Capitulo 1

A las afueras de Londres se encontraba un castillo, que nadie conocía. Había pertenecido a Stephanie Walzer, más tarde de Zabini. Era la "casita" de campo de los Zabinis. Sus extensos jardines e imponentes muros, hacían a este castillo, un lugar digno de admiración, claro que no como el castillo de Hogwarts, pero aún así...

Protegido por diferentes encantamientos nadie más que los Zabinis y amigos cercanos de la familia lo conocían, y ahora Draco.

Miró el jardín extenso y descuidado, la maleza había crecido muy rápido y la mayoría de las flores, que antes habían sido de vivos colores, ahora yacían marchitas; después de todo luego de la muerte de los padres de Blaise, ningún otro Zabini se había acercado al lugar. No es como si quedará alguno, en realidad los Zabinis se habían extinguido tras la muerte de Blaise, lo que dejaba a este lugar totalmente desprotegido, puesto que todos los encantamientos protectores se anularían cuando no haya quedado ningún descendiente de sangre pura.

"Maldito Blaise." Maldijo para sus adentros. Le había hecho prometer algo que no podía cumplir…cuidar a una muggle o aún peor ¡dos muggles! El no podía llevar a cabo esta tarea, no cuando al fin se iba a unir a las filas de Voldemort. Miró con asco el castillo.

-Muggles…-Murmuro con despreció. Después de mucho pensar había decidido que hacer. El no protegería a muggles insignificantes, sin embargo haría algo que le ayudaría a cumplir su promesa; las trasladaría a Escocia, donde la guerra no llegaría con tanta fuerza y tendrían la posibilidad de salvarse.

Caminó con determinación hasta llegar a la puerta principal del gran castillo, a ambos lados se encontraban dos estatuas de esfinges que lo miraron desconfiadas.

-¿Qué es desagradable a la vista y debe ser eliminado de la faz de la tierra?- Preguntaron ambas al mismo tiempo con sus voces afiladas, sus ojos fríos lo escudriñaban de pies a cabeza. Draco suspiró aburrido, realmente muy fácil.

-Los "Sangre sucia"- Dijo con desdén. Ambas esfinges sonrieron al mismo tiempo mostrando sus afilados colmillos.

-Incorrecto.- Contestaron al unísono.

-Muggles…-Dijo Draco, no muy seguro ¿Esa no era la contraseña?

- Incorrecto…otra vez…-Dijeron ambas y la sonrisa solo se ensancho. Ambas se empezaron a levantar, dispuestas a atacar al intruso. Draco estaba sacando su varita dispuesto a defenderse, cuándo una voz gritó detrás de el.

-¡Las arañas!- Chilló la vocecita detrás de él y enseguida las esfinges volvieron a su lugar. Parecían disgustadas. Draco se giró y vio a una pequeña niña corriendo hacia el. Tenía el pelo oscuro como la noche y los ojos negros, en la mano izquierda, llevaba una canasta de la que 

salían flores. No parecía tener más de 7 años. Jadeante se paró delante de Draco y lo miró con una gran sonrisa, que Draco no correspondió.

-¡Hola!- Lo saludó la niña, un brillo travieso en sus ojos. Llevaba un vestido rosa y estaba toda sucia. Enseguida Draco reconoció a la primera muggle, Rebeca.

-¿Cómo te llamas?- Preguntó la pequeña. Draco no respondió.

-Yo me llamó Rebeca Molhauser… ¿Qué edad tienes?... –Preguntó curiosa la pequeña, con la sonrisa en sus labios. "Estúpida niña" Cualquiera la pudo haber matado si era tan descuidada. – Yo tengo…- Pero antes de que pudiera acabar la frase alguien la interrumpió.

-¡Rebeca!- Se escuchó y casi enseguida del bosque salió otra persona. Tenía el ondulado cabello castaño hasta la cintura, se lo había amarrado en una coleta alta, pero aún así algunos mechones caían por su cara, llevaba un jean y un jersey demasiado grande para ella y Draco pudo reconocer que era de Zabini. Por un instante se preguntó hasta donde habían llegado, pero deshecho la idea…Zabini no hubiera caído tan bajo ¿o sí?

Escucho una risita y vio a la pequeña escondiéndose detrás de el.

-Es mi hermana Helena…-Susurró cómplice y luego de sacarle la lengua se metió en el castillo.

-Niña del demonio… ¡Te dije que no te vayas sola!- Le gritó alterada. Draco miraba la escena estupefacto, claro que…no lo demostró. La mujer siguió corriendo hasta llegar a su altura y jadeó con fuerza al parar. Agachó su cuerpo y apoyó las manos en las rodillas. No tardo mucho cuando se levantó y miró a Malfoy a los ojos. "Estúpida muggle" Pensó con asco. Las mejillas arreboladas y los ojos brillantes, parecieron apagarse un poco, cuando percibió su mirada de asco y enseguida Helena se puso a la defensiva.

-¿Quién eres?- Le espetó.- Blaise no dijo que vendría alguien.

-Cuida tu lengua sucia muggle.- Le dijo con asco y la chica lo miró indignada.

-No te atrevas a hablarme así imbécil…- Le respondió ella. Parándose recta, con la cabeza en alto "Como una Malfoy…" Pensó, pero al darse cuenta la volvió a mirar con repugnancia. Apenas llegaba a su pecho y pretendía intimidarlo pensó con mofa.

-Yo habló como se me de la gana de escorias como tú.- Todo pasó demasiado rato. Helena había levantado la mano y lo había golpeado con toda su fuerza en la mejilla, donde se empezó a marcar la pequeña mano. Malfoy la miró con rabia y tomó su muñeca con fuerza. Era la primera vez que alguien se atrevía a levantar una mano contra él, ni siquiera sus padres y esta pequeña escoria…

-¡Suéltame imbécil!- Chilló tratando de zafarse y pudo ver miedo en sus ojos almendrados. Hizo un poco más de presión en su muñeca y vio una mueca de dolor, que enseguida fue borrada por puro orgullo. Levantó la otra mano, pero Malfoy la atrapó a tiempo.

Helena sintió el pánico crecer en su interior, como un monstruo que había vuelto a la vida. Recuerdos de su pasado viajaron por su cabeza en forma rápida, tan rápida que la marearon. Obligándose a tomar control de la situación respiró hondo y miró al hombre delante de ella. 

Era por lo menos 2 cabezas más alto que ella, pero claro, casi todo el mundo era más alto que ella. Llevaba lo que parecía una túnica negra, el cabello rubio caía desordenado por su cara, enmarcando sus ojos grises. En realidad el hombre era guapo, pero Helena había tenido suficiente de hombres y simplemente no quería que uno la tocara, a excepción de Zabini, claro. Su mirada viajo hasta su pálida mano, que apretaba sin piedad su muñeca. Casi podía sentir los moretes formándose, no es que fuera débil ¡Ella no era débil! Pero su piel era algo…sensible.

Blaise era el único hombre que ella permitía que la tocase…el único en el que confiaba, el único hombre al que no temía y hasta a él le había costado ganarse su confianza.

Respiró una vez más y lucho por que su voz saliera más calmada. No ganaría nada si lo provocaba.

-Yo…soy Helena…-Trató de empezar, pero fue cortada abruptamente.

-Lo se.- Y la frialdad en su voz la hizo estremecerse, el agarre en sus muñecas aflojo un poco, pero Helena sabía que si hacia algún movimiento, este agarre se volvería de acero.

-Bien.- Dijo sin saber que decir. Se sentía indignada, pero al mismo tiempo intimidada. Su personalidad quería salir a flote, pero los traumas del pasado la mantenían encadenada. -¿Qué es usted de Zabini?- Preguntó serena. El hombre la miró un instante y finalmente la soltó.

Draco vio como se alejaba dos pasos de él apenas la había soltado, masajeándose la muñeca de manera protectora. Pudo apreciar el alivio que surcó su rostro y las marcas rojas de sus manos. Casi se sintió culpable. Casi.

"No le apreté tan fuerte." Se dijo. Miró sus manos y se sacó los guantes que las cubrían.

"Genial y estos guantes me gustaban" Pensó. Los levantó en el aire y sacó la varita.

Por el rabillo del ojo pudo ver como la chica lo miraba asombrada, pero al mismo tiempo recelosa.

-Incendiare.- Susurró y enseguida los guantes ardieron. Escuchó un jadeo de sorpresa y bajo la varita finalmente, guardándola otra vez en su bolsillo.

-¡Eres…eres un mago!-Exclamó asombrada y Malfoy solo la miró con desdén. Enseguida su expresión cambió por una indignada. Se había dado cuenta.- No era necesario que hagas eso…yo no soy cualquier cosa ¿sabes?- Le espetó malhumorada. Draco solo la miró fríamente.

-En lo que a mi respecta…tu eres nada. No se sinceramente porque Zabini se esforzó en protegerte… dio su vida por una muggle, por estar enamorado ¡Patético!- Le dijo fríamente.

A Helena le tomó por lo menos 15 segundos en comprender la información que el rubio le había dado.

-Blaise esta…está…- Balbuceó, los ojos llenándose de lágrimas.

-¿Muerto? Si, todo por una…muggle…una no-bruja. Por amor…estúpido…-



-¡Cállate! ¡Blaise no era estúpido o patético! Era una persona dulce, que se preocupaba por la gente, en vez de un insensible como tú…- Draco dio un paso adelante y ella retrocedió dos.

-No volveré a repetirme. Una escoria como tú debe conocer su lugar.-

-Y según tú ¿Cuál es mi lugar?- Preguntó desafiante. Malfoy sonrió burlonamente y Helena se estremeció.

-Sirviéndome por supuesto.-

-¿Servirte? ¡Nunca!- Caminó con decisión a la gran puerta del castillo, pero su camino fue bloqueado por Malfoy. –Déjame pasar.- Exigió.

-No deberías hablarle así a tu amo.- Dijo burlonamente.

-¡Tú no eres mi amo!- Chilló y trató de hacer un amague, pero Malfoy tenía buenos reflejos y no la dejo pasar. Poniéndose delante de ella, vio miedo surcar sus ojos y Malfoy sonrió satisfecho.

-Mira quieras o no. Te vendrás conmigo.-

-Escaparé- Dijo fieramente.

-Te encontraré.-Le respondió burlón.- Zabini me pidió que te protegiese. Y por más estúpido que haya sido él, se lo prometí o más bien me obligo, pero no es el caso.-

-Bueno…yo te libero de tu promesa. Me quedaré en este castillo.-

-No puedes. Este castillo estaba protegido por los Zabinis. Al morir Blaise y siendo este el último descendiente, todos los hechizos que lo protegían se desintegraron.-

-Me iré a otra ciudad.-

-Los mortifagos no tardarán en llegar y te matarán. Quieras o no el lugar más seguro es mi casa y como sirvienta. Solo así el Señor Oscuro no te prestará atención. – No sabía porque, pero no quería que ella fuese. Era estúpido y sin sentido. Pero la sola idea de demostrarle cual era su lugar era irresistible. Todos los planes de enviarla a Escocia se habían esfumado. La miró fríamente y ella se estremeció.

Helena suspiró y miró anhelante el castillo que había sido su hogar durante tanto tiempo. Recordó con melancolía a Zabini y suspiró una vez más apesadumbrada ¿Qué haría?

-Ve con él.- Dijo de pronto la esfinge de la derecha con una fría sonrisa, mostrando los colmillos. Sus ojos malévolos la miraban, provocándole escalofríos. Nunca le habían gustado aquellas esfinges, solo cuando estaba Blaise se portaban de buena forma y ahora que estaba muerto…

-Sí.- Siseo la otra.- Los muggles ya no son bienvenidos. Aceptamos esta humillación porque el único heredero nos lo había pedido, pero con su muerte este castillo se cerrará.-La esfinge de la derecha asintió concienzudamente, mostrando los colmillos de forma amenazante.



-Está bien…-Dijo derrotada y Malfoy sonrió de tal manera, que Helena se preguntó quién sería peor… las esfinges o él.- Recogeré todo.- Y entró por última vez al castillo con la mirada de las esfinges fijamente en ella.

-¡Rebeca!- Llamó a su hermana menor una vez adentró. No pasó mucho tiempo cuando una cabecita se asomo por el marco de una puerta.

-¿Sí?- Preguntó inocentemente. Helena no pudo más que sonreír. Rebeca había pasado de ser su hermanita menor, a su hija, todo después de aquel terrible accidente "O asesinato" pensó triste.

Hizo el recuerdo a un lado y se cerco a Rebeca.

-Comadreja…-Comenzó llamándola por su apodo. Rebeca la miró molesta y estaba a punto de decir algo, cuando Helena la interrumpió.- Nos iremos del castillo a casa del señor de afuera, en estos momentos es el lugar más seguro y…-

-¿Vendrá el tío Zabini con nosotros?- Preguntó inocentemente y Helena tragó con fuerza.

-El tío Blaise no vendrá…-

-¿Porqué?-

-Él esta…el no está…-

-¿Dónde está?- Helena maldijo por la bajo ¿Por qué tenía que ser tan curiosa? Realmente no sabía que decir.

-¿Dónde esta?- Volvió a repetir la pequeña y lágrimas empezaron a caer por el rostro de Helena, sin embargo antes que pudiera decir algo, la voz de Malfoy habló:

- Muerto…-Respondió insensiblemente. Había estado mirando la escena aburrido; había decidido hablar. Helena se levantó rápidamente y la niña comenzó a llorar.

-¿Cómo puedes…?- Comenzó a decir enojada. Las lágrimas seguían cayendo por sus ojos.

-¿Muer…muerto? ¿Cómo mamá y papá?- Gimoteó la niña y Helena se volvió a agachar tomando a la niña en brazos y susurrando palabras de consuelo.

-Si, pero…lo hizo por nosotras, para salvarnos y ahora nosotros tenemos que sobrevivir para que no sea en vano…aquí el señor nos va a proteger…-Draco río secamente y recibió una mirada fulminante de parte de la chica, que claramente el advertía que no diga nada. La niña asintió entre llantos y Helena la llevó a su cuarto, haciéndole una seña a Malfoy para que la esperara.

No tardaron mucho en realidad. Había varias cosas en el castillo que dejarían atrás y solo se llevarían lo importante. Aún con las lágrimas secas en sus mejillas salió Helena de la habitación en la que dormían, ella y Rebeca. El castillo era demasiado grande y como Rebeca le temía a la oscuridad, había usado solo una habitación en la parte baja del castillo.



Ahí en el vestíbulo se encontraba el hombre rubio, del que todavía no sabía su nombre. Lo miró recelosa y caminó silenciosamente hacia él. Tenía una copa en su mano con vino, que no tenía idea de donde había sacado y miraba un cuadro de la familia Zabini.

-¿Dónde esta la mocosa?- Preguntó de pronto él, sobresaltándola. Estaba segura de no haber hecho ruido.

-Esta recolectando sus cosas.- Le dijo lo más calmada que pudo. Este era el momento para hacer preguntas. – Dígame… ¿cuál es su nombre y su relación con Blaise?- Preguntó firmemente, exigiendo una respuesta.

El hombre siguió observando el cuadro, sin prestarle atención. Tal vez no la había escuchado.

-Dije…-

-Lo se.- La cortó él. En su voz había una leve nota de molestia, pero en general era fría. Como una persona sin sentimientos. "Sin corazón…" Fue el pensamiento que surcó su mente, mientras lo miraba darse la vuelta con elegancia. Casi hipnotizada con sus ágiles movimientos se olvido de replicar, sin embargos se repuso enseguida.

-Bueno… ya que usted sabe todo ¿Me podría decir quién demonios es usted?- Le espetó. A una distancia de 10 metros dudaba mucho que el hombre le hiciera algo y si lo intentaba ella era mucho más rápida y conocía todos los pasadizos del castillo. Él solo la miró con desdén, como si no valiera la pena responderle.

-¡Oiga, respóndame! – Chilló molesta, pateando al piso. El la miró.- ¿Quién- es-usted-y-cuál-es-su relación- con Blaise?- Preguntó lentamente, como si le estuviera hablando a una persona retardada.

-¿Mi nombre? Para ti es amo y mi relación con Zabini es irrelevante.- Le contestó burlón.

-Ni loca lo voy a llamar amo.- Le espetó indignada. -¿Cuál es su nombre?

-Inmunda muggle. No te doy mi nombre, porque no quiero que sea ensuciado por tu sucia lengua y te prohíbo mencionarlo jamás. – Le contestó fríamente, mirándola con odio puro.

-En primer lugar…-Comenzó ella, su voz baja, conteniendo la ira.- deje de llamarme inmunda muggle, en segundo lugar: si no me dice su nombre, perfecto, pero yo no le voy a decir amo, tengo el nombre perfecto para usted, es más tengo muchos…- Draco levantó una ceja, retándola a que prosiguiera; ella lo hizo.- Tarado, idiota, o imbécil, también me gusta rubio oxigenado, y tengo un gran repertorio…Usted decide…- Draco la miró fríamente y se acerco, pero ella retrocedió, fue entonces que Rebeca entró. Cargando una gran mochila en su espalda y un muñeco viejo de felpa en la otra.

-Ya estoy lista Helena.- Dijo la pequeña. Su voz levemente ronca por el llanto. Helena enseguida se dio la vuelta, ignorando al rubio oxigenado, y se agachó a la altura de Rebeca.

-¿Tienes todo comadreja?- La niña asintió con la cabeza, ignorando el apodo cariñoso.



-Bien. Ahora falta mi mochila, enseguida vengo.- Le dijo dulcemente, mientras le acariciaba la cabeza con amor.- Y…-Susurró.- Si el rubio oxigenado se acerca mucho a ti, tu grita ¿está bien?- La niña asintió con un atisbo de sonrisa debido al apodo, pero sus ojos estaban opacos, sin duda la noticia de la muerte de Blaise la había dejado mal, al igual que a ella.

Helena se levantó, miró al rubio, advirtiéndole con la mirada que no se metiera con la pequeña y se fue.

Una vez solos Rebeca miró al señor rubio, curiosa.

-¿Cómo es su casa?- Preguntó animadamente y sin hacerle caso a la advertencia de su hermana se acercó a él.

Draco solo la miró con asco, sin embargo la niña pareció no notarlo, por que siguió sonriéndole. Optó por no responderle.

-¿Eres mudo?- Preguntó la niña y el siguió callado. Enseguida la niña comenzó a hablar con aquella animosidad que caracteriza a los niños y que Malfoy nunca había tenido.- Yo una vez conocí un amigo mudo…mi hermana solía traerlo a la casa para que juguemos, vivía al frente. Al principió yo no quería porque no le entendía y me peleaba con el, pero mi hermana me dijo que hallará una forma y que vería que era un buen chico y lo hice. Y se volvió mi mejor amigo, venía todos los días y la pasábamos muy bien.- Dijo riendo.- Pero luego nos tuvimos que mudar y no lo volví a ver.- Hizo un puchero y cruzó los brazos enojadas. Si no hubiera sido muggle y si Draco no fuera un Malfoy sangre limpia, hubiera pensado que se veía tierna, pero claro…ese no era el caso. Así que solo se limito a mirarla, esperando que se callara…no lo hizo.

-Luego fuimos a otra ciudad mucho más bonita y conocí muchas personas. Pensé que nos quedaríamos ahí, pero entonces…papá y mamá…ellos…-Lágrimas empezaron a descender de sus ojos.

-¡Rebeca!- Llamó Helena y se acercó rápidamente a ella alzándola en brazos.- ¿Estás bien amor?- La niña asintió estrujándose los ojos y se apoyo en su hombro. Draco miró la escena indiferente. Realmente los muggles eran seres débiles y sentimentales. Se dio la vuelta y empezó a caminar.

-Vamos.- Fue lo único que dijo y se dirigió a la puerta. Las muggles detrás de él.

-¿Ya llegamos?- Draco la miró fríamente por decimoquinta vez, esperando intimidarla, y no respondió. La mujer solo se encogió de hombros y siguió mirando por la ventana. No habían pasado 5 minutos, en los que apenas se escucharon la respiración apacible de la niña muggle, y Draco permanecía pensando en sus cosas cuando la voz de la mujer volvió a interrumpir sus pensamientos.

-¿Ya llegamos?- Parecía que hacía para molestarlo y muy a su pesar Draco tenía que admitir que lo estaba logrando.



-Cállate, tu voz me molesta.- Fue su única respuesta. Helena lo miró malhumorada y siguió mirando a través de su ventana.

Hace una hora que habían salido del castillo. Con mochilas pesadas a cuestas Rebeca y Helena tuvieron que arreglárselas para lograr llevarlas todas sin lastimarse la espalda, le había pedido a Rubio Oxigenado, como lo había bautizado, que les ayudara, pero simplemente las había ignorado. Finalmente tuvieron que dejar una mochila atrás, puesto que era demasiado. Realmente pensó que irían a pie, cual fue su sorpresa al encontrar un carruaje negro justo en pleno sendero. Tenía una serpiente verde de ojos rojos enroscada en una M, como escudo. Los tres entraron y el carruaje había sido mucho más grande por dentro de lo que se veía por fuera. Enseguida habían ascendido y ahora se encontraban surcando los cielos haladas por dios sabe que cosa que era lo que los jalaba. No eran caballos, ni nada parecido, sino una especie gigante de iguana, de piel verde y dientes amenazadores. Observo las nubes pasar, ver el mismo paisaje durante media hora era realmente cansador. Suspiró apesadumbrada y acomodo a Rebeca mejor en sus brazos. Al fin la niña había conciliado el sueño.

Había amado con locura a Blaise. Él y Rebeca solían jugar por horas y habían desarrollado una relación cómplice en la que solían torturar a Helena. Recordó con una sonrisa las bromas que le gastaban y ella terminaba renegando, sin estar realmente enojada.

"Blaise que haré sin ti…" pensó triste. Lágrimas amenazaban a caer de sus ojos, pero las retuvo.

-¿Cómo conociste a Zabini?- Preguntó de golpe el rubio oxigenado. Su voz seca y sus ojos fríos.

"Bien, dos pueden jugar a lo mismo" se dijo, y lo ignoro. Apartó un mechón de pelo negro de la cara de la niña y le dio un beso en la frente.

-Responde.- No era un pedido, era una orden. Ella lo ignoró. El rubio oxigenado la miró aún más fríamente si era posible y habló una vez más.- Ahora.-

-No lo haré. Si tú no me dices tu nombre, yo no te diré nada tampoco…ya que lo sabes todo.- Le dijo enojada.

-Tú no estás en posición de exigirme nada. – Malfoy miró a la mujer con asco. Era inferior a él y se actuaba como su igual "Estúpida" pensó.- Antes seguro Blaise te permitía hablarle así, pero yo soy diferente. Me vuelves a responder así y serás castigada. Estoy haciendo esto por obligación, no por que quiera hacerlo. Zabini me hizo prometer que las protegería, pero nunca dijo algo de mi no pudiendo educarlas y créeme…lo haré.- Su voz peligrosamente baja, prometía tortura.

-Las reglas han cambiado y ahora están jugando mi juego.- Le dijo y Helena no sabía que hacer.- Ahora responde mis preguntas o tú y tu hermana pagarán las consecuencias.- Helena se estremeció y miró a su hermana preocupada, enseguida empezó a hablar, su orgullo destrozado. Pero en estos momentos su orgullo perdía relevancia, la sola idea de su hermanita siendo castigada por algo que ella hizo "mal", le era insoportable.



-Una vez…-Comenzó lentamente, su voz baja, derrotada. Malfoy no se esforzó en esconder la sonrisa de triunfo y Helena lo odio, lo odio con todo su corazón. – Había ido a comprar algo y volvía a casa a través de un bosque.- Recordó el miedo que había sentido al atravesar el sendero, pero quería llegar antes de que oscureciera. Era pasar por ahí y llegar pronto a casa o ir por la calle, donde…Se estremeció e hizo el pensamiento a un lado y siguió con el relato.- Cuándo escuche algo así como un ¡Plop! Cuando miré por donde había provenido el sonido, vi una figura parada en medio de un claro. Llevaba ropa extraña, era Blaise. Me fui enseguida, porque se notaba que era hombre y se decía que por aquellos senderos rondaban ladrones. Llegué a casa y no volví a pensar en lo que había visto hasta el día siguiente. Estaba cuidando a Rebeca en el jardín, mi madre y mi padre habían ido a trabajar y nosotras aprovechábamos las vacaciones. Fue cuando alguien entró al jardín. Era Blaise, otra vez, claro que yo no sabía quien era.- Sonrió ante el recuerdo y como se habían peleado. Ella le había tirado de todo y el solo había tratado de esquivar los objetos.- Rebeca la pasó en grande viendo como yo le tiraba todo lo que tenía a mano y el lo esquivaba, tratando de hablar. Fue entonces que una piedra le dio en la cabeza y el calló al piso. Me acerqué para ver si estaba bien, cuando me agarró de golpe la mano y grité.- Pudo casi escuchar la pelea que se había iniciado y no pudo evitar reír ante el recuerdo de uno de los comentarios. – Finalmente lo deje explicarse. Se había perdido y necesitaba ayuda, dijo que tenía que cumplir una misión. Nosotras lo ayudamos y con el consentimiento de mis padres, se quedó un tiempo en casa. Nos volvimos buenos amigos. El y Rebeca solían gastarme bromas. A veces salía muy tarde de casa y aunque él no lo admitía siempre le dolía el brazo izquierdo. Nunca me dijo porque. Finalmente después de unos dos meses, pasó algo extraño. Mi madre…y mi madre…ellos…murieron…de una forma extraña.- Sintió lágrimas en sus mejillas y no se molesto en limpiarlas. Aún podía recordar las caras tiesas de sus padres. – Fue entonces que Zabini me contó todo. Parecía apurado y preocupado. Dijo algo de un señor oscuro y mortifagos. Me explicó que era un mago y que necesitábamos escondernos. Algo de limpieza de sangre y Tom Riddle, luego nos trajo a mí y a mi hermana al castillo. Ahí nos quedamos, el nos visitaba siempre. Hasta la última vez que vino. Estaba inquieto, como el día que murieron mis padres. Le pregunte que pasaba y no me dijo nada. Se fue y bueno…ya sabes el resto.- Terminó su relato. Claro que había omitido ciertas cosas. Como el hecho de que se había enamorado de Zabini, o que él la había dejado con la promesa de algo más. Esas cosas eran entre ella y el, nadie más podía saberlo. Acarició ausente el anillo de plata de su mano derecha y miró a la ventana una vez más.

Malfoy miró a la mujer fijamente. Algo no cuadraba en la historia ¿Por qué había mencionado a Tom Riddle? ¿Que había dicho sobre aquel personaje? No lo sabía, pero lo averiguaría. Estaba apunto de preguntar, cuando de pronto la puerta del carruaje se abrió como por arte de magia.

-Bienvenido amo Malfoy.- Habló una voz reverente, que provenía de ningún lugar específico.

Bajo elegantemente del carruaje y tiró su capa que llevaba en la mano al aire, donde quedo flotando. Helena miró la prenda de vestir recelosa y apretó a Rebeca, que permanecía dormida, contra su cuerpo. Siguió al "amo Malfoy" como había escuchado a la voz decir, mirando de vez en cuando la capa flotante, que terminó desapareciendo con un suave plop.



Fue entonces que se percató de donde estaban. Era una casa enorme, toda pintada de blanco y lujosamente decorada. Vio al rubio oxigenado entrar a la gran mansión y estaba apunto de hacerlo también, pero justo se choco con algo pequeño, cayendo ella y el individuo al suelo.

-Lo siento yo…- Rebeca, que había estado en sus brazos había despertado de golpe y miraba al individuo con temor, Helena que estaba ocupada mirando a Rebeca en busca de daños, seguía disculpándose. –Enserio no se que me paso…-

-Helena…-Susurró su hermana, fue entonces que lo vio y no pudo evitar soltar un gritito de terror. Era un…era algo raro, pequeño, del tamaño de Rebeca; tenía enormes orejas puntiagudas y unos enorme ojos azules del tamaño de pelotas de tenis, vestía lo que parecía la vieja funda de una almohada y la miraba fijamente, como si sus ojos no pudieran creer lo que estaban viendo.

-Yo…eh…-Se levantó lentamente, tratando de no provocar a la criatura, temiendo que decidiera saltar y hacerle algo.- Creo que me voy…rubio oxigenado…-Pero no terminó su oración, puesto que la criatura se había levantado y había comenzado a hablar con la voz más chillona, que Helena había escuchado jamás.

-¡El amo Malfoy no es un rubio oxigenado!- Chilló.- ¡Gretchen no permitirá que una muggle hable así del amo querido!- Helena lo miró estupefacta ¿La cosa hablaba y defendía al rubio… a Malfoy? Recuperada del shock inicial, se dio cuenta del insulto.

-Yo le diré a tu "amo" de la forma que yo quiera y ahora si me disculpas tengo algo que hablar con el.- Iba a dar un paso. Pero la cosa se puso rápidamente en su camino, impidiéndole el paso con los brazos extendidos y la mirada decidida. Finalmente Helena suspiro, estaba cansada. Los brazos le dolían por haber cargado a Rebeca todo el día, el viaje había sido largo y no había dormido nada, extrañaba a Blaise y ahora estaba en una casa extraña con un extraño. Lágrimas se empezaron a acumular en sus ojos y bajo lentamente a Rebeca, sus brazos totalmente débiles, no los sentía. Rebeca se paró y miró a su hermana preocupada.

Helena miró a la criatura y se obligo a respirar hondo y calmarse, cuándo lo único que quería era echarse a llorar, gritar y tirar cosas. De pronto le pareció que la vida era injusta, extrañaba a sus padres y a Blaise, ahora esta cosa la trataba mal y estaba atrapada con un hombre que la odiaba…Respiro hondo "Vamos Helena, hay gente que sufre más que esto. La gente se muere todo el tiempo… hay personas que han sufrido más, no hay necesidad de ser melodramática. "Se dijo firmemente y limpiándose la cara. Habló alto y claro. Agarrando la mano de la niña.

-Quisiera hablar con Malfoy.- Gretchen la miró suspicaz.

-El amo Malfoy a pedido no ser molestado. Me ordeno que les enseñara sus habitaciones. Dijo que comenzarían su trabajo mañana, en la mañana. En su habitación les espera ropa limpia y comida.- Recitó con el pecho en alto.

-¿Trabajo?- Repitió confusa. Gretchen asintió con ganas.

-Sí. Dijo el amo que usted trabajará en las cocinas ayudando a los elfos en las mañanas y en las tardes podrá regar el jardín de rosas con su hermana.- Helena lo miró aturdida.



-Pensé…pensé que no hablaba enserio…pensé que bromeaba.- Dijo.

-El amo nunca bromea, es un Malfoy fue educado para comportarse como debe ser.- Le explicó la criatura levantando el gesto orgullosa. Helena solo asintió cansada, sin reparar realmente en sus palabras. Lo único que quería era dormir.

A la mañana siguiente un ruido la despertó. Abrió los ojos rápidamente y miró a su alrededor. Su hermana dormía profundamente a su lado, aferrada a ella como un bote salvavidas. Podía notar las lágrimas que había derramado antes de dormir. Levantó su mano y acarició su cara con cariño, dirigió su mirada a través de la ventana y notó que apenas estaba amaneciendo. Miró el cielo gris, estaba lloviznando. Se quedó unos instantes mirando la ventana, hasta que finalmente se aburrió. Lentamente y cuidando de no despertar a su hermana, se deslizó de la cama, hasta que sus pies tocaron el suelo helado de mármol. Se paró suavemente y su hermana se movió como acto de reflejo abrazando la almohada.

-Blaise…- Murmuró Helena en sueños. Rebeca la miró tristemente. Se puso sus zapatos y partió a explorar. La habitación en la que estaban era lúgubre y triste, era en la parte baja de la mansión y era bastante pequeña y fría. Salió silenciosamente y empezó a curiosear. De vez en cuando pasaban una de esas criaturas extrañas de orejas puntiagudas y ojos de pelota y la miraban de forma extraña, murmurando cosas que no entendía. Al llegar al final del largo pasillo se encontró una puerta, la abrió y había una escalera. Subiendo hasta el final de la escalera abrió otra puerta y se encontró con que salía a través de un cuadro, donde una dama delgada hasta los huesos estaba sentada. Observó el cuadro notando que eran como los del castillo, donde se movían. La dama la miraba también, acariciando con su huesuda mano, su largo pelo rubio platinado.

-¿Quién eres?- Preguntó la dama recelosa, en su tono se notaba la arrogancia.

-Rebeca ¿y tú?- La mujer ignoró su pregunta y siguió hablando.

-Rebeca…que nombre tan vulgar.- Comentó, mientras miraba sus uñas con desdén.- Solo conocí una Rebeca en la familia Malfoy y esa era la tonta hija del tío Richard. Se fugó con un muggle ¿sabes? Claro que fue la oveja negra de la familia y nadie habla de ella ¿Me preguntó si ya habrá muerto?- Delicadamente puso su mano en el mentón y lo acarició levemente, pensando en eso.- ¿Por casualidad no serás su hija?- Preguntó mirándola de arriba abajo.

-Mi madre se llamaba Serena.- Le contestó. A través del rabillo del ojos pudo ver como el hombre del cuadro de al lado, trataba de domar un terrible dragón negro. Su varita lanzaba brillos de diferentes colores y la criatura no mermaba.

-¿Serena, dices?…no, no, no…supongo que no eres su hija. –Dijo mirándola, para luego comentar.- Además Rebeca era mucho más linda, supongo que su hija heredaría eso al menos…-Siguió hablando, pero Rebeca ya se había marchado. Escuchó a la mujer bufar molesta y comentarle al cuadro de la izquierda, donde una señora regordeta con un sombrero extravagante tomaba el té.



-¡Los niños de hoy! Por suerte nuestro Draco es la esperanza de la familia, uniéndose a las filas del señor Oscuro y ayudando en la limpieza de la sangre, sin duda ayudará a que la profecía se cumpla…-

-¿La del niño Potter?- Preguntó la dama regordeta.

-No, la otra Gertrudis…- Y siguieron hablando, pero Rebeca ya no quería escuchar. Siguió caminando mirando alrededor, hasta que llegó a una habitación enorme. Miró el pomo dorado donde una serpiente tallada de ojos verdes la miraba fríamente. Curiosa estaba apunto de abrir la puerta cuando un chillido la sobresalto.

-¡Alto!- Se dio la vuelta y se encontró con Gretchen que se acercaba dando pequeños saltos.- Ese es el cuarto del amo Malfoy…- Dijo esta vez más bajo. Lo más bajo que su voz chillona le permitía. – Niña muggle no deberías estar aquí.-Dijo mirándola enojada.- Ensuciará la pureza de mi señor.-

-¿Ensu..ciará?- Preguntó confundida.

-¡Sshhhh! ¡Despertará al amo!- Chilló la criatura.

-¡Rebeca!- Se escuchó un segundo gritó. Corriendo hacia ellos se encontraba Helena. Llevaba un vestido café y unas zapatillas cremas, su pelo estaba suelto y en las puntas se formaban pequeñas hondas. Un destelló en su cuello, le hizo darse cuenta de que llevaba el collar que tío Blaise le había regalado.

-¡Shhhh!- Volvió a chillar Gretchen, mientras trataba con todas sus fuerzas de empujar a Helena más allá. Esta solo ignoró a la criatura y siguió hablando.

-¿Dónde rayos te metes comadreja?- Preguntó enojada. Mientras agarraba a Rebeca de la mano y la jaloneaba, sin embargo Rebeca enterró sus tobillos en el piso y la miró enojada.

-¡No me digas comadreja!-

-¡Yo soy la mayor y te digo como quiera! –

-¡No, yo no quiero! ¡Deja de decirme así o no iré contigo!-

-¡Muggles dejen de hacer escándalo, despertarán al amo Malfoy!- Chilló Gretchen alarmada. Siendo ignorada por las hermanas.

-¡Bien, si tu me dices comadreja yo te diré…!- No se le ocurría nada… ¡Rayos!

-¡Ja!- Chillo Helena mientras la apuntaba burlona.- ¡No se te ocurre nada… comadreja!-

- ¡Si, si se me ocurre!… Desde ahora te diré… ¡Bruja!-

-¿Qué? Escúchame bien comadreja yo no soy ninguna bruja…-

-Al fin coincidimos en algo.- Elfo, Rebeca y Helena se volcaron rápidamente hacia la puerta. Ahí se encontraba el rubio oxigenado, apoyado perezosamente en el marco. Llevaba la parte de debajo de un pijama gris, su pálido y musculoso torso al desnudo, su pelo rubio cayendo sobre 

sus ojos, dándole un aspecto peligroso, que la mirada de sus ojos completaba, parecía de malhumor. Enseguida el elfo se tiró a los pies de rubio oxigenado haciendo alabanzas. Instintivamente Helena retrocedió un paso.

-Lo siento amo querido. Gretchen trató de apartarlas, pero estas sucias muggles ignoraban a Gretchen… Gretchen necesita ser castigada debió haber tratado más…- No pudo continuar, porque las gruesas lágrimas que salían de sus ojos no la dejaban. Enseguida se paró y empezó a golpearse con la pared.

-¡No somos sucias!- Fue lo único que pudo replicar Helena, pero fue ignorada.

-¡Gretchen mala, muy, muy mala!- Decía con cada golpe.

- Detente.- Ordenó Malfoy tras unos segundos. Las caras de Helena y Rebeca denotaban incredulidad. Enseguida el elfo se detuvo y miró a Draco con sus grandes ojos de pelota rojos por el llanto.

-Si, amo Malfoy ¿Qué puede hacer Gretchen por el amo para enmendar su error?- Preguntó sumisamente, bajando la cabeza, mientras nuevas lágrimas volvían a salir de sus grandes ojos.

-Por ahora lleva a estas… muggles… ha las cocinas y que comiencen su trabajo.- Miró su reloj y estaba a punto de cerrar la puerta cuando Helena habló.

-¡Malfoy!- Llamó con firmeza. Sabía que ese era su nombre por la cantidad de veces que Gretchen lo había pronunciado con reverencia. El rubio miró a Gretchen con una ceja levantada y enseguida esta se volvió a golpear con la pared, emitiendo lo que parecían disculpas. Malfoy la ignoró y miró a Helena, quien había fijado su vista en la criatura. Rebeca se apretó a su cuerpo asustada.

-¿Te di permiso para que ensuciaras mi nombre con tu sucia lengua?- Preguntó. Ella lo ignoró.

-Necesito hablar…contigo…- Dudo. No sabía si tratarlo como usted, o tutearlo. Se decidió por lo último, así demostraría que son iguales.

-No me tutees, no te lo permito, escoria muggle…- Escupió la palabra, mirándola con asco. Enseguida Helena había levantado la mano, dispuesta a golpearlo, pero el ya estaba preparado. Tomó su muñeca con fuerza y apretó, hasta que Helena gimió adolorida.

-Es la segunda vez, que tratas de golpearme…- Susurró peligrosamente bajo. El elfo dejo de hacerse daño, mirando la escena escandalizada. Helena jaló su mano, pero el no la soltó.

-Bueno… no es como si no te lo merecieras…- ¡Dios el rubio era fuerte!

-Puede ser, pero escorias como tú, no tienen derecho a tocarme…-

-¡Suelta a mí hermana!-Gritó Rebeca y sin pensarlo le dio una patada en la pantorrilla. Adolorido el rubio soltó a Helena, quién se alejo acariciándose la muñeca, donde la marca morada de la mano del rubio se dejaba ver ¡Estúpida piel sensible! Tomó a Rebeca de la mano y corrieron a su habitación.



-Escapamos…- Jadeó Rebeca y Helena asintió sin fuerzas. Ya no estaba tan segura de la decisión que habían tomado. Pero no podía irse, no había escapatoria. Además anoche había tomado una decisión y no había vuelta a tras. Mataría a la persona que le había quitado a Blaise. "Ojo por ojo, vida por vida" Pensó con determinación.

-Helena…- La llamó Rebeca, la miraba fijamente, un brillo extraño en sus ojos.

-¿Sí?- Preguntó.

-Gretchen… ¿es mujer?- Preguntó y Helena no pudo evitar reír.

-Tendremos que preguntárselo.-