¡Hola! Aquí estoy de nuevo :3
Agradezco mucho a todos por dedicar vuestro tiempo a leer este fic, sobre todo a Aika Sakura (Bienvenida, espero que estés por aquí bastante ;) Yo estoy entre Judal y Alibaba xD) y a mi querida onee-chan y kouhai, Okami Laevatein (se que estás por ahí aunque no me dejes review ewe).
Magi no me pertenece, si no, mis ocs también saldrían en el anime xD
Por cierto, se me olvidó advertir que habrá spoiler, mucho spoiler, pues va a seguir la línea del anime.
¡Espero que os guste!
Principalmente, desmayarte por deshidratación no es muy agradable que digamos. Aunque fuese un sueño. Y sí, aún quería creer que todo lo que había pasado en aquel extraño desierto infinito -que lo parecía- había sido una mala pasada de mi mente.
Intenté abrir los ojos con cierto esfuerzo, ya que una luz me impactaba en la cara. Y… en todo el cuerpo. Me quejé y cerré los ojos.
─¿Eh? ¿Onee-san?
Cuando mis pupilas se acostumbraron a la iluminación -que me di cuenta que era el sol- me incorporé y miré al niño que me observaba con curiosidad desde la boca del callejón. Un callejón. No había lugares mejores que aquel ¿no? Y encima había dormido en el suelo. ¿No estaba en mi cama durmiendo? ¿No habían venido mis padres porque estaba expulsada de clase? Además de todo eso… tenía al pequeño de mi sueño delante de mi ¿Y quien era ese? Oh, pues… ni mas ni menos que Aladdin.
El niño me sonrió y se acercó a mí.
─¡Menos mal que has despertado! Empezaba a preocuparme. ─me dijo el peli-azul.
Yo, por supuesto, había retrocedido cuando se había acercado y lo miraba con horror. Oh, no, aquello no podía estar pasando ¿Estaba soñando otra vez? ¿Se podía desmayar alguien en un sueño? No… ¿verdad?…
─¿Onee-san? ¿Estás bien? ─me preguntó Aladdin, con cara de preocupación. Aquello… ¿no era… un sueño?
─Oh, no, no estoy para nada bien… ─le contesté con una sonrisa torcida, para, acto seguido, reírme nerviosamente y retroceder aún más, pegándome a la pared. ¿Qué debía decirle? Principalmente, no me creería ni una palabra de lo que fuese a decir. ¿Por qué tenía que haberme encontrado con él? Con lo grande que es el mundo, ¿Por qué con él?
Aladdin se acercó lentamente con las manos por delante, intentado calmarme.
─Tranquila, no te voy a hacer nada.
Respiré hondo e intenté calmar mis pulsaciones ¿Debería contárselo?
─Sé que no me vas a hacer nada. Eres un niño. ─ante mi respuesta, él sonrió.
─¿Ya estás mejor? ─me preguntó. Yo asentí y forcé una sonrisa, intentando no echarme a llorar. O sea, si no era un sueño, estaba perdida en quien sabe donde al igual que mis amigas… que supuse que estarían también en aquel mundo. ─¿Por qué estabas tirada en medio del desierto?
─Ah, eso… me quedé sin agua. ─respondí nerviosamente. ─Te agradezco mucho que me hayas traído aquí… sea donde sea.
─No importa, no podría haberte dejado allí, onee-san. ─me respondió con una gran sonrisa. Aw, era adorable~
─Soy Eliza…
─¡Yo soy Aladdin y estoy de viaje! ¡Encantado de conocerte, Eliza-nee-san! ─se presentó él, con alegría. De veras que era adorable.
─…puedes llamarme Eli. ─terminé de decir, con una gotita en mi cabeza.
─De acuerdo, Eli-nee-san. ─me dijo sonriendo. Parpadeó y fijó su mirada en algo que había encima de mi cabeza. ─Por cierto… ¿Qué es ese sombrero tan raro? ─preguntó, señalándolo. Yo miré el sombrero naranja y me lo quité, sujetándolo por el ala.
─Ah, ¿esto? ─me encogí de hombros. ─Es mi sombrero favorito. Casi siempre lo llevo puesto. ─le expliqué. Y no mentía. Siempre llevaba el sombrero de Ace puesto cuando estaba en casa.
Y ahora os preguntaréis ¿Por qué no pregunta por mi ropa? Porque en aquel momento iba un poco… ¿Cómo decirlo? No resaltaría de no ser por mi sombrero. Supongo que, cuando estaba en casa, mi subconsciente sabía que no era un sueño y me había hecho ponerme aquella ropa. Llevaba unas botas marrones, un vestido sin mangas y una capa blanca proveniente de un disfraz de caballero. ¿Qué para qué la capa? Pues para no quemarme.
Al ver su curiosidad, sonreí y se lo coloqué en la cabeza, encima de su turbante.
─Te lo presto un ratito ¿Quieres? ─pregunté, ladeando un poco la cabeza. Aladdin me miró con sorpresa, para acto seguido sonreír felizmente, abrazarme y… ─¿A-aladdin…? ¿Qu-qué se supone que estás…?
─¡Me encantan los pechos! ─¡ESTABA RESTREGANDO SU CARA EN MIS…! ¡Sabía que Aladdin hacía aquello pero… ERA IMPOSIBLE NO SORPRENDERSE!
─Vale, me alegro. ¿Puedes quitarte ya? ─le dije, alzándolo por su chaleco. Lo solté en el suelo y lo miré con cierta molestia, poniendo los brazos en jarras ¿Con 10 años ya era un pervertido? Agh, hombres…
─¿Y ahora adonde irás, Eli-nee-san? ─me preguntó como si nada. Fruncí el ceño y suspiré, no lo había pensado.
─Te seré sincera. No tengo ni la más remota idea. ─le respondí, sorprendiéndolo.
─¿Y entonces por qué estabas en…?
─Pero ─le corté. ─Lo único que sé es que quiero encontrar a mis amigas, que por algún lado andarán…
─¿Te has separado de tus amigas?
─Podría decirse que sí. ─le dije, encogiéndome de hombros. Podría parecer despreocupada, pero, realmente estaba demasiado nerviosa y asustada como para no fingir. Era algo que tenía costumbre de hacer. Estaba muy preocupada por Ally y Rize pero… ellas sabían defenderse muy bien. Al igual que yo. Algunas lágrimas lucharon por salir, pero las detuve.
Aladdin me miraba preocupado. ¿Se habría dado cuenta? Entonces, y sin previo aviso, una bombilla se encendió en mi mente.
─Oye, Aladdin, has dicho que estabas de viaje ¿no? ─empecé a decir, con algo de timidez. Por favor que acepte...
─Sip
─Sé que soy una completa desconocida para ti pero… ¿Yo podría… acompañarte? ─él niño se sorprendió. ─Eh, pero si no quieres no voy a obligarte, soy mayor y puedo ir por mi cuen-
─¡Claro que sí! ─dijo de repente, abrazándome. ─¡Tener de compañera a una onee-san como tú sería estupendo! ─explicó. Yo sonreí con dulzura y lo alcé de nuevo por el chaleco. ¿Qué por qué? Bueno, de nuevo estaba tocándome el pecho.
─Muchas gracias Aladdin… y ahora voy a establecer la primera regla. ─cambié mi cara a una de seriedad total. ─No ocupes mi espacio personal sin mi permiso. ─él tragó saliva al ver mi cara asesina y asintió varias veces. ─Me alegra que entiendas~ ─le dije y lo solté, cogiendo mi sombrero y poniéndomelo.
─Eli-nee-san das miedo…
─Me lo dicen a menudo. ─le contesté con media sonrisa.
Salimos del callejón para entrar a una calle muy transitada. Había muchísimos tenderetes por aquí y por allá. Caminamos mientras yo le echaba una ojeada a todo, quien sabe, tal vez estuvieran por allí.
─Oye, Aladdin, ¿Y ahora a donde va-? ─fui a preguntarle, pero, cuando me giré, él había desaparecido. ¡¿Otra vez desaparece alguien cuando le estoy hablando?! ─¡No puede ser que lo haya perdido! ─le grité al aire, haciendo que algunas personas se girasen para mirarme con el ceño fruncido. Probablemente pensarían que estoy loca.
Los ignoré y corrí en su busca ¿Dónde podría estar…? Corrí y corrí hasta que llegue a unas callejuelas. Miré por todas partes pero nada, ni rastro.
─Oye, bonita… ─alguien me llamó pero yo ni me giré. Por el tono de voz de aquel -seguramente- hombre, tan solo venía a incordiarme. ─Te estoy hablando señorita. ─me volvió a hablar, agarrándome del hombro y girándome. Y, como esperaba, allí se encontraban tres borrachos con cara de pervertidos.
─¿Qué necesitan? Tengo prisa. ─dije con neutralidad, quitándome su mano del hombro. Agh, ¿Por qué de todas las mujeres de la ciudad tenía que ser a mí? Pobres hombres… no saben lo que pasará si intentan alguna cosa rara conmigo. Aunque a lo mejor solo quieren pedir direcciones…
Ellos me miraron con lujuria y yo fruncí el ceño. No, me da mi que no querían indicaciones.
─No te preocupes preciosa seremos rápidos. ─me dijo otro, intentando agarrarme de la mano.
─No gracias, no quiero perder más tiempo. Y ahora, si me disculpan… ─me bajé el ala del sombrero e intenté irme. Pero me lo impidieron ¿Es que no se dan cuenta de que les voy a hacer daño? Suspiré. ─Bueno, si así lo quieren…
.0.0.0.
─Mira que les avisé. ─me dije a mi misma saliendo del callejón mientras me sacudía el vestido ¿Qué había pasado con ellos? Tan solo les había echo una reconstrucción de cara a base de patadas… cortesía de la casa~
No por nada me llamaban en el instituto el demonio azul. Junto con Rize, el demonio rojo, y Ally, el demonio verde, éramos ''el trío demoníaco'', las más fuertes del insti. Ni los chicos podían con nosotras. Todo gracias a los entrenamientos intensivos de Rize y su padre, entrenador de varias modalidades de combate.
Sonreí y me llevé las manos a la nuca, en una pose despreocupada. Je, nunca me hartaba de ver las caras de derrota de los hombres que intentaban secuestrarme o algo de eso.
Había entrado en un aparcamiento de carretas o algo así. Y, por supuesto, seguía sin encontrar a Aladdin.
─¡Callate! ─escuché de gritar a alguien, sobresaltándome. A pocos metros de mí, se encontraba un hombre gordo, flanqueado por otros dos hombre, aunque estos eran musculosos. Seguramente sus guardaespaldas. ─¡Me vas a pagar todas esas! ¡Todas y cada una de las sandías! ─gritó el gordo de nuevo. Ahora que me fijaba… ¿No estaba pisando la cabeza de alguien…?
Me fijé mejor en aquel chico de ropa blanca y pelo rubio… Palidecí ¿¡Alibaba?! ¡Y a su lado estaba Aladdin! ¿¡Qué demonios pasaba?! ¡Me sonaba un montón!
Me escondí rápidamente detrás de un carro y los espié, atando cabos. Oh, claro que no quería ser vista, el gordo era el traficante ese de esclavos del capítulo 1... Budel, creo. Entonces iba por el capítulo 1... Sabía absolutamente todo lo que va a pasar… o gran parte de ello.
─¡Vas a trabajar para mí sin pagar! ¡Ni se ocurra escaparte! ─gritaba Budel. Pobre Alibaba… La furia se apoderó de mí. Como odio a esa clase de personas. Quería darle una buena patada en la cara al gordo, pero me contuve y permanecí escondida.
Budel acabó de sermonearle y desapareció por las calles echando humo. Alibaba también se fue con el ceño fruncido y Aladdin… ¡Había desaparecido de nuevo! ¡MALDITO NIÑO!
Ahogué un grito de rabia y opté por seguir a Alibaba. Si mi memoria no fallaba Aladdin iba a estar con él.
Gracias a la oscuridad, que rápidamente se apoderó de la ciudad, el chico no me vio. Eso, o que estaba muy cansado como para hacerlo.
Entro a su casa dejándome a mí fuera, obviamente. Era hora de dormir al raso, entonces. Me apoyé en la pared, al lado contrario de la puerta y me tapé los ojos con el sombrero. Me abracé las piernas y apoyé la cabeza en las rodillas.
''Ahh… este niño es un dolor de cabeza… Anda, como Rize y Ally… Chicas… ¿Dónde estáis?'' pensé con tristeza, para, seguidamente, entregarme a los brazos de Morfeo.
.0.0.0.
─¿¡POR QUÉ DEMONIOS SIGUES DURMIENDO?! ─aquel grito me despertó de un sobresalto, seguido por el cuerpo que cayó encima de mi estómago, quitándome el aire.
─¿Eh?
─¿Are? ¿Eli-nee-san? ─me preguntó el cuerpo que había encima de mí. Pero, de repente, alguien lo quitó de encima y me ofreció una mano.
─¡Lo sentimos mucho! ¿Te duele algo?
Recuperé el aire perdido y miré hacia arriba con molestia, encontrándome con la mirada de Alibaba y Aladdin -saludándome desde el brazo de el otro-. Me levanté y miré a Aladdin con el ceño fruncido.
─¿Sabes la de vueltas que he tenido que dar para encontrarte? ─le reproché al niño, que rió nerviosamente y se llevó una mano a la nuca.
─Je, je, lo siento Eli-nee-san…
─¿Lo-lo conoces, señorita? ─me preguntó atónito Alibaba, señalando al pequeño. Yo sonreí de lado.
─Desde hace bien poco. Viajamos juntos. ─el rubio me miró con los ojos como platos y soltó al niño. ─Mi nombre es Eliza, pero prefiero que me llamen Eli. ─me presenté, tendiéndole la mano.
─Ah… Soy Alibaba, mucho gusto. ─se presentó él, estrechándome la mano.
─Siento mucho los problemas causados por él. Te lo pagaría pero… no tengo dinero. ─dije con una sonrisa algo nerviosa. A lo mejor, si él sabía que alguien ''cuidaba'' de Aladdin reclamaría algo. Pero…
─¡No te preocupes, no importa! ─…Alibaba era débil con las mujeres. Que mala soy. ─Ahora, si me disculpáis, debo irme… ─se despidió, pero Aladdin comenzó a seguirlo. Como no. ─No me sigas.
─Oye, onii-san ¿Dónde podría encontrar esas mazmorras de las que hablaste anoche? ─le preguntó Aladdin, pasando de su advertencia. Yo, como no tenía otra cosa que hacer, los acompañé ¿Mazmorras? Ah, se referían a…
─Justo ahí. ─dijo Alibaba, señalando una gran torre. ─Eso es una mazmorra.
─Es enorme… ─dije inconscientemente, mientras admiraba la construcción. Pero enserio, de cerca y en persona era aún más alta.
─Esa es Amon, el séptimo laberinto. Apareció hace diez años. ─explicó el rubio, mientras nosotros dos mirábamos con la boca abierta la torre. ─Voy a completar Amon y todas las demás mazmorras del mundo más rápido que nadie. ─nos contó Alibaba. ¿Por qué nos estaba contando su sueño? Si éramos unos completos desconocidos. ─Y entonces me convertiré en el hombre más rico del mundo. Es por eso que no tengo tiempo que perder contigo. ─dijo mirando de reojo a Aladdin. ─¿Entiendes, mocoso?
Aladdin siguió pasando de él y no paró de seguirlo por toda la calle. Subíamos unas escaleras cuando se dignó a hablar.
─Onii-san, ¿Te gusta el dinero? ─le preguntó el niño. Yo fruncí el ceño. Aquella era una pregunta obvia ¡A todo el mundo le gustaba el dinero! Y quien lo negara mentía. Pero Aladdin era todavía un niño…
─Sí. Necesito dinero. Tanto como para comprar un país así. ─contó con una sonrisa.
Seguíamos andando. ¿Qué le veía de interesante Aladdin? Supongo que no me quedaba otra que seguir con ellos…
─¡Con dinero puedes comprar cualquier cosa! Como toda la deliciosa comida que puedas comer. ─seguía diciendo el rubio.
Los ojos del niño brillaron.
─¡Deliciosa comida!
─Y mujeres hermosas también. ─dijo con un tono pícaro. Yo fruncí el ceño ¿Es que no se daba cuenta de que había una mujer delante?
─¡Hermosas onee-san! ─fruncí el ceño aún más y apreté los puños, con una venita palpitando en mi frente. Tenían cara de pervertidos… agh, hombres.
─Ejem… ¿Hola? Mujer ofendida delante de vosotros. ─dije con voz neutra, poniéndome delante suya y cruzándome de brazos. Alibaba palideció y se rió nerviosamente, llevándose una mano a la nuca. Aladdin seguía en su mundo.
─¡Mi mente no puede soportarlo! ─decía, mientras daba saltitos, hasta que chocó contra alguien, haciéndole caer. Yo me quede mirándola. Pelo rojo y ojos también rojos. Me recordaba tanto a Rize… ─Lo siento, onee-san… ─se disculpó el niño. La chica llevaba un enorme cesto en la cabeza y, con bastante maña, recogió rápidamente los limones que habían caído al suelo y se levantó, mirando al niño inflando las mejillas.
─¡Lo sentimos! ¿Te duele algo? ─Alibaba y su debilidad. ─¿Quieres que lleve eso por ti? ─la chica lo miró tranquilamente.
─No. Yo puedo. ─le contestó y siguió andando. Alibaba le sonrió y miró con molestia a Aladdin, pero este se encontraba ocupado observando algo en los pies de la chica. Yo miré también en aquella dirección, para encontrarme con dos gruesas cadenas atando sus pies.
La pelirroja se dio cuenta y miró al suelo con vergüenza, intentando taparse los pies con su largo vestido, tirando todos los limones en el proceso.
─Es una esclava. ─susurró con tristeza Alibaba.
─¿Esclava?
─Personas que son compradas y vendidas… ─le expliqué, con cierta pena. Era inhumano vender vidas…
─En que mundo vivimos… ─dijo el rubio, con frustración. Aladdin sonrió y corrió a agacharse junto con la esclava, que retrocedió e intentó tapar las cadenas. El niño cogió la flauta y yo sonreí, ya sabía lo que iba a pasar. En un soplido, las cadenas se rompieron.
─¡Ahí lo tienes! Ahora puedes caminar libremente sin tener que esconder tus preciosas piernas. ─Le dijo Aladdin, con una gran sonrisa. Todos las personas a nuestro alrededor se congregaron un poco, sorprendidos por el acto del niño. Hombre, romper una cadena como aquella así…
─¡Esto es malo! ─le dijo Alibaba al peli-azul, sujetándolo por los hombros.
─¿Por qué? ─preguntó Aladdin con inocencia.
─Porque…
─¿Por qué? ─volvió a insistir. Seguramente Alibaba no sabría responderle. Lo que había hecho no estaba mal. Yo sonreí mucho más, orgullosa del niño. Aunque nos hubiéramos conocido desde hacía poco, yo le tenía mucho aprecio desde hacía tiempo, gracias al anime.
─Robar esclavos es un delito grave. ─dijo alguien a nuestras espaldas. Me giré y me arrepentí de hacerlo. Budel.
Este te acercó a Alibaba con uno de los limones en la mano.
─Vas a perder un brazo. ¿Y entonces que harás con la deuda? ─le dijo, refregándole el limón en la cara.
─¿De qué hablas? Solo somos chicos normales, es imposible que podamos romper unas cadenas como esas. ─mintió el rubio. Budel sonrió con superioridad.
─Sí, es cierto. ─dijo mientras tiraba el limón al suelo. ─Si no puedes pagar, te haré mi esclavo. ─Alibaba sonrió nerviosamente. El comerciante cogió a la pelirroja del pelo y la levantó. ─¡La vida de un esclavo es dura! Aunque alguien te tire, ─tiró a la chica al suelo. ─te pise, ─la pisó. ─o te haga lo que sea no puedes decir nada.
Yo apreté los puños y miré la cara de impotencia de Alibaba.
─Deje de hacer eso. ─le dijo Aladdin, mirándolo con seriedad y sorprendiendo al rubio.
─¿Qué has dicho mocoso?
─¿Está sordo? Ha dicho que pare. ─le dije a Budel, frunciendo el ceño y cruzándome de brazos.
─¿¡Queréis que llame a los guardias?! ─adivirtió él. Ni Aladdin ni yo dijimos nada.
─¡No, nada de eso! ─negó el rubio, pero unos fornidos hombres ya nos habían apresado y puesto una daga en nuestro cuello. Intenté mantener la calma. Sí, tenía miedo. Mi fuerza no da para tres hombres entrenados y armados.
─¡O tal vez debería mataros ahora mismo! ─amenazó de nuevo.
Pero entonces, Aladdin cogió su flauta y sopló, haciendo que de ella surgieran dos fuertes brazos azules…
Y aquí termino por hoy. Espero de todo corazón que os haya gustado, dejadme un review con vuestra opinión si es así ;D
Si queréis saber como es su sombrero (que no lo he creado yo, lo creó Oda-sama), buscáis Portgas D. Ace en google y miráis alguna imagen xD
¡Sayonara!
-Blue
