En las profundidades del mar, en aquellos terrenos en donde un humano podría morir existen bancos de peces y otros seres acuáticos. Entre ellos, unos pueblos repletos de humanos con escamas. Todos los de esos pueblos vivan en armonía. No todos en el pueblo eran de la misma especie, Entre los sirenos y sirenas convivían amigablemente los tritones. Alguno de estos eran mitad pulpos mitad humanos, otros tenían las manos como aletas pero caminaban a dos patas como los seres de la tierra. Las sirenas y los sirenos sin embargo tenían la parte de arriba humana y la de abajo como un pez. Todos ellos podían respirar en el agua gracias a las branquias que tenían.

-¡Raisa! ¡Ven aquí señorita!- Dijo una mujer.

-¡Garuna!-Gritó un hombre.

-¡Akane, si sales de casa estarás castigada!-Dijo otra mujer

-¡Erza, no me hagas enfadar que no tengo el día!-Dijo un hombre con malas pulgas.

Las cuatro chicas que habían sido llamadas salieron de sus respectivas casas a todo correr, o nadar en este caso. Todas se iban riendo mientras poseían su camino.

-¿Habéis visto que cara han puesto?- Dijo Erza mientras señalaba a su espalda.

-Es muy divertido esto de escaparse de casa- suspiró Garuna- pero en algún momento tenemos que volver a cenar.

-Creo que yo me quedaré sin cenar- Dijo una Akane apenada.

La chica que quedaba se puso delante de ellas y nadó hacia atrás.

-Que sosas sois, no nos pueden tener encerradas, estamos en el mar. Que hay de malo en salir a explorarlo. Yo quiero salir de este pueblucho e ir a explorar y conocer a muchos humanos-Las chicas se pararon al ver que detrás de Raisa había aparecido una sirena mayor que ellas, con muchos años de experiencia sobre sus hombros, esta tenia el pelo canoso por los años, la piel envejecida y unos ojos con mucha expresión que las miraba con un poco de enfado.- chicas, ¿Qué ocurre, por qué os paráis?-la sirena siguió nadando hasta que se chocó de espaldas contra aquella mujer.

Raisa comenzó a palpar el "muro" que había chocado con ella. Su tacto era rugoso como las escamas. Poco a poco comenzó a girarse, miró a la mujer que estaba frente a ella y sonrió con temor.

-Hola abuela- dijo saludándola.- esto… nosotras ya nos vamos.- intentó nadar hacia el lado contrario pero la mujer fue mas rápida y la agarró antes de que pudiera intentar algo.

-No tan deprisa jovencita, os venís a mi casa.- la chica atrapada se cruzó de brazos e hinchó los mofletes.

-Joo abuela, eres una aguafiestas.- la mujer sonrió y con un pequeño movimiento de cabeza invitó a las chicas a seguirla hasta la casa que estaba cerca del lugar.

La casa de aquella mujer era grande, no comparada con las casas de las chicas. La mujer sacó unas galletas aguadas, galletas hechas para el agua, para que las jóvenes merendaran. Todas las aceptaron encantadas.

-Bueno señoritas, ¿A dónde iban ustedes cuatro?- dijo la amable mujer.

Todas las chicas enmudecieron.

-¿A dónde? Pues a explorar el exterior- dijo Raisa emocionada.

La mujer dio un capón a la chica. Del golpe la salió un chichón. Las demás chicas se rieron por la el chichón que la había salido

-Joo abuela, eso a dolido.

-Es para que sepas que no puedes salir al exterior, sabes que es muy peligroso.

-Pero señora, nosotras queremos ver como es el mundo mas allá de estas burbujas.-Dijo Erza mientras daba otro mordisco a la galleta.

-¡SIII!- dijo Akane emocionada.- ¡nosotras queremos ser Guardianas!

-Shh- dijeron todas las demás con un dedo en los labios.

-¿Cómo que Guardianas?- dijo la mujer sorprendida.- Pero eso es muy peligroso.

-Muy bien Akane, ya la has fastidiado, eso era un secreto- Dijo Garuna.

-Lo, lo siento, lo olvidé.

-Vosotras sois muy pequeñas para ser Guardianas. Y los peligros que hay por el mundo no son para unas chocas como vosotras.

-Pero abuela, tú fuiste una de esas Guardianas y has visto muchas cosas, nosotras también queremos saber mas cosas.

-Pero para eso tendréis que crecer.

-Señora,- dijo Erza tímida- ¿nos puede contar la historia de cuando usted era guardiana?

-¡SI, si, si! Cuéntenosla.

-Pero si ya os la he contado muchas veces.

Todas las chicas estaban impacientes por que se la contara ya que gracias a ella las chicas podían soñar con el mundo exterior.

-Está bien. Os revelaré un secreto.

-¿¡Otro más!?- la mujer sonrió mientras asentía.

Y así poco a poco la mujer fue contando su historia. Todas las chicas estaban atentas a cada palabra que ella pronunciara. Pero la historia era larga y las chicas se quedaron profundamente dormidas. La mujer las llevó a una habitación para que durmieran. Tras ello, se comunicó con los padres de las chicas para que estuvieran tranquilos. La mujer, entró en su habitación. Miró todos aquellos recuerdos que tenia de sus aventuras como una Guardiana. Tenía más de una foto con aquella tripulación a la que guardó. El capitán salía en una de esas fotos, era un hombre alto, tenia el pelo negro corto, bigote sumamente poblado. Vestía con un abrigo rojo parecido al de los almirantes de la marina.

-Duerme bien Gold- Dijo la mujer antes de besar aquella foto y de meterse en la cama.

A la mañana siguiente los padres de las chicas vinieron a buscarlas cuando ellas aún estaban dormidas. Las cogieron y las llevaron a su casa.

Todas aquellas niñas vivieron el resto de su vida pensando en aquel último secreto que se les había contado. Todas se metían en la cama pensando en aquella pequeña conversación

"-Niñas, si llegáis a ser Guardianas recordad una cosa, nunca os mostréis a vuestra tripulación, nosotras somos una leyenda, nadie debe saber que existimos de verdad.-Dijo la abuela de Raisa.

-Pero ¿y si estamos en apuros?- preguntó Erza.

La mujer se levantó de la silla en la que estaba sentada, se dirigió a su habitación y cogió unos marcos de fotos que tenia en ella.

-Esto es un secreto que solo os confesaré a vosotras, pero no tenéis que decírselo a nadie, y debéis hacer lo que yo os diga que es lo mejor. – Las chicas asintieron y escucharon atentamente a la mujer.

Ella les mostró una foto en la que estaba ella con otra persona.

-Abuela, ¿Quién es el de la foto?

-Este- le señaló- es el capitán de la tripulación de la que fui Guardiana.

-¿¡QUEEEE!?- gritaron todas las chicas a la vez sorprendidas por lo que acababa de decir.

-Pero abuela, nos acabas de decir que no tenemos que mostrarnos ante ellos, ¿Cómo es que tú?

-Ellos me descubrieron un día que intenté salvar a uno de sus hombres. Desde ese día ellos han sabido de mí.

-¿Qué pasó con ellos?- Preguntó Garuna.

-Después de que Gold depositara su tesoro en lo más profundo del Grand Line, todos los tripulantes volvieron al mar del este. Gold fue capturado y ejecutado, después de eso toda la tripulación se separó hacia distintos lugares del planeta, solo unos pocos de ellos siguen aún con vida.

-¿Entonces que debemos hacer nosotras?

-El deber de una Guardiana debe ser el de proteger a sus tripulantes cueste lo que cueste.

-¿Pero y si necesitamos avisarles de que algo puede pasar? Como por ejemplo que hay marines a unos kilómetros.

-Debéis protegerles y dejar que ellos se ocupen para que puedan ganar experiencia, vosotras solo debéis intervenir para salvar a los tripulantes. Pero si necesitáis que sepan algo… Esto que estoy apunto de contarios no debe de salir de esta casa, y debéis de usarlo como último método.-todas las chicas asintieron y escucharon atentamente al consejo de la sabía mujer."

Todas las chicas cada vez tenían mas ganas de llegar a ser Guardianas, todas esperaban que sus deseos fueran escuchados para poder salir a ver el mundo aunque fuera teniendo que cuidar a los piratas a su cargo, pero a ninguna de ellas le importaba, por que ellas deseaban tener esa libertad.

Los años pasaron y las chicas crecieron física y mentalmente, pero aunque todas ellas se hubieran vuelto más maduras, y responsables, seguían teniendo aquel loco sueño de poder salir del pueblo y ser Guardiana. Todo en ellas había cambiado, su forma de pensar y de ver las cosas, incluso su aspecto físico, cuando eran pequeñas todas llevaban el pelo de la misma manera, como ellas decían era una forma de poder ser amigas para siempre. Pero la edad se notaba en ellas, y aunque siguieran siendo amigas, sus vidas no eran las mismas.

Erza trabajaba como científica en el pueblo. Ella se había cambiado su manera de llevar el pelo, antes lo tenia rubio, pero se lo había cambiado permanentemente a un color rojo con las puntas moradas, los mismos colores que su cola y el sujetador. Sus ojos eran verdes y brillantes. Solia llevar el pelo recogido en una coleta.

Garuna fue la primera en cambiarse el pelo, el color seguía siendo el mismo, negro, pero ahora llevaba el pelo muy corto, como un chico, con un poco de flequillo y dos mechones que la caían por los lados del rostro largos hasta los hombros. Sus ojos seguían siendo rojos. Su cola tenía el color morado y el blanco siguiendo la degradación hasta llegar a las aletas. Ella era profesora de niños de entr años, todos los niños la adoraban y ella a ellos.

Akane subió un poco su nivel, se hizo profesora de los niños de casi 14 años, los rebeldes como ella los llamaba. El color de su pelo no había cambiado en absoluto, seguía siendo entre amarillo y naranja, pero si su peinado. Lo llevaba por los hombros y uno de los mechones del flequillo se lo había dejado largo y la pasaba por dejado del ojo derecho hasta juntarse con los mechones del pelo dejando su ojo encerrado. Los ojos de ella eran amarillos como los de un gato. Su cola y sujetador tenían los colores marrón y amarillo.

En cuanto a Raisa se había hecho pastelera, trabajaba en una de las tiendas de dulces del pueblo, cuando tenía un rato libre solia llevar algunos pasteles para los niños que Garuna y Akane cuidaban. Desde el nacimiento su pelo había tenido un color extraño para todos aquellos que se cruzaban con ella. Era de color rosa con las puntas y la raíz de color negro. Del grupo, ella era la única que mantenía el corte de pelo. Se lo había dejado crecer hasta tenerlo mas largo del comienzo de la cola (cadera), tenía un poco de flequillo recto. Sus ojos eran más claros que los de Garuna, como si fueran del color de la sangre, pero brillaban con la misma intensidad.

Las chicas trabajaban entre semana, pero se veían todos los días del fin de semana comenzando por salir el viernes después de los trabajos, es lo que se llama una salida de chicas. Ninguna de ellas tenía pareja ni estaba casada, ellas solo deseaban ser libres y poder vivir fuera de las cuatro paredes de siempre. Cada una de ellas había hecho su vida.

Todos los viernes cuando terminaban sus trabajos e iban al valle de las sirenas a esperara a las demás.

El valle de las sirenas era un lugar solo para sirenas, obviamente, y de otros peces, las sirenas en aquel lugar solían divertirse y pasarlo bien, era un lugar para relajarse.

-Raisa, ¿Cómo llevas lo de tú padre?- Dijo Garuna. Se encogió de hombros.

-No puedo hacer nada contra eso, ya está hecho, mientras continúe en el agua las cosas podrán seguir como están. Pero prefiero no hablar de eso. ¿Vosotras que tal?

-Todo bien, sin complicaciones, Garuna, he oído que tu madre vuelve a estar embarazada. –Dijo Akane.

-Si, y va a ser niño- dijo ella contenta

-¿En serio?- preguntó Erza- ¿Cuántos van?

-Pues creo que 13.

-Lo gracioso de la historia es que todos los hermanos son varones, no hay ninguna mujer salvo Garuna.

-Madre mía que estrés con tanto chico, ¿como lo haces? ¿No te agobias?

-Para nada, todos ellos me cuidan mucho y me lo paso bien con ellos, sobre todo con Tsubaki y Azusa, los gemelos. – Garuna se emocionó al hablar de ellos. – Están escribiendo un nuevo guión, me lo leyeron ayer, es muy bonito. – suspiró con alegría.

-Creo que si no fueran sus hermanos, Garuna ya habría salido con los dos- Dije bromeando. Recibí una salpicadura de agua por el comentario. – ¡Garuna!

-Raisa, no digas eso ellos son mis hermanos.

-Oh, venga, ¿Vas a negarme que no te gustaría?- ella se quedó pensando, después se dio cuenta y volvió a mojarme. Después y para que Akane y Erza no se quedarán mirando las empezamos a salpicar.

Así las cuatro amigas comenzamos unas agradables vacaciones de verano.

A los pocos días de comenzar el verano, estando en el valle de las sirenas por encima del valle un objeto cubrió de sombra el agua. La sombra fue disminuyendo a medida que el objeto se acercara al agua.

-¿Que es eso?- preguntó una de las sirenas que había en el lugar.

Ninguna de las que estábamos allí supimos que decir. Todas mirábamos el extraño objeto caer poco a poco por la gravedad. El agua estaba completamente libre de sombra, solo la había en el lugar por donde caía el objeto. Las chicas, Erza, Garuna, Akane y Raisa miraban como el objeto se acercaba poco a poco a ellas.

-Eso es…- comenzó una de ellas.

-¿Un sombrero?- continuó otra de ellas la frase.

El sombrero cayó sobre Raisa, en su cabeza. Ella lo cogió con las manos y lo miró detenidamente. Era un sombrero amarillo con una tira roja. Raisa miró a todas las que estaban allí.

-¿Qué significa esto?-Dijo esperando alguna contestación. Pero nadie supo que decir.

Escuchó de pronto los lloriqueos de un niño pequeño.

-Raisa ¿Estás bien?- preguntó Garuna al ver que Raisa se había quedado parada.

-Estoy, escuchando el lloriqueo de un bebe.

Todas se sorprendieron.

-¿un niño? ¿Pero si no se escucha nada, además los bebes no pueden entrar en el valle?

-Eso es raro, que no entiendo el porque.

-¿Puede que tu abuela sepa la respuesta?

-¿Mi abuela? ¿Qué tiene que ver esto con ella?

-Puede que…

-¿Estas pensando lo que creo que estas pensado?-Erza se encogió de hombros

Raisa se quedó mirando el sombrero mientras lo tenía en sus manos. Al final decidió hacer lo que su amiga la había dicho y todas ellas fueron a ver a su abuela.

-Raisa, chicas, ¿Qué hacéis aquí?

-Queríamos hablar contigo sobre un asunto.

-¿De qué se trata?

Explicamos lo ocurrido mientras ella examinaba el sombrero.

-¿Qué crees que significa?

- Después de tantos años y de todas las historias que os conté ¿no podéis averiguarlo?

-¿Entonces? ¿Es realmente eso…?- preguntó Raisa esperando una respuesta, pero solo consiguió una sonrisa afirmativa.

-Enhorabuena. Deberías partir cuanto antes.- Dijo la mujer por último mientras devolvía el sombrero a la dueña.

Raisa, sin decir nada salió nadando por la ventana y se perdió en el pueblo. Ella sin buscar otro rumbo marchó al bosque que había en las afueras del pueblo, en el bosque había un pequeño cementerio. Callejeó hasta encontrar la tumba que deseaba, se sentó delante de ella poniendo el sombrero en su cola mientras miraba la tumba. "Kimía. Amada hija, madre y esposa" Raisa se quedó en silencio mientras hablaba con su madre esperando saber que hacer.

-Raisa. –detrás de ella estaban sus amigas. Raisa se secó las lágrimas.

-Chicas ¿Qué hacéis aquí?- se acercaron sin decir nada.

Garuna cogió con cuidado el sombrero y se lo colocó a Raisa en la cabeza. Raisa miró con asombro su gesto.

-Raisa, debes ir, eres una Guardiana. –Garuna, como las otras dos chicas comenzaron a llorar.

-Pero… no quiero irme, siempre pensé que estaríamos juntas.

-Seguramente nos volveremos a encontrar. Ahora debes ir con la tripulación que te ha elegido-Dijo Akane. –Tú más que nosotras has deseado ser una Guardiana. Ahora no debes privarte de lo que te ha sido concedido.

-Ve. Sin mirar atrás, abraza tu nueva vida.- Dijo Erza con una sonrisa.

Ver a sus mejores amigas darla esos ánimos a pesar de que seguramente no volverían a verse no la hizo más fuerte, hizo que sus lágrimas cayesen más rápido.

-Chicas… Gracias, volveremos a vernos, lo prometo.- Se dieron un último abrazo de amigas, mas fuerte del que jamás se habíamos dado.

Tras aquella larga despedida Raisa se colocó el sombrero que la nombraba Guardiana y salió del pueblo en el que había vivido todos aquellos años. Nadó hasta encontrar al portador de aquel llanto. A pesar de que sabía que echaría mucho de menos a sus amigas, para ella esto era una oportunidad que la había dado el destino para escapar del contrato que había firmado su padre antes de marcharse y abandonarla.