Capítulo 1: Aceptando una mentira…

La carretera seguía avanzando perdiéndose entre el camino, arrullando en silencio al pequeño que seguía sin aceptar la muerte de su madre.

Miraba al niño de vez en cuando esperando que despertara, pero el pequeño seguía abrazado de un trozo de tela manchado de sangre, aquel trozo que antiguamente fue una manga de la vestimenta de su joven pupila.

Cuando encontró al joven dentro del bote, un trozo de tela y un puñado de cabellos azabache estaban dentro con el pequeño. Tenía agarrado con fuerza entre sus manitas el cabello que suponía eran de su madre y al momento de huir en el bote los corto.

El cabello y la manga fueron depositados dentro de una caja finamente decorado que había comprado de camino hacia el lugar, era una manera para darle una breve sepultura a su pupila, pero el pequeño se negó rotundamente a soltar los cabellos y la tela. Usaba la caja para guardarlos cuando pasaban por las aldeas y el pequeño no desistía de soltarlos.

El niño se encontraba en mal estado, su piel estaba pálida y tenía los ojitos ojerosos por pasar días en vela sobre los únicos restos que poseía de su madre. No comía ni hablada se limitaba a estar en silencio mirando sin vida todo a su alrededor. Había perdido peso y se le miraba demacrado pero lo que más dolía era el corazón del pequeño.

La carretera se detuvo frente a la cabaña, espero porque alguien saliera a recibirla, pero la cabaña se miraba vacía. Pregunto a los aldeanos que pasaban por el lugar, ellos le dijeron que la Miko había ido a hacer un ritual desde la mañana y tardaría en llegar. Decidió esperar frente a la cabaña.

Las mañanas eran tristes y pesadas, con esta era el tercer día que tenían el mismo tiempo. Los días eran grises y fríos al igual que las tardes, las noches eran peores; la lluvia caía con fuerza y los truenos quebraban la tierra. Los aldeanos estaban aterrados, nunca en toda su vida habían visto un tiempo así de devastador, le pidieron a la Miko encargada de la aldea y al monje que habitaba las mismas tierras que realizaran un exorcismo y también que bendijeran las tierras para librarlas de todo mal.

¿usted cree que esto es causado por un espíritu maligno? –pregunto pensativo cierto monje que en su juventud fue bien conocido por sus mañas pervertidas y cierta mano maldita.

De cierta manera es bastante inusual las lluvias y el clima, puede que algo malo este por pasar –menciono mientras estudiaba el clima.

Un mal augurio, no suena nada lindo –se quejó el monje.

¿Cómo están los niños? –pregunto cambiando de tema para intentar animar el ambiente.

Se encontrar saludables y están creciendo rápidamente, aun que sanguito se queja de que las gemelas sacaron varios de mis dones –suspiro recordando las quejas de su esposa sobre sus hijas, las cuales fueron las primeras en nacer.

Eso es bastante bueno –reconoció la anciana.

Bueno, para sanguito no tanto –se burló el monje de su esposa.

¿Inuyasha sigue yendo al mismo lugar? –y es que el joven hanyuo no había estado presente en el desayuno, el cual siempre era llevado acabo entre todos en la cabaña del monje y su esposa, sango.

Si, desde hace más de seis años que sigue la misma rutina pero estos últimos días ha estado intranquilo y sigue sin moverse del pozo devorador de huesos –reflexiono el monje

Todavía espera el regreso de Kagome –susurro al aire la anciana par luego seguir su camino sin pronunciar alguna palabra más. Avanzaron al lugar donde llevarían a cabo los rituales.

Y es que desde hace aproximadamente seis años su querida amiga había desaparecido sin decir nada ni dejar rastro a donde se dirigía o porque razones.

La razón de Kagome por desaparecer siguen siendo un misterio aun para ellos, pero para algunos lo que su amiga hizo fue alta traición y para otros fue una dura decisión por aceptar. Pero aun así esperaban con ansias su regreso, y es que guardaban esperanzas de que su amiga regresara para explicar los motivos de su huida o simplemente para regresar junto a ellos, su única familia de esa época.

Un joven albino se encontraba esperando frente al pozo donde años atrás una querida amiga había regresado para quedarse para siempre, renunciando a todo lo demás para perseguir su felicidad la cual se encontraba en esta época. Esperaba y esperaba pero nada pasaba, sus instintos le decían que no se moviera, que ella en cualquier momento lo llamaría para que le ayudara a subir la enorme mochila amarilla que siempre llevaba consigo, pero nada de eso pasaba ni pasaría. Hace más de siete años que derrotaron a Naraku y que Kagome tomara la decisión de vivir en la aldea, que eligiera esta época.

Sus orejas perrunas se movían impacientes queriendo escuchar su suave voz, su sonrisa cantarina, sus quejas y hasta sus reproches. Pero no se escuchaba nada solo el frio viento que entonaba una triste canción.

Con pesadez aparto la mirada del pozo, intentando borrar de su mente su recuerdo. Sin éxito alguno siguió contemplando el triste paisaje en espera de algún indicio de su regreso. Se negaba a abandonar aquel lugar, sabía que ella volvería estos días. Muy en el interior sabía que era verdad y estaba dispuesto a esperar por ella, por su querida Kagome.

Inuyasha seguía en el pozo cuando un olor conocido para el llego hasta el, dulce como los cerezos y la miel, era de ella, pero era diferente a como recordaba estaba mezclado con algo más un olor salino y amargo, además olía a sangre. Eso lo alarmo, corrió lo más que podía para reunirse con Miroku y la anciana Kaede, solo ellos podían ayudar en el caso que Kagome estuviera herida.

Avanzo con rapidez al lugar donde se encontraban realizando los rituales, interrumpió la ceremonia sin dar explicación. Una simple palabra basto para poner a todos en estado de desconcierto. Los minutos pasaron lentamente mientras procesaban la información y salían a prisa en su encuentro, al entender las palabras: Kagome ha vuelto.

Corrieron como si sus vidas dependieran de ello con una sonrisa en los labios, llenos de esperanzas salieron al encuentro de su querida amiga.

La carrera no había sido fácil, bajaron por la montaña pasando por el pozo devora huesos. La sonrisa nunca abandono sus rostros. La anciana Kaede viajaba en la espada de Inuyasha mientras Miroku apenas les seguía el paso unos cuantos metros más atrás.

Inuyasha, espera – llamo Miroku a su amigo que desaparecía de su vista –sí que esta entusiasmado.

Inuyasha más despacio –pidió la anciana, al escuchar a Miroku.

No Kaede. Kagome está herida –contesto Inuyasha aumentando más su velocidad.

Abandonaron a Miroku y siguieron sin detenerse. Inuyasha olfateo el aire y cambio su ruta había la cabaña de la anciana.

Al llegar divisaron una carreta vieja en la puerta, con gracia bajo a la anciana Kaede, llamando a Kagome pero seguía sin obtener respuesta. De un salto se adentró en la careta buscandola. Pero grande fue su sorpresa al encontrar la silueta de un niño de no más de cinco años dentro de la carreta envuelto en mantas viejas y descoloridas, el cuerpo no se podía distinguir entre todas las cobijas dejando sus pequeños bracitos fuera que abrazaban con fuerza una tela sucia. Olfateo en busca de algún indicio para encontrar a Kagome, y allí estaba el dulce olor cerezos y miel, el mocoso olía a Kagome pero había otro olor que había captado desde el principio el olor de su sangre se sentí más fuerte pero descompuesta como si fuera sangre de días. Olfateo más buscando el lugar de donde provenía el olor de la sangre, lo encontró en la tela que el pequeño tenía en brazos, jalo la tela lentamente hasta liberarla de su opresor olfateo otra vez encontrando manchas de sangre seca. Sus instintos se alarmaron.

Kaede –llamo desesperado –Kaede –repitió.

Kaede entro en la carreta al escuchar su llamado, Inuyasha estaba asustado con un pedazo de tela en las manos.

Tiene la sangre de Kagome –finalmente soltó con preocupación.

Buscaron entre las cobijas y canastas que estaban dentro de la carreta, pero Kagome no estaba allí. Inuyasha gruño frustrado y preocupado.

¿Quién es el niño? –pregunto la anciana intentando desenredar al pequeño de entre las mantas.

Huele a Kagome –aseguro sin prestar atención.

¡Inuyasha! ¿estás seguro de lo que dices? –pregunteo exaltada Kaede –ayúdame muchacho, baja al niño.

Espera Kaede por que tanto alboroto –se quejó Inuyasha sin entender.

Apúrate hay que ver si el niño no está herido –dijo mientras bajaba de la carreta y entraba a la cabaña.

Kaede entro a la cabaña. Donde preparo fuego, busco hierbas medicinales y preparo una cama. Inuyasha seguía sin entender a Kaede, tomo el bulto de mantas y se lo hecho en la espalda, un débil quejido se escuchó. Sus orejas se movieron impacientes, volvió a sacudir el bulto y un quejido más fuerte se escuchó.

Inuyasha –se escuchó desde lejos, Miroku le llamaba venia caminando junto a otra persona –Inuyasha –volvió a llamar.

Aquí –respondió sin alzar mucho la voz, todavía con el bulto sobre su hombro derecho.

Espero a que Miroku y la persona extraña llegaran hasta donde estaba, con cautela inspecciono a la persona: era una Miko igual que Kaede, de cabellos canosos y cara arrugada, se veia de la misma edad que Kaede solo que esta tenía una katana en su espalda y flechas de color plateadas junto a un arco muy conocido para él. Sus ojos se abrieron de impresión, el arco que la anciana tenia era de Kagome, conocía perfectamente ese arco había ayudado a Kagome a reunir los materiales para que le fabricaran el arco por Totosai y es que el arco poseía un rico decorado de hueso que abrazaba perfectamente la madera oscura del arco, si aquel no era hueso era uno de los colmillos de su hermano que le entrego a Kagome. Y también sospechaba que la katana que traía consigo también era de Kagome, la cual fue creada con el colmillo de su hermano.

Anciana donde conseguiste esas armas –pregunto aun en desconcierto.

Lleva adentro al pequeño, que lo que voy a contarles es muy largo –contesto la anciana para ingresar a la cabaña.

Todo entraron a la cabaña donde Kaede esperaba ya preparada para recibir al pequeño. Inuyasha puso al pequeño en el futon sin dejar de ver a la desconocida. Esta le ignoro y se acercó al bulto de sabanas.

Seishirou –llamo suavemente –ya hemos llegado –siguió pero el pequeño no se movió ni respondió –aquí están los valientes guerreros de las historias de tu madre ¿no quieres conocerlos? –tentó sin mucho resultado.

Los presentes solo miraban el intercambio de palabras sin respuesta de la anciana, intentando desenredar todo el misterio que los rodeaba.

Haya, hace cuanto no nos vemos –saludo Kaede a la desconocida.

Hace más de veinte años –rio roncamente la anciana –he venido a entregar el preciado tesoro de mi pupila –comento sentándose y tomando él te que Kaede le había ofrecido.

¿pupila? –pregunto Kaede.

Si mi pupila, Kagome Tashio Higurashi –finalizo bebiendo un sorbo del té.

¿Kagome fue su pupila? –pregunto incrédulo Miroku –pero ella termino su entrenamiento con Kaede-sama.

Solo el básico joven monje, solo el básico –respondió tranquilamente –lo que ella quería lograr era más difícil y necesitaba un entrenamiento más superior que el básico o intermedio-

Espera la razón por la que Kagome se marchara sin decir nada fue para tener un entrenamiento especial –pregunto irónicamente Inuyasha, aun perplejo por la información.

No ella necesitaba más que entrenamiento. Ella quería lograr algo imposible aun que le costara la vida y para que ese milagro se cumpliera necesitaba apoyo. Ella viajo hacia el templo buscando nuestra ayuda, fue acogida y su entrenamiento comenzó pero más adelante nos daríamos cuanta del secreto que ella tenía, muchas de las sacerdotisas antiguas se opusieron al saber su verdad pero varias la apoyamos, con el tiempo se ganó nuestro cariño y también nuestro apoyo –relato omitiendo varias partes que sabía no estaban listo para escuchar.

¿Qué clase de secreto tenía guardado de ustedes? –pregunto finalmente Miroku luego de pensar las posibilidades. Kaede como haya se miraron entre si y miraron el pequeño bulto de mantas sin dar respuesta.

Destape al pequeño allí esta su respuesta –contesto haya.

Espera me dices que un mocoso tiene la respuesta –exiguo Inuyasha sin entender la indirecta en cambio Miroku ya comenzaba a saber una parte de la verdad.

Sin esperar más Miroku, movió cuidadosamente las mantas hasta destapar al pequeño niño. Ante el un niño albino lo miraba irritado de hermosos ojos azules claros, el niño lo fulmino con la mirada, luego busco a Haya y corrió a los brazos de la anciana que lo recibió con gusto.

Que pasa Seishirou –pregunto dulcemente al pequeño.

Alguien desconocido me ha visto –acuso el infante.

No importa, son amigos de tu madre –finalmente le dijo.

El pequeño se refugió más en sus brazos y grito -¡ellos no son amigos de mama! ¡Si lo fueran la habrían ayudado! ¡Pero ellos dejaron que mama muriera! –soltó con lágrimas y gimoteos, se abrazó más fuerte a la anciana. Los demás seguían sin reaccionar a las palabras "pero ellos dejaron que mama muriera", si las palabras de la Miko mayor eran verdad este niño es hijo de su amiga pero el niño había dicho que su madre había muerto, entonces significa que su amiga había muerto sin que ellos lo supieran.

Inuyasha que estaba de pie callo de rodillas al procesar lentamente la verdad dicha por el pequeño que seguía llorando, lagrimas gruesas bajaron de los ojos ámbares -¡es mentira, Kagome no ha muerto! ¡Mocoso di que es mentira! ¡Kagome no puede ser tu madre! –Gritaba con rabia -¡las mikos no pueden tener hijos con los yokai, ellas no pueden dar a luz a hanyuos! –estaba fuera de sí gritando lo que sabía era verdad.

La noche era lluviosa y fría igual al ambiente que se había desatados dentro de la cabaña. El pequeño niño de casi cinco años miraba con desconfianza a las personas que estaban dentro de la cabaña.

Kagome logro hacer un milagro egoísta –susurro para si misma la anciana Kaede mirando al pequeño que se escondía entre las ropas de haya.

¿Cómo murió kagome? –soltó Inuyasha dolido por la reciente noticia que apenas estaba aceptando.

El silencio reino otra vez en la cabaña, Haya sonrió tristemente mientras acariciaba con ternura la cabeza del infante.

No se las razones exactas de su muerte –comento mirando al pequeño –ella había partido unos días atrás cuando me llego un mensaje por medio de un familiar, en el pedía ayuda sin explicar nada. Solo comentaba que alguien la seguía y buscaba su muerte, el único que sabe exactamente que paso esos días que Kagome estuvo lejos de nosotros es Seishirou.

El menor los miro con rencor –mama quería regresar –simplemente dijo con la vocecita quebrada en llanto. Sus ojitos se tornaron cristalinos y gruesas lagrimas surcaron las sonrojadas mejillas –mama estaba feliz, solía contarme historias sobre guerreros fuertes y poderosos que la apoyaron para acabar con el malvado Naraku. Cuando contaba sus historias siempre estaba contenta, siempre sonreía al hablar de ustedes, ella los extrañaba. Pero ella no llego aquí porque me salvo a mí, lo siento.

Esas palabras desgarraron profundo en sus almas, el niño pedía perdón por no haber podido salvara a su madre Se sintieron miserables al recordar cómo horas atrás culparon al pequeño de haber matado a su madre.

El niño se durmió en brazos de haya, pidiendo perdón entre quejidos. La noche fue más pesada que cualquier otra, los sucesos que les relato haya estaban más allá de su comprensión.