Hola!

Me demoré mil años y no meresco el perdón de nadie pero los amo :)

Espero que les guste este capitulo. :33

ADVERTENCIA!: ni las discusiones entre los personajes ni sus pensamientos son necesariamente los míos, esto es, después de todo, casi como actuar. Por lo tanto, la charla sobre el autoestima no es exactamente lo que pienso.

Y bueno, evidentemente los personajes no son mios.

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Es divertido ser un inglés en Estados Unidos, porque te transformas inmediatamente en la persona más interesante y sexy del planeta, aunque en realidad puede que seas feo como un culo y tus conversaciones no vayan más allá de un ''Hola Como Estás''. Dejando de lado el acento, es pura sicología. Porque aunque apenas tengas trazos del acento de tu país natal, una vez que alguien se entera que vienes de Inglaterra se lanzan encima de ti. Ahora bien, si se piensa en el caso contrario, el estadounidense que visite el Reino Unido se verá completamente desilusionado cuando se dé cuenta que a nadie le interesa su acento.

Todo esto pensaba Arthur, porque no hay nada mejor que reflexionar en cuestiones sociales cuando estás completamente ebrio y con la lengua de un tipo metida en tu boca.

Arthur había llegado –ya medio mareado, hay que decirlo- a la fiesta de un antiguo compañero de secundaria que aún tenía contacto con Antonio, cuando esta ya estaba en su máximo esplendor y todos estaban fuertemente bajo la influencia del alcohol o alguna droga. Andaba con Francis, pero este había desaparecido apenas vio a una chica rubia que bailaba con sus amigas. Francis no perdía el tiempo, como se puede ver, y tenía muy claro lo que buscaba cuando iba a este tipo de fiestas, a diferencia de Arthur, quien honestamente no sabía qué hacía allí y juraba que si alguien no cambiaba esa puta música pronto iba a enloquecer.

La casa estaba cerrada, pero el patio estaba lleno de gente, y se lamento lejanamente por las mujeres que no podrían utilizar el baño de la casa ni disfrutar del privilegio de los hombres de mear de pie. Reconoció algunas caras amigas entre los cuerpos intoxicados, pero decidió jugar al antisocial y dejar que el alcohol fluyera libremente por su organismo y se recostó en el césped, prendiendo un cigarro y mirando las pocas estrellas que se veían por culpa de las luces de la ciudad. Momentos más tarde sintió que alguien se acostaba a su lado, pero decidió ignorarlo. Lo ignoró incluso cuando le dio vuelta la cabeza y le plantó la boca en sus labios, porque bueno, estaba ebrio, y quien dice ebrio también dice caliente. Sin embargo, la calentura se le fue en cuanto el tipo se recostó encima de él aplastándolo con su peso y dejándole toda la cara y el cuello babeados.

Aburriéndose de la situación –y a punto de vomitar por el peso en su estómago lleno de alcohol- , lo separó de un manotazo y se levantó. El otro se había quedado instantáneamente dormido -puto borracho, pensó- y Arthur buscó a Francis con la mirada, pero no lo encontró. Cansado y aburrido, se fue a su departamento, ignorando a su paso las miradas de aquellos que lo habían visto en el suelo besándose con otro hombre.

oxoxoxoxo

Una semana había pasado desde que Arthur rayó el edificio amarillo con Gilbert, Francis y Antonio. Una semana desde que descubrió el nuevo pub Infinity. Una semana pasó desde que conoció a Alfred F. Jones, y para ser totalmente honestos, lo había olvidado absolutamente hasta este momento.

Arthur solía deambular por las calles del centro buscando trabajo, pero como al parecer el nivel de cesantía había subido en la ciudad desde las elecciones municipales, no había ninguno posible para él. El nuevo alcalde, para qué decirlo, era un absoluto imbécil.

Cansado de caminar, se le ocurrió la original idea de ir a un bar –como si no hiciese lo mismo todos los días-. Es así como recordó la invitación al nuevo local y al hombre que se la había dado.

Mierda, se decía Arthur, sentado en el bus al lado de un hombre mayor que intentaba fingir no mirarlo, como pude olvidarlo, era ridículamente atractivo (claro, la palabra que usó no fue exactamente "atractivo"). Se perdonó diciéndose que tuvo mucho que hacer y pensar esta semana como para distraerse con tipos que parecían ser sacados de anuncios de Abercrombie & Fitch.

Cuando estuvo cerca del local se angustió pesando en la presentación (Ya mencionamos la cualidad neurótica de Arthur, ¿verdad?).

-Hola, ¿te acuerdas de mí? Soy el idiota al que se le cayó el celular y te intentó hacer creer que era un ladrón –risa forzada- Uh, sí… ¿qué tal ese trago?- No, demasiado ridículo. Daba pena. Ni siquiera sonaba a sí mismo.

- Me pasaba por aquí y como no he podido tomar nada hoy pensé en entrar, ¿aún está de pie la invitación?- No tan mal, si no fuera porque suena a alcoholismo. Además era mentira, porque había tomado cerveza en la mañana. Aunque Alfred no tenía que saber eso.

-Buenas tardes…- Nah, demasiado formal, Alfred no tenía la apariencia de ser muy formal ni el mismo lo era. La formalidad es ridícula, sobre todo en este tipo de contexto, les dejaría la formalidad a otros. O quizás hasta a su futuro Yo, quien sabe.

-Dame alcohol gratis- Sip, excelente idea.

Y con esto comprobamos que Arthur no es exactamente una mariposa social. Además de que se acompleja solo.

Cuando estuvo frente a la puerta del pub, tomó aire y entró.

El local, como lo había supuesto, no era como la mayoría de los bares de poca monta a los que solía ir. Era, en primer lugar, bastante grande, con una escalera que daba a un segundo piso y un primer piso con un gran bar, un espacio para bailar bastante generoso, sillones y algunas mesas. Era sin duda un lugar sofisticado, la gente –todos jóvenes- vestía de marca pero sin ser por ello elegante. No era un lugar que a Arthur le agradara a simple vista, pero lo que si le agradaba a simple vista era el joven detrás de la barra de tragos.

Se acercó lentamente a la barra, jugando con los aros de su oreja izquierda. Y aparentemente, como solía suceder, se había preocupado por nada, ya que Alfred al verlo le hizo un gesto con la mano. De su persona emanaba alegría innata y despreocupación. Tenía la misma sonrisa que la última vez pero Arthur la encontró aún más deslumbrante, efecto propio del ambiente de un bar. Arthur se acercó con paso decidido y se sentó en los bancos al otro lado de la barra.

-Hey, Artie, me alegra verte de nuevo. Pensé que ya no vendrías.- Alfred tenía una expansión azul en la oreja izquierda de la que Arthur no se había fijado antes y un tatuaje negro que se asomaba del cuello de su camisa negra, y si alguna vez Arthur había dudado del atractivo de este tipo ahora estaba completamente seguro de que, en efecto, era absolutamente sexy.

-Solo Arthur, no me gustan los apodos.- Dijo, porque ser amable en todo lo que dice no es su fuerte ni su interés, y a quien no le guste pues que se vaya, él no está para agradar a todos. O esto se decía a sí mismo, la verdad es que era algo antipático por naturaleza.

-Oh, qué lástima, porque a mí me encantan. ¿Qué te sirvo? No olvidé mi promesa, pide lo que quieras, la casa invita.

Arthur miró los tragos escritos en la pared tras Alfred, pero como estaba acostumbrado a tomar cosas más simples –normales- no reconoció ninguno. Pero Arthur es un hombre orgulloso y no piensa demostrar su ignorancia, por lo que decide fingir que sabe, pedir cualquier cosa y pretender que le gusta lo que está tomando.

-Dame un Cosmopolitan.-Dijo, y Arthur no entendió la sonrisa divertida y algo triunfante de Alfred.

-Vale, un segundo.

Arthur vio fascinado como el otro preparaba el trago, mesclando el alcohol, agregándole fruta y líquidos que no identificó. Hacía sutiles pero imposibles malabares con los vasos y verlo agitar la coctelera con una sonrisa alegre y con los músculos del brazo notorios fue increíble. Depositó la copa frente a Arthur y lo miró con expectación mal disfrazada de serenidad.

Arthur lo probó, era dulce y suave, pero delicioso y los sabores bailaron en su lengua. Joooder que delicia.

-No está mal.

-¿No está mal? Está excelente, querrás decir.

-…No tienes problemas de baja autoestima, ¿no es verdad?

-¿Para qué? Es importante quererse a sí mismo.

-No es como si uno eligiera tener baja autoestima, Alfred.- Dijo, como quien le enseña a un niño de cinco años algo que ya se le ha dicho pero que aún no aprende. Alfred no dijo nada y le tomo el pedido a una pareja que acababa de llegar.

-Mi hermano tiene problemas de autoestima- Dijo de la nada, mientras preparaba los tragos. Arthur se sorprendió que alguien hable temas tan personales con un extraño, pero no lo comentó.- O en realidad eso creo. Nunca nadie le ha prestado mucha atención, incluyéndome –Alfred parecía algo avergonzado- La verdad es que suele pasar desapercibido en todo, es como un fantasma, puedes pasar horas en la misma habitación sin darte cuenta que está ahí.

-¿Tiene problemas de autoestima porque no le prestan atención o no le prestan atención porque tiene problemas de autoestima?

-Honestamente no tengo ni idea. ¿Tú los tienes?

-Alfred, la verdad es que casi todo el mundo tiene problemas de autoestima. Algunos más que otros, claro, pero siempre están ahí. Es algo natural. De mierda, claro, pero por lo general normal. Claro, digo que por lo general es normal, porque hay veces en que esos pequeños complejos escalan hasta convertirse en algo mucho más problemático.

- Quizás tengas razón, pero la verdad es que yo jamás he tenido una baja autoestima.- Dijo Alfred mientras le dejaba las copas a la pareja.

-Puede que lo tengas tan internalizado que no te das cuenta, o puede que simplemente no. Mi hermano por ejemplo tiene un severo caso de egocentrismo, es terrible. ¿Se podrá tener baja autoestima y sin embargo ser egocéntrico?

-No lo sé, pero supongo que más que autoestima, el egocéntrico puede tener complejo de inferioridad.

-O más bien el que tiene complejo de inferioridad puede volverse egocéntrico en algunos casos. O quizás es inseguridad, en lugar de inferioridad. He visto a gente muy insegura pero muy egocéntrica. Es algo contradictorio.

-El ser humano es muy contradictorio.- Finalizó la conversación Alfred con una gran sonrisa. Luego de unos minutos en silencio en los que Arthur tomaba su Cosmopolitan y Alfred preparaba los nuevos pedidos, este último miró a Arthur.

-¿Y cómo estuvo tu semana?

Arthur dejó su copa en la barra. ¿Cómo había estado su semana? Terrible. Aun no encontraba trabajo, la hoja de notas de su hermano fue deprimente, de sus hermanos mayores aun no sabía nada, se peleó con un tipo en un bar y perdió, las cuentas se acumulaban, etc. Pero a diferencia de Alfred, él era más reservado.

-No me quejo, algunos problemas familiares pero bueno, ¿quién no los tiene?

-Es verdad. No he visto a mi papá hace cinco años, aunque eso es elección mutua. Nunca nos llevamos bien.

-¿Y la tuya? Tu semana, me refiero.

-Excelente, ganó mi equipo de futbol. ¿Quieres otro trago?

-Sí, dame otro Cosmopolitan. ¿Cuál es tu equipo?

Alfred le dejó el trago en la barra y sonrió- ¡El mejor, claro! ¡Los Dallas Cowboys!

Qué mierda es eso. Se preguntó Arthur, hasta que comprendió, y miró a Alfred como si fuera un estúpido.

-Alfred, eso no es futbol. Es futbol Americano.

-Bueno, claro, estamos en Estados Unidos, ¿No es así? Pero tú tienes algo de acento inglés.

-Mis padres eran ingleses y yo nací allá, supongo que me rehúso a olvidar completamente el acento de mi país natal.-Alfred se quedó extrañamente callado, dejando de sonreír por un segundo. Luego miró a Arthur y la sonrisa volvió.

-Pensé que fingías el acento.

-¿Para qué haría algo como eso? No busco encantar a la gente por algo falso.-Ni por algo real, a decir verdad. Arthur no solía buscar gente, y los tipos con los que se acostaba lo buscaban a él. Arthur era atractivo, y lo sabía, aunque su atractivo era diferente al de Alfred.

Alfred sonrió con una expresión indescifrable y se inclinó sobre la barra.

-Mi turno termina temprano hoy, ¿por qué no me esperas afuera? Aquí hay mucho ruido.

Arthur miró el reloj de su celular. Eran las nueve de la noche. ¿Cómo habían pasado dos horas tan rápido? Salió del bar y la noche estaba cálida. Había unas pocas personas caminando por la calle. Con la espalda en la pared, sacó un cigarro. Después de un rato salió Alfred, con ropa cambiada, y se apoyó distraídamente al lado de él.

-¿Has vuelto a rayar?-Arthur lo miró sorprendido por recordarlo.

-Uh, no, esta semana he estado algo ocupado.

-¿Es por eso que no viniste antes?

-No, la verdad es que te olvidé completamente.- dijo, porque bueno, orgullo. Pero el otro solo sonrió y de pronto Arthur sintió los labios de Alfred en los suyos.

Al fin, pensó, porque eso es lo que había querido hacer desde que lo vio por primera vez. Le pasó los brazos al cuello y el otro le abrazó por la cintura, profundizando un beso que si bien había comenzado casto, ahora era todo lo contrario. La espalda de Arthur chocó contra la pared y la lengua de Alfred entró a su boca. Estaban tan juntos que el que los hubiera visto le hubiera costado diferenciarlos a simple vista. Arthur se separó y lo miró a los ojos.

-Vayámonos de aquí.

-¿A tu departamento?

-No, está mi hermano. ¿Al tuyo?

-Vale, Artie, déjame llamar un taxi.

Pero mientras lo esperaron no se separaron en ningún momento.


Espero que les haya gustado. Al parecer, el fic se me alargó más de lo que esperaba y haré un par de capitulos más de los que tenía planeados. Creo que hice a Alfred más inteligente de lo que creo que es jajaja.

En un sentido más serio, el autoestima es un tema muy delicado para algunos, por eso el dialogo que hay es bastante superficial. Por qué no dejan sus pensamientos sobre el tema? Creo que es algo que se debe hablar, porque de lo contrario puede escalar a algo terrible. Si alguien necesita hablar porque tiene estos o otros problemas y nadie con quien conversar (guardárselos a veces es lo peor) siempre pueden hablar conmigo, aprovechando el anonimato, que es el problema de varios.

Eso, intentaré actualizar lo antes posible y los quiero :)

byee, cuidense 3