Capítulo 1
- Ad Líbitum -
El pequeño Loki había cumplido quince años hacía relativamente poco, aunque poco para los Dioses, fuera mucho tiempo para los humanos, lo cual no quería decir que mentalmente cumpliera más edad, puesto que en estas circunstancias, Loki aun era un niño.
El joven Dios era cuatro años menor que Thor, su hermano mayor, su mejor amigo y compañero de travesuras. Aquel día, habían decidido ir a montar a caballo a las afueras de palacio, donde había un campo vacío y enorme, perfecto para la causa que iban a cometer, situado un poco más lejos de lo que era la ciudad habitable. Pero la avispada mente de Loki no se iba a quedar tranquila sin cometer alguna de sus atrocidades.
– Hermano, corramos hasta palacio ¡A ver quien llega antes al trono de Padre!
– No, Loki… Padre nos puede regañar, y no quiero enfadarle…
– ¡Oh! ¡Vamos! Eres un aburrido…
El rubio, ante la frase de su hermano menor, algo picado por su falta de confianza conforme a lo que valentía se refería, bajó del corcel blanco, comenzando a correr, sin preocuparse de la velocidad que fuera capaz de aguantar su hermano. Loki alzó una ceja "¡Cómo el heredero al trono puede ser tan idiota!" pensó, soltando una carcajada, negando y arreando a su corcel, negro como la noche, comenzó a correr a su lado, por mucha capacidad física que tuviera Thor, contra un caballo, era una mínima porción lo que podría adelantarle.
– ¡Thor! ¡Voy a ganarte!
Rápidamente, por una de las antiguas entradas a palacio, los guardias abrieron de forma apresurada para que el joven príncipe y su caballo no se empotraran contra el gran muro dorado. Una vez pasado este, Loki paró en seco, esperando a su hermano con una sonrisa divertida, para que este pasara de largo y así poder correr a su lado. La carrera estaba claramente vencida por el moreno que corría a toda velocidad con el caballo, asustando a las doncellas, que se apartaban gritando a los lados de los gigantescos pasillos, alguna que otra perdía el equilibrio y con ellas se caían sábanas, hilos, bandejas de oro… Cualquier cosa que llevaran en las manos, o a los guardias, que abrían las puertas atendiendo a las órdenes del príncipe, al cual poco le importaba todo lo que estaba causando, o más bien, no era consciente. Él estaba más preocupado por ser el primeo en llegar a Odín, a su padre, por una sola vez sentir como es ser el favorito, que su padre le abrazara y le dijera "Bien hecho, Loki". Al entrar en la sala del trono, hizo al caballo relinchar y colocarse sobre dos patas, haciéndolo parar, mientras que Thor llegaba, ahora algo atosigado por esquivar todo lo que Loki había causado.
– ¡LOKI! – Gritó el padre de Todos, escandalizado.
Loki bajó lo más rápido que pudo igualando a su hermano ya a pie, en dirección a las escaleras sobre las cuales se sustentaba el pesado trono de Odín. Ambos corrían por un mismo destino, ya casi sentía poder abrazar la armadura dorada del Padre de Todos… Pero el destino no siempre es bueno, y Thor sacó ventaja mientras que su hermano tropezaba con uno de los escalones, y caía justo delante de los pies de Odín, tras los cuales se escondía el rubio, como si buscara evadirse de lo que le caería, ser protegido por la gran capa del Dios como siempre solía ser. El rostro de Loki se volvió un poema, no… No quería ver lo que estaba por ocurrir, aquella imagen de Odín ante él era algo que imponía aun más respeto, y cierta temeridad, por lo cual, las manos del joven dios comenzaron a temblar, mordiéndose el labio para retener los sollozos.
– ¡¿En qué estabas pensando, Loki?! ¡Podrías haberte matado!
– Y…Yo… P-Padre… Quería… Demostrar…
– ¿Qué querías demostrar? Adelante, habla sin miedo.
– P-Pues… Que yo también puedo hacer c-cosas… Yo también puedo s-ser el primero… – Balbuceó Loki como podía, temeroso a pesar de las palabras tranquilizadoras de su padre, por lo que podría caerle en aquél momento. Dirigió la vista al suelo, no podía ver aquella imagen, y menos aun con el vencedor tras él, siendo protegido por la mano del padre… ¡Ese era su sitio! Aquella vez, la mano debía protegerle a él, no a Thor, por una vez, debería haber sido él el primero.
– Ve a tu habitación, Loki.
El hermano menor aceptó rápidamente y se fue de aquel lugar mientras los guardias cogían al caballo para sacarlo de allí. Durante el camino a su habitación, descubrió una sala que nunca antes había visto, o al menos, no se había fijado puesto que nunca estaba abierta. Era una sala desordenada, donde todo estaba revuelto, pero que parecía que contenía objetos mágicos, y si no eran mágicos, al menos eran de gran valor. Entre todo se encontraba una pequeña pieza, un pequeño cubo color azul brillante, como si contuviera alguna especie de líquido dentro del cual salían rayos del nombrado color, cuando lo movía, todo se movía dentro, parecía una galaxia en un cubo metida. Si ponía la mano su luz se apagaba por ese lado, pero si lo tapaba con tela, la luz seguía traspasando. Ya había visto antes aquel objeto en libros, y este tampoco era el original, sino que debería ser una porción, una parte que se había roto y desprendido del más grande, puesto que en el comienzo de la existencia de aquel tipo de materia, era mucho más grande de lo que ahora quedaba.
Sin más, ahora verdaderamente huía a su habitación, cerrando las puertas y andando hacia su pequeña biblioteca, donde contenía varios libros, sobre todo de poesía, música o leyendas, aunque otros tantos, sobre magia. Cogió uno tras otro comenzando a leer, hasta que por fin dio nombre a ese cubo: "Teseracto". El Teseracto, en pocas palabras, era una fuente de poder extremadamente fuerte, aunque con tal cantidad, aquél cubo que cabía en su mano, no funcionara. Pero la curiosidad mató al gato.
Loki se quedó día y noche leyendo sobre este artilugio, pensando en qué podría hacer con él, y a pesar de poder cumplir muchas de sus travesuras, lo primero que pensó fue en viajar en otros mundos sin la necesidad de pasar por el Dios de la Verdad, Heimdall, ya que al ser aun tan joven, su salida de Asgard estaba prohibida. Comenzó por ponerlo en funcionamiento en lugares cercanos, en un comienzo a diferentes lugares de su habitación. Después, lugares de palacio. Luego salió al pueblo, y así, hasta que llegó el gran día. Iba perfectamente equipado para lo que pasara, o mejor dicho, llevaba la magia que había aprendido a usar con el Teseracto en aquel cubo. Lo apretó fuertemente cerró los ojos…
Y cuando los abrió, apareció en un sitio totalmente diferente. Era una especie de parque, pero no era como los de Asgard, este tenía caminos de tierras y todo era verde... Daba gracias a que aun era de día en aquél lugar, por donde comenzó a pasear, algo perdido.
Un cartel señalizaba que estaba en Hyde Park, cosa que él no conocía. Comenzó a andar por los caminos que este marcaba, saliendo de allí gracias al Teseracto, puesto que por su alrededor estaba completamente vallado y comenzaba a agobiarle el no saber dónde estaba la salida. Así llegó a un grupo de casas con un pequeño porche. Pisos altos y cuadrados, nada de oro, o al menos no en la zona que estaba. Casas, casas, y más casas. Aquello comenzaba a hacerse monótono. Seguía siendo un sitio raro, y no se cansaba de mirar las cosas, quería aprender más de aquello, pero decidió que sentarse durante varios minutos en una de las escaleras no sería mala idea. Entonces se acercó una chica. No era más alta que él, de tez blanca como la leche, un pelo largo y liso, tan negro como el azabache, cosa que le recordaba a él, con los ojos color caramelo, claros, casi tan dorados como el mismo Asgard.
– ¡Hola! ¿Eres de aquí? – Dijo la pequeña, saludándole efusivamente. – ¿Qué haces ahí parado?
Loki no se esperó que la chica fuera a hablarle de aquella manera, a él, que era un Dios. No se sintió mal, si no todo lo contrario, encontró en ella una forma de escape, quizás podría decirle donde estaba y sacar más información. Pero el vocablo midgardiano aun no era lo suyo, así que supuso que debería contestarle de la misma forma. Con cierto temor se levantó. La chica solo sería un año o dos menor que él, aun así se le veía rostro de pequeña.
– Yo… Ehm… No, no soy… De aquí. Y bueno, estaba descansando.
La chica rodó los ojos e hizo un gesto para que le acompañara, tirando de su brazo.
– No puedes venir a Londres y quedarte parado, si es la primera vez que vienes… Tengo que enseñarte todo ¡TODO! ¿Cómo te llamas, chico raro? – Sin duda, la chica era toda un nervio, y no se explicaba aquel comportamiento, pero si algo si sabía es que su plan sobre el conocimiento de la ciudad comenzaba a andar, al menos ya sabía que estaba en un lugar llamado "Londres".
– Me llamo Loki.
– ¡Oh vamos! Eso no es un nombre ¡Es un Dios nórdico! Y querido, no te veo cara de Dios.
Él se encogió levemente, suspirando, que alguien hablara así, que le dijera aquellas palabras al real Dios había hecho que el propio pensamiento de que los demás le despreciaban, se multiplicara a una cantidad bastante alta, aun debajo de ese disfraz de chico raro procedente de algún lugar de la Tierra. Por un momento desconfió de aquello, quizás la chica lo hubiera hecho inconscientemente, pero… "¿Cómo pretendo ser un Dios si ni si quiera lo parezco…?" Pensó, pero rápidamente la joven interrumpió, volviendo a hablar, y se percató de que se había acercado a él. Aquello al comienzo le hizo sentir algo de repulsión "¿Por qué no te alejas?" Pensaba que no le gustaba la compañía, pero pronto se dio cuenta que ese acercamiento fue por pura preocupación.
– Estás frío ¿Estás enfermo? ¿Tienes fiebre? – Preguntó la chica de forma curiosa, mirándole mientras se alzaba de puntillas para colocar la mano en su frente. Él negó rápidamente, con los ojos abiertos, muy abiertos, centrados en la cálida mano de la chica, que sin lugar a dudas tenía un tacto suave como el de una flor, que no le importaría volver a acariciar. – Entonces, podemos irnos, vamos. – Tras decir eso, se separó de él, comenzando a andar más rápidamente, pero él se quedó quieto, pensativo.
– Aun no me has dicho tu nombre… – Murmuró él.
Ella se giró y le dedicó una sonrisa. Entonces pudo fijarse en que no era tan niña como parecía, su cuerpo era esbelto y estaba tapado por los ropajes típicos de invierno de los habitantes de la Tierra, los cuales eran más o menos parecidos a los asgardianos, aunque de otra calaña. Estos eran de color verde, a lo que él sonrió de forma tonta "Mi color…" Pensó, risueño. Sus pies estaban subidos en unas pequeñas botas con un amago de tacón del mismo color… Pero cuando quiso percatarse y volver a la realidad, la chica había seguido andando.
Corrió tras ella, con gesto de enfado, hasta cogerla de la mano, haciendo que se girara y apartándose rápidamente y volviendo a fijarse en su rostro, sus mejillas estaban sonrosadas y sus labios eran carnosos, de un color rosáceo, con una sonrisa perfecta.
– Tu nombre, aun no lo sé.
– Vamos, haz memoria, chico raro, te lo he dicho hace cinco minutos y te has quedado de piedra.
Entonces, como acto de desesperación por buscar un lugar donde pudiera tener una idea de su nombre, desvió la vista a su cuello, donde lucía un collar plateado, con un nombre escrito: "Rowenna", cantó victoria y sonrió ampliamente, de forma victoriosa, volviendo a mirar sus cálidos ojos, alzando una ceja.
– Rowenna… - Aseguró, de forma divertida, inclinando levemente su rostro como acto de cortesía.
– ¡Bingo! En realidad mis amigos me llaman Row, tú puedes llamarme como quieras.
Ella volvió a girarse, no sin esta vez atrapar la mano del chico, obligándole a andar, una vez más, el tacto a rosas. Su hermano muchas veces le había contado cosas sobre mujeres, incluso habían ido a espiarlas, pero ahora sabía exactamente donde estaba ese sentimiento, esa felicidad o comprensión, esa conexión que habían tenido, y de la cual no solo él era consciente, si no ella también, y eso era algo que ambos sabían. Así salvó el pensamiento de cómo una bella muchacha recogería a un extraño al cual no conocía de nada. Ambos necesitaban hablar, como si llevaran mucho tiempo conociéndose, pero que ahora eran completamente desconocidos. Ambos necesitaban saber quién era realmente el otro, y Loki no podía esperar el momento de sincerarse, a pesar de la locura que podría desatar aquello en la chica. Lo haría lo mejor que pudiera, tenía que confiar en alguien, y ya que en Asgard solo tenía a su madre, decidió que la joven sería una buena persona con la que desahogarse, con la que hablar y sincerarse, sin que formara parte del circulo de palacio. Así que mientras andaban pensó una excusa, una buena excusa, que siempre se le habían dado bien, la astrología. No sabía cómo pedirlo, así pues, usó una de las artes que más le caracterizaban: La improvisación.
– Row… ¿Te sabes los nombres de las estrellas? – Dijo de forma segura, o mejor dicho, aparentemente segura.
– ¡Vamos hombre! ¿De qué mundo vienes? No, no lo sé. – Contestó ella con una carcajada, que a él le hizo volver a reconstruir los planes en su mente.
– Esta noche te los enseñaré.
– Esta noche estaré en mi casa con una mantita y un té bien caliente y tú… Bueno, no sé donde estarás, en tu casa supongo… – La respuesta de la joven hizo que un pequeño sentimiento de pérdida llegara a él, pero tenía que ser capaz de convencerla, era su única oportunidad, la oportunidad que no había tenido de llegar a Odín, la tenía con Rowenna.
– Déjame que te lo enseñe. Tengo algo que contarte. – Sentenció él, entrando en el gran teatro de Londres, el Royal Albert Hall, donde Row, por suerte, se dirigió con rapidez hasta la taquilla para comprar dos billetes guiados hacia dentro, finalizando esa conversación.
Así fue como ambos se conocieron y pasaron el día juntos, viendo todas las cosas que la ciudad podía ofrecer, monumentos, calles emblemáticas, museos… Mientras, el propio Loki comprendía la forma de ser de los midgardianos. Probablemente en Asgard se preguntarían dónde estaba y qué estaba haciendo, lo cual no le preocupaba, puesto que lo estaba pasando en grande, aguardando la noche para ver aquello… ¿Cuánto duraría? Él sabía que era más bien poco, pero decidió dejarse llevar, para después de tanto tiempo, disfrutar por fin de aquello que llamaban felicidad.
NA: ¡Hola a Todos! Bueno, aquí lleváis el comienzo del fic. Lo de la carrera de caballos es una idea que tuve hace mucho mucho tiempo y que escribí a parte como un "minific" si es que puede llamarse así, por ello no dudé en incorporarlo.
Como veis, es un Loki de muy temprana edad, que aún no conoce nada, pero bueno, todo está en camino, ya ha conocido lo más importante, que es el Teseracto, así que… Las cosas ya se van encaminando en su enredada vida.
Al no quedar demasiado claro el tema del Teseracto, lo explico por aquí. Muchos pensaréis: "Oh ¿No se ha vuelto azul?" Pues la primera vez que lo cogió, solo puso la mano delante y lo cogió con una tela (De ahí a que comprobara que a través de la tela relucía) Y las veces que cogió para transportarse, lo hizo con los ojos cerrados, así pues, aunque se hubiera vuelto azul, él no lo hubiera visto, y teniendo en cuenta que los lugares a los que iba estaba solo, nadie pudo verles, así que señores, si, nuestro pequeño Loki ya se ha vuelto jotun más de una vez... ¿Qué pasará cuando lo descubra?
También explicar el por qué del título "Ad Líbitum". Esto es una expresión del latín que se usa en música para expresar "Como guste" al intérprete. También suele indicar que se admiten improvisaciones y otro tipo de cambios a voluntad propia, lo cual coincide con la capacidad que Loki adquiere en este capítulo, al final, de disfrutar tanto como el desee de la felicidad, de ser libre de los cánones con Rowenna, en este mundo tan novedoso para él, donde su propósito es descubrir y aprender.
¡Espero que les haya gustado!
¡IMPORTANTE!: Al ser este fic un OC, estoy dispuesta a meter personajes de la vida real ¿Te gustaría ser un personaje? Simplemente contacta conmigo y hablaremos… ¡Espero que os guste la iniciativa!
