II
Seguimos el camino, avanzando lentamente mientras lo único que hacía Lily era hablar de ti. De lo bien que preparas los batidos y de los cuentos que le contabas para que pudiera dormir en las noches de truenos y relámpagos. Recordamos ese día, al pie del camino, la primera vez que dormiste en mi casa. Llegaste iluminándolo todo, con una bandana de regalo para mi, la misma que llevo sujetándome el cabello.
¿Por qué? ¿Por qué permití todo esto? ¿Por qué permití amarte? ¿En que momento crecimos y nos dimos cuenta de todo? ¿Cómo fui capaz de decirte lo que sentía? Quizás siempre nos pertenecimos. El cuidarte era la misión de mi vida. Remediar y ser aceptado por ti, por nuestro gremio. Ver a todos temerosos y agradecidos de que a ti no te falte nada y que nadie nunca te dañará. Pero duele, duele estar lejos. Duele el deber devoto de mi sangre. Duele recordar a mi padre. Duele simplemente estar sin ti.
Gajeel; carta numero uno. Te extraño. Te extraño. Te extraño. Recuerdo el día en que disfrutaba el silencio de tu compañía. Ahora me ahoga ese silencio eterno. El no verte llegar, el no verte entrar. El sólo hecho de saber que no estas aquí, ahoga. Estoy entrenando junto a Lu-chan; Natsu igual emprendió ida a una misión referente a Igneel. Pretendo ser fuerte, fuerte como tú. Acompañarte siempre, y que la protección sea mutua. Te esperare siempre, vuelve pronto.
Levy: carta once, estoy cerca de las montañas. Creo que en un par de días estaré en las entradas de las cascadas en donde se supone hay animales extraños. Me la he pasado de aldea en aldea, con trabajos cortos mientras llegamos a la gran montaña. El nombre del gremio esta quedando en lo alto gracias a mi, me debes muchos abrazos después de esto, encontré de paso el libro que no aparecía en las librerías de Magnolia. Te extraño enana.
Gajeel; carta veintitrés. Ya van casi dos años en que elegiste ese camino. Tengo fe en que regresarás pronto. No imagino como debe estar de enredado tu cabello. Limpie tu habitación. En verdad desde hace una semana que lo hago cada día. Te extraño más de lo habitual. Por favor vuelve pronto. Con amor Levy
Levy; carta treintiuno; todo es eterno. Las montañas son eternas, la nieve es eterna. Extrañarte se me hace eterno. Los aldeanos de aquí son aburridamente eternos. Me falta fuerza para seguir. Ven.
Gajeel; carta cuarenta. Te amo, vuelve pronto por favor.
Levy; carta setenticuatro, Te amo enana, espérame por favor
El día en que quise maldecir a todo el mundo fue justamente ese. Cuando luego de derrotar a cientos de animales similares a un dragón, no apareció ninguno real. Por lo menos había terminado el trabajo de exterminarlos. Santo cielo, era hora de regresar. No fueron diez años.
No fueron diez años Levy. Sólo seis.
Seis años me esperaste. Ahí con esa misma sonrisa cansada. El día en que regresé estabas a las afueras del gremio jugando con Azuka (que ya casi alcanzaba tu altura) era justo el punto del atardecer. Ese vestido negro y el cintillo los reconocí desde esa esquina. Miraste para atrás y la pluma que sostenías en tu mano callo directo al suelo. Te sonreí. No habías crecido ni un centímetro enana, y corriste hacia mí. Nos abrazaste cayendo sobre Lily mientras llorabas y gritabas haciendo que todo el gremio saliera a ver lo que ocurría.
Cayó rendida mi cabeza sobre tu hombro. Mi bolso reconoció su suelo. Mis rodillas igual. Te abrasé fuerte, única y pequeña Levy, podrías resucitarme mil veces luego de partir.
Al anochecer no me dejaron dormir en lo absoluto, ya que al mismo día había regresado Natsu y su gato azul. Armaron la gran celebración, todos estaban gritando borrachos y alegres. Tú a mi lado, parados junto a la barra de alcohol. Sonreías feliz. Te entregué el libro que traía de regalo mientras tu vestido se recogía para ir a la conversación de tu amiga la rubia chillona.
Esa noche dolió. Salamander me habló sobre Granadinne, Metalicanna y su padre el dragón de fuego. Había otro trabajo que el mismo maestro le sugirió le hablara conmigo. Observé detalladamente tu cintura, tu cadera. Debía pensarlo bien. Debíamos pensarlo bien. Cuando caminábamos en la cerrada noche te lo mencioné. Era otro trabajo de esos infinitos.
-¡Acabas de regresar, esto es injusto!-
-Tan sólo dime que hacer-
No dijimos más nada, hasta después de que te lleve a mi habitación, apagué las luces y te desnudé. Te amé. Recuerdo tus manos heladas, tus cosquillosas caderas y tus muslos que ya eran míos de lleno. Esa noche fuiste de mi, cómo yo de ti. Tu blanca piel, tus labios jadeantes, tus besos sabor a ron fuerte y tus palabras que me habían anhelado todas estas noches pidiéndome más. Me abrazabas tan fuerte mientras hacíamos el amor que sentí que al fin éramos sólo un cuerpo completo. Tus uñas zigzagueantes, tu cabello suelto desmoronándose en tu pecho, el dulce sudor de ser por fin mi mujer. Toda la noche te amé. Apreté fuerte tus caderas cada vez que se nos antojaba. Te dabas la espalda para darme un beso desnuda y continuábamos. Créeme mujer que cuando lloraste, lloramos los dos.
A la mañana tus palabras fueron simples y claras - es tu decisión – decías mientras tu rostro se iluminaba con los primeros rayos del sol. Me miraste fijo, ambos en la cama y te acurrucaste en mi pecho.
-Pero sabes que pase lo que pasé yo te esperaré -
Continuará, siempre me pongo hot en alguna parte.
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Gracias por tomarse el tiempito de leer, les escribo con mucho amors. Gracias igual por sus reviews, ya que soy adicta a ellos :c aajaj abrazos, pronto la continuación.
