Nota de autora: Lo que pasa en el sexto año es igual que en el canon, es decir, la tarea que le encomiendan a Draco y el plan que hace para intentar llevarla a cabo. Todo lo que sucede con Blaise es de mi imaginación.
ESCOBA
En la Mansión Malfoy normalmente reinaba el silencio, la excepción era cuando llegaban los amigos de Draco, que armaban un gran escándalo jugando y conversando, a pesar de las regañinas de sus madres de que se comportaran como los señores sangre pura que eran. Pero para un par de niños de seis años eso era muy difícil, ya que cualquier cosa, por insignificante que fuera, les llamaba la atención y actuaban de esa manera.
La reunión de ese día la protagonizaba la escoba que le había regalado Lucius Malfoy a su hijo, una Barredora 5 para niños, recién salida al mercado, apenas la sacaron y Draco ya la tenía, eso hacía que Blaise se muriera de la envidia ya que su madre no era fan del quidditch, así que las escobas eran una de las cosas que menos le importaba.
Draco y Blaise se conocían desde siempre, desde que a la señora Zabini la habían invitado nada más nacer Draco y ella había ido con Blaise, toda la vida habían estado uno en casa del otro, tramando planes para conseguir las galletas que los elfos hacían o cubriéndose cuando alguno de ellos hacia algo malo y no querían salir castigados. Por esa amistad, Draco le había dejado su preciada escoba a su amigo nada más llegar.
Blaise se subió emocionado a la escoba en cuanto llegaron al campo de quidditch, le encantaba volar, sentir el viento en su cara, ¡era lo mejor del mundo! Y cuando Draco se elevó a su lado, sintió que todo estaba bien. En realidad a él lo que más le importaba era estar con su amigo, su casa era muy solitaria solo con la compañía de su madre y de los elfos y no podía divertirse con nada para no romper las cosas tan caras que Artemisa tenía en la Mansión. Era por eso que le encantaba ir a la Mansión Malfoy, en ella tenía la compañía de Draco.
Ese día se lo pasaron genial, jugaron al quidditch con un encantamiento que les había puesto Lucius para que pudieran jugar de manera real, comieron un montón de galletas de chocolate y sobre todo, hablaron, compartieron sus preocupaciones y temores por los que sus padres estaban pasando, ya que a pesar de ser pequeños, se daban cuenta que no todo estaba bien en sus familias, sobre todo cuando se reunían muchos señores con capas negras. No sabían de qué iba el tema, pero aun así, si que veían el estado de sus padres cuando aquellas reuniones acababan y no querían que nada malo les pasara.
A pesar de ese asunto, ese día se convirtió en el más importante para ellos, ya que hicieron una promesa de amistad en la que se prometían a estar siempre el uno para el otro, compartir todos los temores y sentimientos, todo lo que les aquejara.
Y en esa promesa estaba pensando Blaise unos cuantos años más tarde, en su sexto curso en Hogwarts, al ver a su mejor amigo pálido, con ojeras y con un aura de miedo y urgencia.
— ¿Sabes una cosa, Draco?
— ¿Mmmm?
—Estaba pensando en el día de los narcisos.
Al oírlo, Draco se incorporó rápidamente para poder mirarlo a los ojos.
—Ese día fue el mejor de todos, ¿te acuerdas? Estuvimos volando, luego jugando a quidditch, comiendo esas maravillosas galletas que hacían tus elfos…
— ¿A qué viene todo esto? — le cortó el rubio endureciendo sus facciones.
—Viene a que ese día nos prometimos una cosa, una promesa que yo sí he cumplido durante toda mi vida a partir de ese día, fueran cosas insignificantes o importantes— lo miró y luego negó con la cabeza— y que tu ni siquiera te has esforzado por hacer.
Ante eso Draco no supo que contestar, lo había dejado sin palabras.
—No te estoy recriminando nada… —dejó de hablar un momento, y luego retomó lo que iba a decir— si, si es una recriminación, porque me duele verte de esa manera, porque si confiaras en mi, todo esto se podría evitar, o al menos minimizar, porque no tienes por qué cargar con todo esto tu solo teniéndome a mí para poder ayudarte. Y porque lo que más me duele es que confíes en esos idiotas de Crabbe y Goyle en asistirte en ese descabellado plan en vez de en mi, sabiendo que yo te podría ayudar más y mejor que ellos. A eso viene toda esta conversación, Draco.
Ese día Draco había vuelto bastante tarde de la Sala de los Menesteres, cuando llegó a la habitación que compartía con Blaise, lo único en lo que pensaba era en tumbarse y dormir por una semana, esperando que todo lo que le estaba pasando desapareciese y todo volviese a ser como era antes de que su padre fuese encarcelado y él hubiese tenido que aceptar la marca para proteger a su madre. Por lo que en ese momento lo que menos le apetecía era discutir con Blaise un asunto que no creía que le afectara, ya tenía suficientes problemas como para añadirle uno más.
—Pareces un Hufflepuff con tus emocionales discursos. Las cosas y las situaciones cambian, aquello fue un juego de niños, por Merlín, ahora ya somos más grandes para seguir con esos pensamientos tan sentimentales.
Blaise solo lo miró con dolor, no creyendo lo que estaba oyendo de parte de su amigo. Al ver que Draco no había cambiado la expresión, y que seguía igual, sin haberle afectado nada, se dio la vuelta y pretendió dormir, cosa que no consiguió en toda la noche. Pero en esas horas había tomado una decisión que le dolía profundamente pero que no iba a dar su brazo a torcer: si él no era importante para Draco, no le iba a molestar mas, lo trataría con indiferencia y como si de un desconocido se tratase, después de todo, ésto era lo que el rubio quería, pues él se lo daría, aunque por dentro estuvieres llorando la pérdida de su amistad, porque a pesar de todo, él si consideraba ese sentimiento como uno de los más importantes en su vida.
Y eso fue lo que hizo: se distanció completamente de Draco y se empezó a acercar a otros compañeros de casa, no era lo mismo que con el rubio, pero por lo menos no se sentía como si fuese un adorno al que no necesitaban.
Así pasaron varios meses, sin que Blaise hablara con Draco, pero vigilándolo de lejos, viendo como cada día se consumía mas, como se asustaba con cualquier ruido, como se sumergía en un mundo de pesadillas cada vez que iba a dormir. Y todo eso le dolía, y mucho, ya que no podía estar ahí para consolarlo y cuidarlo.
Gran fue su sorpresa cuando un día de junio, se le acercó.
Estaban en su habitación, cambiándose para irse a la cama, cuando de pronto, Draco empezó a susurrar para sí mismo, como recriminándose algo. Luego sacudió la cabeza, se puso recto y se acercó a Blaise. Éste lo observó detenidamente, parecía que algo había cambiado en su amigo, algo que no sabía si era bueno o no, de todas maneras, escucharía lo que le tenía que decir.
—Lo que te dije aquel día no era verdad, siempre te consideré mi mejor amigo, mi hermano, la persona con la que podía contar para todo. Y fue por eso por lo que te alejé, porque no quería que te metieras en lo que yo estaba, porque prefería perderte a verte en mi situación. Sé que te sentiste traicionado cuando usé la ayuda de Crabbe y Goyle en vez de la tuya, pero eso también tiene una explicación: ellos son prescindibles para mi, tu no. Sé que ahora esto no tiene sentido para ti, no después de tantos meses, pero quiero que a pesar de todo, recuerdes nuestra amistad como era antes y no como ha sido durante todos estos meses. También quiero que me prometas, que pase lo que pase, no saldrás de la habitación en estos días por la noche, no sé cuando, pero prométeme, que no lo harás, ya tengo la responsabilidad de la vida mi madre, no me hagas ser responsable también de la tuya, ¿vale?
Blaise no dijo nada durante todo el discurso, solo se dedicó a verle, a escuchar detenidamente lo que su amigo le quería decir, y cuando éste acabó, solo llegó a una conclusión: no era que Draco no quisiera estar con él o que no confiara en él, todo lo contrario, lo estimaba tanto para alejarlo. Cuando lo comprendió solo sonrió, haciendo que el rubio sonriese a su vez.
—Un simple "lo siento" hubiera bastado entre los dos.
—Ya lo sé, pero tenía que asegurarme, un Malfoy no hace nada a medias, aunque sea una disculpa hacia un amigo.
—No tienes remedio, Draco, no tienes remedio.
Y Blaise lo perdonó, porque a pesar de lo que había pasado esos meses, el seguía sintiendo lo mismo por su amigo que el día en el que se hicieron esa promesa a los seis años, y porque sabia y había sabido todos esos meses, que era cuestión de tiempo que Draco volviese a él, porque una amistad como la suya lo valía.
