Even angels have rules
Lore-chan
Rule Nª 2
Cuando uno se proponía algo y ese algo era bueno y era contribuía de manera positiva a la comunidad y, a su vez, no producía perjuicio alguno a nada ni nadie…entonces era correcto continuar con el propósito.
Con esa mentalidad Mimi se levantó esa mañana alegre y llena de luz, como todos los días en el cielo. Se colocó su vestido blanco más lindo y limpio con esmero sus alas antes de sacudirlas con delicadeza… aunque un par de productos para la limpieza de su nube - como le llamaban a sus cuartos personales - cayesen al piso.
Ella simplemente rio y salió caminando con el libro entre sus manos. Había leído durante la tarde y poco y nada en la noche. Sus ojos se cerraron apenas cayeron las estrellas y las luciérnagas comenzaron a cantar.
Iba pensando en qué tan estricto era Yamato Ishida como ángel guía. Después de todo estaba estrictamente prohibido hablar con otros acerca del trabajo de cada uno.
Era la segunda regla.
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Reglas supremas e irrevocables:
Regla número 2: Queda estrictamente prohibido hablar con otros ángeles acerca del entrenamiento que se recibe o que se recibió. Tampoco dar señales del tipo de educación que se le imparte al "Cupido" . La relación entre el futuro "cupido" y su ángel guía es confidencial. Cualquier caso que sea descubierto será sancionado por la "Casa de los oficios" lo cual puede conllevar el término inmediato de su labor.
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Por ello, lo único que se sabía de Yamato eran "rumores", rumores que aparecían de la nada y que nadie sabía quien los comenzó a esparcir. Pero allí estaban ex "cupidos" cumpliendo otras tareas.
Abrazó el libro y voló un poco más alto pasando por encima de los árboles de naranjo, aspiró su aroma cítrico sintiéndose feliz. Quizás era todo mentira. Él no parecía ser un mal ángel, saludaba a quien lo saludase, de vez en vez lo veía ayudando a un par de serafines a entonar bien las alabanzas de la mañana.
¿Qué había ocurrido con él que no era tan popular?
Y por ir cavilando choco de frente con otro ángel cayendo al césped. Ambas alas quedaron enredadas y entre tanta blancura y plumas Mimi pudo apreciar una cabellera roja muy conocida.
—¡Sora! - exclamó quitándose los bucles de las cara con una sonrisa.
La susodicha levantó la mirada y correspondió su sonrisa, aunque un poco apagada.
—Lo lamento, Mimi… - dijo el ángel pelirrojo tratando de desenredar su ala izquierda - Es que voy atrasada. ¿Por qué justo hoy?
—¿Hoy es el gran día? - preguntó cuando finalmente pudieron separarse.
—Sí, hoy lo es - pero sus ojos no concordaban con la curva de sus labios. Estaba triste.
Sora Takenouchi era un ángel de la guardia. Lo llevaba siendo ya veintiséis años, cuando supo que había conseguido ese trabajo estaba tanto o más feliz que la trigueña. El ángel era muy maternal y siempre se preocupada por el bienestar de las personas.
Y mayor fue su suerte cuando el mismo día en que su entrenamiento había terminado, nacía su "protegido", como le llamaban a las personas que los ángeles guardianes cuidaban.
—No te ves muy contenta… ¿Seguro que estás bien? - Mimi la miró escudriñándola. Después de todo eran años y años de amistad.
—Claro que sí, hoy Taichi le pedirá matrimonio a su novia. Es un gran día. Debo ir con él para… tu sabes, por si me necesita.
Todo había sido muy repentino, pero es que otro "cupido" un novato se había equivocado y apuntó su flecha a una chica de cabellos oscuros que siempre viajaba en el mismo vagón de tren que el protegido de Sora, siendo que lo correcto era habérsela lanzado a la persona que iba a un lado de ella y que llevaba años soltero esperando la mujer perfecta que era precisamente la de cabellos oscuros. Pero todo salió mal, mala puntería y ahora habría una petición de matrimonio.
Era por eso que los cupidos y los ángeles guardianes debían trabajar en conjunto.
—¿Quieres que almorcemos hoy en el "Seven Heaven"? o podemos ir a la cafetería "Las tres Marías".
—Te aviso cuando pueda, te mando un recado con uno de las hadas. ¿Esta bien?
—Esta bien… - suspiró Mimi viéndola alejarse.
Si la hubieran aceptado antes, habría pedido hacer equipo por Sora y le habrían encontrado la pareja perfecta a su protegido.
Aunque a veces creía que Sora…
"¡Qué cosas piensas, Mimi" se dijo a si misma emprendiendo el vuelo.
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Yamato Ishida estaba sentando en la cima de la colina azul, no muchos iban allí porque era donde se juntaban las corrientes de vientos que iban de norte a sur y hacía frío y obviamente corría un viento de aquellos, mas viéndolo de un distancia prudente se veía apuesto con el cabello revoloteando de un lado a otro y sus plumas meciéndose al compas. Iba de punta blanco a excepción de una pañoleta al cuello color celeste, uno muy parecido al color de sus ojos.
—¿ángel Ishida? - preguntó Mimi llevando cerca de él. De un momento a otro su perfecto peinado danzaba de un lado a otro y se afirmó el vestido para que no se le subiera a la garganta - Soy ángel…
—Tachikawa - dijo él mirándola desde abajo y suspiró - Vamos.
La castaña lo siguió de inmediato en cuanto lo vio volar. No hablaron durante todo el camino hasta quien sabe donde irían.
Quienes los veían pasar, murmuraban como si fuese algo muy interesante y eso la hizo sentir incómoda. Tuvieron que pasar por el bosque de los cerezos y que un par de hadas saludaran a Yamato alegres para que ella comenzara a estar un poco más tranquila, aún cuando sentía curiosidad por lo que harían durante todo ese mes que tenían de entrenamiento.
Él, rubio, mucho más rubio que otros ángeles del cielo, le hizo una seña y bajaron hasta el césped.
Era una planicie bastante amplia, un pequeño río a su derecha y un gran árbol de sauco a unos diez metros.
Mimi cerró las alas a su alrededor y miró a todos lados buscando a alguien más. Fue en vano. Estaban solos.
—Ten - le dijo el ángel Ishida pasándole un puñado de flechas hechas de madera y un arco bien maltrecho a decir verdad. Ella le hizo caso sin chistar - La X en ese árbol - indicó el sauco a lo lejos - es tu objetivo. Suerte.
¿Cómo? ¿Eso era todo? ¿Palabras de ánimo? ¿No iba a darle una introducción?
—¿Nada más? - inquirió antes de que el ángel de ojos azules emprendiera el vuelo.
Él volteó y después de pensarlo unos segundos, le dijo:
—Mañana a las nueve.
Y se fue.
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Nos leemos ;)
Como varios me conocen soy una mentirosa empedernida. Digo el próximo capitulo es el ultimo y no lo es… actualizaré pronto y no lo hago.
No es a propósito xD a veces, en verdad, no logro escribir nada. Pasan las semanas y no logro hacer nada decente, es frustrante.
Pido disculpas por ello, pero todos los que escriben saben que pasa… y muy seguido desgraciadamente.
Un abrazo.!
