Este fic ha sido creado para el "Amigo Invisible 2014-15" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK Rowling; el universo de la historia también, pero estos capítulos corren de mi cuenta.
Capítulo 2.
Theo se paseaba arriba y abajo por uno de los callejones cercanos a la taberna Cabeza de puerco mientras esperaba la llegada de Draco al punto de encuentro. Blaise, a su lado, comenzaba a perder la paciencia, no tanto por la ausencia del rubio como por la actitud ansiosa de Nott.
- ¿Quieres dejar de dar vueltas? Pareces un león enjaulado. – Masculló entre dientes.
- Muy gracioso, Zabini. – Espetó Theo – Tu siempre pensando en leones… - Remarcó con malicia.
- Me alegra ver que al menos no has perdido el sentido del humor, Theo. – Contestó el moreno fingiendo indiferencia.
- No te hagas el duro, italiano, puede que estés mejor que Draco y yo, pero tampoco es para echar cohetes.
- ¿¡Mejor?! ¿Qué consideras tú como estar mejor? – Se sintió ofendido el moreno.
- ¡Ella está aquí, puedes verla y protegerla! ¡Eso es mucho mejor que no saber si está bien, si la están torturando o si sigue viva!
- ¡Claro que Luna sigue viva, Draco nos hubiese avisado si le hubiese pasado alguna cosa! Además, tú al menos tienes una posibilidad con ella. En cambio yo… Es algo imposible. Ayer nos cruzamos en el pasillo que lleva a la Torre de Astronomía. No sabes cómo me miró, cuanto desprecio había en su mirada. Quise preguntarle cómo estaba, decirle que estamos intentando ayudarles, pero solo conseguí que se encarase a mí. Me acusó de chivato, de rata espía de mortífagos, de lame botas de Voldemort,... Nunca nos creerá – le dijo mirándole con la derrota reflejada en los ojos – siempre pensará que somos sus enemigos. No tengo ninguna posibilidad porqué solo piensa en Potter, es para Potter, pero aún así la protegeré tanto como pueda.
- Yo preferiría que Luna estuviese con otro si al menos eso la mantuviese a salvo de todo esto.
- Ginny ni siquiera está a salvo. Ella está tan en peligro como todos nosotros. – La voz de Blaise reflejaba ahora la amargura contenida durante meses.
Ambos quedaron en un pesado silencio mientras interiormente batallaban contra el sentimiento de derrota para no permitir que anidase en sus corazones y les robase las fuerzas para seguir luchando por proteger a las personas que amaban, por más imposible que fuese su relación con ellas.
Al cabo de unos minutos de espeso silencio divisaron en el extremo menos iluminado del callejón una silueta que ambos Slytherin conocían a la perfección. Theo, el primero de los dos en advertir la presencia de su amigo, le dio un codazo al moreno y señaló con un movimiento de cabeza al recién llegado. Ambos se reunieron en silencio con el muchacho que les esperaba en el mismo extremo del callejón donde había aparecido, para no delatar ante nadie más su presencia en Hogsmeade; cuando estuvieron a su altura les tomó del codo y sin mediar palabra les desapareció.
Cuando aparecieron, Theo y Blaise pudieron comprobar que les habían llevado al angosto sendero que llevaba a la Mansión Malfoy. A la vez, en un sincronizado movimiento, se giraron hacia la persona que les había aparecido allí para darle un fraternal abrazo.
- Draco ¿Cómo está? – Comenzó un ansioso Theodore.
- Bien, Theo, ella está bien. En seguida lo comprobarás. ¿Y vosotros, cómo habéis estado?
- Como hemos podido. Hacer de "doble agente" es una enorme presión, nunca sabes cuándo te estás exponiendo y quien puede sospechar. – Resopló Blaise frustrado – Los Carrow son unos auténticos sádicos, y esos Gryffindor son unos auténticos irresponsables. ¿No pueden dejar de buscar problemas aunque solo sea un día? No sabes las veces que he tenido que despistar a esos enfermos antes de que pillasen a Ginny en alguna provocación. Y aún así no llego a tiempo ni la mitad de las veces.
- ¿Se sabe algo de… - Comenzó dubitativo Draco – ellos?
- No, los Gryffindor no han dado ni una sola pista, puede que ni si quiera los leones sepan dónde se ha metido el maldito trío dorado.
- Blaise, por favor… – Tensó la mandíbula Draco.
- Ya lo sé, Draco. Pero no puedo evitar pensar que si Potter no estuviese perdido por ahí los Carrow y Snape estarían más relajados en vez de intentar cazar, en el sentido más literal, en un renuncio a los Gryffindor y no tendríamos que ir esquivando minas para salvarle el culo a todos los amiguitos de esos tres. O si tu comadreja no estuviera fingiendo Spattergroit podría ayudarme a proteger a su hermana.
- No es nada mío – Respondió muy lentamente Draco con la mirada perdida en el sendero – Y es mejor que llevemos a Theo a ver a Luna en vez de perder el tiempo aquí fuera.
- Tienes razón, Draco. Llévame ya con ella. – Intervino un ansioso Theo.
Se encaminaron por el sendero, precedidos por el rubio que mantenía su varita en alto, cuando estaban cerca de la puerta principal, Draco los llevó rodeando el jardín hasta la puerta trasera para los elfos.
- No tiene que veros nadie aquí. He mandado a los elfos a limpiar la otra parte de la mansión, solo queda Plumie, la elfina que está a mi cuidado, que es a la quien le he encargado que se ocupe personalmente y en secreto de que a Luna no le ocurre ni le falta nada.
Theo le miró agradecido antes de ser interrumpidos por un "plof".
- Amo Draco – Se presentó la elfina con una profunda reverencia.
- Plumie, llévanos a donde tienen a Luna y por favor que nadie se entere que hemos estado allí, tampoco debe enterarse nadie que Theo y Blaise han estado en la Mansión.
- Por supuesto, amo Draco. Plumie no dirá nada a nadie y llevará al amo y a los amigos del amo ante la señorita Luna.
- Debes cuidar muy bien a la señorita Luna, Plumie – le dijo con amabilidad Theo a la elfina.
- Plumie cuida muy bien de la señorita Luna, señor Theo. Plumie cree que la señorita Luna es muy dulce y simpática. Y trata muy bien a Plumie.
- Muchas gracias, Plumie. ¿Puedes llevarnos con ella? – Pidió de nuevo Theo amablemente pero dejando entrever su ansiedad levemente.
- No, Plumie. Lleva solo a Theo con Luna. Blaise y yo estaremos en mi habitación. Encárgate de que nadie les moleste, pero sin que nadie te vea. Cuando sea hora de volver yo iré a por vosotros.
- Sí, amo Draco. Señor Theo agárreme del brazo, por favor, señor. – En cuanto el muchacho castaño se sujetó de la elfina se escuchó el plaf que les desapareció a ambos.
- Ven por aquí, Blaise. – Se dirigió Draco a su amigo en cuanto la elfina y Theo hubieron dejado la estancia. – Iremos a mi habitación y podrás hablarme de cómo va con tu Weasley.
- Ella no es mía, ella no es de nadie. Potter tiene la suerte de saberse elegido por ella, pero Ginny no es de nadie, ni siquiera del niño-que-vivió. – Argumentó Blaise, contradiciendo su argumento anterior.
- Es una Weasley, Blaise. Son fieros, orgullosos, fieles hasta el final, pero libres. Libres para batallar con dragones lejos de casa, para dejar la escuela sin acabar y montar la tienda de bromas de mayor éxito o libres para dejar su casa y desaparecer del mapa con dos amigos y quién sabe qué plan para derrotar al mago oscuro más poderoso de la historia.
- Ni siquiera yo estoy tan pendiente de la familia de Ginny, y es la misma. – Se asombró el italiano. Blaise miró a los ojos fijamente al rubio. – Le amas. – No era una pregunta.
Draco sacudió la cabeza con el rostro serio.
- Ni siquiera lo pienses. Es aún más imposible que lo tuyo con ella. Y ya lo tengo asumido.
Capítulo insustancial y de transición completamente, lo sé, pero todo llega. Solo espera al próximo.
