escucharía si sus pensamientos eran lo suficientemente fuertes.
"¡¡PAPÁ!!" pensó con apremio. "¡¡RÁPIDO!! ¡¡NECESITAMOS AYUDA!!"
Nessie repitió el mismo mantra varias veces, hasta que estuvo segura de que su padre lo había escuchado. Ni él podría evitar escuchar un pensamiento tan fuerte como ese.
En ese momento, un quejido y un aullido de dolor le llegaron desde el bosque, y fue como si le hubieran echado un jarro de agua fría por encima.
- Jake… - murmuró.
Sin dudarlo ni un instante, echó a correr de nuevo hacia el lugar donde había dejado al lobo y a la vampira luchando entre ellos.
Cuando llegó, Leah ya estaba allí, con la vampira atrapada entre los dientes. Entre la loba y la propia Renesmee, tardaron dos segundos en descuartizar el frío cuerpo. Cuando por fin terminaron, Nessie no se entretuvo en mirar los restos. Su mirada se posó sobre el cuerpo del gran lobo de pelaje rojizo, que se hallaba tumbado en el suelo a varios pasos de ella. Leah, todavía en forma de loba, se inclinó sobre él gimiendo suavemente. El horror traspasó a Renesmee el corazón. Rápidamente se agachó junto al lobo, y sus sentidos buscaron el sonido del corazón de Jacob. Con inmediato alivio, Nessie descubrió que todavía estaba allí, aunque latía de forma débil e irregular.
- ¿Jake? – susurró, pasando su mano por el tupido pelaje del lobo. Estaba frío. Leah siguió gimiendo, cada vez más fuerte. Parecía que lloraba.
El lobo abrió los ojos y los fijó en el rostro de Nessie. Su respiración era lenta y entrecortada, y sus ojos denotaban un sufrimiento infinito.
- Jake, ¿qué tienes? – preguntó Renesmee suavemente, buscando el origen del daño del lobo a través de sus ojos anegados en lágrimas. No tenía heridas visibles, y ni siquiera olía a sangre. - ¿Qué tienes?
En ese momento, los Cullen en pleno y algunos lobos, entre ellos Sam, llegaron al lugar. Emmett se dispuso a reunir los trozos de la vampira para quemarlos, y mientras tanto, el resto de los Cullen observaron la escena ante ellos con un ligero desconcierto. Sólo Carlisle actuó, acercándose rápidamente al lobo para reconocerlo con sus recién aprendidos conocimientos de veterinaria. Los demás lobos se arremolinaron alrededor de Jacob. Renesmee pudo reconocer a Quil y Embry, Sam, Seth y Paul. Seth se sentó junto a su hermana, rozando a Jacob con su lomo para proporcionarle algo de calor. El pequeño de los Clearwater no dejaba de gemir.
La cara de Edward se contrajo de pronto en un gesto de infinito horror.
- Oh no… - susurró, acercándose rápidamente a los lobos. - ¡¡NO!!
- Edward… - dijo Bella entrando en pánico, acercándose también al círculo de lobos, en el medio del cual se encontraban Jacob, Leah, Seth, Renesmee y Carlisle. - ¿Qué ocurre? ¿Qué le ocurre a Jacob? No huelo sangre…
- Le han mordido… - susurró entonces Carlisle, su voz denotando tal horror que el mismo bosque se quedó completamente en silencio. Sólo los gemidos de los lobos y la respiración trabajosa de Jacob llenaron el ambiente durante varios segundos. Entonces, Bella gimió y se abrió paso entre los lobos para acurrucarse contra Jacob, enterrando su rostro en su pelaje y susurrando cosas ininteligibles con un tono de voz repleto de dolor.
Tras escuchar a sus padres y a su abuelo, la mente de Nessie se puso a trabajar. ¿Qué problema había con que le hubiera mordido? Ella le mordía todo el tiempo, Jacob se curaba rápido. Entonces, ¿qué…?
No tardó más de un segundo en comprenderlo, y un gemido ahogado salió de su garganta. Recordaba aquella vez, en la inocencia de su infancia, cuando había preguntado a su madre la razón por la cual ella no mordía a Jacob si su sangre estaba tan rica y además a Jacob no le hacía daño.
"No creo que sepa tan bien para mí como para tí" rió Bella. "Pero al margen de eso, no debo hacerlo" añadió después, muy seria. "El veneno de los vampiros es mortal para los lobos".
- Jake… - susurró Renesmee entonces, enterrando su rostro en el pelaje rojizo del lobo, tal y como había hecho su madre. Su piel estaba, por primera vez desde que lo conocía, completamente helada. – Por favor… por favor, Jake… por favor…
El lobo rojizo gimió suavemente en respuesta.
Fueron llegando más lobos al claro, hasta que las dos manadas al completo estuvieron arremolinadas alrededor de Jacob. Sam avanzó, apartando a Leah y a Seth del medio de forma suave, y se agachó frente a Jacob, dejando sus ojos al mismo nivel que los del lobo rojizo.
- ¿Qué está haciendo? – susurró Alice, su voz cargada de pena.
- Intenta que cambie de fase. – contestó Edward con voz ronca. – Jacob desea hablar con Nessie, y no tiene fuerzas para cambiar por sí mismo.
No tardó mucho tiempo. Con un gemido de dolor, el lobo desapareció, dejando paso al cuerpo de Jacob. Inmediatamente, Renesmee colocó la cabeza del muchacho en su regazo, sin ni siquiera darse cuenta de su completa desnudez. Edward colocó rápidamente su camisa sobre la cintura del muchacho para cubrirlo, y Jacob le lanzó una mirada agradecida. Sus labios estaban azules, y su piel muy pálida. Un sudor frío comenzaba a instaurarse en su frente, y su cuerpo se sacudía en un violento tiritar. La marca de la mordedura del vampiro resaltaba brillante en su hombro derecho, y alrededor de ella, las venas del muchacho habían adquirido un feo color púrpura que se iba extendiendo poco a poco. Extrañamente, la herida no se estaba curando, al contrario de todas las heridas que el muchacho se había hecho desde que se transformó en lobo por primera vez, pero tampoco salía sangre de la mordedura. Era como si la sangre de las venas alrededor de la herida estuviera completamente coagulada.
- Jake… - sollozó Renesmee. El muchacho se las apañó para regalarle una sonrisa, ya que sus lazos con la muchacha todavía le empujaban a intentar tranquilizarla.
Tras besar al muchacho en la frente, Nessie se volvió hacia Carlisle.
- Abuelo… ¿qué podemos hacer? – preguntó con un hilo de voz, aunque ya sabía la respuesta. Simplemente, no quería hacerse a la idea de ella. – Tiene que haber algo que podamos hacer…
Carlisle le devolvió una mirada infinitamente triste, y sacudió la cabeza, para alejarse después varios pasos. El silencio seguía reinando en el lugar. Sólo los gemidos de los lobos y los sollozos sin lágrimas de Bella sacudían la quietud del bosque. Renesmee lloraba en silencio. No tenía fuerzas ni para sollozar. Todo eso era culpa suya. Debería haber esperado en casa hasta que Jacob llegara. No debería haber salido a su encuentro. No debería haberse peleado con él hasta estar a resguardo. ¿Qué había hecho? ¡Era culpa suya!
Jacob leyó el despliegue de emociones en los ojos anegados en lágrimas de Renesmee, y negó trabajosamente con la cabeza.
- No es culpa tuya. – susurró, su voz ronca apenas audible. – No te atrevas a pensar que es culpa tuya.
- Por favor, Jake… - susurró Nessie, su voz rota por el dolor. – Dime que puedo hacer. Debe de haber algo que pueda hacer. Por favor…
Jacob volvió a sonreír débilmente.
- Sé feliz. – pidió, su voz sonando todavía más débil. – Hazlo por mí.
- No puedo. – susurró la muchacha, comenzando, ésta vez sí, a sollozar. – No sin ti.
- Podrás. – sentenció Jacob, y su cara se contrajo en un espasmo de dolor a la vez que su corazón, siempre tan fuerte, comenzaba a desfallecer por momentos.
- Por favor, no me dejes. – susurró Nessie. Su voz encerraba tal dolor, que la expresión de Jacob se contrajo en una mueca atormentada. Ésta vez no podía hacer nada para ahuyentar la pena de de aquella con quien se había imprimado. No podía, pues él era el causante de ese dolor. Jasper también sintió el dolor de su sobrina, tan fuerte que, con las manos en las sienes, tuvo que alejarse varios pasos para poder pensar con claridad. Alice se acercó a él y enterró su juvenil rostro contra la camisa de su esposo, su menudo cuerpo sacudiéndose también en callados sollozos sin lágrimas. Edward también se llevó las manos a las sienes, incapaz de soportar los pensamientos de dolor de los lobos, de su mujer, de sus hermanos, los suyos propios… pero sobretodo, los de su hija.
- Lo siento, Nessie. – susurró Jacob. – Siento no haber podido hacerte feliz. – Antes de que Renesmee pudiera responder, el muchacho se volvió hacia Leah. – Me parece que vas a ascender. – dijo, intentando sin éxito aligerar el ambiente. Leah simplemente negó con la cabeza y gimió suavemente.
En ese momento, Jacob jadeó. Cerró los ojos fuertemente cuando un espasmo de dolor se apoderó de sus sentidos, provocando que todos los presentes contuvieran el aliento. Renesmee comenzó a acariciar los cabellos del muchacho, intentando aliviarle el dolor. Bella comenzó a sollozar más fuerte, y Jacob volvió a abrir sus negros ojos, opacados ante la cercanía de la muerte, para fijarlos en el rostro angustiado de su mejor amiga.
- No llores, Bells. – pidió con un hilo de voz. – Odio hacerte llorar.
- Lo prometiste, Jake. – susurró Bella, sin dejar de sollozar. – Prometiste que siempre estarías conmigo, que siempre tendría tu amistad. No rompas tu promesa ahora. No me dejes. No dejes a Nessie. Por favor, Jake. Por favor…
- Lo siento, Bella… mi Bella… - susurró Jacob de forma atormentada mientras su rostro empapado en sudor adquiría una tonalidad azulada ante la falta de oxígeno que ya asolaba su organismo. – No sabes cuanto lo siento. – su voz comenzó a sonar estrangulada.
- Sssh… no hables. – susurró Nessie, acariciando la mejilla de Jacob. – Tranquilo, amor. Todo va a ir bien. – su voz se rompió en la última palabra, y la muchacha se sintió desfallecer. No, no iba a ir bien. Nunca jamás iba a ir bien. Se obligó a continuar hablando. – Ya lo verás, amor. Ya lo verás.
Jacob volvió a cerrar los ojos, odiando lo que le estaba haciendo a la persona que constituía su universo entero.
De pronto, el cuerpo del joven quileute se contrajo en otro espasmo de dolor, y el muchacho gimió entrecortadamente. Sus pulmones lucharon por conseguir un poco de oxígeno que le permitiera aguantar unos minutos más. Renesmee le acarició la mejilla, intentando reconfortarle mientras sentía que su garganta se cerraba a causa de sus violentos sollozos. Los ojos del muchacho comenzaron a cerrarse, y su corazón comenzó a latir todavía más lenta e irregularmente.
- No, Jake… - dijo Renesmee, con voz apremiante. - ¡Quédate conmigo! Quédate conmigo, cariño… No me dejes. ¡Me lo prometiste! No puedo vivir sin ti. Te quiero, Jacob. ¡¡Te quiero, te quiero, te quiero!! ¡¡NO ME DEJES!!
Y Jacob lo intentó. Con todas sus fuerzas. Pero su cuerpo ya no le respondía. Las tinieblas amenazaban con llevárselo en cualquier momento.
- Te amo, Nessie. – se las arregló para susurrar esa última frase antes de dejarse arrastrar. Lo último que escuchó fue la voz de la muchacha llamándolo a gritos, y la voz apremiante de Bella gritando el nombre de su marido.
¡Oh, no! ¡Jacob! :-(
Pues hasta aquí hemos llegado en el capítulo de hoy. Espero que os haya gustado.
Y ya sabéis, ¡¡reviews!! xD Cuantos más, mejor, más rápido actualizaré. Porque con ellos me motiváis muchísimo.
¡Un abrazo para todos, y hasta la próxima! ;-)
