Gracias a Charlaine Harris por dejarme jugar con algunos de sus personajes, los demás son míos.
¡Gracias por la acogida, por los reviews, alertas y favoritos!
Estos primeros capítulos van a ser para presentar a los personajes y van a ir haciéndolo por orden de aparición.
2.
Cuando Karin..., la señorita Svensson, le llamó para acompañar a la nueva no se lo podía creer. Había sido lo primero que vio al entrar en el instituto pero Pernilla se hubiese puesto histérica, ya era con todas las demás chicas y le hacía la vida imposible. ¿Qué le iba a hacer?, era guapo y se dejaba querer, ¿no consistía en eso la adolescencia...? Y Pern no fue la única, a ninguna le pareció bien, todas miraron a Stackhouse con aprensión o con franco desagrado para su enfado. Bah, mujeres... ¿Cuándo se iban a dar cuenta de que él no les pertenecía?, joder, que tenía dieciséis años, que fuese tan alto y fuese un año por delante no quería decir nada, no podía darles el nivel de compromiso que ellas querían. Nunca se lo daría a ninguna, aunque nunca fuese mucho tiempo.
La única mujer que contaba para él era su madre y planeaba darle la vida que ese cabrón le había robado en cuanto le fuese posible, por eso era un estudiante modelo, por eso, y porque le encantaba pero nunca lo confesaría en alto, recibía clases de cocina por las tardes y tocaba el piano porque a su madre le gustaba y él haría cualquier cosa por ella. Se estremeció al recordar lo que se habían dejado atrás, los años que llevaban de libertad se notaban en su espíritu, pero los que pasaron en cautiverio aún se veían en su cuerpo. Por suerte, eran unos supervivientes, habían sobrevivido a ese infierno y ahora, cualquier cosa les parecía el paraíso. Para cualquiera que mirara, era el chico alto, guapo y divertido que se llevaba a todos de calle, el que con su encanto arrollador sería capaz de conseguir lo que se propusiese, cuando se miraba al espejo por las mañanas, aún era el niño asustado que se escondía en el armario y lloraba mientras se tapaba los oídos para no oír los gritos.
Tomó aire y se centró en la nueva. Tenía que admitir que poseía un gran chasis. No era alta pero tenía muchas curvas y unas tetas grandes y preciosas, unos bonitos ojos azules y el pelo largo y ondulado. Durante toda la mañana la llevó de un lado a otro, presentándola a todos y enseñándole lo básico que debía conocer en el instituto. Todo a su tiempo, al día siguiente volvería a ser su guía espiritual en las procelosas aguas del instituto. Hubo un momento en el que se relajó junto a ella como no lo había hecho en todo el tiempo que había pasado en ese centro, era reconfortante comprobar que no todas babeaban por él, por un momento se vio siendo su amigo, quedando para ir a comer algo y al cine, para hacer deberes y viendo la tele tirados en el sofá. Cocinando, tenía que preguntarle si sabía recetas típicas de su país, quizá podría enseñarle alguna.
Y, entonces, apareció él, quitándose su anorak, sacudiéndose la lluvia y caminando con premura hacia la secretaría. Hacía casi un año que no le veía y que entrara de repente en sus dominios le descolocó. Se dio cuenta de que la nueva había notado su repentino cambio de humor y que había visto la causa, y le dio rabia de que hubiese visto alguna debilidad en él. Pero no dijo nada ni su expresión delató ningún pensamiento negativo. Era como si hubiese comprendido y quisiera dejarle su espacio y su intimidad, simplemente le sonrió y fueron a su siguiente clase. En cuanto sonó el timbre, apuntó el teléfono de Stackhouse después de darle el suyo, y salió corriendo antes de cualquiera de las muchas compañeras que tenía que se lo habían pedido y él nunca se lo había dado, dijese algo, antes de que Pern se diera cuenta de que entre la nueva y él ya había algo.
Llegó a casa antes que su madre y comenzó a hacer deberes, esa tarde tenía piano y quería estudiar antes de ir, que cuando volviese, con preparar la cena tendría suficiente. Al cabo de media hora oyó la puerta y fue corriendo a saludar a su madre. Se inclinó y la besó, le cogió las cosas y las puso en la percha.
_ Hola, tesoro – susurró su madre con una sonrisa-. ¿Qué tal tu día?
_ Bien, tenemos una chica nueva y me han pedido que la ayude para integrarla – se colocó detrás de la silla y comenzó a empujarla hasta el salón-, ¿y el tuyo?
_ Bueno, mucho trabajo en la oficina, pero ya sabes que no me importa – se quedó mirándole ahora que se había sentado en el sofá frente a ella-. ¿Y esa chica nueva...?
_ Es americana. Está un poco perdida, mucho cambio...
_ Pobre, se tiene que sentir muy sola, deberías invitarla un día a comer con nosotros – probó a decir, como siempre, esperando que esa vez si accediese y lo hiciera. Él nunca invitaba a nadie a su casa.
_ Puede que lo haga, es diferente – concedió esta vez y su madre no pudo esconder la sonrisa que se dibujó en su rostro- ¿Qué?
_ Nada, me parece bien que quieras ser amigo suyo – levantó las cejas- ¿Es guapa?
_ Sí, supongo... – respondió vagamente.
_ ¿Supones? – se rió y para él no había sonido más hermoso que la risa de su madre, aunque tan solo fuese por todas las veces que la había oído llorar.
Había pensado hablarle de él pero, ¿para qué estropear el momento?
_ ¿Quieres que te prepare un café o un té? Tengo que terminar los deberes antes de irme al KMH*.
_ No, ya me lo preparo yo, cielo, tú sigue con tu tarea – su madre le agarró la mano y se la llevó a los labios y él tuvo que reprimir las lágrimas por el amor que ese gesto desprendía.
Esas eran sus tardes, el chico popular, se limitaba a serlo en el instituto y algún día cuando quedaba con sus amigos, que no era muy a menudo. No le importaba, estaba donde quería y hacía lo que le gustaba, nunca había sido un chico díscolo, quizá lo que le había pasado le había hecho crecer y madurar de golpe. No lo sentía, si lo hacía era por la parte de dependencia que su madre tenía de él, no porque él tuviese que ayudarla.
Al día siguiente, llegó con tiempo y esperó a Stackhouse en la entrada. Pernilla se puso histérica, como era de prever, quejándose de que le hubiesen encargado esa misión a él. Estaba harto de ella, era increíble en el jardín que se había metido por ser aceptado. Habían estado tonteando desde principio de curso, Pern era guapa, morena y con unos ojos azules como faros. Era la chica más espectacular del Instituto y él había dado su último estirón durante el verano. Cuando entró el primer día de clase, los pasillos se abrieron como el mar Rojo a su paso. Ya no era el chico delgaducho y listo que iba adelantado a su edad, hora era el más alto, el más guapo y el más listo, por eso, que Pernilla Bergström se fijara en él fue una recompensa a lo mal que el año anterior lo había pasado intentando adaptarse a un nuevo centro y a una nueva vida.
Pernilla seguía quejándose; él le estaba agradecido porque gracias a ella gozaba del estatus que en esos momentos tenía, además, le había enseñado mucho más de lo que, en principio, esperó aprender de ella. Mucho más... De repente, se había convertido en una pieza codiciada, las chicas que el año anterior pasaban de él, éste se lo rifaban, estuvo con un par de ellas, nada importante, antes de que Pern pusiera coto a su cuerpo. No era que ella si fuese importante, eso se lo había dejado claro desde el primer día, no la quería, la apreciaba pero nada más, y no quería que se confundiese, una cosa son las hormonas y otra el amor, y lo suyo era hormonal. No le importó, o eso dijo, pareció que le hacía hasta gracia, pero el tiempo había demostrado lo contrario.
_ Pern – la paró cuando volvió a la carga contra la nueva-, basta. Esto no funciona, deberíamos darnos un descanso...
_ ¿Qué...? – se indignó- ¿Estás cortando conmigo, niñato?
_ Eso parece.
_ ¡Nadie corta conmigo! – le gritó.
_ Bueno, yo sí – hizo una pausa-. No creo que te pille por sorpresa, no te pertenezco, te lo dije – de soslayo vio bajarse del coche a Stackhouse-. Justo a tiempo, buenos días, Stackhouse – se volvió a mirar a su ya ex lo que fuese- Hasta luego, Pern, nos vemos.
Stackhouse la miró y luego a él.
_ ¿Qué? – se interesó.
_ Nada – se rió-, que tu novia me quiere matar.
_ No es mi novia, yo no soy de nadie.
_ Pensé...
_ Ya, bueno – suspiró-, ella parece que también.
Estar con Stackhouse era relajante, no demandaba su atención constantemente como todas las demás, le preguntaba cuando tenía alguna duda y si no, se mantenía al lado hablando de cosas sin importancia, o con ella, pero sin entrar en temas personales. Hablaba de música o de libros, fundamentalmente, comentaba como se hacía tal o cual cosa en su instituto, comparaba a la fauna que la rodeaba ahora con la autóctona en su pueblo. El único que se escapaba a su ácido sentido del humor era él, era inclasificable en cualquiera de los dos mundos y oírla decir eso le produjo una satisfacción adicional.
Sus días se deslizaban de clase en clase, comiendo juntos y se riéndose mucho. La única nota negra en esa nueva amistad era su tutor. Sabía que ella le había relacionado con él, si no ya por el nombre, porque entre los dos había un gran parecido, pero se obstinó en no hablarle de él, se limitó a decirle que era familia y que, si no le importaba, preferiría no hablar de eso.
Esa tarde se despidió antes de que se fuera a su clase de refuerzo y se ofreció para ayudarla con los deberes, que le llamase e iría a su casa, vivían muy cerca el uno del otro. Nunca había hecho ese ofrecimiento a nadie, definitivamente, le gustaba Stackhouse, sí, y eso le hizo estremecerse. Nunca había permitido a nadie entrar en su vida como lo estaba haciendo con ella. Se había convertido en su amiga y eso le asustaba, nunca había tenido ninguno así de cercano.
Su madre le miraba sin decir nada, sonriendo porque, por fin, había encontrado a alguien que paliara su soledad. En pocos días, Sookie se convirtió en una más de la casa y su madre la adoptó lo mismo que lo habían hecho él y su nuevo tutor...
Estaban cenando cuando soltó su cubierto, no pudiendo aguantar más.
_ ¿Por qué no me lo has dicho? – preguntó con tono triste.
_ Decirte, ¿qué, mamá? – se hizo el sorprendido pero demasiado bien sabía por dónde iba. Ella le miró con reproche.
_ ¿Te lo tengo que decir?
_ Mamá – suspiró y dejó sus cubiertos-, no quería hablar de él...
_ Es tu hermano.
_ Y nos abandonó cuando más le necesitábamos...
_ Sabes que no fue así... – bajó la cara y sus ojos se llenaron de lágrimas.
_ Mamá, no quiero que llores, pero me cuesta perdonarle, eso es todo. Aún no he llegado ahí.
_ Hijo... – empezó a decir pero le cortó.
_ Déjalo, por favor, no quiero que te entristezcas por mi causa. Algún día lo haré, hoy no puedo.
Se levantó y comenzó a recoger la mesa. Fregó los platos y se refugió en su cuarto. Se tiró en la cama con un libro pero la cabeza no dejaba de darle vueltas, sabía que el fondo su madre tenía razón y quería complacerla también en eso, pero no estaba seguro de poder hacerlo. Intentó sacudirse esos pensamientos y puso música. Sonrió, All that she wants estaba sonando y a ella le encantaba. De repente la echo de menos y deseó que estuviese allí con él para poder contarle todo lo que había dejado de decirle en las últimas semanas. Cogió el teléfono y no se lo pensó.
_ Hola, ¿estás ocupada? – hizo una pausa para escuchar su respuesta-. No, no pasa nada..., bueno sí, quería hablar contigo, desahogarme... – hizo una pequeña pausa y susurró-, hablarte de todo, de él...
Cuando mirara con perspectiva se daría cuenta de que esa fue la noche que todo cambió. En la que todo empezó.
·~·~·~·~·~·~·~·~·~·
* Kungliga Musikhögskolan, es el conservatorio de música, aunque ni idea si refieren al centro por las siglas.
All that she wants es una canción de Ace of base.
¿Qué tal este Northman?
