Glee y sus personajes no me pertenecen.
¡Gracias por la buena aceptación! Sigan colocando su dedito en fav. Porque este fic seguirá. Por el momento lo dejare como two-shot, pero lo retomare en cuanto pueda. ¡Estén atentos!
Si se preguntan cómo será, los que han leído The Blacklist podrán encontrar una historia similar. Llena de misterio y con un poco de drama, el necesario. Apasionante.
Nos leemos prontito!
Mi twitter: /heyjudeeok
El principio de mi fin.
— No lo soporto más. ¡Necesito hacerte el amor! — exclame sentada en el sillón de dos cuerpos, jugando con mis dedos una vez que nos acomodamos en la sala de su habitación. ¿De dónde demonios había salido aquello? ¿Cómo podía ser tan descuidada de soltar algo así, sin más? ¡Pero si segundos atrás estaba canalizando mi energía exitosamente! ¡Pero ha sido su culpa! ¡Ella nos hace actuar así! Exclamó mi mente rezongona.
Quinn, sin embargo, permanecía sentada con sus piernas perfectamente entrelazadas como una perfecta sirena engatusando mis sentidos. Ella echó la cabeza hacia atrás y comenzó a reír con ganas. ¿Por qué demonios había dicho aquello? Me quede en silencio observando cómo su voz ronca salía en forma de risa, tiñendo un poco sus mejillas rosadas, no sé si por alcohol, porque la calefacción estaba demasiado alta o simplemente se sentía avergonzada por mi sentencia.
¡Por Dios santo! ¡Qué hermosa era! Su boca entreabierta, expresiva junto a unos perfectos y rosados labios parecía llevarse el mundo por delante si quisiese. ¡Pero qué digo! Ella tranquilamente podía tener el mundo a sus pies con solo batir sus pestañas dos veces seguidas.
Las palabras se habían aferrado a mi garganta imposibilitándome la acción de comunicarme para salir que aquel embarazoso momento. Mis ojos nadaban por su rostro, desde su mentón hasta sus pómulos y parte de sus ojos avellanas. Su pelo, una exquisitez, revuelto sin cuidado por encima de sus hombros de color del trigo. Su radiante cabellera fue lo primero que me cautivó cuando la vi por primera vez fuera de la tienda. Yo había acabado de pagar unos cuantos atuendos para mi próximo viaje a una importante premier, con el propósito de marcharme rápidamente de allí para descansar en mi mullida cama. ¡Dios! Cuanto extrañaba a mi pequeña felina, que fielmente, esperaba por mí luego mi ausencia el día completo lleno de grabaciones. Pero su rostro, su mirada penetrante en aquel maniquí que portaba un peludo abrigo llamó mi atención. Allí estaba ella, cambiando rotundamente mi día y planes. Arrugando un poco su nariz tras pensar, quizás el precio del mismo. Alzó su cabeza un poco más, descubriéndome parada viendo atentamente cada movimiento que hacía. Nos quedamos unos segundos quietas, hipnotizadas sintiendo como todo a nuestro alrededor se detenía. Saliendo rápidamente del hechizo cuando mi móvil comenzó a sonar y ella retomo sus pasos. La seguí, por supuesto que lo hice, descubriendo que se alojaba en el hotel que quedaba exactamente a escasos pasos de la tienda. Le consulte a la elegante mujer que atendía si por casualidad sabia el número del mismo, no tuvo problemas en buscarlo por mí, tomando la sabia decisión de reservar una habitación allí mismo por una noche.
Y ahora, ahora no me arrepentía en absoluto.
— ¿Y qué esperas? — me respondió ya parada a un costado del sofá, sacudiéndome de mi lapso mental. Pestañe claramente asombrada.
¿En verdad iba a acostarme con ella? Una mujer que apenas había conocido. ¿Valía la pena exponerme así?
— ¿Vienes? — su voz resonó nuevamente un poco más lejana. Parada debajo del umbral de la puerta, con su cuerpo un poco inclinado contra el marco, sus ojos brillantes me engatusaron por decima vez en la noche.
Trague los nervios que se alojaban en mi garganta antes de alejarme del sofá e ir a su encuentro. El fuego se extendía por mi cuerpo en cada paso que daba. Tuve que detenerme camino a ella para no salir corriendo hasta su encuentro.
Una vez dentro de su habitación, que olía a vainilla, no tuvimos preámbulos mucho menos más conversación como la del restaurant. Tan pronto como percibí su cuerpo rozando el mío, tome a Quinn de la cintura atrayéndola hacia mí. Gemimos cuando nuestros labios se encontraron por primera vez, abriendo nuestras bocas la una a la otra. Quinn, inmovilizándome contra un pequeño escritorio, comenzó a deslizar el cierre en mi costado que abrazaba el vestido en mi cuerpo.
— Oh, Rachel… — susurró contra mis labios apoyando su frente en la mía tras ver mi conjunto debajo del vestido.
— Shhh… — fue lo único que salió de mi boca apretujando un dedo contra sus labios mientras una de mis manos jugueteaba en el valle de sus pechos gracias a su generoso escote. Por primera vez sentí envida, envidia de aquel traje que se cernía completamente a sus pechos y tenía la osadía de acariciarlos. Ellos se amoldaban perfectamente en mis manos, sintiendo como sus pezones se endurecían mientras mis pulgares los frotaban.
— Llévame a la cama. Te necesito allí. — susurró Quinn alejándose de mi boca.
¡Por Dios! Mis manos ardían por tocarla pero no quería apresurar las cosas en nuestro encuentro. Había pasado demasiado tiempo en el restaurant imaginando poder tocar su cuerpo.
Tome su mano y nos guie hasta posicionarnos frente a la cama, esta vez girándola en su lugar para ponerme detrás de ella. Largo una pequeña risa cuando sintió mis manos en sus caderas antes de desabrochar su pantalón y empujarla contra la cama.
— Oh no… todavía no te quiero tendida allí — dije tomando los huesos de su cadera para atraerla nuevamente contra la mía, provocando que sus manos se apoyaran en la cama dándome el ángulo perfecto de su trasero. Me mordí los labios tragando el deseo por ella. Su piel pálida debajo de aquel conjunto transparente color blanco. — ¡Joder! — exclame apretujando una de sus nalgas antes de darle una fuerte palmada provocando un pequeño salto en ella.
— ¡Rachel! — gritó sorprendida pero a la vez excitada. Se giró en su lugar con una sonrisa brillante, tomando asiento en la cama para terminar de quitarse su traje. Sus pechos… me apetecía morderlos. Estiró sus manos detrás de mi cuerpo para desabrochar mi brassier, liberándome al completo para inclinar su boca un poco mas y capturar uno de mis pechos con sus labios, suspirando contra el de placer mientras mis dedos se perdían en su rubia cabellera sosteniéndola contra mí.
— No te imaginas cuanto he deseado esto — dice contra mi pecho levantando su mirada para conectarla a la mía, besándome lentamente hacia arriba, comenzando un recorrido hasta mi rostro, deteniéndose en mi cuello para mordisquearlo un poco. Sus labios encontraron los míos rápidamente y abrí mi boca para ella, su lengua delineando mi labio inferior, succionándolo con fuerza.
Tomé a Quinn de su cuello alejándola de mi — Cama — dije nuevamente.
Despojándonos rápidamente de la poca ropa que quedaba encima de nuestros cuerpos, Quinn me empujó con ella sobre la cama. Me tomé mi tiempo para fijar mis ojos en cada hermoso detalle de su cuerpo tendido debajo mío. Un cuerpo que rozaba claramente la perfección.
— Eres aun más hermosa de lo que pensaba. Eres… única — murmure en voz baja mirando sus labios, sintiendo como me ahogaba con el aire tras sentir sus manos vagando por mi cuerpo. Levante la vista quedando completamente atrapada con sus ojos verdes que me habían conquistado a primera vista fuera de la tienda. — Eres única, única para mí. — murmure otra vez.
— Hazme tuya — susurró — Necesito que me hagas el amor.
— Lo que quieras. Pídeme todo lo que quieras — Dije aturdida por sus palabras y las mías mientras abría sus piernas con mi muslo quedándome entre ellas. — Lo que quieras… — repetí atacando rápidamente su cuerpo, moviéndome hacia abajo sintiendo como la humedad de Quinn cubría mi abdomen. Sus manos me insistieron en seguir bajando, levantando sus caderas para mí, murmurando cuanto y donde me necesitaba. Bese sus pechos, moviéndome más abajo trazando un camino a través de su piel, bajando aun más hasta encontrarme con el olor embriagador de su excitación. Gemí, incluso lo hice antes de probarla provocándole lo mismo a ella con mi aliento chocando en su intimidad. Mi lengua se deslizo a través de sus pliegues antes de girar alrededor de su clítoris hinchado.
— ¡Vas a matarme aquí, Rachel! — exclamó mientras sus caderas se levantaban para encontrarse conmigo, ansiosa, poniendo mi boca a su merced para poseerla al completo. Mi lengua se movió rápidamente a través de su clítoris, deteniéndome cuando sentí su orgasmo acercándose. Deslice nuevamente mi lengua profundamente dentro de ella, sintiendo como sus muslos se apretaban contra mi cabeza.
— Por, por favor, Rachel… hazlo. — me rogó.
Regrese deslizándome hacia su clítoris haciendo caso a su pedido desesperado, jugueteando con ella, una y otra vez, sintiendo como se retorcía debajo de mí. Su mano izquierda dejo de estrangular el acolchado para aferrarse a mi cabello otorgándole el alivio que tanto pedía, comenzando a succionar su clítoris duramente dentro de mi boca, sujetándola con fuerza sabiendo cuanta presión debía usar. Sus caderas se sacudieron sobre el colchón teniendo que pasar mi brazo por su abdomen para presionarla hacia abajo, sosteniéndola mientras llegaba a su clímax.
— Vas a matarme… Dios mío — gimoteó Quinn mientras su cuerpo dejaba salir aquel orgasmo, sintiendo como sus piernas temblaban sin siquiera poder mantenerlas flexionadas por más tiempo — Ven, ven aquí Rachel — susurró tirando de mi hacia sus brazos.
Flote hacia ella, sintiéndome en las nubes permitiendo que en un gesto completamente íntimo Quinn me abrazara aun sabiendo que quizás no volveríamos a saber de la otra. Cerré mis ojos, absorbiendo todo su aroma y lo que podía obtener de Quinn.
— Me vuelves loca — murmure sin poder sellar mis labios para que las palabras no escaparan. Tras unos segundos en silencio despegue mi mejilla de su pecho viendo como Quinn cerraba sus ojos con fuerza. Podía sentir como el rechazo de ella comenzaba a separarnos y mis palabras se tornaban agridulces al no recibir su respuesta.
— ¿Has oído lo que he… — me interrumpió.
— Tú también lo haces conmigo, Rachel. — Abrió sus ojos sintiendo rápidamente como su cuerpo se posaba sobre el mío dándome vuelta sobre el colchón, sintiendo su peso y calor. Cerré mis ojos queriendo disfrutar de los besos que dejaba en mi rostro, convenciéndome que estaba en el lugar correcto y momento exacto.
Podía sentir como su boca se desplazaba abajo hacia mis pechos. Juro que lo estaba intentando, estaba poniendo mis ganas en ello, en borrar los pensamientos que me angustiaban momentáneamente. ¿Qué había después de esto? ¿Ella se marcharía y ya? ¿Dónde quedaba yo? Necesitaba tener más de Quinn, y una sola noche no me alcanzaba. Nadie había tocado mi cuerpo y alma como ella lo estaba haciendo.
— Vuelve aquí, preciosa — murmuró contra mi cuerpo — Solo disfruta — dijo, sus labios arrastrándose nuevamente hacia mi boca — Te he deseado desde que te vi en aquella tienda, Rachel. No has dejado mi mente un solo segundo.
— Tampoco he podido dejar de pensarte — admito en un simple susurro contra sus labios viendo el profundo verde de sus ojos.
— ¿Podrías vivir sin mi ahora? — Preguntó fijando su vista en mis ojos, deteniendo sus movimientos. Su pregunta me descoloco pero sus labios acariciando los míos lograron desconectarme — Responde, preciosa.
— No — trago saliva asombrándome de mis propias palabras.
— ¿Pensaras en mi cuando estés teniendo sexo con él?
— Si — respondo recordando mis palabras horas atrás. Era una nube de confusión y aun no sabía que le había mencionado una relación con otra persona. Decidí no darle importancia.
Su mano se movió entre nuestros cuerpos, deteniéndose solo un segundo antes de deslizarse entre mis muslos entrecortando mi aliento.
— ¿Te han puesto tan mojada como ahora? — susurra sobre mis labios sin romper el enganche de nuestras miradas. Mi boca entreabierta chocando contra su aliento, estremeciéndome cuando frotó el dedo sobre mi monte de venus.
— No — jadee abriendo mis piernas, dándole más acceso a su mano.
— Dime qué quieres… ¿Qué este dentro de ti?
— Si.
Quinn deslizó dos dedos dentro de mí provocando mi gemido inmediato ante el contacto, mis caderas elevándose para encontrarla y poder succionar un poco más sus dedos. Sus labios se unieron a los míos nuevamente, sintiendo como su lengua delineaba mi labio inferior antes de darle un mordisco y colarse dentro, succionando mi lengua en un apasionante beso.
— ¿Quieres que baje? — preguntó luego de desenroscar su lengua de la mía.
— Si. Dios, si…. — jadee aun mas excitada.
Luego de dos embestidas mas con sus dedos, me dejaron sintiéndome ridículamente vacía pero siendo reemplazados por su lengua. Gemí. Gemí como una loca posesa cuando sentí que la metía dentro de mí agarrando su cabeza presionándola con fuerzas contra mi intimidad.
— ¡Joderrr! Esto se siente bien… — exclame.
Sus manos tomaron fuertemente mis caderas mientras se acomodaba entre mis piernas, su lengua se movía ahora sobre mi clítoris, devorándolo con rapidez, sabiendo perfectamente como complacerme. Era una diosa en la cama.
Mi cabeza cayó hacia atrás, con mi boca entreabierta mientras jadeaba en busca de mas aire, sacudiendo mis caderas bruscamente cuando succiono mi clítoris dentro de su boca.
— Q-Quinn… Dios — respire entrecortadamente — Si, si, si… más duro.
Mis manos estrujaban su cabello violentamente mientras sus labios y lengua parecían estar por todas partes a la vez. Mi orgasmo me tomó desprevenida, estallando contra ella jurando que había visto el cielo. Antes de que pudiese recuperarme, los dedos de Quinn se encargaban de llenarme nuevamente, sumergiéndose profundamente en mi interior.
—Necesito tener todo de ti — dijo con su voz rasposa, a falta de aire — Estar dentro de ti y quedarme allí.
Cedí rápidamente ante sus palabras como si estuviese bajo un hechizo, provocando una lucha de lenguas cuando unió sus labios a los míos. Los dedos de Quinn bombeaban dentro de mí.
— Déjame, déjame tocarte a ti también — dije desplazando mi mano entre nuestros cuerpos encontrándola húmeda y lista para mí.
Quinn separó sus muslos mientras me deslizaba dentro de su cuerpo. Con su ayuda pude enterrarme aun mas, viendo como su cuerpo comenzaba a mecerse sobre mis dedos. Nuestros ojos permanecieron conectados mientras nos movíamos la una contra la otra, al principio lentamente, disfrutando del contacto, luego más rápido, ambas jadeando mientras nos entregábamos placer la una a la otra.
— Estas, estas volviéndome loca ¿sabes? — Jadeó — Esto es tan… perfecto.
Yo ni siquiera pude hablar mientras volvía a llegar a mi climax. Girando mi cabeza para buscar un poco de acolchado y ahogar mi grito en el. Una docena de embestidas más y Quinn llegó a su orgasmo, su boca cubriendo la mía para ahogar su grito.
— Te quiero para mí — susurre rodeando mis brazos en su cuerpo, abrazándola con fuerza — Para mí, Quinn. — dije presionándola contra mi desnudo cuerpo, sintiendo como Quinn temblaba y la humedad en mi cuello se hacía presente debido a sus lagrimas.
Trague saliva completamente aturdida por su reacción. Cerré mis ojos negándome mentalmente a lo que pronto vendría. Me negaba rotundamente a desprenderme de ella en esta habitación, arriesgándome a no volverla a ver. — Quinn… — murmure afirmando el agarre de mis brazos — No te vayas. No lo hagas…
Ella salió de su escondite frunciendo su ceño — ¿Qué dices?
— Lo que oyes — rompí el abrazo deslizando una de mis manos por su cuello para aferrarme a su nuca — No te vayas.
La quería a mi lado, aquí en Nueva York o donde sea que me llevara mis agitados días, compartiendo mi vida. Llevarle el desayuno a la cama, llenarla de flores, festejar nuestros cumpleaños, cuidarla si enfermaba, provocarles cosquillas en su estomago con un beso, amanecer enredada a su cuerpo caliente, disfrutar de sus labios a la hora que quisiera cuando se me antojara, compartir gustos, risas y hasta peleas, porque no. Pero ¿Cómo reaccionaría si se lo dijera? Aquello era imposible de saberlo, Quinn parecía ser bastante imprevisible y acceder a sus sentimientos no es trabajo fácil. Ella parecía herméticamente cerrada. Pero no quería convertirme en amante de una noche, en una historia que compartir con sus amigas, en pasado. Quería ser presente con mirada al futuro.
— Una moneda por tus pensamientos — dice sonriente — ¿O valen mucho más que un pobre centavo?
¿Ese era el momento en que abría mi boca y dejaba que todos mis pensamientos afloraran? — No sé como describirlo, porque es algo nuevo — respondí — Apenas te conozco y eso me aterra.
— ¿Qué quieres de mi, Rachel? — Preguntó tomando mi rostro — Porque yo quiero todo de ti. Todo.
— ¿Todo? — pregunte con un nudo en mi garganta.
— Todo, Rachel. — Responde completamente convencida dejando un suave beso en mis labios — La pregunta seria ¿Qué harías tú por mi? — frunzo mi ceño convirtiéndome en una nube de confusión — ¿Lo dejarías todo por mi?
— ¿Cómo dices? — balbuceo.
— Lo que oyes… — afirma pasando su dedo pulgar por mi labio inferior — Vente conmigo unos días a Europa. — Dice — ¿Lo harías? ¿Por mi? — pregunta sintiendo como con sus palabras vuelve a engatusarme como lo haría el sonido de una flauta con una serpiente. — Responde, preciosa.
— Si. — Susurro — Hare lo que sea por ti. — afirme sintiendo como sus labios se unían a los míos junto con una sonrisa.
Sin darme cuenta me entregaba a los brazos de quien sería el peligro para mi cordura mental.
