NA: Gracias a todos por su pronta respuesta. Por el momento no dispongo del tiempo necesario para mantener un ritmo estable, pero trataré de publicar al menos una vez cada semana.

Bueno, es momento de seguir.


Capítulo 1: Madre Ciempiés

Era de tarde y el sol ya comenzaba a descender de su soberana posición en el cielo. La brisa del mar con su característico aroma se impregnaba en las prendas de 4 individuos que se movilizaban de un lado a otro buscando algo que para empezar ni siquiera habían visto.

- ¿Alguien ve algo? - preguntó el más grande de ellos.

- No hay rastro por aquí, Jasper. - respondió el de cabello en curiosa forma de estrella.

- ¡Nada al otro lado! - anunció a la distancia una tercera voz.

Por su parte, el más pequeño de todos, apenas un niño, removía algunas rocas poniendo algo de esfuerzo de en ello. - Nope. ¡Nada por acá!

- Maldición, ¿cómo se nos puede complicar tanto la búsqueda de una suerte de ciempiés de gran tamaño? Digo, se necesita una cantidad descomunal de energía como para liberar varias formas físicas. - renegó Jasper - Oye Peridot, ¿no que estaba cerca?

- De hecho... sí, recibí lecturas muy cerca de aquí. - respondió la ingeniera - Tampoco entiendo por qué no la encontramos... a menos que... - una fuerte sacudida la interrumpió, - esta se encuentre... - la cual rápidamente se convirtió en un sismo - abajo...

- ¡CÚBRANSE! - gritó Jasper mientras se retiraba rápidamente del sitio, apartándose inmediatamente del sitio. Todos los demás hicieron lo mismo, justo a tiempo.

Una pared del acantilado colapsó, surgiendo detrás de los escombros una enorme figura oscura con destellos en un intenso verde neón, con cientos de patas a lo largo de su cuerpo, una frondosa melena y enormes fauces, de las cuales se escurría un potente ácido.

*SRIEEEEEK!*

- ¡Oh, ya cállate! - gritó Jasper, lanzándose de lleno contra esta. La gema logró conectarle un fuerte puñetazo en las pinzas, cerrándolas forzosamente.

Rápidamente apareció Lapis arriba del acantilado y se lanzó de este, invocando varias alabardas para después arrojarlas hacia la criatura. La mayor parte de estas dieron en el blanco, aunque no lograron infringir mucho daño. Por su parte, Peridot preparó su bláster y procedió a disparar como si no hubiese un mañana. El aparato se desplegó en su brazo derecho mientras cuatro de sus dedos se posicionaban alrededor de un quinto, el cual se aseguraba en el centro de la extensión cibernética, emitiéndose un sonido similar al de un flash cargando.

- ¡Yaaaaaaah! - exclamó mientras descargaba una ráfaga de disparos luminiscentes. Las cargas reventaron al contacto con el ciempiés.

La criatura se retorció ante tal ataque. Las Gemas fueron alternando turnos, entre golpes, patadas, estocadas, cortes, disparos e incluso lo que parecían ser una suerte de granadas que de algún modo Peridot sacaba de su cabello.

Pero cuando el trío de heroínas pensó que lo tenía todo controlado, el gigantesco ciempiés las derribó a todas de una sola sacudida. Visiblemente irritada por la paliza que estaba recibiendo, la criatura comenzó a lanzar furibundos chorros de ácido hacia sus atacantes, forzándolas a refugiarse detrás de unas rocas, las cuales no tardaron en comenzar a ceder.

- De acuerdo... - dijo Peridot, bastante agitada y casi jadeando - Esto... esto no está... saliendo bien.

- Tal vez si intentara capturarlo usando el agua del ma-... - intentó proponer Lapis, mas fue interrumpida.

- NO. Tú ya no estás en condiciones de hacer eso. - dijo Jasper de forma tajante - Suficiente daño te hiciste la última vez. Además, no estamos tan mal. Solo hay que distraerlo con algo.

- A todo esto, ¿dónde está Steven? - preguntó Peridot.

Lapis y Jasper se quedaron sin habla. De hecho, le habían perdido el rastro a su protegido desde que comenzó la pelea.

No hizo falta pensarlo mucho. Un grito se escuchó desde la casa, lo cual llamó la atención de todos, gema corrupta gigante incluida.

- ¡Ya voy, chicas! - se escuchó a Steven decir, para después verlo salir por la puerta. El niño traía consigo la refrigeradora de las gatogalletas conectada mediante varias extensiones de corriente. Este bajó las escaleras corriendo.

- ¡Steven, no corras por las escaleras! - no pudo evitar gritarle Lapis, naturalmente preocupada.

Haciendo por una vez oídos sordos a sus guardianas, Steven se paró firme al pie de la casa de playa, tomó una gatogalleta y abriendo el empaque exclamó - ¡Ahora verás! ¡Actívate escudo! - para después darle un bocado a su golosina. De inmediato alzó su polo y se puso en posición. Si todo salía bien, el escudo debería aparecer esta vez en su sitio, justo sobre su antebrazo, llevándolo tal como los héroes en las películas.

Mas transcurrieron los segundos y nada sucedió.

- ¿Qué? - se preguntó Steven a sí mismo, bastante desilusionado.

- Le dije que eso no tenía nada que ver. - declaró Peridot en voz baja.

Y así, con la misma facilidad con la que él había tomado el foco de la atención de todos, la perdió. La bestia volvió a concentrarse en bañar en ácido a las gemas ocultas tras las rocas.

- ¡Oh, por favor! - gritó el indignado hijo de Rose.

- Muy bien, terminó el número. - dijo Jasper, tratando de conservar la calma - Y ahora que sabemos en dónde está, ¿¡cómo salimos nosotras de aquí!?

- No hay forma desde este lugar, a menos que quieras bañarte en esa... cosa ardiente. - respondió Peridot, más nerviosa.

- Espera, ¿qué hay de tu visor? - insistió la gema de piel rallada.

- ¡No resistiría ni cinco segundos! - replicó la ingeniera, corta de paciencia. A veces le resultaba increíble lo necias que podían ponerse sus colegas.

La ninfa de agua no quiso perder más el tiempo. - ¡Steven! - gritó - Necesitamos tiempo para salir de aquí. ¡Haz algo!

En ese momento el niño solo miraba al suelo, deprimido.

Y pensar que por un momento creyó que ya era capaz de invocar su propia arma como las demás gemas, que ya estaba creciendo. ¿A quién quería engañar?

- ¡Vamos, Steven! - prosiguió Lapis - ¡No importa si no puedes invocar tu arma!... ¡Eso nunca me detuvo a mí cuando era joven, ni a Peridot!

Era cierto. Supuestamente, Lapis había sido la más tardía de las tres en dominar su propia arma. Pero al menos ella había tenido control sobre el agua o algo así, según le contaron. Eso ya era algo. Y en cuanto a Peridot, ella tenía sus máquinas. Hasta se podría decir que era, en parte, una máquina.

¿Pero qué tenía él? ¿Gatogalletas?

Gatogalletas...

Sus ojos se abrieron de par en par ante la idea que surcó su mente. Era descabellada, al punto en que podría funcionar. Tomando nuevamente el congelador, y dejando cuidadosamente su gatogalleta a medio comer apoyada en el borde de la escalera, corrió detrás del ciempiés, tratando esta vez de no llamar su atención.

- ¡Ve con cuidado, niño! - advirtió Jasper, quien ya tenía una idea de lo que podía estar tramando.

Steven se movilizó rápidamente hacia la base del abdomen del dantesco ciempiés, cuyas numerosas patas se apoyaban firmemente en el suelo mientras éste seguía disparando ácido a motones. Entonces el niño alzó el refrigerador sobre su cabeza, esperando que su idea funcionara, a diferencia de su escudo.

- ¡Oye grandulón! - gritó Steven, mas el ciempiés ni siquiera se dignó a voltear - ¿¡Qué tal unas gatogalletas!?

Usando toda su fuerza, arrojó el artefacto sobre el lomo de las bestia. Sus enormes púas atravesaron el aparato y las golosinas heladas en su interior, cuya crema no tardó en causar un cortocircuito que alcanzó de inmediato al ciempiés, inmovilizándolo. En consecuencia, el chorro de ácido cesó y las gemas finalmente tuvieron la oportunidad de retomar el ataque.

- Bueno, creo que esa es la señal. - comentó Peridot, visiblemente más aliviada.

- ¡Ahora sí, yo me encargo de acabarlo! - anunció Jasper, a la vez que daba un salto con dirección a la pared del acantilado para luego impulsarse de este con dirección a la criatura. En medio del aire, comenzó a rotar sobre sí misma a toda velocidad, lanzándose como proyectil directamente hacia la cabeza de la madre ciempiés. El golpe fue directo, y Jasper salió disparada hacia arriba, rematando seguidamente con un golpe descendente, el cual dio de lleno en la gema de la criatura, ubicada en el interior de sus fauces, e hizo su forma colapsar por completo, generándose una fuerte onda expansiva y un montón de humo restante.

La corpulenta gema se levantó del suelo. Acercándose a la gema color esmeralda que descansaba ahora en el suelo, la tomó en sus manos, la encapsuló en una burbuja ámbar, y con gesto de sus manos esta desapareció, llevándose consigo a la gema capturada.

- Y... listo. - dijo más tranquila.

- ¡Eso fue asombroso! - gritó Steven, quien vino corriendo para brincar sobre Jasper. Ella lo recibió con los brazos abiertos.

- Bien hecho, Jasper. - le felicitó Peridot.

- No sé que harían sin mí. - declaró ella en respuesta, bajando al niño de vuelta al suelo - Pero esta vez creo que quien se merece algo de crédito extra es Steven. ¡Vengan esos cinco! - agregó alzando la mano.

- ¡Claro! - dijo él, pegando varios brincos en un vano intento de alcanzar la mano de su guardiana - Vamos... Ya casi llego... Solo un... poco más...

- ¡Demonios, Jasper, tampoco abuses! - le increpó la gema de peridoto.

- Está bien, está bien. - respondió Jasper - Venga. Con fuerza eh, como cuarzo... y hombre.

Steven se remangó el polo y se frotó las manos antes del choque.

*SLAP*

- ¡Eso es! - le dijo Jasper.

- ¡Sí!

- Qué bueno que esto al fin se terminó. - comentó Lapis.

- Pero no pude invocar mi escudo. - agregó Steven. - Chispas, así no voy a poder contribuir en nada. Además, la congeladora se estropeó.

- ¿Bromeas? Habría sido improbable que nos hubiéramos desecho de esa enorme gema corrupta sin tu ayuda. - le respondió Peridot - Y en cuanto a tu congelador, descuida. Yo lo dejaré como nuevo.

- Gracias, Peri. - le dijo el niño con una sonrisa, la cual fue devuelta. Era difícil no contagiarse de aquél gesto suyo, tan característico.

Además, se sentía bien cuando Steven se refería a ella con ese nombre. Solo él y nadie más.

- Bueno, vámonos a la casa. Que la naturaleza se encargue de acomodar la arena. - concluyó Jasper - Es una de las bondades de este planeta.

Finalmente, las gemas volvieron a su morada. Lapis llevó de la mano a Steven por la escalera, guiándolo para que no tropezase como en aquellos días cuando era un niño pequeño; no sin antes recoger el helado al pie de la escalera.


Jasper

Una veterana de guerra y actual líder de las Gemas de Cristal, tras la desaparición de Rose Cuarzo. De temperamento colérico y carácter impulsivo, aunque por lo demás bastante abierta a tratar con los demás, especialmente al ver el cómo Rose y posteriormente su hijo Steven eran capaces de lidiar con situaciones adversas sin necesidad de usar la violencia, algo que admira enormemente de la gema de cuarzo.

- Arma: Casco de Combate
- Clase: Soldado
- Superclase: Calcedonia - Cuarzo
- Serie de Producción: (Confidencial)
- Número de Unidad: 286
- Edad estimada: 15900 años


NA: Bueno, al menos esta vez Steven no echó a perder todas sus gatogalletas. Sí, eso quiere decir que veremos más de esas golosinas por un largo tiempo.

Por cierto, estaré incluyendo descripciones para los demás personajes en capítulos posteriores.

Gracias por leer.