Los personajes pertenecen a , yo soy una fanática que juega con ellos.

Disfruten


Alice tomó el libro que gentilmente le ofreció mi padre y se dispuso a leer.

Primer encuentro― leyó ansiosa.

Rodeé mis ojos exasperado ante la actitud efusiva de Alice antes de que ella diera por comenzado el capítulo.

Mi madre me llevó al aeropuerto con las ventanillas del coche bajadas. En Phoenix, la temperatura era de veinticuatro grados y el cielo de un azul perfecto y despejado.

Rosalie suspiró soñadoramente Debe ser bello un día de sol.

No le rebatí, puesto que a mí y a todos nos hubiese gustado estar un rato al sol; pero debido a nuestra condición no nos podíamos dar el lujo de hacerlo.

Me había puesto mi blusa favorita, sin mangas y con cierres a presión blancos; la llevaba como gesto de despedida. Mi equipaje de mano era un anorak.

Alice se estremeció ¿Cómo puede llevar eso? ¿Tan poco sentido de la moda tiene?

Me reí por lo bajo, pero Esme me escuchó y me envió una mirada reprobatoria. Alice, como no, se rió mentalmente de mí. Rodeé los ojos mientras los Quileutes y Charlie miraban confundidos.

En la península de Olympic, al noroeste del Estado de Washington, existe un pueblecito llamado Forks cuyo cielo casi siempre permanece encapotado.

―El clima perfecto para los vampiros― exclamó Emmett, frotándose las manos de anticipación.

Los vampiros reunidos en el hall, rodeamos los ojos exasperados, mientras que los Quileutes y Charlie nos miraban, esta vez, curiosos.

En esta insignificante localidad llueve más que en cualquier otro sitio de los Estados Unidos.

―He ahí la respuesta que supone la interrogante de arriba, queridos amigos― río Emmett a carcajadas. Jasper se unió a él; mientras Alice, Rosalie y yo rodeábamos los ojos exasperados.

―Emmett― le regañó Esme, enviándole una mirada reprobatoria.

―Lo siento, mamá― se disculpó, encogiéndose de hombros. Arruinan mi diversión, es injusto. Pensó para sus adentros. Volví a rodear los ojos. Emmett podía ser muy infantil a veces.

― ¿Cómo es eso de la lluvia? ¿Acaso los vampiros no pueden estar al sol? ― aventuró Charlie, nervioso y levantando una ceja curioso.

Mi familia y yo le miramos sorprendidos. ¿Cómo pudo unir las piezas tan rápidamente?

―No podemos, Charlie― le respondió mi padre calmadamente―. Ocasionaríamos una catástrofe si llagásemos a aparecer en un día soleado― concluyó, cerrando los ojos brevemente. Es perspicaz. Añadió para sus adentros. Le di la razón.

Él asintió y no dijo nada más. Traté de leerle la mente, pero otra vez, sus pensamientos estaban en blanco. Suspiré frustrado mientras mi familia salía del shock y los lobos, nuevamente, nos miraban curiosos.

Mi madre se escapó conmigo de aquel lugar y de sus tenebrosas y sempiternas sombras cuando yo apenas tenía unos meses.

Charlie levantó una ceja, pero no dijo nada.

Me había visto obligada a pasar allí un mes cada verano hasta que por fin me impuse al cumplir los catorce años;

Otra vez, Charlie levantó una ceja. Traté, nuevamente, de leerle la mente Podría ser ella. Pensó, dejándome confundido, ¿quién era ella? Me encogí de hombros, esperando a que el libro me explicara aquella interrogante.

así que, en vez de eso, los tres últimos años, Charlie, mi padre,

―Oh― exclamó el jefe Swan cuando se leyó esa parte―. Entonces, el libro se trata de mi hija.

Sabíamos que en poco tiempo, en un mes para ser exactos, Isabella Swan vendría a este pueblo a vivir. Pero lo que no podía entender, todavía, era cómo es posible que por esta humana se juntaran dos clanes enemigos.

Miré, entonces, a mí alrededor. Todos sehabían quedado callados, tratando de asimilar esa última frase.

―Entonces, esto quiere decir que Isabella Swan va a hacer importante para nosotros― dijo, para sorpresa de todos, Rosalie. No lo logro entender. Es ridículo que por esa humana los lobos y los vampiros se junten pensó para sus adentros.

―Exactamente― respondió mi padre pensativo.

―Y, ¿es a ella que debemos proteger del cazador, amor? ― preguntó Esme con miedo. Ante esa probabilidad, Charlie abrió sus ojos, asustado por su hija y su corazón comenzó a latir rápidamente. Jasper le envió oleadas de calma para tranquilizarlo.

―Probablemente― volvió a responder pensativo Ella será importante, muy importante.

―El cazador vampiro o lo que sea, no tocará a mi hija, ¿cierto Carlisle? ― aventuró preocupado Charlie― ¿la protegerán?

―Despreocúpate, Charlie, nosotros la defenderemos cueste de lo que nos cueste de ese cazador vampiro― dijo mi padre, intentado que dejase el miedo de lado. Funciono porque, poco a poco y gracias al don de mi hermano, el jefe Swan se fue relajando. Los lobos, como no, nos veían enarcando una ceja.

―Pero, ¿cómo puede ser posible de que por ella nos reunamos dos clanes enemigos? ― preguntó, luego de unos segundos de silencio, Sam intrigado. Es sorprendente que por ella nos reunamos, parece una locura. Añadió. Y a Charlie, a juzgar por la expresión que había puesto, no se le había pasado la palabra "clanes".

Tenía que estar de acuerdo con Sam. Era una locura desde todos los puntos de vistas.

―No lo sé con exactitud― respondió mi padre con lentitud―, pero creo que la lectura nos lo dirá.

Y todos, sin excepciones, asentimos. Lo mejor que podíamos hacer era seguir leyendo. Alice, entonces, se apresuró a leer.

había pasado sus dos semanas de vacaciones conmigo en California. Y ahora me exiliaba a Forks, un acto que me aterraba, ya que detestaba el lugar.

―¿Por qué lo detesta? ― pregunté curioso.

―Ella detesta el frío― me estremecí ante la mención del frío―, como Reneé; y ama el sol― respondió, encogiéndose de hombros.

Asentí al tiempo que le hacía un gesto a Alice para que continuase leyendo.

Adoraba Phoenix. Me encantaba el sol, el calor abrasador, y la vitalidad de una ciudad que se extendía en todas las direcciones.

―Ves― dijo con una sonrisa en su rostro.

Volví a asentir.

Bella —me dijo mamá por enésima vez antes de subir al avión—, no tienes por qué hacerlo.

Mi madre y yo nos parecemos mucho, salvo por el pelo corto y las arrugas de la risa. Tuve un ataque de pánico cuando contemplé sus ojos grandes e ingenuos. ¿Cómo podía permitir que se las arreglara sola, ella que era tan cariñosa, caprichosa y atolondrada?

―¿Quién es la madre aquí? ― preguntaron Esme, Alice, Rose, Emily, Sue y Leah, levantando una ceja, antes de mirarse asombradas por haber preguntando lo mismo.

Nadie respondió, por lo que mi hermana prosiguió leyendo.

Ahora tenía a Phil, por supuesto, por lo que probablemente se pagarían las facturas, habría comida en el frigorífico y gasolina en el depósito del coche, y podría apelar a él cuando se encontrara perdida, pero aun así...

Las féminas reunidas en el hall de mi casa, volvieron a levantar una ceja.

Es que quiero ir —le mentí. Siempre se me ha dado muy mal eso de mentir, pero había dicho esa mentira con tanta frecuencia en los últimos meses que ahora casi sonaba convincente.

―¿No sabe mentir? ― solté antes de darme cuenta de lo que había dicho.

Mis hermanos y mis padres, me miraron con reproche; los lobos, negativamente; y Charlie, curioso.

―No, no se le da bien el mentir. Detesta la mentira― me respondió, encogiéndose de hombros.

Asentí algo deprimido y no sabía muy bien el porqué de aquella sensación.

Saluda a Charlie de mi parte —dijo con resignación.

Charlie sonrió con tristeza. Nadie se atrevió a decir algo.

Sí, lo haré.

Te veré pronto —insistió—. Puedes regresar a casa cuando quieras. Volveré tan pronto como me necesites.

Pero en sus ojos vi el sacrificio que le suponía esa promesa.

No te preocupes por mí —le pedí—. Todo irá estupendamente. Te quiero, mamá.

―Ella es muy considerada, Charlie― felicitó Esme al jefe Swan. Él se puso colorado.

Me abrazó con fuerza durante un minuto; luego, subí al avión y ella se marchó.

Por alguna extraña razón que no lograba comprender, todos suspiraron con resignación.

Para llegar a Forks tenía por delante un vuelo de cuatro horas de Phoenix a Seattle, y desde allí a Port Angeles una hora más en avioneta y otra más en coche.

― ¡Tanto tiempo! ― exclamamos los Cullens con los ojos abiertos de la sorpresa. Eso era demasiado tiempo, al menos para nosotros.

―Eso es lo que se demora― respondió Charlie con tono de policía respetador del tráfico de una ciudad.

Nos encogimos de hombros mientras sentíamos la mirada de los lobos y el jefe Swan sobre nosotros. Alice no demoró en leer para zafarnos de aquella mirada curiosa.

No me desagrada volar, pero me preocupaba un poco pasar una hora en el coche con Charlie.

― ¡Eh! ― exclamó el jefe Swan dolido. Debe haber una razón. Pensó para sus adentros. Lo comprendí de inmediato, aunque me exasperada que a veces podía leerle los pensamientos y otras veces no. Era curioso y me intrigaba.

Nadie se atrevió a decir algo, por lo que Alice volvió a leer.

Lo cierto es que Charlie había llevado bastante bien todo aquello. Parecía realmente complacido de que por primera vez fuera a vivir con él de forma más o menos permanente.

―Realmente complacido― Charlie sonrió abiertamente.

Ya me había matriculado en el instituto y me iba a ayudar a comprar un coche.

Charlie esbozó una sonrisa misteriosa. Me pregunté el por qué de esa sonrisa.

Pero estaba convencida de que iba a sentirme incómoda en su compañía.

Nuevamente, la ceja de Charlie se levantó. Estaba curioso y dolido a la vez por las palabras de su hija. No necesitaba que Jasper me lo dijese.

Ninguno de los dos éramos muy habladores que se diga, y, de todos modos, tampoco tenía nada que contarle. Sabía que mi decisión lo hacía sentirse un poco confuso, ya que, al igual que mi madre, yo nunca había ocultado mi aversión hacia Forks.

El jefe Swan, asintió de acuerdo con las palabras de Isabella.

Estaba lloviendo cuando el avión aterrizó en Port Angeles. No lo consideré un presagio, simplemente era inevitable. Ya me había despedido del sol.

Otra ronda de suspiros se sintió en el hall de la casa. Era extraño, sin lugar a dudas.

Charlie me esperaba en el coche patrulla, lo cual no me extrañó. Para las buenas gentes de Forks, Charlie es el jefe de policía Swan.

―Orgulloso de serlo― sonrió abiertamente por eso.

La principal razón de querer comprarme un coche, a pesar de lo escaso de mis ahorros, era que me negaba en redondo a que me llevara por todo el pueblo en un coche con luces rojas y azules en el techo.

―De acuerdo contigo, Isabella― concordamos los adolescentes reunidos en el hall.

Al darnos cuenta que los adolescentes vampiros y los adolescentes lobos habíamos dicho lo mismo, la risa sofocante no se hizo esperar, a pesar de la tensión que se sentía de parte de ambos clanes.

Luego de un rato y gracias al don de Jasper, logramos calmarnos y seguir con la lectura.

No hay nada que ralentice más la velocidad del tráfico que un poli.

Los adolescentes volvimos a asentir con la cabeza.

Charlie me abrazó torpemente con un solo brazo cuando bajaba a trompicones la escalerilla del avión.

―¡¿Es torpe?! ― exclamó Emmett al borde de la risa Creo que me divertiré mucho con ella Pensó, mientras los lobos y mi familia, con excepción de Esme y Carlisle, trataban de no reír; y a Charlie se le iba tornando la cara roja.

―¿Qué importa si es torpe, Emmett? ― pregunté de vuelta, rodeando mis ojos exasperado―. Lo que importa es que llegó a salvo y que esta con su padre.

Me tomó cerca de dos segundos darme cuenta de lo que había dicho. Cuando lo hice me di cuenta que todos me miraban raro. Sin lugar a dudas, no esperaban lo que había dicho. Hurgue en las mentes de las personas reunidas en el hall y un solo pensamiento los rodeaba: ¿Qué le pasa a Edward / a la Sanguijuela?

Y ahora que ellos lo pensaban, ¿Qué me había llevado a decir aquello? No me entendía ni a mí mismo. Era raro lo que había pasado. Jamás había defendido a alguien cuando Emmett bromeaba con alguna persona, ¿Por qué ahora sí? ¿Por qué con la niña? Absurdo. Todo era absurdo. Desde lo que había dicho Emmett como lo que había respondido yo. ¿Qué me pasaba?

Sacudí mi cabeza justo cuando alguien jalaba mi brazo.

―¿Estás bien, hijo? ― me preguntó Esme preocupada por mí.

― Estoy bien, mamá― le aseguré mientras sentía todas las miradas en mi persona.

Le hice un gesto a Alice para que continuase leyendo. Ella prosiguió sin demoras.

Me alegro de verte, Bella —dijo con una sonrisa al mismo tiempo que me sostenía firmemente—. Apenas has cambiado. ¿Cómo está Renée?

Mamá está bien. Yo también me alegro de verte, papá —no le podía llamar Charlie a la cara.

―No me hubiese importado que me llamases Charlie a la cara, hija― contestó el jefe Swan como si ella se encontrase aquí.

Le sonreí sin saber muy bien por qué lo hacía.

Traía pocas maletas. La mayoría de mi ropa de Arizona era demasiado ligera para llevarla en Washington. Mi madre y yo habíamos hecho un fondo común con nuestros recursos para complementar mi vestuario de invierno, pero, a pesar de todo, era escaso. Todas cupieron fácilmente en el maletero del coche patrulla.

Alice se estremeció. Rodeé mis ojos exasperado.

He localizado un coche perfecto para ti, y muy barato —anunció una vez que nos abrochamos los cinturones de seguridad. ¿Qué tipo de coche?

Desconfié de la manera en que había dicho «un coche perfecto para ti» en lugar de simplemente «un coche perfecto».

Perspicaz y observadora, por lo demás. Pensó Carlisle. Asentí. Ella estaba siendo observadora y perspicaz hasta el momento.

Bueno, es un monovolumen, un Chevy para ser exactos.

―¡Un Chevy! ― exclamó Rosalie, estremeciéndose al instante.

―¿Qué tiene de malo el monovolumen? ― preguntó Jacob curioso.

Rose no le contestó, se limito a volver a estremecerse. Jacob, por el otro lado, arrugó la frente.

¿Dónde lo encontraste?

¿Te acuerdas de Billy Black, el que vivía en La Push?

Billy sonrió ante la mención de él mismo y de La Push.

La Push es una pequeña reserva india situada en la costa.

No.

Y bufó por esto. Tuve que controlarme para no reír.

Solía venir de pesca con nosotros durante el verano —me explicó.

Por eso no me acordaba de él. Se me da bien olvidar las cosas dolorosas e innecesarias.

―¡¿Doloroso e innecesario?! ― exclamó Billy ofendido.

Todos nos pusimos a reír por la expresión en su rostro. A pesar de que los clanes aún nos seguíamos mirando con odio.

Ahora está en una silla de ruedas —continuó Charlie cuando no respondí—, por lo que no puede conducir y me propuso venderme su camión por una ganga.

―¿Es tu camión, Billy? ― pregunté curioso.

Todos se volvieron a mirarme extrañados. Me encogí de hombros, ¿Qué rayos me pasaba?

―Ahora sí, pero en cuanto llegue será de ella― me respondió, mirándome con curiosidad.

Lo único que fui capaz de articular fue un Ahhh imperceptible para el oído humano, pero no para el oído de un vampiro. Mi familia me volvió a mirar con extrañeza. Inmediatamente, le hice un gesto a Alice para que continuase. Odiaba que me miraran de aquel modo.

¿De qué año es?

Por la forma en que le cambió la cara, supe que era la pregunta que no deseaba oír.

―Exactamente― respondió Charlie, dirigiéndose al libro.

Bueno, Billy ha realizado muchos arreglos en el motor. En realidad, tampoco tiene tantos años.

―Eludiendo la pregunta, Charlie― dije, negando con la cabeza.

Él me miró avergonzado y rojo como tomate. Todos, al momento siguiente, nos encontrábamos riéndonos de la expresión del jefe Swan.

Esperaba que no me tuviera en tan poca estima como para creer que iba a dejar pasar el tema así como así.

Y asentí, sin saber por qué, de acuerdo con ella.

¿Cuándo lo compró?

En 1984... Creo.

Rose y yo nos estremecimos. Era muy viejo ese camión.

¿Y era nuevo entonces?

En realidad, no. Creo que era nuevo a principios de los sesenta, o a lo mejor a finales de los cincuenta —confesó con timidez.

― ¡¿Qué?! ― exclamó Rose asombrada.

Nadie se atrevió a decir nada porque la exclamación de Rosalie los había dejado aturdidos. Emmett se apresuró a consolarla.

¡Papá, por favor! ¡No sé nada de coches! No podría arreglarlo si se estropeara y no me puedo permitir pagar un taller.

―Yo lo arreglo― contestó Jacob con una sonrisa en su rostro.

Sin saber por qué, gruñí por lo bajo. Mi familia, nuevamente, me miró con extrañ no podía dejar de preguntarme¿Qué diablos me pasaba? Yo no era así. No gruñía por cualquier pequeñez ni por cualquier cosa. ¿Por qué la lectura de este libro me estaba volviendo…así, como si fuese un…loco? Sacudí mi cabeza para quitarme esos pensamientos confusos que estaba teniendo, al tiempo que Alice volvía a leer.

Nada de eso, Bella, el trasto funciona a las mil maravillas. Hoy en día no los fabrican tan buenos.

El trasto, repetí en mi fuero interno. Al menos tenía posibilidades como apodo.

Emmett rió por lo bajo.

¿Y qué entiendes por barato?

Después de todo, ése era el punto en el que yo no iba a ceder.

Ella es terca Pensé con curiosidad. No se anda con rodeos y parece ser muy perceptiva.

Bueno, cariño, ya te lo he comprado como regalo de bienvenida.

Charlie me miró de reojo con rostro expectante.

Vaya. Gratis.

No tenías que hacerlo, papá. Iba a comprarme un coche.

―Y desinteresada― murmuré lo suficientemente alto para que todos me mirasen.

¡Rayos!, ¿Qué me estaba sucediendo? No me entendía. Se suponía que estaba pensando para mí, no para los demás, ¿Quéte pasa, Cullen? Me dije casi al borde de auto-retarme.

Me atreví, justo cuando pensé lo último, a mirar a las personas reunidas en el hall y todas parecían estar de acuerdo conmigo. Hurgue, otra vez, en sus mentes.

Tienes razón, hijo. Ella es desinteresada. Fue el pensamiento de Carlisle y Esme.

Y bueno, todo parece indicar que es así Obviamente que ese pensamiento era de Emmett y Jasper.

Bella es la persona más desinteresada que conozco. Pensó Alice y, para mi sorpresa, Rosalie. La miré unos segundos intrigado, ¿qué sucedía con ella? Siempre pensaba en sí misma y no en los demás, mucho menos le preocupaba un humano, ¿qué le llevo a pensar primero en Isabella y no en ella? Sacudí mi cabeza y me dirigí a los lobos.

La sanguijuela tiene razón. Ella es ese tipo de persona. Identifiqué esos pensamientos en Jacob, Jared, Paul, Seth, Leah…y en toda la manada, en realidad.

―Tienes una excelente hija, Charlie― elogió Esme, haciendo ruborizar al jefe Swan―. Ella parece ser una muy buena persona.

―Ella es― tartamudeó el jefe, rojo hasta las orejas.

Para que el jefe no se siguiese ruborizando, le hice un gesto a Alice para que siguiese leyendo.

No me importa. Quiero que te encuentres a gusto aquí.

Charlie mantenía la vista fija en la carretera mientras hablaba. Se sentía incómodo al expresar sus emociones en voz alta.

Charlie asintió de acuerdo con eso.

Yo lo había heredado de él, de ahí que también mirara hacia la carretera cuando le respondí:

Es estupendo, papá. Gracias. Te lo agradezco de veras.

Resultaba innecesario añadir que era imposible estar a gusto en Forks, pero él no tenía por qué sufrir conmigo. Y a caballo regalado no le mires el diente, ni el motor.

Emmett, literalmente, rodaba por el suelo, riendo Es tan divertida esta chica.

Los demás, como no, lo miraban raro.

―Emmett Cullen, deja de hacer el ridículo― le regañó Esme.

Automáticamente, Emmett se paró del suelo y se sentó en el sillón junto a Rosalie.

Los lobos miraban asombrados el comportamiento que estábamos teniendo. Casi parecen una familia Pensó Billy sorprendido. Casi me reí, pero logré mantener la compostura. Éramos una verdadera familia.

Bueno, de nada. Eres bienvenida —masculló, avergonzado por mis palabras de agradecimiento.

Intercambiamos unos pocos comentarios más sobre el tiempo, que era húmedo, y básicamente ésa fue toda la conversación. Miramos a través de las ventanillas en silencio.

―¿No se siente incómodo con esa situación, Charlie? ― le pregunté curioso.

Él puso su mano en la barbilla como un gesto pensativo mientras los demás, nuevamente, me miraban extrañados

―No, no es incómodo, Edward― me contestó luego de unos minutos―. Ella y yo no somos muy buenos habladores. Nos entendemos bien si estamos callados.

Asentí lentamente. No lograba comprender por qué motivo me interesaba tanto Isabella Swan. Era absurdo que me preocupase esa niña. No me entendía. Para sacar esos pensamientos de mi cabeza, le hice un gesto a Alice para que siguiera leyendo.

El paisaje era hermoso, por supuesto, no podía negarlo. Todo era de color verde: los árboles, los troncos cubiertos de musgo, el dosel de ramas que colgaba de los mismos, el suelo cubierto de helechos. Incluso el aire que se filtraba entre las hojas tenía un matiz de verdor.

Era demasiado verde, un planeta alienígena.

―¡Alienígena! ― exclamó la gran mayoría entre sorprendidos y divertidos.

―La mente de Bella es rara― dijo Jasper.

Todos asentimos de acuerdo con él. Si que era rara.

Finalmente llegamos al hogar de Charlie. Vivía en una casa pequeña de dos dormitorios que compró con mi madre durante los primeros días de su matrimonio. Ésos fueron los únicos días de su matrimonio, los primeros.

Esme se abrazo de Carlisle. A ella no le gustaban los divorcios. En realidad a nadie de la familia le gustaban los divorcios.

Allí, aparcado en la calle delante de una casa que nunca cambiaba, estaba mi nuevo monovolumen, bueno, nuevo para mí.

Miré al libro confundido. Esta chica sí que era rara.

El vehículo era de un rojo desvaído, con guardabarros grandes y redondos y una cabina de aspecto bulboso.

Rose y yo, nuevamente, nos estremecimos por la descripción del auto.

Para mi enorme sorpresa, me encantó.

― ¿Le encantó esa cosa? ― pregunté anonadado.

Nadie supo responderme.

No sabía si funcionaría, pero podía imaginarme al volante. Además, era uno de esos modelos de hierro sólido que jamás sufren daños, la clase de coches que ves en un accidente de tráfico con la pintura intacta y rodeado de los trozos del coche extranjero que acaba de destrozar.

Alguien susurró un Claro. Y estaba en lo cierto.

¡Caramba, papá! ¡Me encanta! ¡Gracias!

Ahora, el día de mañana parecía bastante menos terrorífico. No me vería en la tesitura de elegir entre andar tres kilómetros bajo la lluvia hasta el instituto o dejar que el jefe de policía me llevara en el coche patrulla.

Me estremecí ante la mención de andar en el auto patrulla.

Me alegra que te guste —dijo Charlie con voz áspera, nuevamente avergonzado.

Subir todas mis cosas hasta el primer piso requirió un solo viaje escaleras arriba.

―¡Un solo viaje! ― exclamó Alice horrorizada.

Ninguno de nosotros se atrevió a decir algo. Nuestros invitados, en cambio, la miraban asombrados.

Tenía el dormitorio de la cara oeste, el que daba al patio delantero. Conocía bien la habitación; había sido la mía desde que nací.

Charlie esbozó una sonrisa melancólica cuando se menciono eso.

El suelo de madera, las paredes pintadas de azul claro, el techo a dos aguas, las cortinas de encaje ya amarillentas flanqueando las ventanas... Todo aquello formaba parte de mi infancia.

Y ante esto, suspiró tristemente. Ninguno hizo ademán alguno de hablar. Preferimos dejarlo sólo, perdido, según yo, en sus recuerdos.

Los únicos cambios que había introducido Charlie se limitaron a sustituir la cuna por una cama y añadir un escritorio cuando crecí. Encima de éste había ahora un ordenador de segunda mano con el cable del módem grapado al suelo hasta la toma de teléfono más próxima. Mi madre lo había estipulado de ese modo para que estuviéramos en contacto con facilidad. La mecedora que tenía desde niña aún seguía en el rincón.

Sin saber por qué razón, sonreí ante la mención de la mecedora. Otra vez, mi familia e invitados me miró raro.

Sólo había un pequeño cuarto de baño en lo alto de las escaleras que debería compartir con Charlie. Intenté no darle muchas vueltas al asunto.

Las mujeres presentes se estremecieron también. Los hombres las miramos raro.

Una de las cosas buenas que tiene Charlie es que no se queda revoloteando a tu alrededor. Me dejó sola para que deshiciera mis maletas y me instalara, una hazaña que hubiera sido del todo imposible para mi madre. Resultaba estupendo estar sola, no tener que sonreír ni poner buena cara;

Jasper miró confundido y sorprendido. Y, a juzgar por las expresiones de mi familia, ellos también se encontraban de la misma manera que Jasper.

―¿Por qué se sorprenden? ― quiso saber Charlie al mirar nuestras expresiones.

―Por lo general a los seres humanos les gustan estar rodeados de gente― le explicó Jasper tranquilamente―. Les desagrada la idea de estar solos.

―Y nos sorprendió ese hecho― prosiguió explicando mi padre―. En todos mis años en la tierra, esta es la primera vez que me encuentro con un humano que le guste estar solo. Es raro y extraño.

Charlie asintió lentamente. Podía entender lo que Jasper y Carlisle habían dicho. Los lobos, por el otro lado, se encontraban boquiabiertos. Estas sanguijuelas son raras. Pensaron todos. Ahogué mi risa con una tos.

Luego de la explicación, Alice siguió leyendo.

fue un respiro que me permitió contemplar a través del cristal la cortina de lluvia con desaliento y derramar algunas lágrimas.

Esme estaba triste por cómo se sentía la humana. Por alguna razón inexplicable para mí, quise estar con Isabella en esa habitación y consolarla. No puedes, Edward, no puedes. Me repetí varias veces antes de pensar, ¿Qué rayos me sucedía? Seguía sin comprender lo que estaba sintiendo.

No estaba de humor para una gran llantina. Eso podía esperar hasta que me acostara y me pusiera a reflexionar sobre lo que me aguardaba al día siguiente.

El aterrador cómputo de estudiantes del instituto de Forks era de tan sólo trescientos cincuenta y siete, ahora trescientos cincuenta y ocho. Solamente en mi clase de tercer año en Phoenix había más de setecientos alumnos.

Los jóvenes Cullens abrimos los ojos, sorprendidos por el número de alumnos.

Todos los jóvenes de por aquí se habían criado juntos y sus abuelos habían aprendido a andar juntos. Yo sería la chica nueva de la gran ciudad, una curiosidad, un bicho raro.

―No eres un bicho raro, Isabella― dije, sobándome la sien por la exasperación.

Era casi ridículo que se viera como un bicho raro cuando, en realidad, yo era el bicho raro por leer mentes. Okey, eso había sido raro. Raro de pensarlo.

¿Qué rayos me pasaba? Me volví a preguntar. ¿O era acaso que me estaba volviendo demente? ¿O era a causa de la lectura? O peor, ¿Era a causa de la niña? Rechacé el último pensamiento. No podía ser a causa de la humana, o ¿sí? No la conocía para nada. No debía. Pero aún así, cada acción que ella realizaba me hacia hacer o decir algo estúpido y sin sentido, ¿Podría ser ella la causa? Un no rotundo se apodero de mí. No podía ser, sin embargo, quería que fuese a causa de eso. Sacudí mi cabeza para quitarme esos pensamientos de mi mente. Cuando lo hice me di cuenta que todos me miraban extrañados.

¿Qué te sucede, Edward? Tú nunca actúas así Pensaba Esme confundida.

¿Hay algo que te esté pasando, Edward? Fue el pensamiento de Carlisle.

¿Te estás volviendo loco? Era el pensamiento infantil de Emmett.

¿Qué pasa contigo? Pensó Jasper confundido.

Estas actuando muy raro, Edward Rosalie estaba curiosa por mi comportamiento inusual.

Nunca te había visto así, es raro. Alice se sorprendió por lo que estaba haciendo hasta ahora.

Sacudí mi cabeza e hice un gesto para que continuasen con la lectura.

Tal vez podría utilizar eso a mi favor si tuviera el aspecto que se espera de una chica de Phoenix, pero físicamente no encajaba en modo alguno. Debería ser alta, rubia, de tez bronceada, una jugadora de voleibol o quizá una animadora, todas esas cosas propias de quienes viven en el Valle del Sol.

Levanté la ceja. O era yo, o Isabella tenía una baja autoestima.

Por el contrario, mi piel era blanca como el marfil a pesar de las muchas horas de sol de Arizona, sin tener siquiera la excusa de unos ojos azules o un pelo rojo. Siempre he sido delgada, pero más bien flojucha y, desde luego, no una atleta.

Sí, tenía una baja autoestima.

Me faltaba la coordinación suficiente para practicar deportes sin hacer el ridículo o dañar a alguien, a mí misma o a cualquiera que estuviera demasiado cerca.

Emmett rió por lo bajo junto a Jasper. Rodeé mis ojos exasperado.

Después de colocar mi ropa en el viejo tocador de madera de pino, me llevé el neceser al cuarto de baño para asearme tras un día de viaje. Contemplé mi rostro en el espejo mientras me cepillaba el pelo enredado y húmedo. Tal vez se debiera a la luz, pero ya tenía un aspecto más cetrino y menos saludable. Puede que tenga una piel bonita, pero es muy clara, casi traslúcida, por lo que su apariencia depende del color del lugar y en Forks no había color alguno.

―¿Es mi idea o Isabella tiene una baja autoestima? ― preguntó Rose curiosa, sorprendiéndonos a todos. Aunque a mí me parece que es un poco bonita por la descripción que se ha dado. Ok, Rose, tienes que verla y después opinar. Sus pensamientos me estaban dejando en shock. Rosalie nunca actuaba así con un humano. Sacudí mi cabeza justo cuando la respuesta salía a la luz.

―No lo sé exactamente, Rosalie― le respondió Charlie con un gesto pensativo―. Pero creo que en algún grado, sí.

Mi hermana se encogió de hombros, sin decir ni pensar nada cuando el jefe Swan respondió. Yo, por mi parte, no podía dejar de pensar el motivo por el cual Isabella Swan tuviese esa baja autoestima. Alice, por otro lado, se apresuró a seguir leyendo.

Mientras me enfrentaba a mi pálida imagen en el espejo, tuve que admitir que me engañaba a mí misma. Jamás encajaría, y no sólo por mis carencias físicas. Si no me había hecho un huequecito en una escuela de tres mil alumnos, ¿qué posibilidades iba a tener aquí?

―Algo me dice que será todo lo contrario― aventuró Alice, frotándose la sien por alguna extraña razón que no comprendía

Todos asentimos en acuerdo con ella. Charlie, aunque asintió, sentía un poco de tristeza. Podía adivinar, sin la necesidad de que Jasper me lo dijera, que la baja autoestima de su hija lo tenía así. Y lo entendía.

No sintonizaba bien con la gente de mi edad. Bueno, lo cierto es que no sintonizaba bien con la gente. Punto.

―Podría sintonizar bien con los vampiros/ hombres lobos― dijeron Emmett y Sam a la vez, sólo con la diferencia notoria de los clanes.

Todos los presentes contuvimos una risa, mientras mi hermano y Sam se veían en shock. Charlie, en cambio, fruncía el ceño ante las palabras vampiros y hombres lobos.

Le tomó al jefe Swan, cerca de diez segundos en reaccionar.

―¡Hombres lobos! ― exclamó aturdido― ¡Hombres lobos! ―volvió a repetir entre histérico y gruñendo cuando nadie le respondió.

Jasper le envió oleadas de calma. Y gracias a ello se fue relajando poco a poco.

―Explíquense― les demandó a todo el clan enemigo.

―Esto, bueno, Charlie― comenzó a decir Billy―. Sí, hombres lobos. Es lo que somos esta tribu― el jefe adoptó la misma actitud de cuando supo nuestro secreto―. En la actualidad ellos― los apuntó― son los únicos que han sufrido la trasformación.

Entonces, eran verdad las leyendas Pensaron Jacob, Seth, Leah, Paul y Jared, anonadados y abriendo sus ojos. Sacudí mi cabeza antes sus pensamientos, ¿ellos no creían en las leyendas? Era un sí, pero ¿cómo era posible que no lo creyesen? Me dejó atónito esa revelación, mientras tanto, Charlie asentía lentamente. Los segundos, entonces, comenzaron a pasar lentamente.

―No sé en qué mundo vivimos― dijo finalmente, frunciendo el ceño―.Vampiros, hombres lobos. Sólo faltan los troll, brujas, magos, duendes, centauros y un sinfín de criaturas mágicas para completar la colección―enarcó la ceja, mientras los demás lo veíamos con incredulidad. Sólo Emmett reía por lo bajo.

Alice, entonces, se apresuró de leer.

Ni siquiera mi madre, la persona con quien mantenía mayor proximidad, estaba en armonía conmigo; no íbamos por el mismo carril. A veces me preguntaba si veía las cosas igual que el resto del mundo. Tal vez la cabeza no me funcionara como es debido.

Sin querer, me reí entre dientes. No sabía el por qué, pero algo me decía que esta declaración era importante.

Cuando alcé mi vista para pedirle a Alice que continuará, todos me miraban entre incrédulos e impresionados. Automáticamente, le hice el gesto a mi hermana para que siguiese.

Pero la causa no importaba, sólo contaba el efecto. Y mañana no sería más que el comienzo.

Suspiré sin saber el motivo.

Aquella noche no dormí bien, ni siquiera cuando dejé de llorar.

Esme sollozó sin lágrimas a causa de la pena de aquella humana. Me encogí de hombros, pero al igual que mi madre, estaba apenado por Isabella. Deseé, nuevamente, ir a consolarla. No puedes Me dijo la maldita voz de la consciencia. Gruñí por lo bajo antes de que Alice prosiguiese.

El siseo constante de la lluvia y el viento sobre el techo no aminoraba jamás, hasta convertirse en un ruido de fondo. Me tapé la cabeza con la vieja y descolorida colcha y luego añadí la almohada, pero no conseguí conciliar el sueño antes de medianoche, cuando al fin la lluvia se convirtió en un fino sirimiri.

Arrugué la frente. Ella se estaba sacrificando, yéndose a un lugar que odiada y sólo por darle la privacidad a su madre. Eso me hizo sentir mal conmigo mismo. Isabella, a diferencia de mí, era desinteresada, humilde, pensaba en los demás en vez de en sí misma. Sin saber el motivo, sonreí por aquello. Gracias a Dios, nadie se fijó en la sonrisa que tenía en el rostro.

A la mañana siguiente, lo único que veía a través de la ventana era una densa niebla y sentí que la claustrofobia se apoderaba de mí. Aquí nunca se podía ver el cielo, parecía una jaula.

―Bienvenida a nuestro mundo― suspiraron Esme, Alice y Rosalie, nostálgicas.

Ninguno de los invitados quiso decir algo.

El desayuno con Charlie se desarrolló en silencio. Me deseó suerte en la escuela y le di las gracias, aun sabiendo que sus esperanzas eran vanas. La buena suerte solía esquivarme.

Levanté la ceja, curioso por aquella declaración. Y sin saber el motivo, nuevamente, pensé que esto sería vital.

Charlie se marchó primero, directo a la comisaría, que era su esposa y su familia.

Charlie sonrió con tristeza y nadie, nuevamente, dijo algo.

Examiné la cocina después de que se fuera, todavía sentada en una de las tres sillas, ninguna de ellas a juego, junto a la vieja mesa cuadrada de roble. La cocina era pequeña, con paneles oscuros en las paredes, armarios amarillo chillón y un suelo de linóleo blanco. Nada había cambiado.

Charlie suspiró. Al parecer él quería recordar el pasado.

Hacía dieciocho años, mi madre había pintado los armarios con la esperanza de introducir un poco de luz solar en la casa.

―Cosa que nunca pudo― musitó Charlie muy bajo, sin ser consciente que el oído vampiro escuchaba todo.

Sentí lástima por él y su mala suerte.

Había una hilera de fotos encima del pequeño hogar del cuarto de estar, que colindaba con la cocina y era del tamaño de una caja de zapatos. La primera foto era de la boda de Charlie con mi madre en Las Vegas,

Charlie sonrió con nostalgia, recordando, supuse yo, su boda.

y luego la que nos tomó a los tres una amable enfermera del hospital donde nací,

Sonrió con adoración. Se notaba que el jefe Swan amaba a su hija.

seguida por una sucesión de mis fotografías escolares hasta el año pasado. Verlas me resultaba muy embarazoso. Tenía que convencer a Charlie de que las pusiera en otro sitio, al menos mientras yo viviera aquí.

Charlie asintió como si quisiese obedecerle a su hija. Sonreí.

Era imposible permanecer en aquella casa y no darse cuenta de que Charlie no se había repuesto de la marcha de mi madre. Eso me hizo sentir incómoda.

―Lo siento mucho, Charlie― solté antes de darme cuenta de lo que había dicho.

¿Qué me pasaba? ¿Por qué razón llegaba y decía cosas sin detenerme a pensar primero?¿Por qué actuaba así?

Sin lugar a dudas, sorprendí a todos, porque ellos me enviaban miradas que iban desde la incredulidad, pasando por el asombro y terminando con un movimiento negativo de cabezas. Reprimí un gruñido.

―No lo sientas, Edward― dijo Charlie, dedicándome una sonrisa cálida―. La vida es así― asentí―. Y gracias por la preocupación― otra sonrisa se poso en su rostro. No pude evitarlo, le sonreí de vuelta antes de continuar con la lectura.

No quería llegar demasiado pronto al instituto, pero no podía permanecer en la casa más tiempo, por lo que me puse el anorak,

Alice entrecerró los ojos, pero no dijo nada.

tan grueso que recordaba a uno de esos trajes empleados en caso de peligro biológico

―¡Dios Santo! ― exclamó Emmett, antes de comenzar a reír estúpidamente.

Y los demás, a pesar que pensaban que la mente de Bella era rara, se pusieron a reír con él. Les tomó cerca de cinco minutos dejar de reír, todo gracias al don de Jasper. Entonces, lectura continúo.

, y me encaminé hacia la llovizna.

Suspiré nuevamente.

Aún chispeaba, pero no lo bastante para que me calara mientras buscaba la llave de la casa, que siempre estaba escondida debajo del alero que había junto a la puerta, y cerrara. El ruido de mis botas de agua nuevas resultaba enervante. Añoraba el crujido habitual de la grava al andar.

Alice se estremeció.

No pude detenerme a admirar de nuevo el vehículo, como deseaba, y me apresuré a escapar de la húmeda neblina que se arremolinaba sobre mi cabeza y se agarraba al pelo por debajo de la capucha.

Sin querer, reí por lo bajo. Nadie me escuchó, gracias al cielo.

Dentro del monovolumen estaba cómoda y a cubierto. Era obvio que Charlie o Billy debían de haberlo limpiado,

―No, te equivocas, Bells. Yo lo limpié― dijo Jacob con una sonrisa de oreja a oreja.

Volví a gruñir mientras los demás reían por su entusiasmo.

pero la tapicería marrón de los asientos aún olía tenuemente a tabaco, gasolina y menta. El coche arrancó a la primera, con gran alivio por mi parte, aunque en medio de un gran estruendo, y luego hizo mucho ruido mientras avanzaba al ralentí.

Rosalie y yo nos estremecimos.

Bueno, un monovolumen tan antiguo debía de tener algún defecto.

Y nos reímos por eso.

La anticuada radio funcionaba, un añadido que no me esperaba.

Y yo tampoco, pensé riendo por lo bajo.

Fue fácil localizar el instituto pese a no haber estado antes.

―Es fácil― dijimos los adolescentes Cullens, rodeando los ojos mientras los demás nos veían raro. Suspiré.

El edificio se hallaba, como casi todo lo demás en el pueblo, junto a la carretera. No resultaba obvio que fuera una escuela, sólo me detuve gracias al cartel que indicaba que se trataba del instituto de Forks. Se parecía a un conjunto de esas casas de intercambio en época de vacaciones construidas con ladrillos de color granate.

Nuevamente, los adolescentes Cullens nos reímos por la ocurrencia de la humana.

―Cada vez me encanta más y más esta chica― habló Emmett riendo por lo bajo―. Tiene una mente muy divertida.

Y le di la razón, aunque me molestó que dijera "me encanta esta chica".

Cullen, basta ya, estás haciendo y diciendo ridiculeces, contrólate Pensé auto-rentándome. Miré, entonces, a las personas en el hall y todas parecieron estar de acuerdo con mi hermano. Suspiré antes de que Alice continuase.

Había tantos árboles y arbustos que a primera vista no podía verlo en su totalidad. ¿Dónde estaba el ambiente de un instituto?, me pregunté con nostalgia. ¿Dónde estaban las alambradas y los detectores de metales?

―¿Para qué querría eso? ― preguntó Emily, frunciendo el ceño.

―Seguramente en su antigua escuela habían detectores de metales― contestó Carlisle rápidamente.

Ella asintió y no dijo más.

Aparqué frente al primer edificio, encima de cuya entrada había un cartelito que rezaba «Oficina principal». No vi otros coches aparcados allí, por lo que estuve segura de que estaba en zona prohibida, pero decidí que iba a pedir indicaciones en lugar de dar vueltas bajo la lluvia como una tonta.

―Inteligente― comentó Carlisle para sí, pero todos escuchamos, incluyendo Charlie―. Cualquier otro se quedaría deambulando como un tonto― explicó cuando vio las miradas centradas en él.

Todos asintieron y se quedaron callados esperando a que la lectura continuase.

De mala gana salí de la cabina calentita del monovolumen y recorrí un sendero de piedra flanqueado por setos oscuros. Respiré hondo antes de abrir la puerta. En el interior había más luz y se estaba más caliente de lo que esperaba. La oficina era pequeña: una salita de espera con sillas plegables acolchadas, una vasta alfombra con motas anaranjadas, noticias y premios pegados sin orden ni concierto en las paredes y un gran reloj que hacía tictac de forma ostensible.

Hice una mueca de desagrado por la descripción. Esa oficina era la de la señora Cope. Vi, entonces, de reojo cómo a Emmett se le extendía una sonrisa por su rostro, mientras pensaba "Eddie, en esa oficina está tu novia". Le gruñí en respuesta.

―Edward, hijo, ¿qué te sucede? ― me preguntó Esme confundida por mi actitud.

―Pregúntale a Emmett y a su sonrisa estúpida, mamá― le respondí gruñendo. No había necesidad de decir lo que pensaba.

Todos, incluyendo a los lobos y Charlie, se volvieron en dirección a mi hermano, quién fingía inocencia, encogiéndose de hombros.

―La señora Cope es novia de Eddie, Eddie, mamá― susurró e informó lo suficientemente alto para que todos escuchasen.

―Que no es mi novia, Em― grité―. Podría ser mi abuela con los años que tiene― seguí gritando mientras un escalofrió se extendía por mi cuerpo. Aunque, técnicamente, yo era más viejo que ella.

―Claro, Edward; pero se te olvida el coqueteo que hace cuando le dices algo y ella te responde―dijo, levantando una ceja y riendo por lo bajo. Mis demás hermanos esbozaron una sonrisa en su rostro.

Gruñí y me crucé de brazos.

―Emmett, es suficiente―le regañó Carlisle.

―Si vuelves a burlarte de tu hermano, pierdes tu Jeep por unos cuantos meses― siguió con el reto, Esme.

Emmett gruñó, mientras murmuraba Lo siento, papá, lo siento mamá, los siento, Eddie y Rose se apresuraba en consolarlo. Yo, en cambio, reía por lo bajo.

Ninguno de los lobos hizo ademán alguno de hablar. Estaban bastante sorprendidos por la interacción que estábamos teniendo.

Las plantas crecían por doquier en sus macetas de plástico, por si no hubiera suficiente vegetación fuera.

Un mostrador alargado dividía la habitación en dos, con cestas metálicas llenas de papeles sobre la encimera y anuncios de colores chillones pegados en el frontal. Detrás del mostrador había tres escritorios. Una pelirroja regordeta con gafas se sentaba en uno de ellos.

Gruñí sin proponérmelo, mientras mis demás hermanos trataban de no reír.

Llevaba una camiseta de color púrpura que, de inmediato, me hizo sentir que yo iba demasiado elegante.

Alice levantó una ceja, pero no dijo nada.

La mujer pelirroja alzó la vista.

¿Te puedo ayudar en algo?

Soy Isabella Swan —le informé, y de inmediato advertí en su mirada un atisbo de reconocimiento.

―Por supuesto― susurré.

Todos asintieron de acuerdo conmigo.

Me esperaban. Sin duda, había sido el centro de los cotilleos.

Inmediatamente, mi ceja se levanto. Era increíble cómo su mente trabajaba de manera extraña, pero aún así acertaba a lo que sucedía a su alrededor porque indudablemente era el centro de los cotilleos. Isabella era un humano muy interesante.

La hija de la caprichosa ex mujer del jefe de policía al fin regresaba a casa.

―Debe ser así cómo hablan de ti― comentaron Leah y Emily, frunciendo el ceño.

Y era así, como decían ellas. Vi, otra vez de reojo, cómo casi todos fruncían el ceño, disgustados por la actitud de la gente de Forks.

Por supuesto —dijo.

Rebuscó entre los documentos precariamente apilados hasta encontrar los que buscaba.

Precisamente aquí tengo el horario de tus clases y un plano de la escuela.

―No entiendo por qué entregan ese plano. Es fácil localizar los edificios de clases― dijo Jasper, rodeando sus ojos.

Los jóvenes Cullens asentimos.

Trajo varias cuartillas al mostrador para enseñármelas. Repasó todas mis clases y marcó el camino más idóneo para cada una en el plano; luego, me entregó el comprobante de asistencia para que lo firmara cada profesor y se lo devolviera al finalizar las clases.

Los adolescentes Cullens rodeamos los ojos. Era tan absurdo lo del plano y la asistencia.

Me dedicó una sonrisa y, al igual que Charlie, me dijo que esperaba que me gustara Forks. Le devolví la sonrisa más convincente posible.

Levanté una ceja, dudando que se haya creído esa sonrisa. Suspiré pesadamente antes de la lectura siguiese.

Los demás estudiantes comenzaban a llegar cuando regresé al monovolumen. Los seguí, me uní a la cola de coches y conduje hasta el otro lado de la escuela. Supuso un alivio comprobar que casi todos los vehículos tenían aún más años que el mío,

Me estremecí junto a Rosalie. Realmente los autos de este pueblo eran tan anticuados y viejos.

ninguno era ostentoso. En Phoenix, vivía en uno de los pocos barrios pobres del distrito Paradise Valley. Era habitual ver un Mercedes nuevo o un Porsche en el aparcamiento de los estudiantes.

―Me encantaría tener un Porsche― saltó Alice en su asiento, provocando que todos se rieran de ella. Mi hermana arrugó la frente sin decir nada y volvió a leer.

El mejor coche de los que allí había era un flamante Volvo, y destacaba.

―¡Mi Volvo!― exclamé con una sonrisa de oreja a oreja.

Todos, sin excepción alguna, me miraron con extrañeza.

―¿Ese es tu auto? ― preguntó Charlie, levantando una ceja. Asentí

El jefe Swan se quedó callado luego de mi respuesta. Alice, entonces, decidió seguir leyendo.

Aun así, apagué el motor en cuanto aparqué en una plaza libre para que el estruendo no atrajera la atención de los demás sobre mí.

¿Por qué ella será así?, ¿Por qué no le gustará la atención? Se cuestionaba Rosalie sorprendida. Levanté la ceja, curioso por los pensamientos no mezquinos de mi hermana. Un segundo después, Ella se dio cuenta que la miraba incrédulo, rodó, entonces, los ojos y esbozó una media sonrisa, a cual me dejo aún más sorprendido. Era casi inaudito lo que el libro estaba haciendo con nosotros.

Examiné el plano en el monovolumen, intentando memorizarlo con la esperanza de no tener que andar consultándolo todo el día. Lo guardé en la mochila, me la eché al hombro y respiré hondo. Puedo hacerlo, me mentí sin mucha convicción. Nadie me va a morder.

Todos reímos por la ocurrencia de Isabella.

Al final, suspiré y salí del coche.

Mantuve la cara escondida bajo la capucha y anduve hasta la acera abarrotada de jóvenes. Observé con alivio que mi sencilla chaqueta negra no llamaba la atención.

Rosalie, nuevamente, estaba sorprendida y confundida a la vez, por los pensamientos de la niña.

Una vez pasada la cafetería, el edificio número tres resultaba fácil de localizar, ya que había un gran «3» pintado en negro sobre un fondo blanco con forma de cuadrado en la esquina del lado este.

―Por eso es fácil localizar los edificios― rodeamos los ojos mis hermanos y yo.

Nuestros padres rieron por lo bajo mientras los lobos y Charlie trataban de contener la risa.

Noté que mi respiración se acercaba a hiperventilación al aproximarme a la puerta. Para paliarla, contuve el aliento y entré detrás de dos personas que llevaban impermeables de estilo unisex.

Alice se estremeció.

El aula era pequeña. Los alumnos que tenía delante se detenían en la entrada para colgar sus abrigos en unas perchas; había varias. Los imité. Se trataba de dos chicas, una rubia de tez clara como la porcelana y otra, también pálida, de pelo castaño claro. Al menos, mi piel no sería nada excepcional aquí.

Rodeé mis ojos. Esta chica era increíble.

Entregué el comprobante al profesor, un hombre alto y calvo

―Sr. Masón― dijimos los jóvenes Cullen al unísono y riendo por lo bajo.

Nuestros padres tuvieron que ahogar su risa, mientras los lobos miraban incrédulos nuestras reacciones. Charlie, por otro lado, miraba atento al libro.

al que la placa que descansaba sobre su escritorio lo identificaba como Sr. Masón.

―Lo dijimos― volvimos a decir.

Esme y Carlisle rodearon sus ojos. Los lobos y Charlie seguían mirándonos anonadados.

Se quedó mirándome embobado al ver mi nombre,

Charlie gruñó. Nadie se atrevió a decir nada.

pero no me dedicó ninguna palabra de aliento, y yo, por supuesto, me puse colorada como un tomate. Pero al menos me envió a un pupitre vacío al fondo de la clase sin presentarme al resto de los compañeros.

Por lo menos Pensé para mis adentros, acordándome de la presentación que tuve que hacer yo en esa clase con "ciertas personitas mujeres", mirándome embobadas.

A éstos les resultaba difícil mirarme al estar sentada en la última fila, pero se las arreglaron para conseguirlo.

Sin saber muy bien por qué motivo lo hacía, un gruñido terrorífico se escapó de mi garganta. Estos niños eran tan infantiles. Estaba claro que a ella no lo gustaba la atención y ellos no hacían más que mirarla como a un objeto brillante, digno de un trofeo. Reprimí mi furia y las ganas de protegerla de esas miradas. En este pueblo todos eran tan chismosos y maleducados.

―¿Te encuentras bien, Edward? ― me preguntó Esme preocupada por mí.

―Estoy bien― me las arreglé para contestarle, sobándome la sien. Aún estaba enfadado por aquellos niños y niñas idiotas.

―Ya veo― dijo mi madre, haciéndole una seña a Alice para que continuase leyendo y con una sonrisa misteriosa en su rostro.

Y sólo ahí me percaté que los lobos y Charlie me miraban con cierto grado de miedo en sus ojos. Para mi suerte, mi hermana se apresuró a leer.

Mantuve la vista clavada en la lista de lecturas que me había entregado el profesor. Era bastante básica: Bronté, Shakespeare, Chaucer, Faulkner. Los había leído a todos,

― ¿Básica? ― cuestioné con una ceja levantada ― ¿Y se leyó todos?

―Bueno, mi hija tiene un gusto distinto a los otros― contestó Charlie, volviéndose rojo.

Me quedé mirándolo, pero no dije absolutamente nada. Isabella era un humano realmente interesante. Nunca me había topado o leído sobre uno como ella. Sacudí, entonces, la cabeza y espere a que Alice continuase leyendo.

lo cual era cómodo... y aburrido.

Nos dices Escuché pensar a mis hermanos. Reprimí una risa y continúe escuchando la lectura.

Me pregunté si mi madre me enviaría la carpeta con los antiguos trabajos de clase o si creería que la estaba engañando.

―Eso está mal, Bella― le recriminó Charlie, negando con la cabeza y regañándola como si ella estuviese aquí.

Y mientras todos reían por lo bajo ante la reacción del jefe Swan, pensaba en el apodo de él para su hija…Bella…Algo en mí dijo que le sentaba de las mil maravillas, pese a no haberla visto nunca.

Recreé nuestra discusión mientras el profesor continuaba con su perorata. Cuando sonó el zumbido casi nasal del timbre, un chico flacucho, con acné y pelo grasiento, se ladeó desde un pupitre al otro lado del pasillo para hablar conmigo.

―Eric― dijimos los "hijos Cullen", rodeando los ojos mientras nuestros padres e invitados nos miraban entre divertidos y extrañados ante nuestra actitud.

Tú eres Isabella Swan, ¿verdad?

Ahogué un gruñido.

Parecía demasiado amable, el típico miembro de un club de ajedrez.

Alice y Rosalie asintieron con la cabeza.

Bella —le corregí.

Bella…Bella…Bella…Realmente seguía pensando que le sentaba de las mil maravillas. Y sin ser consciente de lo que hacía, esbocé una pequeña y tierna sonrisa en mi rostro.

En un radio de tres sillas, todos se volvieron para mirarme.

Nuevamente, gruñí por lo bajo. Todos en este pueblo eran unos chismosos.

¿Dónde tienes la siguiente clase? —preguntó. Tuve que comprobarlo con el programa que tenía en la mochila.

Eh... Historia, con Jefferson, en el edificio seis.

Mirase donde mirase, había ojos curiosos por doquier.

― ¡Niños idiotas y maleducados! ― gruñí por lo bajo―. Claramente se nota que a Bella no le gusta la atención y todos ellos la miran como si fuese un trofeo o un objeto brillante digno de ser admirado.

Durante tres segundos, nadie halló qué decir. Y esos segundos fueron suficientes para hacerme ver que otra vez estaba actuando sin ser consciente de mis palabras y actos, ¿qué me sucedía?, ¿Por qué, de pronto, encontraba que la gente de Forks era chismosa cuando nunca en el tiempo que llevo viviendo aquí había pensado así? ¿Sería por causa de Isabella? Sacudí la cabeza justo para ver a todos asentir, de acuerdo con mis palabras, aunque Alice, Esme y Rosalie me miraban de forma misteriosa.

Intenté leer sus pensamientos, pero no pude acceder a ellos. Las tres me bloqueaban. Suspiré resignado al tiempo que Alice volvía a leer.

Voy al edificio cuatro, podría mostrarte el camino —demasiado amable, sin duda

―Sin dudas― repetimos los adolescentes Cullen, frunciendo el ceño y rodando los ojos.

. Me llamo Eric —añadió.

―Lo dijimos― reímos los hermanos Cullen.

Los demás, rodearon los ojos.

Sonreí con timidez.

Gracias.

Amable y tímida Pensé, suspirando lentamente. No lograba entender, aún, por qué motivo estaba haciendo una pequeña lista en mi mente sobre el comportamiento de Isabella.

Recogimos nuestros abrigos y nos adentramos en la lluvia, que caía con más fuerza. Hubiera jurado que varias personas nos seguían lo bastante cerca para escuchar a hurtadillas.

―¡Qué gente más grosera y chismosa hay en este pueblo! ― exclamó Esme enfadada.

―Eso mismo pienso yo― concordó Charlie con Esme enrabiado. Todos los demás, asentían de acuerdo con ambos―. Miran a mi hija como un objeto brillante y eso es ser grosero. Y yo no permitiré que nada ni nadie la hiera o sea maleducada con ella.

Les di la razón a los dos. Y me prometí que cuando Bella estuviese aquí, no dejaría que nadie actuase así con ella.

Esperaba no estar volviéndome paranoica.

―No lo estás― gruñimos todos, entrecerrando los ojos.

Bueno, es muy distinto de Phoenix, ¿eh? —preguntó.

Mucho.

Allí no llueve a menudo, ¿verdad?

Tres o cuatro veces al año.

Vaya, no me lo puedo ni imaginar.

―¡Idiota! ― rodaron los ojos Alice y Rosalie exasperadas.

Hace mucho sol —le expliqué.

No se te ve muy bronceada.

―Doble idiota― apuntaron Sue, Emily y Leah.

Es la sangre albina de mi madre.

Me miró con aprensión. Suspiré. No parecía que las nubes y el sentido del humor encajaran demasiado bien. Después de estar varios meses aquí, habría olvidado cómo emplear el sarcasmo.

―Despreocúpate, Bells. Nos encargaremos que no suceda eso― rió maliciosamente Emmett, frotándose las manos de anticipación.

Rodeé mis ojos mientras que Carlisle y Esme negaban con la cabeza ante la actitud de Emmett.

Pasamos junto a la cafetería de camino hacia los edificios de la zona sur, cerca del gimnasio. Eric me acompañó hasta la puerta, aunque la podía identificar perfectamente.

Todos, sin excepciones, rodamos nuestros ojos. Estos humanos eran realmente desesperantes.

En fin, suerte —dijo cuando rocé el picaporte—. Tal vez coincidamos en alguna otra clase.

Espero que no Pensé ahogando un pequeño gruñido.

¡Vamos, Cullen!, ¿qué te pasa? ¿ por qué te comportas de esta manera tan…preocupada por la humana y sus amistades? No te debería importar. Es sólo una humana. Ya no te preocupes por ella y sus amigos. No son importantes, pero no permitas que nadie la vea como un objeto. Sacudí mi cabeza cuando Alice volvía a leer sin haberse percatado en mi pensamiento privado. Suspiré aliviado antes de prestarle atención a la lectura.

Parecía esperanzado. Le dediqué una sonrisa que no comprometía a nada y entré.

―Así se hace, Bella. Sin comprometerse a nada― sonrieron Alice y Rosalie

Yo las imité sin saber el motivo por el cual lo hacía.

El resto de la mañana transcurrió de forma similar.

Rodeé mis ojos, exasperado ante la actitud de aquellos humanos.

Mi profesor de Trigonometría, el señor Varner, a quien habría odiado de todos modos por la asignatura que enseñaba, fue el único que me obligó a permanecer delante de toda la clase para presentarme a mis compañeros.

―Ese profesor― gruñó Charlie―, es un maleducado.

Nadie quiso añadir nada más, pero por lo que leí en las mentes de los demás, todos estaban de acuerdo con las palabras dichas por el jefe Swan.

Balbuceé, me sonrojé y tropecé con mis propias botas al volver a mi pupitre.

Emmett volvía a rodar por el suelo, mientras que Carlisle y Esme lo miraban con reproche y nuestros invitados atónitos.

Después de dos clases, empecé a reconocer varias caras en cada asignatura. Siempre había alguien con más coraje que los demás que se presentaba y me preguntaba si me gustaba Forks.

―La gente― murmuró Charlie enfadado.

Procuré actuar con diplomacia, pero por lo general mentí mucho. Al menos, no necesité el plano.

―Al menos― vociferó Charlie, ya irritado ante la actitud de la gente de Forks.

Una chica se sentó a mi lado tanto en clase de Trigonometría como de español, y me acompañó a la cafetería para almorzar. Era muy pequeña, varios centímetros por debajo de mi uno sesenta, pero casi alcanzaba mi estatura gracias a su oscura melena de rizos alborotados.

―Jessica― dijeron Emmett y Jasper irritados.

―Ella es una perra― añadieron Rosalie y Alice enrabiadas.

―Totalmente irritante― finalicé enojado.

Nuestros invitados nos miraron sorprendidos. Y capté varios pensamientos:

¿Cómo se atreven a hablar así de una mujer? Pensaban Emily, Leah y Sue enfadadas.

¿Por qué hablarían así de ella? Jacob, Seth, Sam y toda la manada de lobos nos miraban boquiabiertos.

No tendrían que hablar así Billy, Charlie y Harry nos miraban con reproche.

Pero antes de que alguien pudiese reaccionar:

―No se habla así de las mujeres― nos reprendió Esme asqueada por nuestra actitud.

―Pero ella se lo merece, mamá― nos defendimos al unísono.

―Nadie se merece tal ofensa y grosería― nos regañó Carlisle severamente.

―Si ustedes la conocieran en profundidad, no dirían lo mismo― les rebatí enrabiado.

―Eso no nos interesa― nos volvió a regañar Esme, aunque ella se había dado cuenta de lo que significaba esa "profundidad"―Alice, sigue leyendo. Y para los demás, cualquier insinuación como esa y estarán castigados, ¡Entendido!

Asentimos con la cabeza, mientras nuestros invitados nos volvían a mirar anonadados. Nuevamente, identifiqué en los pensamientos de Billy la sorpresa al ver nuestras reacciones y nuestro comportamiento como si fuésemos una familia. Volví a bufar porque sí lo éramos. Ellos lo comprenderían más temprano que tarde.

No me acordaba de su nombre,

Nos reímos por lo bajo por aquello, pero Esme nos escuchó y nos reprendió con la mirada.

por lo que me limité a sonreír mientras parloteaba sobre los profesores y las clases. Tampoco intenté comprenderlo todo.

Asentí con la cabeza, de acuerdo con lo que decía Bella.

Nos sentamos al final de una larga mesa con varias de sus amigas a quienes me presentó. Se me olvidaron los nombres de todas en cuanto los pronunció.

Volvimos a sonreír entre dientes.

Parecían orgullosas por tener el coraje de hablar conmigo. El chico de la clase de Lengua y Literatura, Eric, me saludó desde el otro lado de la sala.

Otra vez, gruñí por lo bajo, mientras que Alice, Esme y Rosalie me miraban con una pequeña y radiante sonrisa en el rostro. Nuevamente, intenté leerles la mente; pero me bloqueaban. Lo que acrecentó mi curiosidad por aquellas sonrisas.

Y allí estaba, sentada en el comedor, intentando entablar conversación con siete desconocidas llenas de curiosidad, cuando los vi por primera vez.

―Algo me dice que somos nosotros― anunció Alice, tensándose levemente.

Nuestros invitados la vieron con horror ¿qué significaba todo aquello?

Nosotros, en cambio, nos tensamos brevemente, ¿cómo nos describiría? Algo en mí se sintió ansioso de lo que ella diría de la familia blanca como la piza, aunque aún no entendía qué me pasaba.

Se sentaban en un rincón de la cafetería, en la otra punta de donde yo me encontraba.

Una gran distancia Pensó Carlisle, mientras asentía con la cabeza. Yo estaba seguro que nos describiría como unos seres celestiales y que tendría miedo de nosotros.

Eran cinco.

Nuestros invitados posaron sus miradas en nosotros. Me sentí incomodo con eso.

No conversaban ni comían pese a que todos tenían delante una bandeja de comida.

Nos tensamos al instante. Ningún humano en toda nuestra existencia se había fijado si comíamos o no, ¿por qué ella sí? ¿Por qué? Esto podría ser peligroso para nosotros.

Miré a mi familia y escaneé sus pensamientos. Los seis pensaban de manera similar a la mía.

―Tranquilos, que no creo que noté nada más, es una gran distancia a la que se haya de nosotros― habló rápido Carlisle para calmarnos mientras Jasper nos enviaba oleadas de tranquilidad.

Y gracias al cielo solo la familia oyó a Carlisle, Sin embargo, algo me decía que no era como mi padre había predicho. Me estremecí.

No me miraban de forma estúpida como casi todos los demás, por lo que no había peligro: podía estudiarlos sin temor a encontrarme con un par de ojos excesivamente interesados. Pero no fue eso lo que atrajo mi atención.

Nos miramos con gran temor. Ella podría descubrir algo porque de lo poco que había leído, ella no era como otros humanos.

No se parecían lo más mínimo a ningún otro estudiante. De los tres chicos, uno era fuerte, tan musculoso que parecía un verdadero levantador de pesas, y de pelo oscuro y rizado.

―Emmett― soltamos los Cullen , mientras que el aludido hacía como que levantaba pesas para la diversión de nuestros invitados. Rodeé mis ojos.

Otro, más alto y delgado, era igualmente musculoso y tenía el cabello del color de la miel.

―Jasper― repetimos.

El último era desgarbado, menos corpulento, y llevaba despeinado el pelo castaño dorado. Tenía un aspecto más juvenil que los otros dos,

―¡Juvenil!―me quejé, cruzándome de brazos.

Mis hermanos, como no, se burlaban de mí. Rodeé mis ojos.

que podrían estar en la universidad o incluso ser profesores aquí en vez de estudiantes.

La diversión se esfumó al instante. Tan cerca, pero a la vez tan lejos de la verdad.

Las chicas eran dos polos opuestos. La más alta era escultural. Tenía una figura preciosa, del tipo que se ve en la portada del número dedicado a trajes de baño de la revista Sports Illustrated, y con el que todas las chicas pierden buena parte de su autoestima sólo por estar cerca. Su pelo rubio caía en cascada hasta la mitad de la espalda.

Rosalie sonrió con aire de suficienciaAdoré como me describió Bella.

Rose como siempre pensando en sí misma. Rodeé mis ojos al tiempo que Emmett la abrazaba.

La chica baja tenía aspecto de duendecillo de facciones finas, un fideo. Su pelo corto era rebelde, con cada punta señalando en una dirección, y de un negro intenso.

―No soy un duende― se quejó Alice, rebatando en el sillón.

―Lo eres― reímos de ella.

Ella se cruzó de brazos mientras nuestros invitados trataban de no reír.

Aun así, todos se parecían muchísimo. Eran blancos como la cal, los estudiantes más pálidos de cuantos vivían en aquel pueblo sin sol. Más pálidos que yo, que soy albina.

―Está notando demasiado― apuntó Jasper, lo suficientemente alto para que todos escuchasen. Podría descubrirnos de un momento para otro.

Y tenía razón, si ella seguía notando estas cosas, sería un problema para nosotros. Nos meteríamos en serios aprietos con los Vulturis si se llegasen a enterar que un humano nota o sabe demasiado de los vampiros debido a las reglas que ellos habían establecido para nuestro propio bien, aunque técnicamente ya estábamos en un lío porque Charlie lo sabía. El problema era que en el libro ninguno lo sabía aún….Isabella…Isabella…Ella no era como cualquier ser humano que haya conocido, ya que no solo era perspicaz, sacrificada, humilde, tímida, terca, sino también observadora, lo cual nos haría meternos en un gran problema Vi, en ese momento, las expresiones de preocupación en mi familia. Estaban asustados por lo mucho que ella estaba notando.

―¿Qué está notando demasiado? ― preguntó, levantando una ceja, Charlie.

Para los vampiros sólo había pasados dos o tres segundos desde que Jasper había dicho aquello y por estar reflexionado, ninguno pudo percatarse de lo que Charlie estaba pensando, a pesar de que era mi trabajo garantizar que nadie nos tomase por sorpresa.

―Lo sabrás en breve― le respondió Carlisle con simplicidad Al ritmo que va, Bella descubrirá qué somos.

Charlie asintió aunque pensaba en las palabras dichas por Jasper con respecto a cuánto estaba notando Isabella. Y no solo él, sino también los lobos quiénes estaban curiosos.

Alice, rápidamente, se dispuso a leer.

Todos tenían ojos muy oscuros, a pesar de la diferente gama de colores de los cabellos, y ojeras malvas, similares al morado de los hematomas.

¿Cómo pudo notar el color de los ojos? Pensó Rosalie y Jasper aturdidos.

¿No fuimos a cazar? Pensaron Emmett, Alice y Esme curiosos.

Bella no es un ser humano como los otros. Nota demasiado para estar ubicada en el otro lado del salón. Y lo que es peor, no hemos cazado en varias semanas Le di la razón a lo pensando por Carlisle, antes de que Alice continuase leyendo.

Era como si todos padecieran de insomnio

Volvimos a mirar el libro, asombrados. Jamás en mi vida me había topado-en este caso leído-sobre un ser humano que notase tanto estando en una posición tan alejada de nosotros. Era inaudito algo como esto.

o se estuvieran recuperando de una rotura de nariz, aunque sus narices, al igual que el resto de sus facciones, eran rectas, perfectas, simétricas.

Lo que nos identifica como vampiros Pensó mi familia al unísono, aún aturdidos por las cosas que estaba notando Bella.

Pero nada de eso era el motivo por el que no conseguía apartar la mirada.

En ese momento, vi de reojo a los lobos y Charlie estudiarnos con la mirada a medida que el libro iba avanzando. Y por lo que leí en sus mentes, ninguno se había fijado en nuestras facciones como Bella. Simplemente ella no era como los otros humanos.

Continué mirándolos porque sus rostros, tan diferentes y tan similares al mismo tiempo, eran de una belleza inhumana y devastadora.

―Tan cerca y a la vez tan lejos― murmuré alto para que todos escuchasen, suspirando innecesariamente.

Los lobos y Charlie me miraron sin comprender.

―Bella, a pesar de estar ubicaba al otro lado del salón, notó cosas que ningún humano a esa distancia podría notar― explicó mi padre por mí―.Incluso las personas que se atreven a estar lo suficientemente cerca de nosotros no notan esas cosas como lo hizo ella, porque la naturaleza humana los hace no mirarnos y apartarse lo más rápido posible― suspiró antes de continuar―. Eso me hace pensar que Bella no es como los otros humanos. Ella es muy observadora y nos descubrió casi al instante― siguió comentando Carlisle, pero lo hacía para sí, a pesar que todos escuchábamos a la perfección lo que decía―. Sí ella hubiese leído sobre vampiros antes de venir aquí estoy seguro que nos hubiera descubierto en el acto y nos hubiéramos metido en muchos líos. Ella, sin dudarlo, es un humano especial para haber notado tanto con una sola mirada

Al finalizar su discurso, el silencio inundó el hall, mientras todos intentábamos hallarle lógica a lo que decía.

Yo pensaba lo mismo que Carlisle. Bella no era como los otros humanos, ya que ninguno habría notado tanto estando tan lejos de nosotros, lo que me hizo preguntar qué clase de chica era aquella, qué tanto descubriría de nosotros…Esa última pregunta me hizo estremecer. Ella no podía descubrirnos, sería fatal. No sería adecuado…

Algo en mí se desplomó cuando pensé eso, pero, ¿por qué sentí aquello? Ella no debía saber nuestro secreto, no debía…Aún así, me sentía desquebrajarme por dentro… ¿qué me pasaba? No lograba entenderme a mí mismo.

―Tienes razón― habló Charlie, sacándome de mis pensamientos, aunque no habían pasado ni dos segundos desde que Carlisle había terminado de decir su discurso―. Yo no había notado para nada esas cosas hasta que mi hija las nombró.

Los lobos le dieron la razón. Después de aquello, Alice siguió leyendo.

Eran rostros como nunca esperas ver, excepto tal vez en las páginas retocadas de una revista de moda. O pintadas por un artista antiguo, como el semblante de un ángel.

―¡Ángel!― repetí anonadado― . Somos cualquier cosa menos ángeles.

Esto era completamente absurdo. Nosotros éramos unos monstruos, unos demonios, no unos ángeles, ¿en qué estaba pensando Bella? Sacudí mi cabeza al tiempo que mi familia me miraba de forma severa y nuestros invitados me miraran en estado de shock y no los culpaba.

Resultaba difícil decidir quién era más bello, tal vez la chica rubia perfecta

Rosalie sonrió abiertamente Me está gustando esta chica.

o el joven de pelo castaño dorado.

Sin ser consciente, esbocé una sonrisa. Me halagaba el saber que me encontraba bonito. Sentí algo en mi estómago, pero el problema era que no sabía las razones de aquella sensación. Jamás había sentido algo así.

Los cinco desviaban la mirada los unos de los otros, también del resto de los estudiantes y de cualquier cosa hasta donde pude colegir. La chica más pequeña se levantó con la bandeja —el refresco sin abrir, la manzana sin morder—

Es sorprendente cómo se fija, incluso, en las cosas más minúsculas Pensó Carlisle, reflexionando sobre aquello.

Mi demás familia tenía pensamientos similares ante la actitud de Bella, aunque seguían asustados por la cantidad de cosas que ella se percataba.

y se alejó con un trote grácil, veloz, propio de un corcel desbocado. Asombrada por sus pasos de ágil bailarina, la contemplé vaciar su bandeja y deslizarse por la puerta trasera a una velocidad superior a lo que habría considerado posible.

―Se fijó incluso en eso― gimió Jasper, no creyendo en lo que se leía en el libro Nos descubrirá muy pronto.

―Es más observadora de lo que imaginé― suspiró Carlisle, quien aunque estaba preocupado por todo lo que había notado Bella, estaba muy interesado en ella Me preguntó qué tanto más descubrirá y si será posible que interactué con nosotros.

Me quedé helado ante el último pensamiento de Carlisle. Ella no podría interactuar con nosotros. No podía ser posible. Era inaudito. No podía exponerla a este mundo así como lo planteaba él. No permitiría que Bella saliese dañada por nuestra causa. No permitiría que los Vulturis nos hicieran daño a nosotros, ni mucho menos a ella por interactuar con mi familia…Pero, ¿qué te pasa, Edward? ¿Por qué tendrías que exponerla a este mundo? No hay razón para que Bella interactué con nosotros, no la hay.

Algo en mí se desquebrajó en cuanto pensé en eso. No conocía ese sentimiento, pero no le quise dar vuelta. Ella no compartiría con nosotros. De repente, la ansiedad me embargó y no tenía idea de la razón.

Jasper me miró en ese instante ¿Qué te pasa, Edward? ¿Por qué cambias tus emociones tan rápidamente?

Me encogí de hombros cuando no hallé que contestarle. Mi hermano me siguió mirando con curiosidad. Sacudí la cabeza y ni siquiera habían pasado tres o cuatro segundos desde el pensamiento de mi padre.

―¿Cómo es eso que se fijó incluso en Alice saliendo por la cafetería? ― interrogó Charlie con una ceja levantada.

Lo miré sorprendido. No había notado lo observador que era Charlie. De pronto, me reí de mi mismo. Considerando lo observadora que era Bella, claro que su padre era de la misma manera que ella. Eran los mismos genes de Charlie los que había heredado Bella. Tenía a quién salir. Suspiré pesadamente.

―Estoy segura que el libro lo dirá― aseguró Alice, frotándose la sien.

Charlie asintió junto a la manada, la cual estaba tan curiosa como el jefe Swan. Mi familia, en cambio, miró asombraba la reacción de Alice, ¿qué le pasaba? Era la tercera vez que se frotaba la sien.

Escaneé sus pensamientos No sé qué me sucede, Edward. Pero no he podido ver nuestro futuro ni mucho menos el de Bella desde que me llegó la visión. La miré perplejo. Sacudí mi cabeza. Ella siguió hablándome Y estoy segura de que se debe a este libro.

Le di la razón. Estos libros estaban siendo demasiado reveladores. Para quitarse las miradas de mi familia de encima, Alice se dispuso a leer. Yo me encogí de hombros para que ellos no me preguntasen nada

Miré rápidamente a los otros, que permanecían sentados, inmóviles.

Se fijó incluso en eso, ¿qué tipo de humana es? Rosalie, en vez de pensar de forma egoísta, sentía curiosidad por Isabella, lo que me dejó atónito.

Ella jamás se preocupaba de los demás ni mucho menos en los humanos, justo en ese momento, Alice volvía a leer, interrumpiendo mi parloteo interior.

¿Quiénes son ésos?—pregunté a la chica de la clase de Español, cuyo nombre se me había olvidado.

Ahogué mi risa.

Y de repente, mientras ella alzaba los ojos para ver a quiénes me refería, aunque probablemente ya lo supiera por la entonación de mi voz, el más delgado y de aspecto más juvenil, la miró. Durante una fracción de segundo se fijó en mi vecina, y después sus ojos oscuros se posaron sobre los míos.

Charlie y la manada me enviaron miradas de curiosidad y perplejidad ante mi reacción en el libro.

Volví a quedarme estático. Seguramente Jessica había pensado mi nombre y yo automáticamente había alzado la cabeza para fijarme en ella, pero me había fijado en Bella. Sacudí mi cabeza. Tenía y a la vez no tenía sentido mi razonamiento, porque también podía significar que Bella estuviese pensando en mi nombre y yo alcé la cabeza para responder a su llamado, sin embargo, posé mi mirada en Jessica. Aunque había algo que aún no me encajaba luego de haber leído estos pensamientos, ¿qué tanto había escuchado de Bella? ¿Habría escuchado palabra por palabra sus pensamientos como lo hacía con el resto? Si era así, ¿por qué no hacíamos nada para frenar a Bella? ¿Por qué alguien no intervenía en aquella conversación? Quizá, sólo quizás ya luego intervendríamos. Tendría que asegurarme de escuchar todo lo que ella descubriría sobre nosotros, cuánto era capaz de observar con sus ojos y luego…y luego…le haría ver a solas que éramos peligrosos, que no se acercase y que se largase de aquí de una buena vez…

Me quedé estático nuevamente, rechazando el nerviosismo y ansiedad que me producía esa tentadora ilusión…Yo y Bella, solos en el bosque, mientras sacaba de mí mi peor demonio…Alejarla de nosotros y del peligro que significaba que ella estuviese percatándose de tanto…Me quebré con ese pensamiento, algo en mí sintió una punzada de…dolor.

Me saqué esos pensamientos de mi cabeza justo cuando:

―¿Jessica pensó en tu nombre? ― habló rápido Carlisle solo para que el oído vampiro escuchase.

―Puede ser― contesté monótonamente, aún nervioso.

Mi familia no dijo nada más. Se quedaron absortos en sus pensamientos, los cuales no quise leer.

Alice, como se dio cuenta que habían pasado por lo menos dos minutos y nadie había hablado, siguió leyendo.

Él desvió la mirada rápidamente, aún más deprisa que yo, ruborizada de vergüenza. Su rostro no denotaba interés alguno en esa mirada furtiva, era como si mi compañera hubiera pronunciado su nombre y él, pese a haber decidido no reaccionar previamente, hubiera levantado los ojos en una involuntaria respuesta.

Nuevamente, me quedé estático. Entonces mi primer razonamiento era verdad. Había sido Jessica quién pronunció mi nombre en su mente y yo, sin tomarme el tiempo de pensar, alcé mi vista en una involuntaria respuesta.

Suspiré largamente, inhalando y exhalando más de la cuenta. Bella se percataba de absolutamente todo y su estadía en este pueblo podría ser perjudicial para nosotros.

Escaneé los pensamientos de mi familia y sólo uno sobresalía de todos Se percata de absolutamente todo. No se le escapa nada. No es como los otros humanos, nos tendremos que andar con cuidado.

Al parecer ninguno se había dado cuenta de que yo ya debería haberme dado cuenta en el libro, por los pensamientos que estaba teniendo Bella, que ella resultaba peligrosa para nuestro bienestar.

Avergonzada, la chica que estaba a mi lado se rió tontamente y fijó la vista en la mesa, igual que yo.

Son Edward y Emmett Cullen, y Rosalie y Jasper Hale. La que se acaba de marchar se llama Alice Cullen; todos viven con el doctor Cullen y su esposa —me respondió con un hilo de voz.

Chismosa Pensé, rodando mis ojos.

Miré de soslayo al chico guapo, que ahora contemplaba su bandeja mientras desmigajaba una rosquilla con sus largos y níveos dedos. Movía la boca muy deprisa, sin abrir apenas sus labios perfectos. Los otros tres continuaron con la mirada perdida, y, aun así, creí que hablaba en voz baja con ellos.

―Se fija en todo― se quejó Emmett sólo para que nosotros escucháramos.

―No se le escapa nada― continúo Jasper con nerviosismo. El mismo que todos teníamos. Él trataba de enviarnos oleadas de tranquilidad, pero sin éxito.

―Me asombra que se fijé en todo― habló mi padre lo más bajo que pudo―. Estando en el otro extremo del salón, aún así se dio cuenta que estaban hablando entre sí. Me pregunto de qué.

―Obviamente le debo estar diciendo a mis hermanos de los pensamientos de la chica y lo peligroso que puede resultar para nosotros― le contesté nervioso.

Recién ahí se dieron cuenta de mis pensamientos anteriores. Y todos comenzaron a sentirse ansiosos. Jasper nos envió una oleada de tranquilidad, mientras que sentía las miradas curiosas de los lobos y Charlie sobre mí. Ellos no habían oído nuestra pequeña conversación, pero aún así sentían interés por mis acciones en el libro.

Alice se apiadó de mí y siguió leyendo.

¡Qué nombres tan raros y anticuados!, pensé.

Nos reímos con nerviosismo.

Era la clase de nombres que tenían nuestros abuelos,

Mi familia y yo nos estremecimos. Tan acertado y tan lejos de descubrir la verdad. Esto nos traería muchos problemas.

pero tal vez estuvieran de moda aquí, quizá fueran los nombres propios de un pueblo pequeño. Entonces recordé que mi vecina se llamaba Jessica, un nombre perfectamente normal. Había dos chicas con ese nombre en mi clase de Historia en Phoenix.

Son... guapos.

Me costó encontrar un término mesurado.

―Piensa que somos guapos― se rió Emmett.

Lo ignoramos.

¡Ya te digo! —Jessica asintió mientras soltaba otra risita tonta—. Pero están juntos. Me refiero a Emmett y Rosalie, y a Jasper y Alice, y viven juntos.

―¡Cómo sí fuera un delito! ― exclamó Rosalie exasperada―. No somos hermanos de sangre.

Emmett le pasó el brazo por el hombro para reconfortarla. Ninguno de nuestros invitados quiso decir algo.

Su voz resonó con toda la conmoción y reprobación de un pueblo pequeño, pero, para ser sincera, he de confesar que aquello daría pie a grandes cotilleos incluso en Phoenix.

Hicimos una mueca.

¿Quiénes son los Cullen? —pregunté—. No parecen parientes...

Claro que no. El doctor Cullen es muy joven, tendrá entre veinte y muchos y treinta y pocos. Todos son adoptados. Los Hale, los rubios, son hermanos gemelos, y los Cullen son su familia de acogida.

Parecen un poco mayores para estar con una familia de acogida.

Ahora sí, Jasper y Rosalie tienen dieciocho años, pero han vivido con la señora Cullen desde los ocho. Es su tía o algo parecido.

―Esa Jessica es tan chismosa― chilló Esme.

Nos tragamos nuestras palabras para no hacer que ella nos retase otra vez.

Es muy generoso por parte de los Cullen cuidar de todos esos niños siendo tan jóvenes.

Supongo que sí —admitió Jessica muy a su pesar. Me dio la impresión de que, por algún motivo, el médico y su mujer no le caían bien.

Asentí con la cabeza, mientras que Esme miraba ofendida al libro y Carlisle intentaba calmarlaPuede que hayas tenido razón, Edward.

No quise añadir más.

Por las miradas que lanzaba en dirección a sus hijos adoptivos, supuse que eran celos;

Volví a asentir. Mi familia miró enojadísima al libro. Nuestros invitados no hablan, sólo se dedicaban a escuchar.

luego, como si con eso disminuyera la bondad del matrimonio, agregó—: Aunque tengo entendido que la señora Cullen no puede tener hijos.

Esme sollozó en silencio, mientras Carlisle intentaba reconfortarla.

Mis hermanos y yo, entrecerramos los ojos, cabreados por la actitud de Jessica.

Los lobos nos miraban con intensidad. Mas, no dijeron nada.

Mientras manteníamos esta conversación, dirigía miradas furtivas una y otra vez hacia donde se sentaba aquella extraña familia. Continuaban mirando las paredes y no habían probado bocado.

Cuando ella llegue nos encargaremos de actuar mucho más como humanos Pensaron Alice, Rosalie, Emmett y Jasper.

¿Siempre han vivido en Forks? —pregunté. De ser así, seguro que los habría visto en alguna de mis visitas durante las vacaciones de verano.

Alguien como ella no nos olvidaría tan fácilmente Reflexionó Carlisle, encerrado en sus pensamientos.

Le di la razón una vez más.

No —dijo con una voz que daba a entender que tenía que ser obvio, incluso para una recién llegada como yo—. Se mudaron aquí hace dos años, vinieron desde algún lugar de Alaska.

Sonreímos antes los recuerdos de Alaska y de nuestra familia radicada allá.

Experimenté una punzada de compasión y alivio.

Jasper levantó una ceja, curioso por aquella declaración.

Compasión porque, a pesar de su belleza, eran extranjeros y resultaba evidente que no se les admitía. Alivio por no ser la única recién llegada y, desde luego, no la más interesante.

Interesante observación y muy acertada. Definitivamente, Bella no es como los otros humanos Pensó Jasper. Y tenía toda la razón. Isabella era un humano realmente interesante.

Uno de los Cullen, el más joven, levantó la vista mientras yo los estudiaba y nuestras miradas se encontraron, en esta ocasión con una manifiesta curiosidad. Cuando desvié los ojos, me pareció que en los suyos brillaba una expectación insatisfecha.

¿Curiosidad?, ¿Expectación insatisfecha? , ¿Por qué motivo reaccionaba así en el libro? ¿Qué significaba todo eso? No entendía nada lo que hacía en el libro. Lo único que podía pensar en ese momento era que la curiosidad se debía a que Bella estaba acertando en todo y que por eso yo la miraba así, ya que Bella jamás sintió o pensó en apartarse de nosotros o no seguir averiguando o dejar el tema hasta ahí.

No obstante, aún me sentía inquieto con lo último, lo de la expectación insatisfecha. Tal vez y sólo tal vez esperaba que en algún momento ella dejase de hacer preguntas y por eso no le enviábamos miradas atemorizantes para que dejase de estudiarnos. O tal vez estaba esperando a escuchar sus pensamientos hasta que terminase la conversación para luego decidir qué hacer con ella, rechazando al instante lo que había pensando minutos atrás con la imagen del bosque. Podía ser cualquier cosa, pero no lo sabía. Me sentía impotente porque este libro sólo mostraba sus pensamientos y no los míos, aunque no me hubiese gustado para nada que hubiera un libro mío.

Sacudí mi cabeza solo para ver a mi familia e invitados mirándome intensamente. Volví a escanear en sus mentes.

¿Por qué curiosidad y insatisfacción? Pensaban Carlisle y Jasper, absortos en sus pensamientos, aunque este último, enviando oleadas de tranquilidad.

¿Por qué ella se fija en todo? Se preguntaron con curiosidad Alice, Esme y Rosalie.

¿Qué le pasará a Eddie? Emmett sentía curiosidad por lo que me sucedía en el libro. Y yo quería saber igual

No entiendo nada Eran los pensamientos de los lobos y Charlie.

Suspiré innecesariamente. Acto seguido, sacudí mi cabeza y le hice un gesto a Alice para que continuase. Ella comenzó a leer con la curiosidad de todos por lo que acontecía.

¿Quién es el chico de pelo cobrizo? —pregunté.

―Ella pregunta específicamente por ti, Eddie, ¿cómo te sientes con eso? ― preguntó Emmett, levantando las cejas pícaramente.

―Nada― contesté monótonamente.

Aunque no era así. Sentí algo en mí, como si alguien le hubiese dado un pequeño golpecito en mi corazón de piedra, a pesar de saber que eso era imposible. Mi corazón no latía ni nunca latiría. Aún así, me seguí preguntando el porqué me sentía así. Todo esto era tan confuso que me dejaba sin poder reaccionar de manera adecuada, ¿qué había hecho Bella conmigo? ¡Vamos! Ni siquiera me había reunido con ella y todo era su culpa…Toda la confusión era por la lectura de sus pensamientos, los cuales no me dejaban de sorprender. Sus acciones sólo intensificaban mis miedos, mis dudas, mis temores…¿qué era todo esto? Lo peor del asunto era que Bella se estaba viendo como una vil villana y que esto recién comenzaba. Me sentía perdido en un mundo sin retorno, sin vuelta.

Más le vale a Edward que no sienta nada por mi hija.

El pensamiento de Charlie Swan me impactó con mucha fuerza, porque no me lo esperaba. Tan absortó me encontraba en mis pensamientos que no sólo estaba perdiendo el poder de reacción, sino también, el poder de los sentidos, el poder de la concentración, lo que aumentaba la imagen de Isabella como una villana por venir a hacer todo esto conmigo.

Pero no era sólo eso, también estaba el hecho de lo que decía ese pensamiento: No te quiero cerca de mi hija, Cullen.

Sin saber qué era ese sentimiento que me embargaba, me volví a desquebrajar por dentro. Isabella Swan era una chica totalmente peligrosa para mi seguridad.

Sacudí mi cabeza justo cuando Alice se disponía a leer.

Lo miré de refilón. Seguía observándome, pero no con la boca abierta, a diferencia del resto de los estudiantes. Su rostro reflejó una ligera contrariedad. Volví a desviar la vista.

Esto era el colmo. No solo estaba la curiosidad y la insatisfacción, sino también la contrariedad, pero… ¿por qué? No tenía sentido esa acción.

Inhalé y exhalé varias veces, dándome por vencido en este capítulo. No entendería nada. Solo podía seguir leyendo este libro.

Se llama Edward. Es guapísimo, por supuesto, pero no pierdas el tiempo con él. No sale con nadie. Quizá ninguna de las chicas del instituto le parece lo bastante guapa —dijo con desdén, en una muestra clara de despecho. Me pregunté cuándo la habría rechazado.

―¿Cuál de todos los rechazos? ― pregunté, rodando los ojos.

Los demás se reían de mí. Entrecerré los ojos.

Me mordí el labio para ocultar una sonrisa. Entonces lo miré de nuevo. Había vuelto el rostro, pero me pareció ver estirada la piel de sus mejillas, como si también estuviera sonriendo.

¡Ah!, entonces eso significaba que estaba escuchando todos sus pensamientos y solo esperaba a que terminase la conversación para decidir qué pasaría con ella. No por nada se nombró que ella se preguntó cuando la había rechazado y yo, luego, sonreí al recordar esos rechazos. Todo encajaba ahora.

De pronto, me sentí ansioso y nervioso por saber qué le ocurriría a aquella humana.

Jasper me volvió a mirar con curiosidad. Desvié la mirada y me encontré a Carlisle absortó en sus pensamientos. Escaneé su mente Interesante, muy interesante. Bella es muy observadora…Me pregunto que…

Dejé de mirarlo y bloqueé sus pensamientos. No quería enterarme de nada.

Los cuatro abandonaron la mesa al mismo tiempo, escasos minutos después. Todos se movían con mucha elegancia, incluso el forzudo. Me desconcertó verlos. El que respondía al nombre de Edward no me miró de nuevo.

Parece que alguien quiere que Eddie la vuelva a mirar Se burló de mí, Emmett.

Ahogué un gruñido, lo bloqueé y ladeé mi cabeza, pero fue un error: Alice, Rosalie y Esme sonreían de forma misteriosa, como si estuviesen felices y ansiosas a la vez. Las tres me bloqueaban.

Suspiré y volví a ladear mi cabeza. Segundo error, la manada entrecerraba los ojos, enojados. Ni siquiera quise escucharlos, por lo que volví mi cabeza otra vez. Tercer error, Charlie quería matarme con una escopeta.

Tragué saliva y rogué que la lectura continuase.

Permanecí en la mesa con Jessica y sus amigas más tiempo del que me hubiera quedado de haber estado sola. No quería llegar tarde a mis clases el primer día.

Responsable Añadí a mi lista.

Una de mis nuevas amigas, que tuvo la consideración de recordarme que se llamaba Angela,

―Es una excelente chica― sonreímos los Cullen.

tenía, como yo, clase de segundo de Biología a la hora siguiente.

―Eso significa que tendrá esa clase conmigo― susurré por lo bajo.

Lamentablemente, todo el mundo lo escuchó. De repente, sentí todas las miradas sobre mí: Una, de seguridad, diciendo, tú eres el segundo mejor contralado de la familia, saldrá todo bien; la segunda, de enojo si es que le llegaba a hacer algo a Bella, y la última, de resignación.

Suspiré, pensando en lo mucho que sufriría aquella hora si Bella seguía notando demasiado, ¿qué haría con eso? ¿Esperaría a que la clase terminase y decidiríamos qué hacer con ella? ¿O es que acaso no me aparecería por ahí? Cualquiera fuese la respuesta, pronto lo sabría.

Entonces, un pensamiento terroríficose apoderó de mí: No había cazado ese día.

No alcancé a meditar mucho, porque la voz de Alice volviendo a leer me lo impidió.

Nos dirigimos juntas al aula en silencio. También era tímida.

―Por eso nos gusta― añadimos con una sonrisa en el rostro.

Nuestros padres e invitados nos sonrieron de vuelta.

Nada más entrar en clase, Angela fue a sentarse a una mesa con dos sillas y un tablero de laboratorio con la parte superior de color negro, exactamente igual a las de Phoenix. Ya compartía la mesa con otro estudiante. De hecho, todas las mesas estaban ocupadas, salvo una.

―La mía― suspiré resignado.

Tenía un grave presentimiento de que esto no sería nada bueno. Al tiempo que pensaba eso, sentía las miradas de todos en mí. Las ignoré para seguir escuchando la lectura.

Reconocí a Edward Cullen, que estaba sentado cerca del pasillo central junto a la única silla vacante, por lo poco común de su cabello.

Sonreía a medias.

Lo miré de forma furtiva mientras avanzaba por el pasillo para presentarme al profesor y que éste me firmara el comprobante de asistencia. Entonces, justo cuando yo pasaba, se puso rígido en la silla.

¿Qué?, ¿Por qué me había puesto así de rígido?, ¿Qué me sucedía? No lograba entender nada.

Miré, entonces, a mi familia e invitados. Todos, incluyendo a Charlie, se tensaron. Pero nos vimos relajados por una oleada de tranquilidad que nos llegó en ese instante. En momentos como este agradecía el don de Jasper, aunque nuestros invitados se habían quedado sorprendidos por el repentino cambio de tensión.

No pasará nada hijo, confía en ti Carlisle como siempre, confiaba ciegamente en mis habilidades. Sabía que no haría nada.

Eres el segundo mejor en cuanto al control se refiere. No pasará nada Esme estaba igual de confiada que Carlisle.

¡Hombre! Nada sucederá Emmett me sonría ampliamente.

Eres uno de los mejores en control, Edward. Nada sucederá. Pensó Jasper, con una plena confianza en mí.

Aunque no pueda ver el futuro de tus acciones, creo que no harás nada. Relájate Pensó Alice, infundiéndome ánimos.

Deja ya de ridiculeces, eres el mejor después de Carlisle en control, nada ha de suceder Rodó los ojos Rosalie, pero vi que sonría por lo bajo.

Allí estaba mi familia, con una fe infinita depositada en mí, mientras yo pensaba que algo malo sucedería. No sabía cómo, pero una fuerte intuición me decía que los acontecimientos tomarían un giro de ciento ochenta grados.

Suspiré y esperé a que la lectura continuase.

Volvió a mirarme fijamente y nuestras miradas se encontraron. La expresión de su rostro era de lo más extraña, hostil, airada.

Charlie y la manada me miraron enojados, pero yo me sentía un miserable. Ahora sí que estaba seguro que algo malo sucedería y no quería leerlo.

Pasmada, aparté la vista y me sonrojé otra vez. Tropecé con un libro que había en el suelo y me tuve que aferrar al borde de una mesa. La chica que se sentaba allí soltó una risita.

Nadie en el salón soltó " tal risita", ya que la tensión estaba al límite y Jasper se vio sobrepasado con tanta desesperación por lo que seguiría.

Me había dado cuenta de que tenía los ojos negros, negros como carbón.

―¡Santa mierda! ― gritó Emmett, sobresaltando a todo el mundo―. No hemos cazado durante semanas. La sed nos debe arder por dentro y Eddie sintió el aroma fresco de un humano…

Mi madre no se molestó en reprenderlo, porque ella estaba más pálida de lo que ya era. Y no sólo ella, sino todos: Mi familia y nuestros invitados.

Sentí asco y pena de mi mismo. No me podía permitir herirla. No podía. Debía controlarme. Lo debía hacer para no dañar a Bella.

El único problema era que como ya lo había sospechado y lo había expresado Emmett hace unos minutos, no había cazado en el libro en varias semanas. Y no sabía qué haría. Sólo esperaba que nada le hiciera a ella.

―Le haces algo a mi hija y resultas ser el cazador de ella, yo te juro que hago lo imposible por matarte, Edward Cullen. Considérate advertido― me amenazó Charlie, gruñendo.

―Es imposible matarlo Charlie. No es tan sencillo― intentó defenderme Carlisle, abatido por las palabras del jefe Swan. El resto de la familia se encontraba de igual forma. Pero los lobos asentían de acuerdo con las palabras dichas por él―. Solo hay una forma de matar a un vampiro.

―Descubriría esa forma― amenazó Charlie, con un dejé de tristeza.

Volvía a sentir asco de mi mismo y de mi desgraciada existencia. Alice se apiado de mí y se dispuso a leer.

El señor Banner me firmó el comprobante y me entregó un libro, ahorrándose toda esa tontería de la presentación. Supe que íbamos a caernos bien. Por supuesto, no le quedaba otro remedio que mandarme a la única silla vacante en el centro del aula.

Gruñidos escuché de parte de los lobos y Charlie. Mi familia me miraba con pena. Y yo me sentía perdido.

Mantuve la mirada fija en el suelo mientras iba a sentarme junto a él, ya que la hostilidad de su mirada aún me tenía aturdida.

Me quedé estático, con la mirada perdida.

No alcé la vista cuando deposité el libro sobre la mesa y me senté, pero lo vi cambiar de postura al mirar de reojo. Se inclinó en la dirección opuesta, sentándose al borde de la silla. Apartó el rostro como si algo apestara.

No apestas. Sólo es por tu aroma Pensé aún rígido y sin emoción alguna.

Los lobos y Charlie entrecerraban los ojos.

Mi familia sentía compasión de mí. Ni me molesté en leer sus pensamientos.

Olí mi pelo con disimulo. Olía a fresas, el aroma de mi champú favorito. Me pareció un aroma bastante inocente.

Inhalé profundamente. Algo me dijo que esto era algo importante. Volví a mi posición de mármol, tan rígido como una piedra.

Dejé caer mi pelo sobre el hombro derecho para crear una pantalla oscura entre nosotros e intenté prestar atención al profesor.

Error Pensé, intentando de no mirar ni leer a nadie.

Por desgracia, la clase versó sobre la anatomía celular, un tema que ya había estudiado. De todos modos, tomé apuntes con cuidado, sin apartar la vista del cuaderno.

Al menos está haciendo esto más llevadero. Pensé, aún rígido.

No me podía controlar y de vez en cuando echaba un vistazo través del pelo al extraño chico que tenía a mi lado. Éste no relajó aquella postura envarada —sentado al borde de la silla, lo más lejos posible de mí— durante toda la clase. La mano izquierda, crispada en un puño, descansaba sobre el muslo. Se había arremangado la camisa hasta los codos. Debajo de su piel clara podía verle el antebrazo, sorprendentemente duro y musculoso. No era de complexión tan liviana como parecía al lado del más fornido de sus hermanos.

Apreté los puños ligeramente, ¿por qué no había cazado antes? ¿Por qué no tomé precauciones?

Volvía a sentir pena de mi mismo.

La lección parecía prolongarse mucho más que las otras. ¿Se debía a que las clases estaban a punto de acabar o porque estaba esperando a que abriera el puño que cerraba con tanta fuerza? No lo abrió. Continuó sentado, tan inmóvil que parecía no respirar.

Como estoy ahora No alzaba la mirada ni miraba a nadie. Quería acabar este capítulo.

¿Qué le pasaba? ¿Se comportaba de esa forma habitualmente?

Absolutamente no Pensó mi familia con tristeza.

Yo seguía tan inmóvil como antes.

Cuestioné mi opinión sobre la acritud de Jessica durante el almuerzo. Quizá no era tan resentida como había pensado.

Lo es Pensé sarcásticamente. Pero no dije nada. La tensión seguía aumentando y yo me sentía más miserable a cada palabra que se leía.

No podía tener nada que ver conmigo. No me conocía de nada.

Lo es aunque no te conozca de nada Mis pensamientos y mis acciones me estaban volviendo loco. Necesitaba leer que no le había hecho nada malo para tranquilizarme.

Me atreví a mirarle a hurtadillas una vez más y lo lamenté. Me estaba mirando otra vez con esos ojos negros suyos llenos de repugnancia. Mientras me apartaba de él, cruzó por mi mente una frase: «Si las miradas matasen...».

Charlie me gruñó. Se notaba en su expresión que estaba a punto de abalanzarse sobre mí junto con los lobos.

Hubiese querido que lo hicieran. Quiera sentir dolor, quería sentir que alguien me golpease, que alguienme dijese que estaba mal, pero nadie lo hacía. Todos entrecerraban los ojos e intentaban mantener la calma.

Quería huir…Pero no podía hacerlo…No quería ser un vil cobarde, aunque sabía que era un horrendo asesino.

El timbre sonó en ese momento. Yo di un salto al oírlo y Edward Cullen abandonó su asiento. Se levantó con garbo de espaldas a mí —era mucho más alto de lo que pensaba— y cruzó la puerta del aula antes de que nadie se hubiera levantado de su silla.

Suspiré aliviado. No había hecho nada, no me había lanzando sobre ella…Sonreí sin proponérmelo.

Y no solo lo había hecho yo, sino todos los demás, que ahora me miraban radiantes, en el caso de mi familia, y agradecidos en el caso de Charlie y la manada.

Me quedé petrificada en la silla, contemplando con la mirada perdida cómo se iba. Era realmente mezquino. No había derecho. Empecé a recoger los bártulos muy despacio mientras intentaba reprimir la ira que me embargaba, con miedo a que se me llenaran los ojos de lágrimas. Solía llorar cuando me enfadaba, una costumbre humillante.

―Pobre― sollozó Esme, aferrada al pecho de Carlisle.

Charlie entrecerró los ojos y me miró con caras de pocos amigos. Y tenía razones de sobra para hacerlo.

Eres Isabella Swan, ¿no? —me preguntó una voz masculina.

Ahogué un gruñido.

Al alzar la vista me encontré con un chico guapo, de rostro aniñado y el pelo rubio en punta cuidadosamente arreglado con gel. Me dirigió una sonrisa amable. Obviamente, no parecía creer que yo oliera mal.

―Mike― dije con asco y odio. Ese niño era el peor de todos.

Nadie entendía mi repulsión al hablar de él, excepto mis hermanos. Ninguno dijo nada.

Bella —le corregí, con una sonrisa.

Me llamo Mike.

Hola, Mike.

¿Necesitas que te ayude a encontrar la siguiente clase?

Voy al gimnasio, y creo que lo puedo encontrar.

Es también mi siguiente clase.

Parecía emocionado, aunque no era una gran coincidencia en una escuela tan pequeña.

―La persona más amable que ha conocido hasta ahora― sonrió Charlie abiertamente.

Me deprimí por dentro. Había hecho todo mal, aunque sabía que si Charlie escuchase los pensamientos del niño no seguiría pensando así.

Fuimos juntos. Hablaba por los codos e hizo el gasto de casitoda la conversación, lo cual fue un alivio. Había vivido en California hasta los diez años, por eso entendía cómo me sentía ante la ausencia del sol. Resultó ser la persona más agradable que había conocido aquel día.

Gruñí para mis adentros, mientras que Charlie y la manada sonreían abiertamente.

Pude notar las caras de decepción de mis hermanos por los pensamientos de Bella.

Pero cuando íbamos a entrar al gimnasio me preguntó:

Oye, ¿le clavaste un lápiz a Edward Cullen, o qué? Jamás lo había visto comportarse de ese modo.

Ese niño miserable…Pensé, apretando mis puños mientras mi familia gruñía por lo bajo.

Tierra, trágame, pensé. Al menos no era la única persona que lo había notado y, al parecer, aquél no era el comportamiento habitual de Edward Cullen. Decidí hacerme la tonta.

Asentí levemente con la cabeza. Eso era inteligente.

¿Te refieres al chico que se sentaba a mi lado en Biología? ―pregunté sin malicia.

Sí —respondió—. Tenía cara de dolor o algo parecido.

No lo sé —le respondí—. No he hablado con él.

Es un tipo raro —

Bipolar Corrigió mi familia, esbozando una pequeña sonrisa que no llegó a sus ojos.

Rodeé los ojos.

Mike se demoró a mi lado en lugar de dirigirse al vestuario

. Si hubiera tenido la suerte de sentarme a tu lado, yo sí hubiera hablado contigo.

Ahogué un gruñido. Este niño estaba comenzando a molestarme. Era tan presumido, arrogante, ególatra. Se hace el amable y es un demonio por dentro. Apreté mis puños ligeramente para controlarme.

Le sonreí antes de cruzar la puerta del vestuario de las chicas. Era amable y estaba claramente interesado, pero eso no bastó para disminuir mi enfado.

Suspiré aliviado. Mike Netwon era un mocoso insoportable. Me ardía la sangre de solo pensar que él se ganase el corazón de Bella…¡Cullen!, ¡Ya basta!, ¿qué importa quién sea el dueño del corazón de Bella? No te debe interesar. Ella es humana, tiene que estar con sus iguales…

Volví a deprimirme. Aún no me entendía.

El entrenador Clapp, el profesor de Educación física, me consiguió un uniforme, pero no me obligó a vestirlo para la clase de aquel día. En Phoenix, sólo teníamos que asistir dos años a Educación física. Aquí era una asignatura obligatoria los cuatro años. Forks era mi infierno personal en la tierra en el más literal de los sentidos.

Emmett rió por lo bajo.

Contemplé los cuatro partidillos de voleibol que se jugaban de forma simultánea. Me dieron náuseas al verlos y recordarlos muchos golpes que había dado, y recibido, cuando jugaba al voleibol.

Emmett volvió a reír junto con los lobos.

Al fin sonó la campana que indicaba el final de las clases. Me dirigí lentamente a la oficina para entregar el comprobante con las firmas. Había dejado de llover, pero el viento era más frío y soplaba con fuerza. Me envolví con mis propios brazos para protegerme.

Reí con disimulo, aunque estaba quebrado por dentro.

Estuve a punto de dar media vuelta e irme cuando entré en la cálida oficina.

Levanté una ceja, curioso.

Edward Cullen se encontraba de pie, enfrente del escritorio.

Gruñí de mi mismo.

Lo reconocí de nuevo por el desgreñado pelo castaño dorado. Al parecer, no me había oído entrar.

Me quedé mirando el libro sorprendido, ¿cómo no la había oído entrar? Pero pronto recordé lo que me estaba sucediendo ahora sin que Bella estuviese aquí: Perdía todos mis poderes de concentración. En el libro sería mucho peor.

Me apoyé contra la pared del fondo, a la espera de que la recepcionista pudiera atenderme.

Estaba discutiendo con ella con voz profunda y agradable. Intentaba cambiar la clase de Biología de la sexta hora a otra hora, a cualquier otra.

Parpadeé varias veces antes de asentir de acuerdo conmigo mismo. Esa era la única forma que tenía para no hacerle daño.

Charlie y los lobos me miraron sorprendidos.

No me podía creer que eso fuera por mi culpa. Debía de ser otra cosa, algo que había sucedido antes de que yo entrara en el laboratorio de Biología. La causa de su aspecto contrariado debía de ser otro lío totalmente diferente. Era imposible que aquel desconocido sintiera una aversión tan intensa y repentina hacia mí.

Es por tu olor y no es aversión Suspiré, ignorando a todos los que se encontraban reunidos en el hall de mi casa.

La puerta se abrió de nuevo y una súbita corriente de viento helado hizo susurrar los papeles que había sobre la mesa y me alborotó los cabellos sobre la cara. La recién llegada se limitó a andar hasta el escritorio, depositó una nota sobre el cesto de papeles y salió, pero Edward Cullen se envaró y se giró —su agraciado rostro parecía ridículo— para traspasarme con sus penetrantes ojos llenos de odio. Durante un instante sentí un estremecimiento de verdadero pánico, hasta se me erizó el vello de los brazos. La mirada no duró más de un segundo, pero meheló la sangre en las venas más que el gélido viento.

Me sentía morir por dentro. Todo el sufrimiento que le estaba causando porque no había cazado lo suficiente para no hacer todo esto.

Estuve a punto de huir de la casa, pero me quedé. Esto lo superaría. Estaba seguro que después de esto, ella se iría de Fork y todo volvería a hacer como antes, aunque me desquebrajara por dentro una y otra vez mientras recordase sus pensamientos, sus acciones, sus aciertos, sus errores.

Se giró hacia la recepcionista y rápidamente dijo con voz aterciopelada:

Bueno, no importa. Ya veo que es imposible. Muchas gracias por su ayuda.

Volví a reprimirme.

Giró sobre sí mismo sin mirarme y desapareció por la puerta.

Me dirigí con timidez hacia el escritorio —por una vez con el rostro lívido en lugar de colorado— y le entregué el comprobante de asistencia con todas las firmas.

¿Cómo te ha ido el primer día, cielo? —me preguntó de de forma maternal.

Bien —mentí con voz débil.

No pareció muy convencida.

Y nadie se creyó en las palabras de Bella. Ella estaba sufriendo, y yo era el culpable de todo, ¿cómo podía hacerle eso a alguien como ella?, ¿Cómo?

A velocidad vampira, me paré; llegué, en un segundo, a la pared más cercana y comencé a pegarle. Una y mil veces. No me importaba lo que pensase mis invitados. No me importaba herirme…Quería sacar toda la rabia, impotencia, temores y dudas que tenía dentro. No quería hacerla sufrir, no quería que llegase aquí, no quería dañarla…Entonces, un rostro vi delante de mis ojos…el demonio que había dentro de mí, burlándose de mis acciones, seguí golpeando. Las paredes cedían ante los fuertes golpes de mis puños. Uno, dos, tres, cuatro, cinco hoyos en las paredes por mis golpes. No me importaba. Estaba cegado de rabia.

―Ya detente, Edward― tomó mi mano Carlisle para que me detuviese.

Temblaba e intentaba seguir golpeando la pared, pero Carlisle me agarró con más fuerza. Ladeé mi cabeza y lo miré detenidamente No fue tu culpa, hijo. Solo detente.

Me reí como un demente y, entonces, comencé a ceder. Me desplomé en el suelo en posición fetal…


Hola a todos.

Primero, quería agradecer el apoyo de este leyendo los libros. Fue mucho más de lo que esperé y eso me tiene muy contenta. Gracias!

Ahora bien, quise describir a Edward cómo lo haría Meyer. Ese Edward curioso, sobre protector desde el principio, bipolar, enamorado desde que sus miradas se encontraron y viéndose como un demonio. No sé si me habrá salido así. Esperaré sus opiniones.

Una cosa que estoy dudando y es sobre el próximo capítulo, que tendría que ser Primer encuentro: Sol de Medianoche. La cosa es que hice un prefacio muy corto y a decir verdad no sé cómo actualizar después porque tengo tres opciones ( esto pensando en que primer encuentro, narrado desde Edward es excesivamente largo y complejo) y me gustaría que ustedes decidieran. Las opciones.

1) Actualizar solo el prefacio en el siguiente capítulo. Si votan por ese, pues el martes o el miércoles estaría actualizando.

2) Añadir el prefacio a primer encuentro y escribirlo completamente. Vale decir, si votan por esta opción, tendrán que esperar a lo meno semanas para que quedé como quiero y porque serán más de 50 páginas las que estaré haciendo ( meyer escribió 9300 palabras y son 20 hojas word y yo doblo o triplico eso. Como adicional, no me gusta resumir porque encuentro que todo es importante)

3) Añadir el prefacio a primer encuentro, pero dividiendo el capítulo en parte uno y parte dos para que no se agoten. Esto lo tendrían un poco antes que la segunda opción. Una semana y media a lo máximo.

Déjenme su opinión en los review. Si ven que no actualizo el martes o miércoles es porque salió la opción 2 o 3

Ahora, responderé review anónimos.

lorena: Hola! Me alegra saber que pienses que esta bueno. Intentaré seguir con ese ritmo. Besos.

mariposa87: Hola!...yeah!, otra persona más que lee hp...bien. Gracias por el review. Besos.

Anais: Hola! Me gusta que te agrade la idea. Y bueno, con la nota de autor sabes más o menos cuando actualizaré. Besos.

Danhy12: Hola!, ¿Es sorprendente, no crees? ¿Hace cuánto comencé con Hogwart lee? ¿Dos años? Y en dos años ya vamos terminando la cámara secreta...¡puntos para mí! Jamás creí llegar tan lejos y no abandonaré nada, ya lo saben. Aunque me tarde años, voy a seguir hasta el final. Y paciencia, ya casi estamos listas pa terminar ese y seguir con el otro. Gracias por decir que eres una de mis más grandes seguidoras. Espero que te guste este capítulo. Besos. PD: Tienes razón, ambas sagas pueden sobrevivir juntas.

Bren15: Hola! Ya publique y depende de ustedes cuando actualizo de nuevo. Me alegro que te gustase el primer capítulo, espero que te guste este. Besos.

Erierelf Oliuga: Hola! y yo espero tu review en este capítulo. Gracias y besos.

Y a los demás, los espero en los comentarios. Saludos.