CAPITULO 1
EL INCENDIO
Era un día muy bello en Japón, uno de esos que se antoja salir a comer un helado con los amigos o la familia. Pero claro¿Cómo salir con una familia cuando uno no tiene?
Una niña huérfana miraba a la gente pasar a través de la ventana. Todos eran familias que salía en fin de semana. Daría lo que fuera por tener una familia: un papá, una mamá, y porque no unos hermanos. Pero seguía ahí, contemplando todo en la ventana.
Claro, era el día del niño. Y muchos habían sido festejados por sus padres saliendo en familia. La niña tan solo se había arreglado para salir en la noche al festival del día del niño que se celebraba en el centro, con o sin las personas que la cuidaban. Pensaba escaparse un rato para ver el festival.
Habría deseado que ese mismo día la hubieran adoptado y que la llevaran a celebrar el festival con una familia. Pero por extrañas razones no la adoptaban. Cierto, tan solo llevaba un par de meses ahí, pero ella no sabía que se tenía que esperar tanto para conseguir una nueva familia. Y lo peor de todo era no recordar la pasada.
Pero por ahora se tenía que reconfortar con salir en la noche a escondidas mientras los demás dormían.
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En un barco estaban cuatro niños tortugas jugando alegremente en la carga del barco. Su padre, el maestro splinter, había decidido llevar a sus hijos al festival del día del niño que se hacía en Japón. El aún recordaba esos festivales cuando su maestro lo llevaba en su hombro. Era momento de que sus hijos lo vieran.
Los cuatro simplemente sabían que iban a Japón de nuevo. Ya habían ido un par de veces antes con su maestro, pero esta vez iban a ver un festival.
El barco se paró. Splinter llamó a sus hijos y les pidió silencio. Cuando pasó un guardia y se dio la vuelta, con la rapidez de un ninja salieron del barco.
Ya estaba oscureciendo, eso significaba que el festival estaba a punto de empezar. Les dio a sus hijos unas túnicas para cubrirse y les pidió que lo siguieran.
Mientras tanto, una niña pequeña salía a escondidas del orfanato. Era muy buena cuando se trataba de salir en discreción: eso era parte de ser un ninja. Pero no lo era el hecho de pedir silencio al viento. No tenía ni idea de cómo lo hacía, pero con eso se sentía especial.
El festival había comenzado. Estaba lleno de luces y dragones de papel. En síntesis: un lugar lleno de fantasía.
Lo mismo pensaban las tortugas, que pasaban alegremente por todos lados y viendo a todas partes.
-Wow!!!- exclamó Miguel ángel viendo los dragones que pasaban en el festival –Maestro splinter ¿Puedo tener uno?
La rata simplemente se rió mientras le daba a cada uno de sus hijos moshis para que los probaran. Era como un pastel muy dulce.
En el festival pasaban gente con kimonos y niños con cometas de peces koi. Como le encantaba ese lugar. Y sus hijos también lo disfrutaban como podía. Les habría gustado quitarse las túnicas, pero de seguro eso haría que la gente se alterara.
Unos señores estaban comentando a toda la gente que iba a ver un espectáculo de fuegos artificiales, algo digno de ver, una maravilla.
La niña pasaba entre la muchedumbre para poder apreciar de cerca los fuegos artificiales. Pasaba entre muchas familias, pero la que mas le llamó la atención fue una donde todos estaban cubiertos con túnicas. Se le hizo raro eso, no hacía frío, sino lo contrario.
Leonardo, quien era el mayor de sus hermanos y que había ahorrado para poderse comprar algo, fue a un estandarte donde vendían varios juguetes japoneses. Quería comprarles algo a sus hermanos. La niña se había acercado al estandarte también para ver los juguetes, pero no podía comprar nada.
Leonardo volteó para ver quien estaba cerca de ella. La niña. Ella también volteó, pero para intentar ver quien estaba en esa túnica oscura. Mientras que la niña estaba de curiosa ver quien estaba en la túnica, Leo veía esos ojos verdes sorprendentes de la niña que brillaban con la luz, eran muy hermosos. Pero para un niño simplemente era eso. Nada más.
- Onamae wa? –preguntó la niña en japonés.
-¿Eh? –preguntó Leonardo. No entendía el japonés aún. Llevaba clases con su maestro, pero todavía no le entendía.
-Doko ni sunde imasuka? –volvió a preguntar la niña.
-Lo lamento, pero es que no te entiendo –le dijo sinceramente.
La niña comprendió que lo que hablaba el niño era inglés. Así que simplemente sonrió.
Un señor acababa de prender los fuegos artificiales, toda una maravilla llena de fantasía. El primer fuego artificial dio formas de estrellas de colores en el cielo. Todos los niños gritaban asombrados.
Sin embargo cuando se prendió el tercer fuego artificial que tomó forma de un dragón, se estrelló cerca de donde Leo y la niña estaban, no entendían como había pasado eso a esa distancia, pero lo cierto era que parecía como si el propio dragón se dirigiera hacia ellos.
Un puesto de comida se prendió por el fuego quemando casi todo a su alrededor. Leonardo puo saltar fácilmente por las llamas, pero se había percatado de algo. La niña estaba aterrada viendo el fuego, eso se notaba demasiado en sus ojos.
Por ver a la niña aterrada no se había dado cuenta de que su túnica se había quemado su túnica. Se la quitó de inmediato y fue directo en donde estaba la niña pidiendo ayuda.
-¿Estás bien? –le preguntó a la niña olvidando por completo que no le entendía.
-Watashi…si, eso creo…
-¿Entiendes el inglés? –preguntó soprendido.
-No…no sé… -también se había sorprendido la niña.
Vio bien al niño que la estaba ayudando a pararse. Ahora entendía porqué llevaba una túnica antes. Pero eso no le importaba, al contrario, estaba contenta con el niño, se sentía segura con él. Se preguntaba si los demás que estaban con él también eran tortugas.
-Kame.
Ahora si había entendido lo que le dijo. Le había llamado tortuga. O sea que si lo había visto bien, y al parecer no le importaba porque le estaba sonriendo. Le devolvió la sonrisa y la ayudó a levantarse para sacarla del fuego que al aparecer le temía.
Otra explosión se oyó, pero una más fuerte. El fuego había alcanzado a los otros fuegos artificiales y ahora quemaba todo el lugar. La niña se aferró a la tortuga aterrada ante tanto fuego alrededor.
En ese momento oyó a su maestro que lo llamaba.
-Maestro splinter –llamó Leo- Aquí estoy.
En poco tiempo la rata había llegado a ellos. Splinter vio que Leonardo ayudaba a una niña que estaba muy asustada.
-Tranquila niña –le dijo suavemente la rata –Te sacaremos de aquí.
La niña no comprendió mucho, pero esa voz suave se le hacía familiar. Era como la de un padre protector, y todo ese fuego se le hacía recordar más, y a la vez olvidar. Todo era muy confuso.
En dos ágiles saltos, el maestro splinter sacó a los dos niños del fuego que comenzaba a aumentar. Los llevó donde sus hermanos los esperaban.
La niña contempló como sus hermanos corrían hacia Leonardo para saber si estaba bien. era una tierna escena. Una que ella desea sentir.
Volteó hacia el fuego que se consumía cada vez más. Le recordó a su antiguo hogar cuando lo vio todo quemado. Un sentimiento fuerte la invadió, la tristeza, el temor…todo era muy confusa para ella ¿Por qué le pasaba eso a ella¿Qué era lo que le estaba pidiendo la vida?
El viento comenzó a soplar fuertemente alrededor de la niña mientras una voz suave le decía que se tranquilizara, pero no era lo suficientemente fuerte para tener la atención de la niña.
Splinter por primera vez vio los ojos de la niña, esos ojos verdes que se le hacían muy familiares. Eran muy llamativos, con un brillo que indicaba muchas cosas. Pero no sabía donde los había visto antes.
Un fuego artificial se dirigía hacia ellos. No había escapatoria.
La niña lo vio. Un coraje interior se liberó de ella.
-Iie!!!!! –gritó la niña.
El viento respondió por ella ante su reacción. Sopló tan fuerte como una tormenta, y en cuestión de segundos como un huracán alrededor de la niña. La niña indicó al viento con sus manos que se dirigiera hacia el fuego artificial que se dirigía hacia ellos y lo detuvo.
Las tortugas y el maestro splinter lo habían visto todo. Esa niña no era normal. Mientras que el agua del estanque cercano comenzaba a iluminar sin que se dieran cuenta los demás.
La niña cayó de sentón ante tanta fuerza que había lanzado. Miraba desconcertada lo que había hecho. No le asustaba en absoluto. Ya se había dado cuenta que ella poseía un don misterioso con el viento, pero nunca creyó que llegara a tanto.
Volteó hacia donde estaba la familia extraña, la veían asombrados. La niña les sonrió. Ahora entendía porqué ninguna familia la adoptaba, ella era demasiado peligrosa, tanto que podía causar miedo. Intentó no llorar y sonreírle a la familia que la veía. Ella era peligrosa para cualquier familia. Incluso para una diferente donde todos son animales tiernos que ella conservaría como mascotas bajo su cama a escondidas.
Se paró y les sonrió.
-Arigatou. –dijo la niña. Y se marchó.
Era extraño. Pero las cuatro tortugas sentían que debían seguir a la niña y cuidarla. Pero no dijeron nada. Simplemente vieron a su maestro que los abrazó al ver que estaba bien.
El agua burbujeaba sonidos muy extraños, pero si uno estuviera cerca perfectamente podría escuchar lo que decía.
-unme…
Las cosas pueden ser misteriosas. Tanto que encamina todo a su rumbo de maneras muy distintas hasta llegar a su destino.
La niña no sabía que los elementos habían elegido a sus guardianes. Mientras que las tortugas no sabían que el destino les había dado una nueva misión.
