Ponchis: Gracias! Me alegra que te guste la idea de esta historia :) Ten en cuenta que nunca hice el Camino a Santiago (algún día me gustaría hacerlo, pero me queda lejos, en otro continente) , así que todo lo que pongo es sobre información que conseguí en distintas webs. Si cometo algún error, no dudes en corregirme ;) Besos!


Emma llegó a París, pero quería comenzar el Camino en Jean Pied de Port. Ingrid había comenzado el Camino de Santiago en Jean Pied de Port y Emma quería hacerlo en el mismo lugar, pero no había conseguido un vuelo allí, por eso aterrizó directo en París. Llegar de París a Jean Pied del Port le llevo unos diez días de hacer dedo y caminar. Por suerte en Tours consiguió que un camión la lleve hasta Jean Pied de Port, y eso le ahorró grandes cantidades de kilómetros.

Cuando llegó a Jean Pied de Port decidió que iba a pasar la noche en un hotel, para poder comenzar el Camino con las fuerzas recargadas. Entró a un hotel que quedaba en la ruta y pidió una habitación.

- ¿Cuánto por la noche? – Preguntó Emma.

- Si estás sola son dieciocho dólares. – Respondió Úrsula, la recepcionista.

- Bien. – Dijo Emma y le dio el dinero.

- Si tienes acompañante será más caro. – Dijo Úrsula agarrando el dinero.

- No tendré acompañantes. – Dijo Emma seriamente.

- Pero podrías tenerlos, en ese caso será más dinero. – Insistió Úrsula dándole la llave de la habitación y un formulario de datos para llenar.

- No tendré acompañantes. – Repitió Emma agarrando la llave y el formulario. – Voy a hacer el Camino a Santiago, así que en este momento no tengo dirección fija. – Informó sin poder terminar de completar los datos.

- Solo pon tu primera dirección. – Dijo Úrsula.

Emma no tenía una dirección, no tenía un hogar. Así que hizo lo primero que se le ocurrió, y en el formulario anotó la dirección de August. Fue a su habitación y lo primero que hizo fue llamarlo.

- Hola. – Saludó ella.

- Hola. – Saludó él. - ¿Estás en Jean Pied de Port? – Preguntó.

- Si. – Respondió ella. – Usé tu dirección como mi dirección en el formulario de registro, porque no pude pensar nada más. – Informó nerviosa.

- Está bien, puedes usarla cuando quieras. – Dijo él.

- ¿Qué hacías? – Preguntó ella.

- Le preparo la cena a un amigo. – Respondió él.

- ¿Qué amigo? – Cuestionó ella.

- ¿Importa? – Preguntó él.

- Si a ti te importa a mí también. – Contestó ella.

- Creo que puede llegar a ser el indicado, su nombre es Jefferson. – Comentó él después de un largo silencio. – Lamentó que tengas que caminar miles de kilómetros para… - Comenzó a decir, pero se quedo callado.

- Termina eso. – Lo desafió ella. - ¿Para qué tengo que caminar miles de kilómetros? – Preguntó seriamente.

- ¿Necesitas que te envíe algo? – Ofreció él, cambiando el tema.

- No, Ruby está a cargo de todas las cajas. – Respondió ella.

- Bien, debo irme. – Dijo él. – Que tengas buen viaje. – Le deseó.

Emma colgó el teléfono. August era lo más parecido que tenía a un familiar por así decirlo. Ellos habían sido hermanos en una de las casas de familia adoptiva donde habían estado. Él había prometido que la iba a cuidar y siempre iban a estar juntos, pero el destino los separó y ella se sintió traicionada. Se reencontraron cuando ambos estaban trabajando un resto-bar llamado Granny's. Allí Emma también conoció a Ruby, ella fue la primera amiga que pudo hacerse en su vida, por eso confió en el ella el envío de cajas con provisiones para su viaje. Aunque sabía que August no tenía la culpa de que no hayan crecido juntos como le había prometido, todavía no podía evitar tener cierto resentimiento hacia él. Incluso, en su reencuentro, habían tenido cierto acercamiento romántico, aparte ambos sufrían las mismas adicciones y eso en cierta forma los acercaba. Pero decidieron que lo mejor sería abrirse para no lastimarse y que cada uno pueda reconstruir su vida. Después de llevar unas semanas separados August finalmente admitió que era homosexual, y aunque Emma estaba feliz y orgullosa de que él finalmente lo haya aceptado y podido admitir, se sintió algo engañada y usada.

Se dio un baño de agua caliente y preparó todo para irse. Durmió, aprovechando la comodidad de poder hacerlo en una cama. Se despertó al amanecer, desayunó algo rápido y cargó sus provisiones de agua. Fue a agarrar su mochila, pero le fue casi imposible levantarla. Para poder lograr cargarla, tuvo que sentarse en el piso y levantarse con la mochila ya cargada en su espalda. La primera vez que lo hizo se cayó para atrás, pero finalmente su determinación ganó y pudo levantarse con la mochila a cargas.

Empezó el camino en el kilómetro cero, siguiendo la ruta. Cuando iba dos horas de caminata una camioneta frenó y la ofreció llevarla al Puente Medieval sobre el Río Nave ya que le quedaba de pasada. Ese era el lugar de excelencia donde los peregrinos empezaban el camino, así que aceptó la amable propuesta. El conductor era un hombre de unos aproximadamente cincuenta años, y estaba acompañada por su hija adolescente llamada Violet.

- ¿Vas a hacer el Camino a Santiago? – Preguntó con curiosidad Morgan.

- Si. – Asistió Emma.

- Suerte con eso, no sé como hacen para caminar tantos kilómetros. – Le deseó Morgan. - ¿Sueles caminar mucho? – Preguntó.

- No, la verdad está es la primera vez que voy a hacer algo así. – Respondió Emma con sinceridad.

- Eres valiente para hacerlo. – La halagó Morgan.

Ante el pequeño halago, Violet dejó salir un pequeño sonido de frustración de su boca. Morgan decidido encender la radio para evitar un momento incomodo. Emma se concentró en ver el paisaje por la ventanilla, hasta que de repente empezó a sonar la canción "You're gonna make me lonesome when you go" de Bob Dylan. Esa era la canción favorita de Ingrid.

De repente su cabeza de vio repleta de recuerdos. Ingrid bailando y cantando Bob Dylan en el medio de la cocina. A Ingrid le había costado hacer que Emma confiará en ella, pero una vez que lo hizo todo momento cotidiano se había vuelto mágico. Emma podía recordar como Ingrid la sacaba a bailar y le hacía imitar sus pasos. Ingrid había sido la única persona a la que Emma se había animado a llamar "mamá". Una sonrisa sincera se reflejo en sus labios, hasta que Violet apagó la radio repentinamente

- También te quiero hija. – Dijo Morgan mirando a Violet quien había vuelto a concentrarse en su libro.

Emma llegó al Puente Medieval. Lo primero que hizo fue captar con su vista la hermosura del paisaje. El puente era de piedra y el agua del río era de un fascinante color azul verdoso. Atravesar los restos de la antigua muralla destruida fue algo increíble.

Fue al poste de los peregrinos y escribió su primer mensaje:

Para quien le interese, voy a hacer el Camino a Santiago.

Emma.

El primer día de todos fue el más duro. Se sentía cansada y se cuestionaba constantemente cómo era que se le había ocurrido hacer esa caminata. Su mochila pesaba y sus piernas dolían. Como frase motivadora, se recordaba a si misma que podía renunciar en cualquier momento que deseará. Pero el problema es que ella quería caminar, ella quería hacer eso. Así que eso hizo. Continuó caminando y se concentró en la naturaleza. Sintió el olor de la tierra y de los árboles. Observó el paisaje montañoso que la rodeaba, y se maravilló con los pueblos de Iruleya y Erreculus. Escuchó el sonido del viento y el canto de los pájaros. En el camino se cruzó con algunas ovejas y caballos. Llegó al núcleo de Huntto y se maravilló con la esplendida vista que ofrecía el mirador. Pasó por Orisson, y rezó a la estatua de la Virgen de Biakorri. Ella no era religiosa, ni creía en esas cosas, pero sintió la necesidad de hacerlo. Le pidió que le de fuerzas para hacer el camino y retomar el curso de su vida. Almorzó al pie de la Cruz de Thibault, la cual estaba llena de objetos colgados que dejaban los peregrinos. Después de pensarlo por un rato, decidió dejar colgado el colgante que Neal le había regalado. Si quería seguir adelante con su vida, debía dejar el amor que había sentido por él en el pasado.

Solamente frenó cuando se sintió completamente agotada. Lo cual resultó ser después de conocer la Fuente de Roldán y entrar en la localidad de Navarra. Se liberó de su mochila y armó la carpa. Armar la carpa fue todo un acertijo, pero finalmente siguiendo las instrucciones pudo hacerlo.

Abrió su diario de viaje y escribió:

Pensé en ti hoy Ingrid, estoy con mucha energía recordando porque estoy haciendo este Camino. No quiero que te enojes conmigo porque el primer día renuncié rápido.

Vi un ave volando perfectamente en el cielo, y pensé que tú y mi hijo/a quizás están en un lugar mejor. Si lo encuentras, ¿Podrías cuidarlo por mí?

Hace poco leí un libro, y una de sus frases no pude sacarla de mi mente en el día de hoy: "No hay que negar las heridas que provienen de nuestro mismo poder".

Se hizo una sopa instantánea y se acostó a dormir. Eso fue lo más difícil, dormir en medio de tanta inmensidad y silencio. Cada ruido, por más pequeño que fuera, la hacía ponerse paranoica, y prender su linterna.

El segundo y tercer día recorrió el Bosque del Monte Donsimon, hasta llegar a la Ciudad de Roncesvalles. Los caminos dejaron de ser montañosos, para transformarse en llanuras y bosques. Empezando a sentirse segura con su caminar, tomó confianza y se propuso llegar a Pamplona en menos de cinco días. Sorprendentemente llegó a Pamplona el cuarto día a la noche.