La media hora transcurrió rápido, entre gemidos lastimosos y mucosidad enroscada en la bufanda del ángel se hallaba reposando la pena y la confusión presentes.
A veces, hay cosas que jamás creíste que te pasarían...
Más tarde se preocuparía por lavar su prenda; lavar eso y en este preciso instante empapar su cara junto con sus aflictivas emociones en el agua de aquel sitio, esperando que el desastre dejara de existir por encanto.
No todos los ángeles eran precisamente puros y llenos de dicha; él es la viva excepción de esa falsa predicable, al menos en estos momentos, donde cualquier rastro de felicidad y regocijo estaba totalmente extinto de su alma y facciones.
—Pit, ¿eres tú? ¡Has vuelto! Me alegra verte de nuevo—la voz de quien más tiene ganas de oír es transmitida por el aire hasta su sentido auditivo. El príncipe de Altea ha llegado a su rescate.
—Marth—responde al llamado en un hilo de voz, sin contenerse (y aun con las manos mojadas) corre a abrazar al peliazul monarca—. Tenías razón, tenías toda la razón del mundo.
—¿Qué pasa? ¿Aún tienes miedo de la competencia?—lo protege envolviendo sus gráciles extremidades alrededor de sus hombros, estando un poco desconcertado por sus palabras—No te preocupes, estoy seguro de que Link te preparará como la vez pasada, ¡terminaron siendo los mejores arqueros del torneo!
—¿Le has visto ya?—inquiere el ángel.
—Sí, pero no me acerqué mucho, estaba hablando con Mario y Ne...
El noble es cortado bruscamente, Pit ha comenzado a sollozar de nueva cuenta.
—Él no es Link, Marth—le dice a su colega, aferrándose con insistencia a sus ropajes—. Hace rato hablamos y no me conoce de ninguna parte. Es más, dijo que yo parecía un no sé qué. No...las cosas ya no serán iguales desde ahora.
El de tiara calla un momento, piensa en las palabras adecuadas para calmar al chiquillo que yace todavía gemebundo enfrascado en sus brazos.
Pensaba que sus predicciones no se harían verdad, a pesar de los hechos.
—Tal vez nuestro querido amigo no sea el mismo de siempre pero, ¿quién dice que no puede querernos como antes o reírse con nosotros? Y con más importancia, ¿quién dice que no puede amarte en la forma que tú lo haces?
El castaño tiembla en son de repelús, se sonroja de forma leve e invisible a los ojos azulados de Marth; ese es su estado cuando alguien logra escabullirse entre los majestuosos secretos de su fuerte afecto.
—No lo veo posible. En serio, ¿puedes aprender a querer a alguien que no conoces de nada?—su pregunta resulta rara al pensamiento del joven monarca.
—Tampoco conocías al otro Link, jamás lo habías visto en tu vida y, pese a las circunstancias, lo adoraste como a ningún otro—a Pit le lastiman todavía más aquellos parlamentos, pero trata de contenerse haciéndose el fuerte.
—No lo entiendes, Marthy—hace una pausa, separándose del mayor, tomando una bocanada de aire para no sofocarse en su propio pesar—; mi corazón le pertenece al héroe de Hyrule y del Crepúsculo, a ese que alguna vez estuvo enamorado de la Princesa Midna, al que jugaba con sus amigos en Ordon, el que...
—Pit—llama el de tiara—, todavía estás desconcertado, necesitas pensar mejor las cosas y conocerlo sin tenerlo con filtros en tu cabeza. Puede que él y tú formen eso que siempre soñaste.
—Eso es demasiado pronto, hasta para mí—menciona el angelito, débil y frágil como pocas veces se le ve—; sin embargo, no creo que las cosas marchen igual.
—Entonces no tiene por qué ser igual, hay que hacer que marchen mucho mejor—sonríe el Príncipe, tratando de transmitir su positivismo al menor. No era un misterio que a él también le dolía perder a un gran compañero...pero así es la vida: lacónica—. ¿Te apetece entrar? La casa no está muy llena y aún no llegan nuevos, pero podemos cenar o algo mientras platicamos—invita, esperando que su fiel amigo le haga caso, porque al fin y al cabo es por su bien.
—Sí, vamos—el castaño acepta con un movimiento paulatino de cabeza mientras sorbe por la nariz.
—Ya no llores, verás que el destino nos deparará cosas buenas—y con un último abrazo de parte del peliazul regresaron donde la enorme casa.
...
Adentro, perdidos en algún corredor, se hallaban Link y Zelda hablando. Hace un rato habían estado recordando sucesos de su travesía, como igualmente el hecho de que ahora pudieran gozar de paz y venir a distraerse a esta clase de eventos. Ambos estaban emocionados por probarle sus habilidades a los demás en el campo de batalla.
Apresurándose con los temas, deciden cambiarlo por algo más casual, cosa que ninguno de los dos se había cuestionado durante su paseo a la deriva.
—¿Y has conocido personas nuevas?—pregunta Link a su amiga, tenía curiosidad de saber qué tanto había ampliado su círculo social.
—Apenas platiqué con las demás chicas de por aquí, al parecer ellas han estado anteriormente en la competencia—la princesa narra con extrañeza y empieza a jugar con sus manos al no tener nada mejor que hacer durante su relato—. Me llevé muy bien con Peach y Samus, ambas me parecen amables—agrega la rubia viendo por primera vez a su receptor—. ¿Y qué me dices de ti, Link?
—Pues...—el espadachín hizo memoria, recordando todos los rostros que había visto en el transcurso del día— Conocí a una especie muy rara de orni llamado Pit—medita un poco su respuesta antes de continuar—. De todos, ha sido el más simpático para mí—el héroe sonríe a la dama y, recordando la reminiscencia de hace algunos instantes, ese gesto saturado de entusiasmo se amplía.
—¿Orni? No sabía que en otros lugares existía esa raza—dice una Zelda desconcertada.
—Yo tampoco, pero era raro, estéticamente hablando, al menos si tomamos como ejemplo uno como los que conocemos; él tenía alas pegadas a la espalda y parecía más bien un humano volador—Link dice moviendo sus manos con vivacidad.
Su compañera ríe y se prepara para hablar cuando cesa su acción.
—¡Quiero conocerlo! Tal vez sea de una generación futura—exclama la joven con notable emoción.
—Hay que buscarlo, si él sabe de este lugar quizá hasta puede ayudarnos a no perdernos—Link corre, halando a la princesa consigo en el proceso de encontrarse de nuevo con el chico bromista de la tarde.
...
—Esto se ve vacío—comenta obviamente el ángel al tan sólo darle un veloz vistazo a toda la sala.
—Cierto—corrobora el mayor con simpleza—, pero así es más calmado, ¿no lo crees?
—Supongo...—el alado mira hacia una dirección aleatoria y sus orbes se topan con Link, quien viene en su dirección con un gesto de jovialidad y una mano alzada saludando, además de la compañía de una muchacha rubia muy similar a él. El comandante de Palutena se tensa y no hace más que corresponder el saludo con ánimos, siendo que, no tiene un ápice de ellos ahora—. Oh no, Marthy, viene para acá—le dice al monarca, tomándolo de su brazo y agitándolo levemente.
—Tranquilo, Pit, seguro le caíste bien; no veo por qué no debiera acercarse—Marth habla calmado, con esa tonada y volumen confidencial que sólo se tienen las mentes afines.
—Probablemente lo desconcerté demasiado con lo que le conté...se veía tan confundido, todavía siendo amable, pero no le quita lo confundido—comenta más bajito, pues el héroe está cerca de su posición actual.
—Dale tiempo...—atina a decir el peliazul de tiara antes de que el joven de Hyrule termine por cortar la distancia entre ambas parejas amistosas, el Príncipe no dice nada al respecto, pero encuentra algo tierno y familar en su sonrisa que lo anima a hacerlo igualmente.
—Hola, ¡¿tú eres el orni del que Link me habló?! ¡Qué lindo eres! Por cierto, un gusto, soy Zelda, princesa de Hyrule—la muchacha se adelanta a presentarse y le extiende la mano tanto a Pit como Marth, quienes sonríen enseguida y hacen una corta reverencia.
—Un placer, princesa Zelda, mi nombre es Pit, soy comandante de las tropas de la diosa Palutena y...bueno, en realidad soy un ángel—le responde conteniendo un poco su risa. No sabía qué rayos era un orni o el por qué de su comparación, pero eso de alguna manera le causa hilaridad a los dos amigos.
—El gusto es mío, alteza. Yo soy Marth, príncipe de las tierras de Altea—se introduce el peliazul con la amabilidad de un ser de la nobleza.
—Y yo soy Link, también me parece un honor conocerlo, príncipe Marth—los dos se dan la mano y, en un momento de distracción, el Príncipe divisa por allá, un poco no muy lejos, al mercenario de Greil que tanto había extrañado durante este hiato. Sonrisa y unos cuantos destellos imaginarios aparecen de la nada en el entorno.
—Si me disculpan...debo saludar a alguien más, los veo en un rato. Por cierto, sean bienvenidos a la mansión.
Basta un segundo para que desaparezca del panorama y vaya al aposento de Ike para saludarlo con un fuerte abrazo seguido de muchos mimos amistosos.
Pit los mira desde su punto y no puede contener una curva en sus labios, la cual emana profunda felicidad pese a su estado anterior. Otro de sus amigos también está de regreso.
—¿Un ángel?—cuestiona Zelda, sacándole de sus pensamientos.
—Sí—reafirma el castaño volviéndose, pensando la definición más sencilla para explicarle su ser—. Verá, los ángeles somos criaturas místicas y estamos destinados a servir a los dioses en el Reino del Cielo, igualmente los protegemos, como es mi caso.
Link abre sus azules ojos y se queda boquiabierto en señal de sorpresa mientras que la rubia asiente, como queriendo decir que trata de procesar la información.
—¿Y puedes volar y esas cosas?—pregunta un muy emocionado hyliano de azules ropas.
—Uh...no exactamente—la sonrisa melancólica del adolescente se ensancha, por alguna razón tenía un deja vú de esta conversación en su conciencia; y así como los gestos de satisfacción aumentan, de igual forma unas invisibles lágrimas aperlan su celestial visión.
—¡Qué ventaja tienen los seres como tú!—dice con tono enigmático una voz algo rasposa y desconocida al tímpano ajeno.
—¿A qué te refieres?—inquiere un Pit (todavía) más joven con extrañeza, bueno, era más de medio día y no había hecho otra cosa que sentarse a orillas de la barda del jardín, simplemente observando su entorno con notable aburrimiento.
—Tus alas. Es injusto para un simple mortal que sólo usa las piernas y un poco de suerte. Digo, puedes volar y todas esas cosas que yo no—responde el chico de orejas puntiagudas y rubia cabellera, al que, por ahora, el castaño no había tenido curiosidad de voltear a ver.
—No exactamente, si no tengo un 'permiso' concedido no puedo hacerlo—el menor se encoge de hombros—. No soy tan ángel después de todo.
De la nada, el alado se da media vuelta y encara a la persona que le había irrumpido la monotonía de admirar las hojas moviéndose; era más alto que él, vestía una distintiva túnica verde haciendo juego con un gorro del mismo tono, junto a un par de botas y cinturones de un color café oscuro, también portaba una sonrisa amable, parecía un rasgo suyo a juzgar por la minúscula arruga que se mostraba en un lado de sus pómulos. Jamás vislumbró algo tan gentil desde su llegada en la penumbra de la madrugada.
—Me llamo Link—es esa corta presentación la que hace desviar repentinamente su mirada de la figura del joven—, y la verdad no pensaba venir, pero tampoco es como que la princesa me haya dado mucha opción. Además creo que es bueno...las distracciones lo son—por un momento el ángel de Skyworld creía que su presencia era dudosa, pues el chico parado frente a él parecía tener un monólogo en curso—. No me hagas caso—atina a remediar rápidamente—, mejor dime, ¿cómo te llamas?
—Pit, mi nombre es Pit, y al contrario de ti, yo estoy muy emocionado de participar aquí—sin darse cuenta, se sentía menos desganado que en un inicio, la euforia llega a ser una emoción muy pegadiza en ciertas ocasiones.
—Nombre curioso, nunca conocí a alguien con él.
—Ni yo a alguien con el tuyo.
Se sonríen.
El compás de las flores con la brisa moviéndolas, esa que anuncia una despedida para el pastizal de invierno y los recuerdos congelados en tierra firme...es en ese preciso instante en el que un enlazante compañerismo nace.
Al final, la mayor parte del día se mantuvieron con sus pies marcando pasos, hablando de cosas triviales y logrando que el tiempo pareciera mas bien agua.
Ni siquiera se dicen adónde van, sólo caminan uno al lado del otro.
La palma de Zelda sobre sus ojos es lo que lo hace salirse de sus recuerdos de forma abrupta.
—Oh, lo siento mucho, de verdad, estoy demasiado distraído—se disculpa con pena, no era su intención rememorar situaciones de ese tipo.
—No hay problema—es Link quien le resta importancia y pronto su rubia amiga asiente también; de repente, el espadachín recuerda algo que cuestionarle—. Pit...a decir verdad, Zelda y yo queríamos pedirte un favor.
—¿A mí?—cuestiona incrédulo, era una anomalía que le pidieran algo precisamente a él.
—Sí—responde el hyliano—. Queríamos saber si serías tan amable como para darnos un recorrido por este lugar.
—Claro que sí—el ángel accede, las gotas de sal parecen haber desaparecido hace no mucho.
No obstante, en lo más recóndito de sí mismo, no puede evitar el que la extrañeza mezclada con un suplicio implacable sean quienes lo devoren vivo.
¿Qué es eso de no poner filtros?
¿Quién es en realidad debajo de esa máscara de afinidad y empatía?, ¿será acaso lo mismo que transmite?
La joven doncella se adelanta un poco, es en ese instante en el que Link toma del hombro al castaño y le habla, en ese característico timbre que usa con Marth.
—Algo me dice que tú no estás bien, ¿cierto?—inquiere Link acercándose un poco más a lo que Pit se congela, permanece estático. ¿Adivino?— Está bien si no quieres responder, yo tampoco estaba tan acostumbrado a hablar...porque, a veces, la vida nos pone situaciones difíciles de afrontar por uno solo. Y bueno, no seré la mejor ayuda, pero si necesitas algo, no dudes en pedírmelo—el de azul le regala una curva franca y cálida.
Por primera vez, el castaño se detiene a encarar directamente a la persona que le ha interrumpido dentro de su tristeza...no lo había notado, tampoco es como que pensara en decírselo, pero sus ojos a la luz del candelabro del comedor tenían un brillo que, por infinitos milisegundos, le traen de regreso al héroe del Crepúsculo.
—Gracias.
Una mirada fugaz.
Porque ese chico, Link, es una estrella fugaz del medio oeste.
