Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Imagen: Bicicleta y pájaro azul.
Personaje: Taichi.
FLY
La vida puede ser una obra teatral escrita con alto grado de ironía y vueltas de tuerca en la trama lo que la hace impredeciblemente bella, y aterradora a la vez. Una sinfonía de risas y sollozos. Una pintura de sonrisas, soles, nubes grises y llantos.
Me dejo llevar por la brisa del reciente verano, permito que mi cuerpo sea abrazado por el calor de los rayos de sol. Me pierdo en el aroma exótico de un jardín y la fragancia de una señora que circula por la acera en que me encuentro.
En días como hoy me siento libre, corro por la calle alegre siguiendo mis sueños y metas, cumpliendo con un singular ímpetu un pajarillo de pecho blanco, alas azules como el mar y un pico dorado como lingote de oro. Lo sigo como si al hacerlo me fuese guiando por un camino de promesas con destino a un castillo de altas torres y cometidas ciertas.
—¡Me siento vivo! —grito a todo pulmón sin importar las miradas de la gente a mi alrededor.
Ignoro lo desagradable para evitar la amargura innecesaria que pueda frenar mi andar, pues el camino es muy largo y mis pasos cortos. Observo el pico de la montaña bajo sus faldas, y aunque sé que jamás lo alcanzare el camino que logre recorrer lo disfrutare.
Entendí que corro no por la prisa ni por querer alcanzar lo inalcanzable. Corro porque la brisa que impacta en mis mejillas es con una mano que me acaricia, que me dice que puedo llegar lejos, porque me jura en un susurro que por muy inclinada que este la pendiente del trayecto yo no decaeré. Porque donde otros se detienen para mirar hacia arriba y ver lo que les falta por recorrer, yo lo he de cruzar con regodeo apreciando lo que me rodea.
—¿Por qué gritas? —Pregunta una señora molesta.
—Grito porque la vida no tiene una voz audible para todos —contesto con una sonrisa para suavizar la charla— Porque son incapaces de escuchar lo que el viento les quiere decir.
La señora alza una ceja incrédula, es de las tantas almas en el mundo que prefieren tachar de loco a quien ama vivir y darse la vuelta para disimular que ellos también lo hacen.
—No me mire como si estuviera loco, señora —amplio mis sonrisa y levanto la cabeza sobre su hombro para ver que otros nos miran— Mi locura no es más que una verdad incómoda que prefiere ignorar y no ver un poco más allá.
—No te entiendo, hablas muy raro muchachito.
Suelto una carcajada, la comprensión de lo sencillo se torna lo más complicado cuando en tus ojos las vendas tapan tu visión, tapones impiden al sonido entrar en tus oídos, y una cinta rodea tu boca para no dejarte saborear los momentos dulces de la vida. Cuando la regla que te impusieron de pequeño no cuadra con las de la vida. Solo rompes esa barrera de lo que crees conocer una vez que las leyes que rigen tu vida son cambiadas bruscamente por el destino.
—Sea feliz, es lo que quiero decir —llevo mi mano al pecho, colocándolo donde sé que esta mi corazón—. Que la alegría de la vida no le sea molesto, déjese contagiar por lo bueno y contágielo a los demás… El mundo puede ser mejor si somos felices con la simpleza de una sonrisa —doy un paso hacia adelante y le tomo de la mano sin que lo espere. Duda en si permitir el contacto, solo unos segundos bastan para no retirarse—. Apuesto que su sonrisa es hermosa, no nos la prive.
—Eres extraño —se aleja seria.
Sin inmutarme me quedo viendo como da un par de pasos antes de girar la mitad de su cuerpo y mirarme con una sonrisa, niega con la cabeza y se retira mimetizándose con la demás personas que transitan por la acera de la plaza.
Otros me siguen mirando y yo les sonrió. No pienso que todos puedan entender, pero si puedo llegar a una sola persona con mi felicidad sé que voy por buen camino.
El pajarillo azul me espera sobre la rama de un árbol que se irgue a mi derecha, canta como felicitando al mundo por tan bello día que nos regala. Me acerco al árbol donde descansa, y levanto la vista hacia donde se posa con sus alas retraídas y su pecho blanco hinchado de orgullo.
El solo imaginar que aquel pequeño animal puede surcar los cielos con tanta libertad me hace estremecer. El hombre siempre ha soñado con domar los aires, por eso creamos aviones, y una vez conseguido se hicieron las naves espaciales. Porque el límite es el cielo infinito, azul y brillante al principio; obscuro y misterioso después, pero hermoso siempre.
Puedo sentir como mi alma vuelo como aquel pajarillo que se va perdiendo entre las nubes blancas. La sensación de que todo estará bien embriaga mi corazón acelerado por le excitación de la verdad.
—Tai —me llama mi madre a lo lejos.
En sus ojos veo la incertidumbre y el nerviosismo de lo que es la siguiente escalada en la montaña. Le digo que no tema, que mientras pisemos fuerte nada nos hará caer. Porque estamos todos en el mismo camino, y si uno trastabilla alguien arriba te sujetara de la mano, porque todos somos uno en la búsqueda de la cima. Quizás unos lleguen y otros no, todo depende de tu convicción que es lo que te hace avanzar.
—¿Estás listo? —pregunta una vez me le acerco.
Sonrió viendo de nuevo el pajarillo de alas azules y pecho blanco surcar el cielo sobre mi cabeza. Como una promesa de que todo estará bien, de que mientras tenga gente que me ame a mi lado no caeré. Que llegare a donde deba llegar, pero con paz y alegría, dando lo mejor de mí sin dejarme vencer. Porque todos estamos en el mismo camino, donde uno nunca está solo, en donde se puede soñar con el final del camino y llegar hacia él.
—Ahora lo estoy.
*FLY*
Bueno, aquí traigo lo que me inspiro la propuesta numero 12 hecha por Japiera: Bicicleta y pájaro azul.
Ojala que les haya gustado este pequeño escrito, y pues no me queda más que desearles una buena mañana, tarde o noche, según el momento en que me estén leyendo. Nos vemos en otro momento y se cuidan.
