Disclaimer: Ni Bleach ni sus personajes me pertenecen.

Estoy muy sorprendida. No me pensaba que el fic tuviera tan buena acogida, de veras. Como he visto que ha gustado me he dado más prisa en terminar el segundo capítulo y, ¡Aquí está! Espero que guste :)

Bff... manejar a un personaje como Ulquiorra es muy difícil. He tenido que hacer mucho cambios pero al final creo que ha terminado siendo algo pasable. Ya lo judgareis vosotros. Espero que me deis vuestra opinión más sincera. Ya sabéis que cualquier crítica es bien recibida.

Y, por último, agradecer todos los comentarios (Intentaré responderlos lo antes posible). Me han subido mucho la moral y han hecho que empiece a dejar de creer que esta historia es una estupidez. Muchas gracias.

Espero que disfrutéis con la lectura.


II - INSOMNIO

Ni un rayo de luz se cuela por los barrotes de la celda. En ese mundo eternamente oscuro no brilla el Sol. Tampoco en ninguna de las miradas que te encuentras por los pasillos de Las Noches. Es normal. Tus ojos dejaron de brillar hace mucho.

Observas como Inoue Orihime, la prisionera, cura a esa shinigami con una mezcla de sensaciones indefinidas en tu fría mirada.

¿Por qué haces esto? Te has vuelto loco.

-¿Cómo te encuentras Kuchiki-san? –Pregunta la pelirroja finalizando el hechizo de regresión de tiempo.

Ella abre la boca un par de veces sin emitir sonido. Observa sus heridas ya cerradas con interés. Tras eso, consigue hablar.

-Bien. Gracias.

Pero no la mira a ella sino a ti. Notas sus oscuros ojos clavados en los tuyos y luchas por apartar la mirada. Los entrecierras, intentando mantener la compostura.

-Vamos. Te llevaré ante Aizen-sama. –Dices.

La coges del brazo con una brusquedad. Nadie articula palabra. Entonces, el silencio se ve roto por una voz conocida que parece haber esperado el momento oportuno para entrar a escena.

-Ooh, si es Rukia-chan. –La sonrisa permanente y el acento burlón se hacen familiares a todos los presentes.- Qué sorpresa más agradable.

Notas la tensión de ella y la rigidez de sus músculos. Por su reacción puedes denotar que Ichimaru no es apreciado por esa shinigami. Más bien... ¿Temido? ¿Odiado? No logras identificarlo bien.

-No puedo decir lo mismo, Ichimaru. –Responde, con la mirada clavada en el suelo.

Oyes la suave risa del hombre y como obliga a la shinigami a mirarle a la cara, levantándole la barbilla.

-Otra vez al borde de la muerte, ¿No Rukia-chan? Ya te han salvado dos veces. Aunque me pregunto... –añade mirándote fijamente.- porque esta vez.

No vas a responderle. En realidad, no sabes cómo responderle. Porque lo que has hecho es la mayor estupidez de tu vida.

¿Ahora callas? Asume las consecuencias de tus actos, idiota.

-Vamos a ver a Aizen-sama. –Le contestas con voz neutra.- Las explicaciones no te corresponden a ti, sino a él.

Esta vez sales apresuradamente de la celda, dejando atrás a un Gin sonriente y divertido. Arrastras sin cuidado a la shinigami por los pasillos blancos del grandioso castillo. Intentas ir lo más rápido posible. Cuanto antes dejes de verla, mejor.

-¿Por qué me has salvado?

No le haces caso. Ni a ella ni a la pregunta que te ha dejado sin salida. Entre la espada y la pared.

La chica merece una explicación, ¿No? Oh, vaya. Si no la tienes.

Parece que se conforma con el silencio. Se lo agradeces mentalmente. No te apetece hablar.

Llegáis pronto a la sala donde Aizen-sama ya os espera, sentado sobre su trono de mármol blanco. Os observa sin sorpresa en la mirada. Era más que evidente su conocimiento sobre la presencia de la shinigami allí.

-Oh, Ulquiorra. Me traes a una invitada.

La sueltas y te inclinas rápidamente. Con respeto.

-Señor, no tengo disculpa. Aceptaré cualquier castigo que me imponga.

Aizen suelta una risa suave.

-Levántate, Ulquiorra. Nada me alegra más que ver a una de mis antiguas colegas. –Responde sin borrar la sonrisa.- ¿Qué tal Kuchiki Rukia?

Ella le mira con repulsión en la mirada. No parece tenerle miedo. Te sorprendes levemente ante tal comportamiento.

-No te atrevas a preguntármelo, Aizen. –Responde con dificultad.

Entonces te das cuenta de lo que pasa. Ella lucha por soportar el duro reiatsu de Aizen-sama, por no caerse desplomada. Pero es realmente inútil. Aizen-sama puede tenerla a sus pies en cualquier instante, borrando todo rastro de ese orgullo característico.

-¿Cómo va todo por la Sociedad de Almas? –Pregunta, y logras advertir un deje burlón en su voz.

La shinigami arruga el ceño, pero responde.

-Deberías saberlo.

La sonrisa del shinigami se hace más amplia.

-Sigues igual que siempre, Rukia. Me sorprende. –Ella alza una ceja, curiosa.- Creía que el estar tanto tiempo con Kurosaki te había ablandado un poquito.

El silencio se hace tangente. También la costosa respiración de la shinigami, al ver aumentado el peso del reiatsu de Aizen-sama.

Kurosaki, ¿Eh? ¿No te apetece saber más?

Ignoras a la vocecita de tu cabeza. Lo único que deseas es marcharte lo más lejos posible de ella y no volver a verla jamás.

¿De verdad?

-Ulquiorra. –Dice Aizen con voz solemne.- Puedes retirarte cuando gustes.

Asientes y te levantas. Rápidamente abandonas la sala y vuelves a cruzar los pasillos blanquecinos de Las Noches. Por fin. Deseabas estar solo de una vez por todas. Sin shinigamis de por medio.

-Vaya, vaya, si aquí está Ulquiorra. –Una que conoces demasiado bien se interpone en tu camino.- He oído que has traído a otra prisionera.

Clavas tus ojos fríos en los burlones de Grimmjow. Sabes lo que le pasa por la mente. Perfectamente. A ese creído descerebrado. Intentas controlarte al responder.

-Exacto. A Aizen-sama podría serle de utilidad.

La carcajada de tu compañero Espada no se hace esperar.

-Claro, Aizen, ¿No? Es por eso que la has traído hasta aquí. –La ironía se hace tangente.

Este Grimmjow te ha pillado.

-Grimmjow, un consejo. –Él te mira.- No dejes que esa inferioridad que sientes se note demasiado.

Aprieta los dientes, furioso. Le has vuelto a hacer enfadar. Como siempre. Empieza a gritarte, pero no le haces caso. Le esquivas y continúas tu camino, dejando atrás al Sexto Espada.

Y a la shinigami.

En cuanto llegas a tu habitación te tumbas sobre la cama. No te apetece moverte de allí. Prefieres aprovechar ese descanso que te han concedido. Lo necesitas. Aunque sabes que va a ser difícil –casi imposible- conciliar el sueño. Porque lo único que ves al cerrar los ojos es a ella. A esa shinigami.


La verdad, es que tengo algunas dudas. ¿De qué color son los ojos de Rukia? ¿Negros o azules? Y, ¿Ulquiorra también trata a Ichimaru de "usted", como hace con Aizen? ¿O le trata de "tú"? No me ha dado tiempo de solucionarlas todas antes de subir el capítulo. Siento la ignorancia, jaja.

En fin, gracias por haber llegado hasta aquí. No tardaré en subir el próximo episodio mientras tanto, cualquier duda, sugerencia, opinión es bienvenida :)