Un Almuerzo
No tomo mucho tiempo para que el peculiar matrimonio atravesara la puerta de su hogar, el objeto de tortura causante de las heridas de Atem, fue dejado a fuera recargado en la pared. Por su parte el castaño no lo soltó de la cintura y movía la cabeza renuente recordando la mañana que paso con su esposo que entusiasta pensó en montar esa bicicleta infernal.
- ¡En unos días lo intentare de nuevo Seto! Si niños mas pequeños que yo lo pueden hacer ¡Yo también puedo!
-Los niños pequeños llevan ruedas de entrenamiento antes de montar sin ellas, te dije antes que las necesitabas, pero te negaste.
-Me vería ridículo con eso en mi bicicleta roja con ruedas de entrenamiento
-Te vez más ridículo cayendo una y otra vez al piso, sobre todo queriendo hacerlo desde la parte alta inclinada
- ¡En el circuito del centro del parque hay solo niños! Algunos incluso con triciclos ¿Qué tengo que hacer ahí?
-Aprender como ellos, y no tiene nada de malo Atem
-Tu puedes enseñarme, Moki me dijo que tu le enseñaste a montar cuando eran niños
-Y lo hice
-Entonces ¿Cuál es el problema Seto?
-El problema es que no me escuchas, ahora quédate aquí, no te muevas, iré a traer el botiquín del piso de arriba, bajare en un momento.
Atem hizo un puchero y solo asintió mirando algo resentido como su amado príncipe azul subía al piso de arriba, recargo su cabeza en el sillón, esa pequeña discusión lo había dejado sediento, la cocina no estaba muy lejos de donde se encontraba, miro el reloj en la pared, ¿Cuánto dura un momento en medida de tiempo? Para el Seto estaba tardando demasiado, con algo de esfuerzo se levantó, y camino a la cocina.
Su vista se enfoco en el refrigerador, unos cuantos pasos más lo separaban, pero llegaría, respiro pesado pues sus piernas se sentían pesadas como un yunque, sonrió al tocar la fría puerta donde estaban pegado ese imán que adornaban el espacio, un mago oscuro y un dragón ojiazul; al abrirla miro en el interior y hasta el fondo había una botella con una extraña etiqueta que llamo su atención.
Era de un color uva algo chillón y llamativo, con suerte era un refresco nuevo, aunque no recordaba haberlo visto, pero el dolor físico te hace olvidar algunas cosas luego de haber caído tantas veces sobre la cabeza, se encogió de hombros, tomo la bebida y con destreza llego a sentarse de nuevo en el sillón.
Su esposo aun no bajaba para su alivio, así que en lo que esperaba a que lo hiciera, decidió abrir la botella y deber el contenido antes de que llegara, dio un trago y le pareció muy bueno, era dulce pero no demasiado, siguió bebiendo hasta que el recipiente quedo vacío, si que tenía sed, dejo a un lado la botella, y se dejo recostar en el sofá.
Sin embargo, algo no andaba bien, de repente empezó a sentir que tenía mucho calor, ¿Seto abría prendido la calefacción?, no, no era posible, el botón para eso estaba en la planta baja, y el aun no estaba ahí; su mente no encontró nada mejor que hacer que pensar en su esposo.
Era muy alto, sus brazos eran tan musculosos, su abdomen bien formado era adictivo de apreciar, aunque el ya había hecho mas que eso, no dejaba de resultar magnética la forma en la que ese hombre lo atraía; su mente estaba jugando sucio al recordar sus pasionales encuentros, la voz de Seto susurrando cosas en tono grave, solo para él, sus manos frías recorriendo cada rincón de su piel, suspiro notando como sus manos hacían un recorrido turístico por donde su flamante ojiazul lo había tocado.
De inmediato como si lo hubiera invocado con el pensamiento, en su vista nublada lo vio a el con un rostro sorprendido, el botiquín en el piso, al parecer le estaba diciendo algo, mas al chocar miradas y ver sus zafiros azules hermosos; su cuerpo pedía más atención; sin inmutarse siguió tocando su piel que pedía con desesperación seguir sintiendo cada roce.
Seto por su parte se encontraba una visión muy seductora delante de él, su esposo casi desnudo en el sofá dándose placer, mientras susurraba su nombre entre gemidos pausados, sin la más mínima culpa en su rostro que estaba rojo, con ojos algo llorosos pero que desbordaban lujuria pura. Su instinto depredador se descontrolo, se olvido por completo del botiquín y le dio rienda suelta al deseo pasional, reclamo sus labios con hambre voraz, la ropa interior de Atem la arrojo lejos, vio la entrepierna dura que ya tenía liquido saliendo que al parecer no pudo contener, con una mirada traviesa, dirigió su boca para probar la esencia de su amado hombre, ese toque amargo tan natural y viril que tenía era una droga sin duda de la cual no pensaba nunca revitalizarse.
-¡Seto! ¡Más! ¡Te necesito!- Fue lo que con dificultad logro pronunciar el joven de mirada carmín que se sentía como en un oasis de perdición
-Como ordene su majestad. -Dijo Seto que solo se dedico a complacer los deseos de ambos, lo amaba con locura, le hacía perder todo rastro de lógica.
Sin añadir más palabras preparo la entrada de su marido combinando su saliva con el rastro de semilla que había dejado en el interior de su boca cuando logro hacer que se viniera, para él, Atem era la criatura mas divina y hermosa del universo, se sentía afortunado de estar a su lado compartiendo momentos, en especial, los momentos íntimos y aunque ambos eran reservados, le agrado que esta vez fuera su esposo quien tomara la iniciativa.
-¿Listo?
-¡Si Seto! ¡Hazlo!.
Justo ahí ambos se volvieron a unir, las embestidas resultaron cada vez más profundas, no se tomaron la molestia de ir al cuarto, estar juntos era prioridad, sentir que se pertenecían era más importante, como la lluvia de mordidas, caricias, y besos con los cuales manifestaban fuerte y claro lo mucho que se amaban incondicionalmente, sin ningún factor en común, aun con los obstáculos, incluso pese a ellos mismos, eran el uno para el otro.
Bueno esta es la segunda parte del reto cuatro partes.
Mil, Mil gracias Luisa, no se que haria yo sin ti.
