Capítulo I
28 de abril de 1998
La cabeza le daba vueltas. El cuerpo lo tenía entumecido, probablemente por el viaje que acababa de hacer. Sabía que aquello era así, pero no pensó que fuese tan doloroso. Por suerte para él, la dolencia le duraría tan solo unos minutos, aunque no tenía muy claro cuántos serían.
Apenas podía mover el brazo y mucho menos las piernas. Quería levantarse y defenderse ante lo que fuese que le estuviese sujetando, pero su cabeza aún no se mantenía quieta; había perdido temporalmente la audición de uno de sus oídos y en el otro sólo escuchaba un incesante pitido, por lo que tampoco podía escuchar lo que sucedía a su alrededor.
Finalmente, quedó inconsciente bajo la fría hierba primaveral.
Estaba volviendo en sí. Cientos de luces se le acoplaban delante de su rostro, pero no conseguía ver nada en claro. Al menos ahora podía escuchar lo que decían y se percató de que la inmovilidad de sus brazos no se debía ahora al entumecimiento, sino a que estaba atado a una silla.
Perfecto. Sabía que no era una buena idea haber ido hasta allí, pero era lo único que se le ocurría. Sabía perfectamente que allí encontraría lo que necesitaba para poder llevar a cabo su misión, pero también era demasiado consciente de que no le resultaría nada sencillo hacerlo todo a la vez.
No tenía muy claro cómo lo haría, pero tenía primero que desatarse. Probablemente le habrían encontrado en mitad del jardín y pensarían que sería un intruso. Abrió los ojos, pero la luz aún le hacía daño a la vista y no conseguía situarse del todo. Sin embargo, sabía la perfección en dónde se hallaba. Los muebles le parecían algo más nuevos a lo que él recordaba, pero lo demás estaba exactamente igual.
Escuchó unas voces en alguna otra habitación. No le eran nada familiares, por lo que dedujo que sería de alguien que probablemente él no hubiese conocido. Debía concentrarse y en no delatarse fácilmente, si no, sería realmente peligroso. Y se jugaba algo más que su vida en aquella misión tan peliaguda.
Aguzó el oído, intentando escuchar la conversación que se estaba teniendo en el cuarto de al lado.
—Aparte de un par de cicatrices, no parece que sea peligroso… —murmuró la primera voz. Era de hombre, pero no le resultaba nada conocida.
—¿Y la mochila? ¿Has encontrado algo? —preguntó la segunda, que ya sí le resultaba familiar.
—No encontré nada, aparte de ropa y algo de comida un tanto extraña.
—¿Muggle?
—Posiblemente. Quién sabe.
Hubo una pequeña pausa. Se escuchaban pasos por toda la casa, sobre todo por los pasillos cercanos a donde él se hallaba. Era muy probable que hubiese, al menos, cinco personas. Un par de muchachos se acercaron y se pusieron enfrente a él. Alzó la vista, algo nublosa, y pudo divisar un par de melenas rojizas, demasiado conocidas como para ignorar de quiénes se trataban.
—Podría intentar hablar con algún compañero del ministerio que nos puede decir quién es por su varita —La voz provenía esta vez de detrás del chico.
—Pues eso es lo que más me sorprende —habló la primera voz—, que no tiene varita alguna.
—¿Has mirado bien por el jardín? —preguntó la segunda.
—Sí, y nada. No sé quién será, pero empiezo a sospechas en si es un mago o no.
—Pues muggle tampoco puede ser. —Esta vez era la tercera voz, que era femenina—. Vi cómo una luz cegadora le atrajo hasta ahí.
—Pero si no es un mago ni un muggle, ¿qué es? —preguntó la cuarta voz, también de mujer, pero mucho más joven.
—No lo sé —respondió el primer muchacho—, pero tal vez él mismo nos saque de dudas.
El primer chico se acercó a él y le iluminó el rostro. Estaba como inspeccionando cada centímetro de su ser, por si hubiera algún resto de algo que le diera cualquier pista antes de tener que empezar con el interrogatorio.
—Muy bien, chico —comenzó a decir el joven, cuya varita iluminada por la punta estaba demasiado cerca de sus ojos y apenas podía ver lo que ocurría más allá de ella, obligándole a entrecerrarlos—. No queremos que nadie salga malparado de aquí, pero, como comprenderás, no tenemos la menor idea de dónde ni de cómo has llegado a esta, nuestra humilde morada. Así que, si nos facilitas toda la información que necesitamos, es muy probable que salgas de aquí más pronto de lo que puedas imaginar.
—Empieza por tu nombre —instó el segundo muchacho. No podía revelar cuál era su verdadero nombre, ya que tendría que dar demasiadas explicaciones, así que no le quedó otra que improvisar lo primero que se le vino a la mente.
—Edward —respondió, con voz seca.
—¿Edward qué más? —volvió a preguntar el segundo chico.
—White. —Carraspeó un poco mientras pronunciaba aquel apellido sacado de su propia invención.
—Muy bien, Edward White. ¿Quién eres y de dónde has salido? —interrumpió una voz masculina, detrás de ambos chicos, que desconocía por completo.
—Estoy huyendo.
—¿De quién?
—De los mortífagos.
No era del todo cierto, pero tampoco era mentira. No al menos de los de aquella época a lo que se refería. Pero debía dar la menor información que pudiera si no quería verse envuelto en un verdadero problema.
—Vas a tener que especificar un poco más —El segundo chico siempre se mostraba tranquilo, pero con mucha seguridad en la voz. Teddy parpadeó varias veces antes de poder verle bien por fin el rostro y salir de las dudas que tenía en mente todo ese rato. Soltó una carcajada interna, queriendo levantarse y poder decirle quién es realmente.
—Yaxley.
Hubo otro silencio que parecieron horas. El hombre que había detrás de los dos jóvenes que tenía justo enfrente se quedó mirando al capturado. Parecía tranquilo, pero a su vez, tenso. Daba la sensación de que le estuviera evaluando de arriba abajo, mucho más de lo que ya lo estaban haciendo los demás.
—¿Y por qué precisamente Yaxley está persiguiéndote? —preguntó, con voz serena, el hombre del fondo.
—Por traición a la sangre.
Casi todos los presentes se miraron entre sí. Era un tanto extraño encontrarse con alguien que también hubiese hecho eso y ellos no fueran conscientes de más familia como ellos.
—Bueno —comenzó a decir el segundo chico—, puede que no seamos los únicos que hayan traicionado a la sangre, pero eso no quita que aparecieses de la nada en esa bola de luz de donde has llegado.
—Llegué mediante un hechizo. No puedo decir mucho más.
La mujer que aún se hallaba detrás de él empezó a caminar por la estancia. Se acercó a uno de los miembros que allí se encontraba y murmuró algo.
—Reconozco que no deberíamos fiarnos de lo primero que nos digan, pero está más que claro que no podemos dejarlo atado eternamente.
—Deberíamos soltarlo —dijo el primer chico, finalmente.
—Está bien —dijo el hombre del fondo—, pero mejor no quitarle la vista de encima, por lo que pudiera pasar.
Teddy sintió cómo el hechizo que lo mantenía atado se aflojaba lentamente hasta quedar libre del todo. Se sujetó la cabeza con las manos, ya que aún no estaba recuperado del todo de su viaje. Sentía cómo las miradas de todos los presentes se clavaban en él y no tenía la menor idea de cómo conseguir todo lo que necesitaba sin que le interrogasen. Aunque, era más que evidente, su mayor prioridad en ese momento era recuperarse. Deseaba no tener que soportar más esa sensación, pero no quería pensar más en ello. Intentó levantarse pero el mareo no le dejaba hacerlo.
—¿Te encuentras bien? —preguntó la mujer joven, que antes estaba detrás de él y ahora se estaba sentado a su lado. Teddy levantó la vista hasta su abultado vientre. El hombre del fondo se acercó a ella, acariciándole el hombro con suavidad. Era consciente de que podía ocurrir, pero no tenía la menor idea de cómo iba a reaccionar. Llevaba demasiado tiempo soñando con ese momento y ahora no podía decir nada.
Levantó la vista y ahí los tenía, a su lado. El corazón le dio un vuelco al ver a sus padres junto a él y su cara lo decía todo.
NDA: Bueno, este es un poco más largo que el anterior, que era solo el prólogo. Más adelante iré añadiendo los demás capítulos con más detalles sobre el fic. Creo que lo he hecho de tal manera que no me he dejado ningún hilo suelto, así que espero que me quede tan bien como tengo en mente.
En fin, espero que haya gustado este comienzo de mini long fic. Y voy a ser mala y hasta el próximo capítulo no revelaré quiénes estaban con Teddy en el salón, aparte de sus padres, claro. xD
Un saludo y hasta el próximo capítulo. :)
