Disclaimer: los personajes no me pertenecen, pero la trama si.

Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de la gente.

Lo que está escrito en cursiva son conversaciones en la distancia o por teléfono.

La historia está escrita desde el punto de vista de Renesmee.

Los personajes son humanos.

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2.

Cuando el despertador comenzó a sonar, estuve tentada de cogerlo y lanzarlo por la ventana, pero me contuve, me senté en la cama y lo paré. A pesar de que había dormido casi doce horas, me sentía como si me hubieran pegado una paliza. Me dolía todo el cuerpo, me pesaban los brazos y las piernas pero, lo que más me pesaba era la conciencia.

Lentamente, me fui hacia la ducha. Estuve bajo el agua casi veinte minutos, hasta que pude moverme mejor. Envuelta en una toalla, fui hacia la cocina, pero no tenía hambre. Sentía que vomitaría todo lo que comiera. Por eso simplemente cogí un zumo de naranja y me lo fui bebiendo mientras iba hacia mi armario.

Cogí un traje similar al del día anterior, aunque esta vez con falda. Me recogí el pelo en una coleta alta, apenas me maquillé, comprobé que llevara los zapatos correctos y me fui.

Ese día llegué media hora antes al trabajo, ocupé esos minutos en empezar a redactar el informe que tenía que mandarle a mi jefe en cinco días. Cuando iba por Black, la culpa volvió a caer sobre mí.

Toc, toc, toc.

- Adelante. – terminé de escribir el documento y lo guardé. - ¿Quién es usted? – dije al no reconocer a la muchacha que tenía ante mí.

- Soy la doctora Brandon, una de las médicos. – dijo sin moverse de la puerta. - ¿Tú eres la nueva psiquiatra?

- Si. Puedes sentarte.

- Gracias. – cerró la puerta y se sentó. – He llegado pronto y he pensado en venir a darte la bienvenida. Bienvenida! – exclamó, sonriendo.

Parecía ser una chica muy alegre. Sus ojos azules brillaban y no dejaban de morar hacia todos los lados.

- ¿Qué buscas? – pregunté, divertida.

- No se. Fotos, algún diploma o algo. No has cambiado nada del despacho.

- Bueno, es que llegué ayer.

- ¿Y como fue el primer día?

- Bien.

- ¿Te encontraste con algún salido sexual? – dije, como si fuera algo normal encontrarse con tíos así. "Es normal. Estás en la cárcel."

- Uno, claro que solo visité a tres.

- Ya… ¿Quien era? ¿James? ¿Seth? ¿Cayo?

- Seth. – apagué el ordenador y me puse en pie. – Me miraba como si quisiera acostarse conmigo aquí mismo.

- Seguramente lo hubiera hecho. – dijo en voz baja. – Es bueno que confíen en ti, pero tú no confíes mucho en ellos.

- Lo tendré en cuenta, doctora Brandon.

- Llámame Alice, por favor. – se puso en pie y estrechamos nuestras manos. – Aunque no delante de los presos.

- Yo me llamo Renesmee, pero puedes llamarme Nessie, aunque no delante de los presos. – dije guiñándole un ojo, repitiendo sus propias palabras.

- Hecho. Bueno, me voy a trabajar.

- Si, yo también voy a hacer algo.

- En dos horas, durante el descanso, pásate por la consulta. Desayunamos y así conocerás a la doctora Swan, mi compi. – dije cuando abría la puerta y salía. – Si te apetece, claro.

- Nos vemos en dos horas.

Alice sonrió y se marchó dando saltitos, aunque empezó a caminar con normalidad en cuanto vio al alcalde por el pasillo. Volví a entrar en el despacho y encendí de nuevo el ordenador. Me puse algo de música Chillout mientras esperaba a que llegara el primer preso.

- Doctora, ya estamos aquí. – dijo el guardia con el que había hablado el día anterior, y cuyo nombre aun no conocía.

Antes del desayuno, ya había visto a cuatro presos. Había decidido que, hablaran o no hablaran, pasaría media hora con cada uno de ellos, menos con el último, que no dejaba de mirarme las tetas y, a los diez minutos, intentó abalanzarse sobre mí. A los diez minutos de habérselo llevado, el guardia volvió a mi despacho.

- ¿Se encuentra bien?

- Si, gracias, señor…

- McCarty, pero llámame Emmett, solo si…

- No hay presos delante. – terminé su frase y me sonrió. – Puedes llamarme Nessie, con las mismas condiciones.

- Es la hora del descanso. ¿Desayunamos juntos?

- En realidad he quedado con Alice y con la otra médico.

- Desayunaremos los cuatro, entonces. – me tendió su mano y la tomé al momento. – Bueno, Nessie. ¿Por qué decidiste estudiar psiquiatría?

Salimos del despacho y fuimos cogidos del brazo por los desiertos pasillos. Llegamos a la zona de descanso de las doctoras, me abrió la puerta y entramos.

- Pues no se. Un día, hace diez años, conocí a un chico. Primero me trataba como una reina pero, de repente, empezó a comportarse de forma extraña. Se volvió violento. – dije, omitiendo cierto detalle del que no quería ni acordarme.

- Entonces estudiaste psiquiatría para comprender ese comportamiento. – sirvió un par de cafés y me dio uno de ellos.

- Más o menos.

- ¿Has estado con más hombres a parte de él? – preguntó, como si intuyera la respuesta.

- No he salido con nadie más, si es eso a lo que te refieres. – en realidad, nunca había intimado con nadie.

- Pero ha han pasado diez años! – exclamó.

- Emmett, no es que me haya traumatizado ni nada de eso. Es que no siento la necesidad de estar con nadie. "La verdad es que lo tengo prohibido."

Emmett abrió la boca para hablar, pero en ese momento, Alice y otra chica entraron en la sala. Nos sentamos los cuatro en la mesa que había allí y Alice me estuvo interrogando un rato, aunque no respondí a sus preguntas al momento.

- Tengo veinticinco años, soy de Washington, no tengo novio, trabaja en un hospital y como voluntaria en un orfanato, cuidando a los niños, y he venido aquí porque mi jefe me lo ha pedido.

- Normalmente no contratan a mujeres para tu puesto. – dijo Bella.

- ¿Y eso?

- Tienes contacto directo con los presos. Podrías enamorarte de alguno y ayudarle. – dijo Emmett.

- Eso no va a suceder conmigo.

- ¿Es que no te van los hombres? – preguntó Alice.

- ¿Por qué tiene que ver siempre todo con el sexo? – me quejé. No llegaba a entenderlo. – He venido a trabajar, no a ligar.

- Haces bien pensando así. – dijo Bella, sonriendo. – Bueno, yo ya me voy. – se puso en pie, se despidió de nosotras con la mano y se marchó comiéndose una galleta.

A los pocos minutos, Emmett también se fue y nos quedamos a solas Alice y yo. Al principio no dijo nada, pero luego se sentó a mi lado y me cogió de la mano.

- Oye, se que solo estás aquí para tratar a los pacientes, pero necesito hablar.

- ¿Aquí? – dije mirando a mi alrededor.

- Si, verás… es que estoy enamorada.

- ¿Y cual es el problema?

- Él está en la cárcel. Está aquí. – dijo entristeciéndose al momento.

- Te… te enamoraste de él aquí… o…

- No. Nos enamoramos hace siete años. Yo estaba con su hermano, pero… - no terminó de hablar, y yo ya sabía perfectamente de quien me estaba hablando. – bueno, me salvó la vida, aunque la sociedad cree que es culpable de asesinato, pero no es así.

- ¿Qué insinúas?

No respondió. La miré unos momentos y ella se puso a llorar. Se abrazó a mi con fuerza y empezó a llorar aun con más fuerza.

- Lo entiendo. "Fue ella quien lo hizo."

- Siempre he querido confesar, pero Jasper no me ha dejado. Cuando intenté ir a la policía, él se me adelantó y confesó haber matado a su hermano. – dijo entre sollozos.

- No voy a decirte que confieses, porque tú irás a la cárcel y a él le alargarán la condena.

- Cada vez que le veo, me acuerdo de ello, y me siento muy culpable.

- No creo que él lamente haberlo echo. ¿Le ves mucho?

- A veces, pero hacía unos días que no lo veía, hasta ayer, cuando fue a verte. – se separó de mí y se secó las lágrimas. – le amo, y me duele tanto verle encerrado como a un criminal…

- ¿Sabes a lo que se dedica aquí dentro? – dije, recordando lo que me había contado. – enseña a leer a los mayores y a los chicos de los suburbios.

Alice sonrió y me cogió de la mano.

- Es un gran chico.

- Eso me parece a mí. – puse mis manos sobre sus hombros y besé su mejilla. – Bueno, no te preocupes por él. Lo lleva muy bien.

- Si tú lo dices…

- Si.

- Vale. Bueno, voy a lavarme la cara. – se puso en pie y fue hacia el lavamanos.

- Y yo debería volver al despacho.

- Oye, ¿Cómo es eso de que no tienes relaciones con nadie? – dijo secándose las manos.

- No te lo puedo contar. – me puse en pie y fui hacia la puerta. – Aunque puede que algún día te lo cuente. "Tal vez"

- ¿Es algún tipo de promesa o algo así?

- Algo así.

- Yo no podría aguantarlo.

- Ya lo estás haciendo, no?

- Pero yo estoy con Jazzie, tú estás sola.

- No te lo voy a negar, Alice. Hay ocasiones en las que necesito a alguien a mi lado, pero luego me lo pienso mejor, respiro hondo y me centro en otras cosas. – abrí la puerta y salí del despacho en el momento en que Alice iba a hablar.

Me metí en el despacho y me senté en mi sitio. La silla de delante de mi escritorio ya estaba ocupada. Me puse nerviosa al verle, pero cerré los ojos, respiré hondo, y me senté en mi sitio.

- Buenos días, doctora. – dijo, mostrándome su preciosa sonrisa.

- Hola señor Black.

- El señor Black en mi padre, yo soy Jacob.

- Ya… bueno… ¿Qué hace hoy aquí, señor Black?

- He tenido una pelea. Emmett me ha dicho que tenía que pasarme por aquí.

- Cuéntamelo.

- Pues verá… me he peleado con mi compañero de celda. Él… se pasó un poco de la raya hablando.

- ¿Qué dijo?

- No me gustaría repetir lo que dijo. No fue nada agradable.

- Dame una idea.

- Habló de una mujer. La trató de lo peor, y me contó varias formas de cómo la obligaría a ser suya. – dijo. Me fijé en que apretaba los puños con fuerza y, a los pocos segundos, volvió a respirar con tranquilidad. – al final, me cansé de escucharle y le di un puñetazo.

- ¿Solo le diste un puñetazo? – dije sintiendo que había algo más.

- Está en la enfermería.

- ¿Por qué te enfadaste? ¿Por qué hablaba de violar a una mujer?

- Porque hablaba de violarte a ti. – exclamó.

Me quedé helada al oírle. Se había peleado con su compañero de celda por defenderme a mí. No entendía el porque.

- No debiste. – murmuré.

- No lo pude evitar. No quería callarse. Es más, se puso a gritarlo.

- Te lo agradezco, Jacob, pero no quiero que te metas en problemas por mí. – dije clavando la vista en él. Se le veía triste. – Déjale que hable. A mi me da igual.

- Pues no debería. Cuando él dice que va a tirarse a alguien, termina haciéndolo.

- Dime quien es y prometo no acercarme a él.

- No podrás. Él si que necesita terapia.

- ¿Es Seth? – era el único violador que había conocido, por el momento.

- Está chiflado.

- ¿Por qué te encerraron?

- Me peleé con un tipo. Terminó en coma.

- A causa de tu paliza. – dije, asimilando lo que me estaba contando. – Jacob, yo… la verdad es que no creo que necesites venir aquí.

- ¿Por qué?

- Porque tu sabes muy bien lo que haces. No necesitas ayuda.

- Pero necesito verte a ti.

Casi me caigo de la silla cuando dijo eso. Estiró el brazo por encima de la mesa y acarició mi mano. Me levanté de un salto de la silla, que cayó al suelo, y yo con ella. Jacob corrió hacia mí y me ayudó a levantarme. Colocó bien mi silla y yo fui hacia la ventana, alejándome todo lo que pude de él.

- Lo siento. Me he pasado. – susurró. Estaba casi pegado a mi espalda.

- No puedes decirme esas cosas. – dije llevando una mano a mi corazón. Me latía tan deprisa que sentía que estaba a punto de salírseme del pecho.

- Lo se.

- ¿Y porque lo has hecho?

- No lo se. Es lo que siento.

- No puedes sentir nada por mí. – me di la vuelta lentamente y me encontré cara a cara con él. – ni yo por ti. – dije, aunque en realidad estaba intentando convencerme a mi misma.

- ¿Por qué te poner nerviosa?

Podía sentir su aliento en mi rostro.

- Ja-Jacob, no me obligues a llamar a uno de los guardias. – intenté apartarme, pero es que no podía ni moverme.

- No voy a hacerte nada. – me cogió de la mano y besó el dorso. – Nada que tú no quieras. – soltó mi mano y fue hacia su silla, en la que se sentó de nuevo. – Lamento haberte incomodado.

- Espero que no se vuelva a repetir. – dije aun sin atreverme a mirarle. – yo soy tu psiquiatra, solo eso.

- De acuerdo. – murmuró. - ¿puedo hacer un comentario?

- Si. – al fin conseguí moverme, fui hacia mi silla y me senté en ella.

- Creo que deberías pensar que si te pones nerviosa cuando estamos en un mismo espacio, es que sientes algo por mí.

- No nos conocemos. Tú no me conoces.

- Se que eres un ángel.

- Bueno, se acabó. – me puse en pie y fui hacia la puerta. – Vete.

- Deberías pensar en ello. – se puso en pie y salió del despacho, pero no se movió de la puerta. – espero que no te importe que venga otro día. Solo para hablar de mí. – dijo sonriendo brevemente.

Estuve tentada de mandarle a freír espárragos, pero su sonrisa derrumbó las barreras que había formado alrededor de mi corazón. Respiré hondo y le devolví la sonrisa.

- No vuelvas a pelearte por mí. – dije mirando al pasillo. Emmett venía hacia nosotros. – Y solo hablaremos de lo que te pase aquí.

- De acuerdo. No volveré a sacar el tema.

- Eso espero.

Me tendió su mano. Dudé, pero terminé estrechando su mano un par de segundos. En cuanto Emmett llegó, me metí en mi despacho y cerré la puerta de golpe.

Seguía temblando, incluso más que antes. Definitivamente, nunca antes me había sentido así. No estaba muy segura de lo que sentía, pero no podía dejar de pensar en él, pero es que eso no podía ser. Aunque quisiera, no podía. Yo ya estaba comprometida.

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Hola!

Segundo capítulo listo.

¿Qué os ha parecido? ¿Va por buen camino? ¿Tenéis alguna teoría? Si la tenéis, contádmela. Y si tenéis alguna pregunta, no dudéis en hacérmela.

Un beso enorme.