Nombre del one-shot: ¿Mis Razones?

Personajes: Los Hamato, Karai Oroku/Miwa Hamato, Splinter/Hamato Yoshi, Abril O'Neil y Casey Jones.

Advertencias: Disclaimer TMNT versión humana; los personajes no me pertenecen, créditos a Nick. OoC [Fuera de personaje]. AU [Universo Alterno]. Situaciones dramáticas, poco románticas, dolorosas y sádicas. Nada de lo ocurrido aquí tiene que ver con la serie original; todo es creado sin fines de lucro.

Puntos a tener en cuenta: Narración. —Diálogo. «Pensamientos».

Clasificación: T

Categoría: Drama, Dolor, Familiar.

Total de palabras: 2640.


Summary: —¿Mis razones? —Repite volteándose a verlo, con la mirada carmesí llena de clara confusión—. ¿Quieres saber… mis razones, por las cuales aún los quiero con vida?


¿Mis Razones?

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El joven suelta una risa corta y se levanta del gran trono. Esos androides traen justo lo que lleva esperando desde hacía días. Los tienen a su familia frente a él. Camina calmo hasta ellos sonriendo al notarlos desesperados, asustados, indefensos, cubiertos de la vista por aquellas vendas. Los examina a cada uno de ellos que están de rodillas frente a él quejándose en murmullos (a excepción de Rafael que como siempre grita y maldice a todos a su alrededor) por el atraco y secuestro que han sufrido a causa de los malvados Kraang, quienes habían descubierto la localización de su guarida secreta —gracias a él, obviamente—.

Donatello los tiene enfrente a todos los miembros de lo que una vez llamó familia. A su maestro, a su hermano mayor y antiguo líder, a su hermano temperamental, a su hermanito bromista, a su hermana perdida, a su rival amoroso y finalmente a su dulce pelirroja.

—Vaya, ¿quién hubiera pensado que los tendría a mis pies algún día? —Piensa en voz alta y hace una seña a los Kraang para que se vayan. Usando sus poderes hace desaparecer las vendas que cubren los ojos de todos. Y entonces sus reacciones lo hacen sonreír complacido; unos quedan de piedra y otros confundidos—. Hola, familia. —Saluda burdamente sin borrar esa mueca que derrochaba maldad.

—¿Donatello? —Lo nombra desorientado el mutante rata observando con incredulidad al que una vez fue su hijo—. ¿Qué significa esto, hijo mío? —lo examina de arriba abajo notando su apariencia humana, su elegante traje y esa mirada que no demuestra más que oscuridad, una más horrible incluso de que la que una vez perteneció a su enemigo Destructor.

—Oh, ¿ahora soy tu hijo? —Inquiere el joven castaño y ríe sarcásticamente para luego mirarlo con odio, mucho odio. Sus hermanos no tienen palabras, nadie tiene palabras para refutar en ese momento. Pero él sí, Donatello tiene muchas palabras que soltar—. No creo que hubieras dicho eso cuando me viste convertido en humano, ¿no es así? Me miraste con espanto, me rechazaste, me dejaste de lado, ya no me quisiste y quisiste a estos… —dirigió su vista con repulsión a sus tres hermanos mutantes—… monstruos.

—¿Quién es el verdadero monstruo aquí? —Pregunta de pronto Rafa lanzándole una mala mirada al ojicarmín. Trata de liberarse las manos pero las cadenas que lo apresan están fuertemente aseguradas a no soltarse—. Te aliaste con los Kraang y atacaste New York. Tú aquí eres el único monstruo. ¿Cómo puedes destruir así nada más el lugar donde vivías?

El aludido solo ensancha su oscura sonrisa.

—No, Rafa, yo no lo destruí —aclara moviendo ligeramente las manos enguantadas de negro en pos de inocencia pero luego lo piensa mejor—. Bueno, técnicamente sí. Yo les di a los Kraang la información necesaria como para obtenerlo todo sin fracasar. Aunque nunca participé en la masacre, obviamente —hace un par de ademanes y su mirada se ensombrece—. Pero no estamos aquí para hablar de lo que yo hice, sino de lo que ustedes hicieron.

—¿Qué? ¿Nosotros? —Repite un confundido Mikey—. Nosotros no hicimos nada, Donnie. —Declara algo atemorizado y triste.

El mayor lo mira fríamente y se acerca a él inclinándose para estar a su altura (los tiene de rodillas y aun así prefiere verlos a la cara porque los respeta en el fondo).

—Claro que sí, Mikey, claro que lo hicieron —alega en un murmullo suave y luego vuelve a erguirse para mirarlos a todos con frialdad—. Ustedes, seres patéticos y despreciables, me rompieron. —Concluye con seriedad y un toque de asco y desprecio.

—¿Qué hicimos qué? —pregunta un confundido Leo.

—Me rompieron —repite algo molesto. Se da vuelta y suelta un largo suspiro triste y desolado—. Recuerdo perfectamente ese momento, saben. Lo recuerdo como si hubiese sido ayer cuando me rechazaron, cuando me vieron como algo despreciable, algo que ya no era parte de su familia —vuelve a darse vuelta encarándolos, y una sonrisa sádica se forma en su rostro. Levanta ligeramente una mano y de ésta aparecen llamas moradas y brillantes, y con ello las cadenas que tienen todos ellos aprietan fuertemente, causándoles dolor—. Y quiero que sepan lo que se siente. Ustedes ya no son mi familia.

—¡Ya basta, Donnie! —Exclama Casey harto y enojado. El castaño se detiene y lo mira con ojos sorprendidos—. ¡¿Qué se supone que estás haciendo?! ¡Esto es una locura! ¡Debes detenerte de una vez! ¡Vuelve a ser tú, maldita sea! ¡Vuelve a ser aquel genio malhumorado y que tanto odio y deja toda esta estupidez de la venganza! ¡Ya basta, ¿sí?!

El muchacho guarda silencio mirándolo impactado aún. Nadie se atreve a decir nada o interrumpir el silencio, ni siquiera sus respiraciones. Hasta que de pronto el castaño se pone serio y acercándose a él y se arrodilla enfrente suyo.

Casey… —lo llamó ligeramente y de pronto sonríe con burla—. ¡Eso es lo más estúpido que he oído! —Exclama con una expresión divertida y suelta varias risas escandalosas y vuelve a ponerse de pie mientras ríe y se sujeta su adolorido estómago. Aquello le había sonado a la cosa más graciosa antes escuchada en vida. Y todos (especialmente Casey) quedan confundidos y algo atemorizados—. ¡De verdad… de verdad necesitaba oír algo como eso! ¡Qué gracioso eres, Casey! ¡Jajá! ¡Jamás había oído algo tan tonto! ¡Jajajá!

—¿Qué se supone que es tan gracioso? —pregunta confundida y fastidiada la kunoichi de ojos mieles.

El joven para de reír y la mira con ojos brillantes.

—El hecho de que piensen que verdaderamente voy a olvidarlo todo y volver a ser de los buenos —aclara dejando impactados a todos. Sus ojos retoman aquel brillo infernal y su sádica sonrisa se ensancha en tanto sus manos y brazos completos son rodeados por llamas moradas—. No piensen que se los perdonaré. Mis días como uno de ustedes se acabaron, desde esa vez en la que decidieron hacerme a un lado solo por ser diferente. —Levanta dispuesto a acabar con todo el rencor que guarda dentro hacia esas criaturas que tiene enfrente, aquellos que una vez fueron su única familia.

Se acerca a todos a paso lento haciendo eco con el sonido de sus suelas contra el mármol. La guarida parece retumbar solo con aquellas pisadas. Desde afuera se oye la masacre que se ocasionaba debido a los extraterrestres. Y ellos están ahí, los ninjas de New York apresados por quien una vez fue un hijo, un hermano, un aliado y un amigo de cada uno de ellos.

Los tres chicos mutantes bajan la cabeza ya rendidos, saben que se lo merecen saben que ese es su castigo por abandonarlo cuando más los necesitaba. Lo abandonaron y él terminó por convertirse en uno de los entes más poderosos de todos, en un rey lleno de oscuridad dispuesto a arrasar con el mundo, con todo lo hermoso. Todo por culpa de ellos quienes lo rechazaron.

Pero no puedo matarlos… —comenta en un murmullo silencioso Donatello. Entonces lo miran con los ojos abiertos notando algo que realmente los deja mudos. De sus fríos ojos de sangre brotan grandes lágrimas que resbalan por su rostro que no cambiaba esa expresión sádica y malvada. Sus ojos sueltan aquellas lágrimas como cataratas inquebrantables y él no para de sonreír como si aquello ni siquiera lo hubiese notado—. No puedo matarlos… no a ustedes…

¿Qué…? —Pregunta de pronto Abril susurrando. El joven rápidamente apenas al oír su voz gira la cabeza a verla ya borrando su sonrisa y mostrando una pareciente a la de temor genuino y desesperación errante.

Abril… —la nombra suavemente y pareciera como si la hubiese notado recién, el hecho de que ella también se encuentra ahí de rodillas frente a él. Sonríe ligeramente dulce hacia la muchacha y luego hacia sus hermanos. Los observa a cada uno de ellos, los examina detalladamente. Finalmente volviendo a usar sus poderes los hace ponerse de pie a la fuerza haciendo volver aquella expresión maniática y sádica a su rostro—. No los puedo matar… no lo haré tampoco. Los dejaré vivir. —Y dicho aquello simplemente da media vuelta y comienza a alejarse pensando silenciosamente en qué hacer.

—¿Por qué? —Pregunta tosco Rafa de pronto haciéndolo detenerse—. ¿Cuáles son las razones para que nos mantengas con vida, luego de lo que según tú te hicimos? ¿Acaso no nos odias? —suelta bastante molesto.

Rafa, basta. —Pide Mikey quien se halla a su lado. El líder en ese momento no puede reprenderlo pues mira al joven que una vez fue su hermano menor.

Donatello se da vuelta entonces, encarándolos.

—¿Mis razones? —Repite volteándose a verlo, con la mirada carmesí llena de clara confusión—. ¿Quieres saber… mis razones, por las cuales aún los quiero con vida? —Recalca burlonamente con su ya típica sonrisa sádica y cruel. Va hasta enfrente del de ojos verdes haciendo notar su altura y mirándolo fríamente con aquellos orbes de sangre brillante que llegan a calar en lo profundo del mutante—. Mis razones son simples —declara calmo y las lágrimas vuelven a escocer sus ojos entonces se aleja varios pasos mientras éstas descienden una vez más por su rostro y él sigue sonriendo con tranquilidad—. Y también son estúpidas, cabe decir —jadea un poco en tanto se toma ligeramente del pecho cerca del corazón y comienza a encogerse como si estuviera sufriendo algún tipo de dolor, dejando atónitos a todos—. Son mi familia —suelta finalmente borrando de una vez su sonrisa malvada por una tranquila, dulce pero a la vez adolorida, llena de tristeza—. Aunque los odie mucho, no puedo hacer tal cosa como torturarlos o matarlos. Porque si lo hago…

«Me dolerá… me matará» completa con dolor no pudiendo ser capaz de soltar esas palabras. Puede parecer de lo más sincero y cruel con sus palabras pero algo como eso no debe dejar que sea descubierto, no puede dejar que se enteren que podría perdonarlos. Él no puede ni debe simplemente soltar aquellas palabras.

Entonces sonríe tranquilo. Y se pasa los dedos cubiertos de tela negra por el rostro para notar la ligera humedad que aún dejan escapar sus ojos.

Ya veo… —murmura ligeramente para sí mismo—. «Me duele… a mi cuerpo… por dentro… sigue doliéndome» —finalmente se limpia las lágrimas con el antebrazo y les sonríe con arrogancia a todos ellos—. Bueno… temo que esto tendrá que terminar —vuelve a acercarse una vez más y los hace ponerse de pie a todos. Luego dirige su vista hacia la muchacha de cabello naranja.

(Y algo le quema y le hace sentirse miserable al verla tan asustada).

—Lo siento, Abril, es mejor que no veas esto porque será doloroso para ti —declara hacia la aludida y dichas esas palabras hace aparecer una tela sobre los ojos de ella cubriéndole la vista por completo. Después vuelve sus orbes sangre a los demás mirándolos con frialdad—. Adiós, queridos hermanos, hermana, y Casey —aprieta el puño y enseguida todos ellos caen inconscientes, después hace aparecer varios portales donde los deja a cada uno de ellos. Al haber terminado con eso observa al que una vez fue su maestro y padre.

Y siente asco y repulsión y solamente ya no quiere verlo.

—Lo siento, sensei, pero creo que con usted será diferente —afirma con una sonrisa fría y cruel y dándose vuelta se aleja calmadamente—. A usted no lo puedo perdonar, lo siento. Mi corazón compite con mi mente y mi mente gana. Con mis hermanos mi corazón ganó, pero con usted… —le mira de reojo con indiferencia—, creo que no. No puedo quererlo lo suficiente como para perdonar aquella mirada de repulsión que tuvo hacia mí cuando me vio con este cuerpo por primera vez —declara y con un ligero movimiento de manos aparecen de nuevo los Kraang y se llevan a rastras a la rata mutante. Él se sienta mirando hacia una ventana con aburrimiento (no puede dirigir su vista a él, porque sabe que puede arrepentirse y volver a perdonarlo; no quiere eso)—. Tengo mis razones, lo siento.

Donatello no oye quejas, no oye pedidos de auxilio, no oye palabras de perdón. No oye nada que salga de la boca de su padre y sólo lo ve de reojo siendo arrastrado con la cabeza y las orejas agachadas sin nada que poder decir en su defensa. Eso lo satisface ligeramente pero también lo daña puesto que había roto esa ligera esperanza de que él dijera que todavía lo quería que no le importaba en lo que realmente se hubiese convertido que seguía amándolo como a un hijo y que le perdonaría.

Quizás si hacía eso cambiaría de parecer y también dejaría la oscuridad.

Empero no oye nada y eso lo destroza profundamente. Y lo ve desaparecer.

Entonces voltea su mirada a la muchacha que aún sigue de rodillas paralizada allá en el suelo con los ojos vendados mientras jadea tratando de mantener la respiración y no desmayar luego de todo lo que ha oído, de todo lo que pudo presenciar a vista ciega, de todo lo que su mente le hizo pensar que ocurrió.

Se acerca a ella velozmente y se arrodilló enfrente. Piensa… piensa, ¿qué va a hacer con ella? A pesar de que a ella también llegó a odiarla por momento ese odio y rencor fueron borrados rápidamente luego de volver a verla enfrente dolida, asustada y confundida. El verla con esa simple expresión llena de temor hizo que todo su enojo hacia la muchacha pelirroja se desvaneciera. Es como si quisiera ver aquel bonito rostro —a su parecer, el más bello que vio poner antes y nunca— todos los días de su vida.

Y es más que clara la respuesta. No le va a hacer daño claro que no, pero tampoco la alejaría. La tendría siempre junto a él para nunca más soltarla.

Sonríe satisfecho y hace desaparecer esa venda entonces vislumbra gustoso los ojos cristalizados y brillantes de su bonita pelirroja. Esos orbes azules llenos de lágrimas que luego resbalan por sus punteadas mejillas, con su cabello algo desaliñado y su expresión de incredulidad a todo lo que le está sucediendo. Simplemente le parece excitante esa bonita expresión —que nunca antes sino hasta ese momento había podido admirar y se siente enteramente regocijado de admirar—.

Y está claro, ella se quedaría junto a él (y la enloquecería y la rompería, para ver siempre esa expresión de temor y llanto para tenerla siempre junto a él y solo junto a él).

—Querida Abril —la nombra dulcemente sujetándola delicadamente de la mejilla con una de sus frías manos y le regala una sonrisa desalmada y sádica con un amor enfermizo que se denota muy bien en sus orbes de sangre—. Perdón, pero te quedarás conmigo. Tengo mis razones.

Más ella no responde y sólo lo miró con miedo, mucho miedo (un miedo que él ama ver y que espera siempre ser causante hasta que finalmente ese bonito rostro ya no lo pueda demostrar nunca más).


Continuará.