Disclaimer: D. Gray-man es propiedad de Katsura Hoshino . Este Conjunto de Drabbles participa en el reto: Mes de Apreciación: Noviembre - 2016 - "Alma Karma" del Foro: Resurgiendo entre las Cenizas.

Frente al espejo cargó el pincel con delineador líquido y lo pasó cuidadosamente por la línea del párpado superior. Esperó unos segundos para que el maquillaje cumpliera la promesa de "secado rápido", para luego delinear el otro. Cuando lo hizo le dio el visto bueno a su maquillaje, lograba resaltar todos aquellos rasgos que, aún en ausencia de este, eran demasiado hermosos para el mundo. Ella lo sabía; y quienes la veían también.

—Alma, ni te hagas ilusiones, no vas a salir con esas pintas… —comenzó a sermonearla su madre, recorriendo a la joven con la mirada llena de horror, de escándalo, de vergüenza.

Alma le respondió encogiéndose de hombros, comunicándole a la desgastada mujer que no le importaba lo que le dijera, que no cambiaría de opinión y que seguiría protagonizando aquella vida noctámbula aún cuando cada dedo índice de la ciudad la señalara al otro día. Si ellos —todos políticamente correctos, aparentemente—, de todas formas, hablarían, si aún sin conocer por sus propios ojos exagerarían cada detalle, si inventarían hasta lugares y personas con tal de difamarla, si…

Dio un portazo y bajó la pequeña escalinata corriendo con sus tacones de Dios sabía cuántos centímetros. Se subió al auto, la música estaba al máximo volumen, sus oídos rechazaron —en un principio— dicha cantidad de decibeles que luego ya dejaron de molestarle.

Había ocupado el lugar del copiloto, obviamente, Alma siempre tenía el mejor lugar, siempre era el centro de la atención, siempre era luz en medio de oscuridad, siempre era la primera en romperse…

El automóvil en el que iban tomó la curva a toda velocidad, dos luces en dirección contraria los encandilaron sin darle tiempo a maniobrar, el impacto entre ambos vehículos fue rápido y estruendoso.

(Era el feliz canto de la muerte, quien tomaba lo que le pertenecía)

La frente de Alma golpeó contra el parabrisas —o lo que quedaba de él—, llegó a ver los fragmentos de los cristales flotando lentamente por el aire, la sangre brotando por doquier, y supo que su vida estaba acabada. No podría haberse evitado, su vida —y su alma— estaban inexorablemente destinadas a encontrarse con la razón de su existencia. Ella no lo supo hasta ese momento, pero no podía negar que, aquella misma noche mientras se maquillaba frente al espejo, había tenido un presentimiento.

Recordó —vaga y efímeramente— a su madre sonriendo.

(Y ahora sabía que no sonreiría jamás)