ONE MORE SHOT
Capítulo Dos
– ¿Qué haces ahí?
– Me estaciono.
Sam se aguanta las ganas de reír, ya que ese que antes era el impala tiene unas ocurrencias de lo más divertidas. Cuando despertó lo hizo muy confundido, porque tardó un rato en darse cuenta de que era un humano. Sólo estaba muy perturbado porque creía estar "aplastando a Sammy" y Dean le huía en vez de hablarle dulce y darle sus dos palmaditas en el "capó".
Luego el caminar se le hizo muy raro, no se sentía seguro "sobre dos ruedas" y Dean tuvo que levantarlo de un jalón de suelo cuando quiso caminar en cuatro. Tampoco se quería vestir, decía que él debería estar abrigándolos a ellos, no al revés, pero Dean sólo lo miró enojado y le puso nuevamente la chaqueta sobre los hombros, comenzando a caminar de mala gana frente a "eso", no dispuesto a verlo.
El tipo también quería llevarlos ¿Cómo? Sam no lo sabe, sólo se le hacía muy incómodo verlos caminar, sobretodo porque Dean ni siquiera se le acercaba y Sam sólo alzaba los hombros cuando este lo miraba interrogante, y caminó entre ellos apretando la chaqueta entre sus manos, muerto de frío, con sus pies descalzos sucios y adoloridos por la textura del suelo, y así hasta que llegaron al motel en el que se quedaban.
– Entra.
– Pero…
– ¡Entra!
Dean no le tiene nada de paciencia, menos cuando "eso" se sienta en el estacionamiento del motel, justo frente a su habitación, y se queda ahí, esperando a que Dean le diera las buenas noches como siempre hacía.
– Emm… Impala… – Sam no sabe ni cómo llamarlo, así que sólo atina a decirle de esa forma.
– Bebé. – Le corrige este, apretando un poco más la chaqueta de Dean contra su cuerpo. Comenzaría a llover en cualquier momento y helaba mucho a esa hora de la madrugada.
– ¿Perdón?-
– Bebé, Dean me llama Bebé, ese es mi nombre, Sammy. – Claro, "Bebé". Seguramente Dean estallará en cualquier momento.
– Escucha, "Bebé", ahora eres una persona y las personas no duermen en los estacionamientos, duermen en camas dentro de habitaciones. – Él frunce el seño, así sentado como está en el suelo, con la chaqueta de Dean sobre los hombros y ese temblor de su cuerpo que a cada rato parece acentuarse.
– Sammy. – Genial. El impala tiene la misma manía que su hermano con llamarlo "Sammy" y le molestaría, de la misma manera como le molesta que cualquiera que no sea Dean lo llame de esa forma, pero no tiene la cabeza para pensar en eso ahora. Además, no utiliza ese tono de burla que usan todos menos Dean al llamarlo así, sino que usa el mismo tono que Dean, como si fuese muy natural decirlo.
– Sammy, no soy estúpido, puedes hablarme con normalidad. -
– ¡Entonces entiendes que tienes que entrar de una puta vez en la habitación y hacernos caso!-
Ese fue Dean. "Bebé" parece dudar, pero al final se pone de pie, sosteniendo la chaqueta contra su cuerpo, y entra en la habitación cuando Dean le hace espacio en la puerta.
– Te bañarás, te vestirás y luego te quedarás callado en un rincón mientras investigamos como arreglar esto.-
– Estás de mal humor… – Ahora sí, Dean quería asesinarlo.
– ¡Por supuesto que estoy de mal humor! ¡Eres un hombre! – Recalcando lo obvio, Dean apuntó a "Bebé", específicamente a sus inexistentes pechos.
– ¿Vas a golpearme? – Pregunta el Impala, frunciendo el seño, pero sin moverse de su lugar.
– ¿Golpearte? ¿Por qué te golpearía? – Pero Dean está seguro de que lo hará si el tipo sigue presionándolo.
– Siempre que estás de mal humor me golpeas y luego se te pasa. Así que hazlo, golpéame. No soporto verte así de enojado. – "Bebé" levanta el mentón y ofrece su rostro para que Dean lo golpee, sin quitarle la mirada en encima.
– Eh… – Sam decide interrumpir en ese instante, seguro de que si el Impala lo presiona no suficiente, su hermano terminará por golpearlo enserio. – Será mejor… que te duches… – Lo empuja por los hombros, guiando al Impala hacia el baño, aprovechando que es mucho más bajo que él y Dean. – "Bebé".-
A Sam se le dificultaba decirlo, nunca ha llamado el Impala de esa manera, sólo tiene grabado en su cabeza a Dean diciéndolo durante años de esa forma cariñosa, pero ahora decirlo él y decírselo a un tío desnudo, es todo un calvario.
– ¿Ducharme? Oh, quieres decir: lavarme… ¿Usarás la esponja? Dean siempre usa la esponja, porque no raya mi pintura, y luego usa la cera, pero eso puede esperar hasta mañana, porque hoy no secará y… espera ¿y Dean? – Pregunta, resistiéndose a ser empujado por el pequeño Sammy, mirando ocasionalmente a su dueño.
– Él… necesita estar tranquilo un momento. – Sam intenta calmarse, pero le descoloca un poco ver lo devoto que parece el Impala a su hermano, así que sólo respira y arrastra a "Bebé" hasta el baño, dejando a Dean solo y enfadado con el aire. – Te daré jabón y champú y te bañarás, no es difícil. Sólo te mojas y te frotas. Te traeré una toalla y algo de ropa, y hablaré con Dean mientras. Tú sólo… sólo tómatelo con calma.-
"Bebé" parece pensarlo un momento, mientras observa cada uno de los detalles del baño.
– ¿Será como un auto-lavado? – Pregunta curioso, pero no ve ninguna máquina que lo limpie.
– Eh… si, como un auto-lavado. Claro, sólo que tú lo haces todo. – Dijo Sam, mientras amontonaba en la ducha las cosas que Bebé necesitaría para bañarse.
– Te gustaba quedarte conmigo cuando íbamos a los auto–lavados. Te emocionaba ver todo desde dentro. -
– ¿Desde dentro? – Murmura bajito, sin quitar la vista de esos profundos ojos celestes que posee el impala y finalmente se da cuenta del nuevo significado que tiene esa frase.
– Sí, ¿Te quedarás ahora?-
– No… yo… – Sus mejillas se encienden al instante y responde incomodo. – No esta vez… yo… – Carraspea, intentando concentrarse mientras abre la llave del agua de la ducha. – Recuerda… te quitas la chaqueta y te enjabonas por todos lados ¿Si? y el champú lo usas sólo en tu cabello y no dejes nada sin enjuagar… Be… bé… – Se atraganta cuando lo llama por su nombre y cierra la puerta del baño dejándolo solo, huyendo avergonzado.
Respira apoyado contra la puerta, dispuesto buscar alguna solución en su laptop, hasta que se da cuenta de que todas sus cosas estaban en el impala. Traga duro y observa urgido a Dean, que sólo está sentado junto a la ventana, con una botella de tequila en la mano mientras mira hacia la calle. ¿De dónde sacó la botella? Ni idea, es Dean, parece que las guarda bajo su almohada últimamente.
– Dean, creo que tenemos un problema… – Se acerca cauteloso, tomando la silla que junto a la mesa, y espera que su hermano le conteste. – ¿Dean?– Repite el llamado, porque Dean no parece muy dispuesto a conversar.
– Alguien se robó mi auto, Sam. Alguien lo tiene… ¡y en su lugar nos dejó a ese palurdo! – No duda ni siquiera un segundo en golpear la mesa en la que está apoyado, haciendo que Sam pegue un bote en su lugar. – ¿Y ahora me vienes con más problemas? ¿Qué sucede ahora, Sam? ¿Qué?-
– Pues… la mayor parte del dinero lo teníamos dentro del impala, junto con mi laptop, las mochilas… y bueno las armas, las identificaciones, o sea… todo. Todas nuestras cosa que no dejamos aquí por seguridad… – Menciona rápidamente, mientras se pone de pie para ir por una cerveza.
– Lo que nos faltaba. – Dean bebe de un golpe lo que queda de tequila en la botella, que no es poco. – Me roban mi auto, me roban mi vida y mis cosas, y me dejan a un idiota…
– Dean… no es un idiota. Es… un auto, tu auto… ¿humanizado? ¡Oh Dios! No sé, esto da dolor de cabeza. – Sam presiona sus sienes con la cerveza fría que sacó del refrigerador, sentándose frente a su hermano en la mesa.
– Pues yo no me lo creo, no creo nada que salga de la boca de esa bruja o de ese loco. – Dean se pone de pie, comenzando a caminar de un lado a otro por la habitación. – Seguramente la bruja tenía algún amiguito suyo afuera que robó mi auto y ese tipo en el baño es sólo un vago loco que lee mentes, por eso sabe cosas sobre nosotros. – Sam está totalmente alucinado, no puede creer que Dean creara toda esa conspiración en su mente. – Yo digo que lo dejemos tirado donde lo encontramos, robemos un auto, echemos abajo la estúpida tienda y le saquemos a golpes a la bruja donde está mi auto.
– ¡No, Dean! ¿Qué crees que sacaras con eso? – Lo mira exasperado, porque su hermano entró en "Estado cavernícola" y era bastante difícil hacerlo razonar de esa forma.
– ¡Pues recuperaré mi auto, Sam! – Dean da por finalizada la conversación, toma la chaqueta de Sam y se encamina a la puerta. – Si no me quieres ayudar, pues bien. Iré a beber y a buscar un buen auto con un parachoques que resista.-
Sam sólo lo observa salir, seguro de que su hermano no llevará a cabo su plan, sólo se quedará en la parte de beber y de ahí… pues nada, tal vez Sam lo iría a buscar más tarde, pero ahora tiene cosas mucho más importantes que hacer, como llevarle ropa a "Bebé".
Dean en tanto está en medio de un delirio de alcohol. Las copas giran a su alrededor y la buena compañía no falta, pero en lo único que puede pensar es en que no tiene a su verdadero Bebé afuera, esperándolo para llevarlo con Sam de vuelta al motel. Sólo tiene a un bastardo nudista que se cree auto. Simplemente genial.
Es tanta la bronca que varias veces se levanta de su silla para salir por la bruja y patearle el culo, pero la voz de Sam la da vueltas en la cabeza, esa vocecita tonta que le carcome el alma cuando intenta hacer algo incorrecto, ese "no, Dean, no es buena idea" y Dean lo sabe, pero ¿Qué más le queda? El no tiene ningún problema respetando lo ajeno, respeta todo lo ajeno, sólo que el mundo no puede dejar de destruir sus cosas, así que ¿Por qué respetar las cosas del mundo? Ya se han metido lo suficiente con lo poco que tiene, con sus padres, con Sam, ahora con su auto ¿Y él que hace? Pues va y salva al mundo, otra vez.
– Pues, que se joda el mundo… ¡Oye, dame otro whisky! - vocifera al bartender.
Sam por su lado lidiaba con un tipo que insiste en ser llamado "Bebé", que se resiste a ponerse la ropa y pregunta cada cinco minutos "¿Dónde está Dean, Sammy?". Es tanta la desesperación que Sam tuvo que cerrar la puerta con llave para que el Impala no saliera a buscar a su hermano mayor para traerlo "a salvo" de su borrachera.
– Sólo ponte los pantalones, por favor. – Sam sigue al Impala de un lado a otro por la habitación, ya no sabiendo cómo hacerlo para que se vistiera de una buena vez. Toda esa piel blanca, casi lustrosa, lampiña y llena de las cicatrices que ni siquiera el buen trabajo e Dean como mecánico podían borrar, lo perturban.
– Pero Dean… – Y "Bebé" no hace mucho por ayudar, sólo quiere salir de la habitación para ir por Dean.
– Dean volverá pronto y no le gustará verte sin ropa. – Y con eso parece reaccionar, tomando de una buena vez la ropa que Sam le ofrece.
Una vez vestido, con el pantalón mal puesto y la camiseta que le quedaba enorme al revés, Bebé mira por la ventana, esperando a que Dean aparezca en cualquier momento.
– Dean… Dean nunca ha ido a beber sin mí ¿Quién lo va a traer a salvo hasta acá?-
– Llegará bien, tranquilo. Tomará un taxi en el peor de los casos. Lo que me preocupa es que todas nuestras cosas las tienes dentro.-
– ¿Que necesitas?-
Pregunta Bebé, sin sacar la vista de la ventana y de la copiosa llovizna de la que él debería proteger a Dean, como es su trabajo: cuidarlo, protegerlo, mantenerlo seco y tibio. No quiere estar dentro de nada si Dean está allá afuera, Dean debería estar dentro de él esperando hasta que se le pase la borrachera para conducir…
– Pues… lo que llevábamos en el asiento trasero… o sea… -
Sam hace ademanes con sus manos y no puede pensar en otra cosa que no sea el nuevo maletero del Impala, y eso no era razonable, mucho menos teniendo en cuenta esa vez cuando él fue trasformado en el Impala y Dean tuvo que… Oh, Dios… eso sí que lo dejó estático, recordando lo incomodo que se sintió cuando Dean revisó su cajuela. Definitivamente no le deseaba eso a nadie.
– ¿Quieres sólo tu laptop y tu mochila? ¿O también las armas?-
– ¿Qué…? No, no te… – Pero Sam ni siquiera termina de hablar, cuando Bebé se gira hacía él con su mochila y su laptop en las manos. – ¿Cómo…?-
– ¿Sólo esto?- suelta como si fuera normal sacarlas cosas de la mismísima nada.
– Eh… sí, sólo… sólo es… ¿Cómo hiciste eso? tú… – Pero intentar pensar en una explicación "lógica" acaba con Sam, quien ya no puede más con tantas cosas raras en un sólo día. – Ahrg, no importa. ¿Quieres comer algo? Es tarde y parece que tienes hambre.-
– ¿Comer? ¿Cómo… cargar combustible?-
Sam parpadea un par de veces, no sabiendo si reír o preocuparse, así que prefiere no hace ninguna de las dos y sólo le ofrecerle un chocolate que tiene en su mochila, chocolate que el Impala mira confundido.
– Eh… esto no es diesel premium sin plomo. Además, es sólido y rindo 7,8 kilómetros por litro, no por kilo.-
A Sam por poco no se le cae la mandíbula sobre la mesa ¿Cómo explicarle que necesitaba comer… a un auto? ¿Y que el diesel era veneno en ese cuerpo? lo veía capaz de ver una estación de servicio y meterse la manguera de combustible en la boca para beberlo. Ahora mismo odiaba a Dean y su incapacidad de enfrentar sus problemas, porque a él se le daba mejor eso de dar las ordenes y callar a cualquiera, sólo se hace lo que él dice y listo. Todo solucionado en segundos. Suspira, buscando el dictador reprimido en su interior, y al no encontrarlo procede a hacer su mejor esfuerzo.
– Mira, ya no puedes alimentarte con eso porque estás en un cuerpo humano. Intentarlo sería suicida. Debes comer alimentos normales, comida de personas, Bebé… ¿Comprendes…? Será así hasta que la Voodoo Mama perdone a Dean. Lo que podría tardarse… – Explica Sam lo más pedagógicamente posible que puede, pero el Impala sólo lo mira fijo, con hielo en los ojos.
– Sam… no hace falta que uses todo tu kindergarten conmigo, tengo años suficientes para que puedas hablarme como a una persona normal. Ahora, y si me haces el favor, vete a la cama. Yo esperaré a Dean… – Se voltea arrogante, tal como su hermano, y contempla el exterior enfurruñado. Es obvio que no lograría convencerlo, no hasta que sienta hambre de verdad al menos.
– ¿Me estás mandando a dormir? – el desconcierto le puede.
Esta vez Sam no puede contener su risa, porque si, un auto antropomorfo lo está mandando a la cama, así que optó por hacer las cosas más sencillas, total, no es su maldición, es la de su hermano. Que él lidiara con el impala, él se iría a dormir.
– Bien, las llaves de la habitación están sobre la televisión, no abras a menos que Dean llegue.
En tiempo record se ducha y luego se lanza con apenas los bóxers puestos a una de las camas, intentando relajarse. Es tarde, hace un poco de frío y todo es muy raro, pero no es su problema, así que sólo se esconde bajo las mantas se dispone a dormir. Ya se reiría de su hermano cuando este llegara borracho y tuviese que lidiar con un impala molesto y hambriento.
Para "Bebé" la noche trascurría rápido y sentía frío, estaba inquieto.
No veía signos de movimiento, su mirada se adapta como siempre a los lugares oscuros, sólo extraña no poder usar las luces altas para apartar la oscuridad frene a él como siempre lo hace. Mira el reloj en la mesa de noche junto a las camas, ya son las seis treinta y ocho de la mañana.
Suspira, siente raras sus luces frontales, como si sus focos estuviesen a punto de quemarse, eso y su chasis parece a punto de abollarse porque lleva varias horas apoyado en él. En la oscuridad de la habitación ve que Sammy se remueve inquieto, manoteando algo, tal vez la manta que estaba en el piso, ya que entre vuelta y vuelta la había hecho caer. Así que camina hacia él y lo cubre con la cobija verde que está en el suelo, arropándolo con cuidado, cubriéndolo hasta las orejas. Lentamente el cuerpo de Sammy parece más relajado, y Bebé vuelve a su silla con una sonrisa en la cara, satisfecho al poder cuidar mejor de Sam ahora que es humano.
Sigue contemplando la calle por la ventana un buen rato más, frotándose los ojos de vez en cuando. Tal vez sus micas se han empañado, por eso ve borroso, eso o de plano se le están fundiendo las luces, porque ver se le comienza a dificultar demasiado.
Unos paso a lo lejos lo distraerse, dejando el tema de sus luces olvidado en segundos. Ve en las penumbras de la calle la figura imponente de Dean, bueno… no tan imponente, la verdad es que se ve bastante torpe y desarmado al caminar, pero no es como si no estuviese acostumbrado a verlo de esa forma, así que sólo sonríe y corre a la puerta para recibirlo. Está seguro de que podría incluso saltar sobre sus ruedas traseras de lo feliz que está de verlo sano y salvo. O sea, siempre se pone feliz de verlo llegar con bien donde él está, y esta vez no es la excepción, sólo que ahora el sentimiento es más intenso, tanto que le cuesta contenerlo.
La perilla de la puerta gira un par de veces, pero la puerta no abre, la voz agrietada por el alcohol se escucha del otro lado, maldiciendo, y antes de que Dean llame a Sammy, que duerme a pierna suelta en la cama, Bebé se apresura a abrir la puerta con la llave. El problema es que no sabe cómo usarla, a él es a quien le ponían las llaves, nunca tuvo que poner una, y se está liando. El corazón se le agita por momentos, porque logra meter la jodida llave en su lugar, pero aún así la puerta se abre.
– ¿Dean? Dean… ¿Me escuchas? – Durante algunos segundos Dean no contesta, sólo se queda muy quieto al otro lado de la puerta, mientras "Bebé" intenta una vez más abrir, sacando y volviendo a meter la llave.
– ¿Saaaaam? – Alarga las palabras, en conclusión, está muy borracho. – Sammy, sue-suenas chistoso…
– No, Dean, soy yo, Bebé. No sé como abrir la puerta ¿Cómo se usan las llaves? – Una vez más, Dean se tarda en contestar.
– ¿Bebé? ¡Bebé! – Sí, está borrachísimo, como siempre que actúa así de feliz de verlo, pero no por eso Bebé estaba menos emocionado al oír a Dean llamarlo con tanta alegría. – Sólo la metes de la forma correcta… y la mueves hasta encontrar ese punto en el que hace… clic. Es como follar… hemos follado juntos ¿Recuerdas? la pelirroja y… esa otra… ¿Cómo se llamaba?
– Sí, Dean, la pelirroja… – Meter y mover, no parece ser tan difícil, pero eso de tener manos y pulgares es algo totalmente nuevo para Bebé
Así que se arma de perseverancia, un sentimiento muy extraño para un auto, sin embargo, toma la llave y visualiza como encajarla y la llave entra casi sola, la gira, porque no se puede hacer otro movimiento, y escucha el clic, que es la señal que necesita para saber que ha abierto el seguro. Exhala todo el aire que ha juntado en sus ductos de ventilación y abre la puerta, recibiendo de lleno a un Dean mimoso que se le lanza encima. El aroma a licor que trae logra marearlo por primera vez en su vida y el calor del cuerpo de su dueño es tan intenso que quema por encima de la camiseta de AC/DC que está usando.
– ¡Hey, Bebé…! Te extrañé taaaanto cuando… cuando no estabas esperándome afuera del bar… – Meloso y con la voz patinándole le habla, cargando casi todo su peso en él, así como hacía cuando era un auto y no una persona, cuando se lanzaba sobre el capó de su Bebé y se quedaba ahí un par de minutos, hablándole mientras esperaba que el mundo dejase de girar.
– Dean… – Bebé apenas puede sostener su peso. Su nuevo cuerpo no es tan fuerte como el anterior, donde podía cargar fácilmente a media docena de personas. – Mejor… sácate esto. – Jala un poco la chaqueta que usa Dean, que le queda grande de hombros al ser de Sam. – Tienes que dormir, ya está amaneciendo y… ¿Dean? – Pero Dean hace rato que no lo escucha, está mucho más atento a los ojos claros de Bebé
– ¿Por qué… por qué tus ojos son… celestes? – La pregunta toma a Bebé por sorpresa y lo detiene por completo su intento de arrastrar a Dean hacia su cama.
– Pues… no lo sé ¿Por qué los tuyos son verdes? – Una vez recompuesto de la impresión, arrastra a un borracho y parlanchín Dean hasta su cama.
– Mamá los tenía así ¿Tú mamá también tenía ojos como los tuyos? – Y a pesar de que Dean se está quedando dormido casi de inmediato, su curiosidad no lo dejaría descansar hasta saber la respuesta a su pregunta.
– Mi mamá es una línea de producción, Dean, no creo que tenga ojos.
No sabe si Dean lo escuchó, no sabe realmente muchas cosas, pero una vez que ambos hermanos estuvieron dormidos ya no supo que más hacer. Aún está encendido, hace mucho frío para salir y está seguro de que su nuevo cuerpo humano no cuenta con aceite de alta viscosidad y anticongelante, así que sin nada más que hacer se sienta entre las dos camas, vigilando el sueño de los Winchester.
En algún momento se le acaba la batería, porque sus luces se apagan y ya no supo nada más.
No es, sino cuatro horas más tarde, que la hay actividad en la habitación. El agua goteando en el baño comienza a calar hondo dentro del sueño del mayor de los Winchester, que, con un jodido dolor de cabeza de los que hacen época, se despierta. Dándose cuenta que ese sonido infernal que pensó venía del baño es en realidad lluvia que cae torrencialmente en la zona en forma de tormenta. La habitación está fría, sus pies duelen al contacto con las baldosas del suelo y la necesidad de correr al baño y botar todo lo bebido la noche anterior lo hace finalmente levantarse.
Apenas está de pie y ve sus pies descalzos y sus botas ordenadas junto a la cama se confunde. No recuerda haberse sacado las botas… o los pantalones, pero camina tambaleándose hasta el baño y se encierra allí hasta que se repone de las nauseas, apoyado en el marco de la puerta, con dos analgésicos en la mano y un vaso de agua en la otra mano, ve una pierna. Pierna que al salir de su cama e ir al baño no vio, pero que ahora, desde su nueva posición, era una pierna y un pedazo de persona. O sea, no es que una persona destazada estuviese entre su cama y la de su hermano, es sólo que veía una pierna y un pedazo de cuerpo de una persona, persona que, una vez recuperada su lucidez y sus recuerdos, comprendió que era el loco que se creía su auto.
Dormía en el suelo frío, como el loco que era, acurrucado sobre su propio cuerpo, con sus pies tan blancos de frío que tenían un leve toque de azul. Si fuese otra persona Dean se sentiría muy incómodo por verlo dormido allí, temblando de frio sin saberlo, buscando conservar el calor de su cuerpo de cualquier forma, como un vago en una callejón. Pero Dean no es así, no lo admite y lo negará hasta la muerte, sin embargo tiene un corazón enorme y ayuda siempre que está en sus manos el hacer algo, claro, menos con ese loco. Así que se toma las dos pastillas y se mete en su cama dispuesto a dormir hasta tarde, enojado con ese tipo por hacerse pasar por su amado y adorado impala, contento por dejarlo en el suelo, esperando que además de frío pescara un resfriado.
Media hora después, tras dar vueltas en la cama, se levanta de un salto. Su conciencia lo atormenta a tal grado que decide hacer algo. Metería al loco en la cama de Sam, después de todo Sam es él que le cree y le tiene compasión.
Levantarlo se le dificulta un poco, sobre todo porque al agacharse el alcohol que aún da vueltas por su cuerpo lo marea, pero el loco no parece dar señales de querer despertarse. Con él en brazos se dispuso a arrojarlo a la cama de Sam, sólo que al voltear y buscar un espacio para el pequeño cuerpo de poco menos de uno ochenta de alto, se da cuenta de que no hay espacio en esa cama para nadie más, apenas si entra Sam en esa cama, con los brazos que se le caen por los lados y los tobillos de su hermanito el gigantón asomándose por el filo del colchón.
No puede hacerle eso a Sam, Sam está pasando por tanta mierda últimamente que arrojarle a un loco encima seguramente acabaría con él.
Suspira derrotado y finalmente lo deja en su cama, intentando recordar las proporciones del sofá para dormir en él mientras se promete así mismo darle de golpes todo el día si el loco o Sam comentan algo sobre dejar al vago dormir en su cama. Lo cubrió con las mantas nada más porque piensa que a él le gustaría que alguien hiciese eso por él o por Sam, no porque el loco estuviese más pálido que por la noche debido al frío. Mierda, está tan pálido que Dean no puede evitar llevar sus manos a su cuello para sentir su pulso, temiendo que se hubiese muerto de hipotermia, pero el pulso está ahí, débil, pero está.
– Dean… – Genial, ahora el loco está despierto, abriendo esos ojos celestes que Dean no podía dejar de mirar.
– Shh… no hables. – Descuidadamente le da dos golpecitos en la cabeza, así como acostumbraba hacer con su automóvil, dos golpes en el capó y un: – Duerme, mierda. – Bueno, generalmente es un "buena noches, Bebé", pero no es como si el Impala se fuese a poner exigente ahora, así que sólo sonreí, aceptando el gesto, y se acomoda en la cama, haciéndole espacio a Dean.
– Aun tienes resaca, será mejor que descanses. – Dean lo mira con el seño fruncido, metiéndose en la cama de mala gana, total, el tipo tiene razón, hace frío, tiene resaca y el sofá es pequeño, sólo que no tiene la más mínima intención de compartir su espacio vital con el tipo que se hace pasar por su auto, así que se acuesta sobre las colchas, dándole la espalda. – Dean, tienes que…
– Ya cállate. – Pero por muy malhumorado que estuviese, ni siquiera Dean es capaz de negar que esa frazada que el "Hombre–Auto" pone sobre él no es bienvenida.
