Magic

Capítulo 2

Sakura se había quedado paralizada ante él, mirándolo, intentando asimilar que no era una mera ilusión, que realmente era él quien estaba delante de ella mirándola con esos ojos color avellana. De repente, una gran sonrisa apareció en su rostro y sin poder evitarlo saltó encima de Syaoran, pillándolo por sorpresa y provocando un notable sonrojo en el rostro del chico. Tomoyo sacó su cámara y empezó a grabarlos, feliz de poder grabar el reencuentro.

―¡Syaoran, eres tú! ―gritó emocionada Sakura ―. ¡No te esperaba tan pronto en Tomoeda!

―Ya… bueno… mi madre y Mei Lin, digamos que casi parecían quererme fuera de casa lo antes posible y… ―empezó a explicarse el chico, completamente rojo. Sakura se separó de él y se giró hacia Tomoyo.

―¡Qué bien que ya haya llegado Syaoran! ¿Verdad Tomoyo? ―le dijo sonriendo ―. ¿Dónde están Chiharu, Rika y Naoko? ¡Vayamos a buscarlas! ―y salió corriendo, feliz, mientras Syaoran y Tomoyo la seguían.

―Está muy contenta, Syaoran ―el chico la miró ―. Estaba esperando ansiosa tu llegada, ¿sabes? No dejaba de hablar de ti ―. Syaoran no pudo evitar sonrojarse un poco ante el comentario ―. Yo también me alegro de verte.

―Sí, es bueno volver a veros a todos ―respondió sonriendo.

―¡Syaoran! ¡Tomoyo! ¡Por aquí! ―Sakura les llamó mientras señalaba una dirección. Los dos aludidos sonrieron al verla y se apresuraron para alcanzarla.

Cuando encontraron a las demás, dieron una vuelta por toda la feria, probando todo tipo de juegos y comieron todo tipo de dulces. Sakura estaba especialmente contenta y se le notaba: no dejaba de sonreír y arrastrar a Syaoran a todas partes. Tomoyo, Chiharu, Rika y Naoko se la miraban divertidas por la repentina alegría que parecía haberse apoderado de su amiga.

A Syaoran también se lo veía muy feliz de haber vuelto y sobretodo de haberse reencontrado con Sakura. Aunque por las expresiones de sorpresa que ponía cada vez que Sakura le cogía la mano y se lo llevaba corriendo, daba la impresión de que no se esperaba encontrársela tan energética. Tomoyo se encargó de grabarlo todo en vídeo mientras Rika, Naoko y Chiharu se tomaban la feria con más calma.

―Quién iba a decir que volvería tan pronto, ¿eh? ―comentó Chiharu mientras compraba algodón de azúcar.

―¿Verdad? Yo tampoco me lo esperaba ―. Contestó Naoko. Rika miró a Tomoyo y las dos sonrieron de manera cómplice. ―¿Tu lo sabías, Rika?

―¿Yo? ―dijo sorprendida la aludida ―. Qué va.

―Ha sido toda una sorpresa, ¿eh? ―Siguió Chiharu ―y a Sakura se la ve muy contenta.

―Sí, esos dos se llevaban muy bien, ¿verdad Tomoyo? ―preguntó Naoko. Tomoyo asintió sonriendo. Vaya si se llevaban bien ―.Me alegro por Sakura, últimamente se la veía un poco triste de vez en cuando, ¿no creéis? ―. Las otras chicas asintieron.

De pronto Sakura vino corriendo y cogió de la mano a Rika, llevándosela mientras decía cosas que las otras no atinaron a escuchar debido a la rapidez de la acción. Tomoyo se acercó a Syaoran quien ahora se la miraba divertido, un poco aliviado de que le dejase descansar.

―Te ha agotado, ¿eh? ―comentó riendo Tomoyo. Syaoran se la miró sorprendido por el comentario y se sonrojó debido al nerviosismo.

―¿E-eh? ¡No! Para nada ―. El chico giró la cabeza para evitar la mirada de su amiga, quien rió divertida por la situación ―. Es sólo que estoy un poco cansado del viaje y…

―¿Llegaste hoy? ―preguntó sorprendida. El chico asintió ―. ¿Y has venido a la feria expresamente? ―Syaoran se sonrojó.

―B-bueno, de hecho… fui a su casa para saludarla pero su padre me dijo que estaría en la feria y…

―Ya ―. Tomoyo sonreía de una manera que a Syaoran le daba algo de miedo, parecía estar planeando algo ―. No te preocupes, no tienes que contarme nada más.

El chico sonrió agradecido. Se le daba bastante mal eso de explicar cosas que él consideraba vergonzosas a otras personas, y aún más si se trataba de Sakura o de alguna amiga suya. Tenía suerte de que Tomoyo lo entendiera todo con pocas palabras, en eso era totalmente diferente a Sakura, quien parecía no entender las cosas a menos que se las dijeran claramente. Un claro ejemplo de eso fue cuando todos se dieron cuenta de los sentimientos de él hacia ella, menos ella, quien no lo supo hasta que él se lo dijo a finales del curso pasado. Syaoran se sonrojó sólo de recordarlo, le había costado mucho decírselo, pero al final había valido la pena.

―¿Syaoran? ―lo llamó Sakura mirándolo cara a cara. Como no esperaba verla tan cerca, se asustó y cayó al suelo ―. ¡Syaoran! ―gritó la chica preocupada ―. ¿Estás bien? ―él asintió ―. ¿Seguro? ―volvió a asentir mientras notaba la sonrisa maliciosa de Tomoyo detrás de él.

―Sakura, ¿no crees que es hora de irse ya? Se está haciendo tarde ―. Intervino Chiharu.

―Sí, Chiharu tiene razón. ¿Nos vamos ya? ―preguntó Naoko. Los demás asintieron y los seis se fueron andando tranquilamente.

Poco a poco se fueron separando, hasta que finalmente sólo se quedaron Tomoyo, Syaoran y Sakura. Tomoyo y Syaoran iban detrás de Sakura, quien iba unos pasos por delante cantando y riendo.

―Yo me voy por aquí ―. Dijo Tomoyo rompiendo el silencio. Los dos se la quedaron mirando sorprendidos.

―¿Por ahí? Yo creía recordar que tú casa…

―Por aquí es más corto, no os preocupéis. Buenas noches ―. La chica se despidió de ellos rápidamente, ansiosa por dejarlos solos. Sakura y Syaoran la vieron marcharse en silencio, sin entender del todo el porqué de ese cambio de camino tan repentino.

Sin decir mucho más, emprendieron de nuevo su camino, en silencio y algo nerviosos. No se habían dado cuenta de que estaban solos hasta que no hubieron caminado unos metros. Sakura se puso algo nerviosa y Syaoran lo notó, por lo que él también se puso nervioso. ¿Y si le incomodaba su presencia? No le había preguntado qué le parecía que él viniese a pasar las vacaciones a Tomoeda, aunque Tomoyo había dicho que tenía muchas ganas de verle, y por las cartas que se enviaron él también pensó que se alegraría, pero ahora estaba a su lado y estaba nerviosa.

―Me alegra mucho que hayas decidido venir a pasar las vacaciones aquí ―. Dijó Sakura rompiendo el hielo y haciendo que Syaoran la mirara. Estaba un poco sonrojada ―. Tenía muchas ganas de verte, ¿sabes? ―Syaoran también se sonrojó.

―Y-Yo también ―. Contestó sintiéndose estúpido ¿eso era lo mejor que podía decir? ―Yo también tenía muchas ganas de verte, Sakura.

No hablaron mucho más, pero tampoco hacía falta. La tensión había desaparecido del ambiente y ahora reinaba un aire de tranquilidad.

―Ya hemos llegado ―. Dijo Syaoran parándose delante de la casa de Sakura, quien no se había dado cuenta.

―Oh ―. Syaoran sonrió y ella le devolvió la sonrisa.

―Buenas noches, Sakura ―. Sin decir mucho más empezó a andar.

―¡Syaoran espera! ―el chico se giró sobresaltado ―t-tengo que decirte una cosa muy importante, así que… mañana… ¿querrás salir? ―preguntó algo sonrojada. El chico asintió ―. ¡Genial! ¡Hasta mañana, Syaoran!

En cuanto hubo entrado en casa, él empezó a andar de nuevo, hacia su casa, intrigado por esa cosa tan importante que Sakura quería decirle. ¿Qué podría ser?

La mañana siguiente, Sakura se levantó sin necesidad de despertador alguno, cosa que sorprendió inmensamente a Kero, quien no acababa de acostumbrarse a esa alegría permanente. El guardián tenía que reconocer que se alegraba de verla otra vez radiante de felicidad y con ánimos para comerse el mundo, aunque no le acababa de gustar que el motivo de eso fuera el mocoso.

Su hermano también pareció notar a su hermana desmesuradamente feliz, tanto que le ignoró cuando la llamó monstruo tres veces seguidas. Tampoco pareció gustarle el motivo de tanta felicidad.

―Ayer tarde vino tu amigo de Hong Kong a preguntar por ti, le dije que estarías en la feria, ¿le viste? ―preguntó su padre mientras desayunaban. A Sakura se le iluminaron los ojos mientras asentía.

―¿Cómo es que ha vuelto? ¿No estaba bien en Hong Kong, o qué? ―preguntó mosqueado Touya.

―¡Claro que sí! Pero aquí también tiene un montón de amigos ―. Contestó Sakura algo indignada. ¿Por qué Touya siempre tenía que meterse donde no lo llamaban?

―¿Qué harás hoy, Sakura? ―su padre que había visto indicios de pelea, decidió cambiar de tema ―. Yo tengo un congreso, y Touya empieza hoy en su nuevo empleo, ¿verdad? ―el hermano mayor asintió.

―Supongo que haré un poco de limpieza y luego quedaré con Syaoran y Tomoyo para pasar la tarde ―. Respondió contenta.

―Muy bien, pues nos vemos luego chicos ―. Su padre se despidió y al cabo de poco también se fue Touya.

Aprovechando que estaba sola, Sakura llamó a Kero para que le ayudase a limpiar y así acabar más rápido. Tomoyo llamó a medio día para preguntarle a Sakura y Kero si querían ir a comer con ella, pero como Sakura estaba limpiando, la invitó a venir a su casa y así descansaban un rato. La chica aceptó con la condición de que ella traía la comida, no quería darle más faena a su amiga y Sakura aceptó a regañadientes. Cuando Tomoyo llegó, la casa estaba impecable y la faena estaba casi acabada, así que Sakura descansó feliz de todo el trabajo que había hecho.

Tomoyo le preguntó si no había invitado a Syaoran, a lo que ella se sonrojó y negó con la cabeza, alegando que había pensado invitarlo a tomar el té después por la tarde. Tomoyo sonrió y le dijo que era una buena idea.

―¿Ya se lo has dicho? ―Sakura la miró sorprendida.

―¿Eh? ¿Decirle el qué? ―pregunto.

―Que le quieres ―. Ante tal sinceridad Sakura se puso muy roja mientras negaba haberlo hecho. ―¡¿Aún no? ¡Jo! ―protestó Tomoyo ―. Y yo que ayer por la noche les dejé solos expresamente para que pudieras aprovechar la oportunidad…

―¡¿Eh? ¿Por eso te fuiste por otro camino? ―preguntó alterada Sakura ―. ¡Ya decía yo que eso a mí no me parecía ningún atajo! ―ahora estaba un poco molesta ―. No debiste hacerlo Tomoyo.

―No te preocupes, mis guardaespaldas estaban esperándome en la esquina siguiente con el coche, así que no fue peligroso ―. Eso tranquilizó un poco a Sakura ―. Entonces, ¿lo harás hoy? ―Sakura asintió. Hoy iba a decírselo costara lo que costara. Tomoyo sonrió satisfecha y le dio ánimos.

Después de comer, Tomoyo se fue a casa, alegando que tenía que hacer deberes y Kero se fue a dormir un rato. Sakura, con los nervios a flor de piel, decidió hacer un pastel para cuando viniera Syaoran. Decidida, salió a buscar cuatro cosas que necesitaría y se puso manos a la obra. Tardó un rato en hacerlo y cuando por fin lo terminó, vio que tenía la cocina hecha un asco, por lo que se deprimió, y aún más cuando vio que sólo tenía un cuarto de hora para limpiarlo todo antes de que su amigo llegara.

Suspiró y se puso en marcha, tenía que dejarlo todo bien limpio en un cuarto de hora. Por suerte, Kero despertó y se ofreció a ayudarla a cambio de un trozo de pastel, a lo que Sakura accedió a regañadientes viendo que si Kero no la ayudaba, no terminaría a tiempo.

Justo cuando acabaron de limpiar, sonó el timbre. Sakura se quitó el delantal y le dijo a Kero por enésima vez ese día que se comportara y no dijera ninguna estupidez.

Oyó el timbre una segunda vez y Sakura salió disparada hacia la puerta. Al ir corriendo no pudo evitar tropezarse y caer justo al abrir la puerta. Syaoran la miró sorprendido.

―¿Qué haces en el suelo? ―Sakura suspiró y le invitó a entrar.

Sirvió dos tazas de té con el pastel y empezaron a ponerse al día, contentos de verse de nuevo. Sakura estaba realmente contenta de volver a tenerlo a su lado, le había echado mucho de menos. Al cabo de un rato Kero apareció protestando porque quería pastel y Syaoran le saludó.

―Cuanto tiempo, Kero, me alegro de verte ―. Dijo cordial.

―Lo mismo digo, mocoso ¿Cómo va todo?

―¡Kero! No le llames mocoso, ¿quieres? O te quedarás sin pastel ―protestó Sakura. Nunca entendió porqué tenía que ser tan maleducado con Syaoran.

―Perdón, perdón.

Kero confirmó que el crio no había vuelto por nada relacionado con las cartas y se quedó más tranquilo. La verdad era que por un instante le había preocupado que el mocoso hubiese vuelto porque había notado alguna cosa extraña otra vez. Desde que Eriol se fue, que todo estaba demasiado tranquilo, pero algo le decía a Kero que no todo se había acabado aún. Por alguna razón, no podía quitarse esa sensación de encima.

―Kero, nos vamos un rato ¿de acuerdo? No te comas todo el pastel, volveré pronto ―. Cuando Sakura dijo eso, sacó a Kero de sus pensamientos. Ni se había dado cuenta del rato que había pasado cavilando. Los despidió y cogiendo otro trozo de pastel subió a la habitación. Intentó despejar su mente, seguramente todo eran suposiciones suyas.

Sakura y Syaoran paseaban tranquilamente contemplando el blanco del invierno y sufriendo el frío. Fueron a tomar un helado y hablaron de muchas cosas; de Mei Lin, de Eriol, de las Cartas, de la escuela, de Hong Kong, de sus familias y de sus amigos.

Sin proponérselo realmente habían llegado al parque del Rey Pingüino y Sakura se paró a contemplarlo. Muchas cosas habían pasado en ese parque y tenía muchos recuerdos con Syaoran allí. Syaoran también lo observó recordando algunos momentos. Sonrieron y Sakura se sentó en uno de los columpios, invitando a Syaoran a hacer lo mismo.

Allí, en aquellos mismos columpios, un año atrás, Sakura le había dicho a Syaoran que se había declarado a Yukito.

―Aquí… aquí fue donde me contaste lo de Yukito, ¿recuerdas? ―empezó inseguro Syaoran. Estaba empezando a atardecer. Sakura asintió.

―Syaoran ―dijo ella levantándose del columpio. Él la imitó ―. Tengo que decirte algo.

―D-Dime ―. El chico tragó saliva, ¿qué sería? Sakura se había puesto muy roja.

―Syaoran, yo… ―bajó la cabeza y apretó los puños ―. Yo... Yo te- ―pero no pudo terminar la frase. De golpe un rayo de luz dorada le atravesó el corazón de una manera tan veloz que ninguno de los dos pudo hacer nada.

―¡Sakura! ―Gritó Syaoran. Sakura estaba flotando enfrente de él con los ojos en blanco. De pronto, otro rayo de luz la envolvió completamente y cuando se desvaneció, ella ya no estaba ―. ¡SAKURA!


Pues hasta aquí el segundo capítulo ;) espero que os haya gustado. Poco a poco va avanzando :P

Gracias por leer y especialmente a Pechochale17 por dedicarme unos minutitos y comentar ;).

siesna