HOLA!
¡Gracias por seguir interesada en esta histria!
Rated M, por las futuras situaciones explícitas, tanto sexys como de alguna batalla sangrienta (Será la onda llegar a ese capitulo!)
Rvws... ¡SI! Los adoro y me inspiran/Incitan a actualizar más rápido!
N/A:1 Para esta historia me he basado en fábulas y personajes Griegos principalmente.
N/A2: En el capítulo que sea necesario incluiré un pequeño glosario con los términos que pudieran confundir o sonar ajenos. No se preocupen, al inicio del FF lo indicaré.
Espero que les guste lo que viene a continuación para ser merecedora de un Rvw y un follow!
La historia ya esta TERMINADA así que podré actualizar veloz!
WARNING: Más info...ya sé, aburre poquito pero es necesaria! Prometo compensarlas y cuando se acerque sexy-stuff les dejaré saber de antemano picaronas ;)
HAY GLOSARIO AL FINAL
CAPÍTULO II/XVI
PANSY PARKINSON
…
Decían los conocidos de mis padres que yo era la viva imagen de mi madre pero con el color del cabello de mi padre. De pequeña sentía una emoción enorme al ser llamada pequeña Anemona, ese es-era el nombre de mi madre y el que me llegaran a comparar con ella era un enorme orgullo para mí.
Aunque en ocasiones me hacía sentir triste, me encantaba recordar a mis padres y más aún en estas fechas.
Mi padre, un hombre era tan amable, alegre, juguetón y en extremo inteligente. Era profesor particular de historia y literatura en el mundo mágico. Desde pequeña supe que mí corazón algún día pertenecería a alguien con un mínimo inteligencia como el suyo. Amaba con extremada devoción el cielo y las estrellas. Era un hombre que podía perderse horas hablándome de constelaciones y movimientos estelares.
Sobre la orilla del océano en que acostumbrábamos asistir a vacacionar él solía explicarme las historias que encerraban los misterio del océano, las muchas leyendas que engrandecían los lugares donde el agua salada tocaba. Era un hombre apasionado por aprender y transmitirme sus conocimientos en demasía. Una pasión que me heredó sin dificultad, pues yo misma adoraba perderme entre las millones de estrellas sobre mi cielo en la noche o las altas e indomables olas que el mar me regalaba al visitarlo.
Desde pequeña deseaba conocer a esa persona que despertaría en mi la misma pasión y adoración que mis padres se profesaban entre sí. Era indispensable que mi futura pareja irradiara ansía por aprender e imaginar. Personas con la libertad y la apertura a nuevas cosas son por naturaleza curiosas y gustan de su libertad y espacio propio sin necesidad de apartarte de su vida, simplemente silenciosa convivencia en los momentos de análisis.
Oh-como ansiaba a alguien así a mi lado, aun cuando pequeña. Alguien con temas de conversación y astucia me era sumamente interesante y atractivo-a. El solo pensar que algún día mi vida se podría ver entrelazada a alguien con estas peculiaridades me emocionaba al grado de hacerme sonreír como una idiota.
"Pansy. Toma tus decisiones con la mente fría y corazón tranquilo, nosotros te apoyaremos desde donde estemos," eran las palabras de mi madre que me marcaron de por vida y yo esperaba hacerlas realidad cada amanecer que esta vida me prestaba.
Mi vida como preadolescente, a mis nueve años, era bastante madura para mi edad según los allegados a mis padres. Nunca supe si el hecho de ser hija única tendría que ver pero adoraba leer en silencio junto a mi padre y charlar de temas complejos con mi madre.
Tanto mi padre como madre me habían dejado en claro desde temprana edad que la diferencia de sangre –mágica, no mágica, mestiza- únicamente era seguida por patanes-mente-cerrada, en busca de afirmaciones de lo contrario. Mis padres lucharon por dejarme en claro que todos somos seres místicos, humanos con cualidades y capacidades distintas. Dejando de lado nuestro estatus sanguíneo –sangre pura desde hacía más generaciones de las que nos gustaría admitir-, todos vinimos de donde mismo en el origen de los tiempos.
Era una vergüenza reconocer al único idiota capaz de creer en la supremacía de la sangre había sido Lord Voldemort, un mago tenebroso, muy poderoso y para colmo de males él era mestizo.
Bastaron un par de sesiones al lado del Lord Oscuro para darme cuenta que su falta de respeto por otros seres de este universo fue su causa de perder la batalla final. Cosa que me alegra sobremanera ya que jamás fui adepta a sus creencias e ideales. Simplemente seguí la corriente del círculo en el que me vi atrapada.
Era eso o morir como una oponente a su causa.
Mis padres me inculcaron la toma de decisiones y la consecuencia de mis acciones. Cada momento a lado del Lord Oscuro y sus lacayos me hacían perder un poco de mi humanidad, cada misión que me era encomendada me hacía pensar que no tenía derecho a seguir respirando el mismo aire de aquellos valientes que peleaban por la justicia que defendían. Me sentía asqueada y nauseabunda con cada misión cumplida a la causa del loco de Voldemort.
Solo un pensamiento –más bien deseo- llenaba mi mente al momento de verme en el espejo y detestar la imagen que regresaba mi reflejo, "Eres Importante pequeña Pansy. Eres inteligente y Valiente." No me lo dijeron en un aspecto ególatra, sino en el sentido de apoyo, mis padres confiaban en que me convertiría en alguien importante…
Aun así, esa era mi mantra, repetido una y otra vez hasta creérmelo, incluso creía que si lo repetía las suficientes veces podía escuchar la suave voz de mi madre susurrando esas palabras a mi oído.
Mis padres… por alguna razón, se empeñaban en darme pequeños consejos y ayudas para el día en que mi vida se viera solitaria y en necesidad de tomar cuidado de mi misma. No fue hasta meses después que me di cuenta la verdadera razón de esto.
Ellos habían educado a una joven con la capacidad de decisión que le ayudara a sobrevivir en un mundo jodido y retorcido como el que Voldemort quería crear, por el que él hacía mi cabeza inclinarse. Tenía una creencia-mentalidad filosófica muy arraigada y reforzada en mí ser tanto por mi padre como mi madre respecto a la leyenda del ORIGEN, su moraleja y mi destino. Descubrí que representaba algo más al contármela. Puedo decir que soy un ser algo complicado de comprender pero, ¿Quién no lo es?
Mis padres suenan adorables y amorosos… Lo fueron. En realidad eran los mejores seres humanos y padres que alguien podría desear tener a su lado y la pregunta en este punto de mi historia sería, ¿Por qué actúas como una total hija de perra Parkinson?
La respuesta es sencilla; Ya no están, murieron poco antes de mi decimo cumpleaños.
Amorosos y comprensivos, respetuosos por todas las formas de vida que este universo anidaba. Me brindaron la confianza de tomar mis propias decisiones, aun a tan temprana edad, lo que ocasionó en mí una inusual confianza.
La maravillosa crianza de una Pansy Parkinson, medianamente humana, duró hasta que, un día como cualquier otro, una prueba de campo mágica en el laboratorio subterráneo en casa de mis padres salió mal. Mi padre murió al instante en que fue alcanzado por impacto de lo que sea que quisieran recrear y mi madre quedó incapacitada mental y físicamente dada la fuerza del hechizo, una rara combinación de pociones y ataques con las que trabajaban, ella murió un par de días más tarde a causa de las graves secuelas internas. San Mungo y sus especialistas fueron incapaces de mantenerla con vida después de aquello.
Sin darme cuenta en un instante perdí a mi padre. Aun con la esperanza puesta en los medimagos termine perdiendo a mi madre también y toda la felicidad que sentía como hija única de Anemona y Philip Parkinson se desvanecido como si jamás hubiera existido.
A veces para tener paz debes hacer la guerra primero. Recuerda siempre usar la cabeza y pensar en los demás antes de tomar cualquier decisión, recordé las sabias y tranquilizadoras palabras que mi padre me dedicó ese día poco antes del accidente que cambió el rumbo mi nuestra familia.
Yo tenía solo nueve años el día en que servicios mágicos infantiles me dejaron al cuidado de una de mis tías más lejanas, no estaba ni enterada de su existencia. No tenía abuelos, hermanos mayores o algún tío o tía por parte de mis padres… por lo que esa mujer, la tía Ianthe se vio en la necesidad de criar una niña que no deseaba y yo de crecer con una mujer que no deseaba cerca de mí.
Caso dos años antes de iniciar mi educación mágica en Hogwarts fueron suficientes para que las ideas oscuras y de pureza sanguínea fueran gravadas en mi cabeza por esa mujer, o al menos eso le hacía creer yo, pues el negarme a aceptar alguna de sus posturas me acarreaba una paliza física horrenda y la muy desgraciada se encargaba de ocultar las marcas dejadas por sus golpes con hechizos ante sus constantes visitantes.
Decidí seguir su juego y hacerle creer que sí, que estaba de acuerdo con lo dicho por Voldemort y sus posturas de sangre pura. Que sí, los muggles son inferiores, y que sí, la sangre pura es la dominante y debíamos esclavizar o erradicar a los débiles oponentes. Esa despreciable variación de ser humano hablaba de conquistas y esclavizar a los seres no mágicos como si estuviese dando la hora, con ello me provocaba unas tremendas ganas de volver el estómago o peor... cruciarla.
La tía Iante era una mujer frívola, reservada y en extremo participe de las creencias del Lord Oscuro, físicamente era como la copia delgada de Umbridge, la misma hermosura facial y el mismo semblante autoritario de suficiencia. Ella arregló mi compromiso con mi mejor amigo: Draco Malfoy, sin siquiera preguntar mi opinión en el tema.
Me obligaba a pasar la hora del té en su mansión con un montón de personas que vestían siempre de negro, enmascarados y hablaban temas oscuros y retorcidos. Esa mujer, junto con los otros tipos de sus reuniones, lo único que hacían era recordarme que mí gracias a mi estatus sanguíneo yo ya era una líder nata y por ello el siguiente en la cadena de poder era el heredero de los Malfoy, que debíamos unir las líneas de sangre con ellos.
Hizo arreglos con la familia Malfoy para sellar el compromiso de Draco conmigo y nuestra vida después de casados. Afortunadamente Draco y yo somos mejores amigos desde pequeños, nos conocíamos gracias a Narcisa y mi madre, ellas fueron muy buenas amigas. Gracias a nuestra mutua confianza fuimos capaces de sobrellevar con éxito la falsa representación de nuestro compromiso, aparentando conformidad hasta el día de la batalla final donde la supremacía de los sangre pura se vería doblegada y abolida por un mestizo, Harry Potter. No solo eso, sino que el cerebro de la operación y tácticas fueron facilitadas por una nacida de muggles, Hermione Granger.
Vernos rodeados de seres frívolos y despiadados nos hizo comprender a temprana edad que la mejor manera de sobrevivir entre mortifagos era mezclarse y seguir su propio juego. Supervivencia del más fuerte pequeña Pansy, recomendó un día mi madre y yo aconsejé a Draco seguir con esto hasta que todo acabase, ya fuese para bien –ganando Potter y sus aliados- o para mal, ganando nuestro lado –donde el loco deschavetado de Voldemort ganaría - entonces no nos quedaría otra opción de vivir un matrimonio falso y sin amor o la más mínima posibilidad de procrear un heredero. Crecimos y jugamos juntos, nos adorábamos como hermanos, no habría sido posible siquiera besarnos por más de dos segundos sin sentirnos… asqueados, esa es la palabra correcta. En su momento lo intentamos ambos quedamos bastante inconformes sin ganas de repetirlo, ya ni hablar de ponerse a tratar de procrear un hijo cuando el deseo físico por el otro era totalmente nulo, sin mencionar que nuestros gustos caían lejos de la atracción por el sexo opuesto en ambos.
Draco y yo fuimos un par de jóvenes –como muchos otros- con la des fortuna de haber sido omitidos del derecho a elegir nuestro futuro y en su lugar se supuso seguiríamos por el mismo camino de aquellos a nuestro alrededor, marcándonos con su distintiva insignia en nuestro ante brazo, jodiéndonos la vida por siempre al no negarnos a llevarla. Pero, quien en su sano juicio se negaría a aceptar la Marca Tenebrosa cuando es vida tu misma la que está en vilo si acaso titubeas ante la imposición.
En esa ocasión las palabras de mis padres, sus consejos se vieron echados a saco roto. La opción a decidir me había sido arrancada y yo lo había permitido, al decidir vivir bajo el yugo de alguien a quien no respetaba pero temía por mi vida. Mi piel estaba marcada como paladín del loco con tendencias suicidas sangre limpia y mi vida jodida por solo portar su emblema.
Apenas habíamos acreditado nuestro quinto curso en el colegio y una noche, poco antes de comenzar sexto, fuimos llamados ante el Señor tenebroso. Después de ser marcados, lloré entre los brazos de Draco como nunca antes lo había ante nadie, ni siquiera con mi madre cuando un enorme raspón o cortadura marcaba mi piel al lastimarme. Esa misma noche para tranquilizarme Draco me confesó sus verdaderos sentimientos por cierto joven Gryffindor. En esa ocasión, supongo acarreada por el enorme grado de sinceridad y confianza de mi amigo rubio, yo misma le confesé mi atracción por las chicas, pero omití decir que chica-Gry tenía capturada mi atención.
Ambos sabíamos que por el hecho de sentir como hacíamos, al interesarnos por una persona de nuestro mismo sexo, ya estábamos condenándonos dentro de nuestro propio círculo social a una pena peor que la muerte a crucios…
"Debemos ignorar esto que sentimos Pansy, sabes bien que esta 'inclinación' nuestra raya más allá de la traición, y hablo por mí al menos al decirte que desafortunada o afortunadamente él me corresponde. He estado con él ya y, desde hace meses, vivo aterrado por lo que puede pasar si llegasen a descubrirnos. No puedo evitar sentir como hago y honestamente tampoco es que desee estar sin él, y sé que Harry tampoco quiere alejarse de mí. Él sabe que siempre seré suyo, que esperaré por él cuando todo termine," Escuchaba como su profunda voz hablaba tanto dolor y dulzura al mismo tiempo que sentí encogérseme el corazón.
Draco estaba enamorado de Potter y este correspondía sus sentimientos.
"Recuerda que sentir y amar como hacemos tu y yo es aberrante ante los ojos de los adultos a nuestro alrededor. Descuida, en mi padrino tenemos alguien en quien confiar," Me recordó acariciándome el cabello con una de sus manos sin dejar de abrazarme para ayudarme a dormir a pesar del escozor que ambos sentíamos en nuestro antebrazo no dominante. En mi caso la marca estaba en mi brazo derecho, la suya en el izquierdo.
Éramos un par de desafortunados jóvenes postrados en medio de una guerra que un loco empezó años atrás y nos había arrastrado donde ella marcándonos como igual de locos a él.
…
La vida como mortífago a los dieciséis años no era sencilla. Menos aun cuando es un camino que vivo sin desear. Después de pensar en las frases de aliento que mi madre me diría, me fue imposible apartar el pensamiento sobre cierta chica ultra inteligente grabado en mi mente, como deseaba estar segura de que existía.
Deseaba poder terminar con todo a mí alrededor para poder salir a buscarla. Con gusto comenzaría la cacería de esa, la chica que nublaba mis pensamientos desde la niñez aun sin conocerla en persona.
El crecer escuchando cada tantas noches la leyenda de aquella chica intelectual y de inigualable belleza me llevó a desarrollar un amor platónico por ella. Tal fue mi admiración por ella que la única chica que conocí con esas características se encontraba estudiando el mismo curso que yo en el colegio. Miembro de la casa de los valientes y una de las más brillantes mentes que Hogwarts no había albergado en mucho tiempo: Hermione Granger.
Me costaba trabajo estar cerca de ella desde el día que la conocí y le escuché hablar en el expreso de Hogwarts.
Mis primeros días a lado de ella me hacían parecer torpe y algo patosa, me ponía nerviosa encontrarme perdida en atracción por ella. Aun a mis once años sentía extraño estar a su lado o el hablarle pues era muy inteligente y al provenir de una familia no mágica, superaba a muchos de nosotros en conocimiento. Me tenía fascinada su mente. Hasta que la admiración que sentía por ella se volvió incomodidad al ser el centro de las burlas entre mis compañeras de habitación. Presionada y enfadada por la reprimenda mental que me llevaba por parte de estas y de mi tía en casa comencé a ser desagradable con ella, llamándola todo tipo de apodos y menospreciándola por su estatus sanguíneo.
Seguí con ese patrón conductual por años y estoy segura que ella me odia ahora, y en verdad que no la culpo. Entre Granger y yo las cosas siempre fueron incomodas y verbalmente agresivas, hasta el día de la batalla final en los terrenos del colegio cambió todo…
Durante el ciclo escolar en el que Potter y sus amigos buscaron los artilugios que ayudaron a la derrota del Lord Oscuro, afortunadamente Draco y yo continuamos 'asistiendo' y ayudando a los castigados por los Carrow bajo órdenes del mejor doble agente que este universo tendrá jamás: Severus Snape.
No se cómo lo hizo, pero Snape se había enterado de que tanto Draco como yo no éramos simpatizantes a la causa de Voldemort e inmediatamente nos sacó de las filas de mortifagos activos en el frente, alegando necesitarnos para la disciplina especial en el plantel estudiantil, a lo que el maniaco de Voldemort accedió emocionado.
Nos enseñó legremancia justo a tiempo antes de ser marcados, nos ayudó a movernos con sutileza en ambos bandos sin ser detectados. Era un hombre sumamente brillante, ahora entiendo la admiración de Draco por él.
De no ser por él ni Draco o yo estaríamos aquí y ahora, vivos. Este hombre sabía que tanto Draco como yo teníamos cierta inclinación en gustos distintos a la ortodoxa y reprobados por los ideales de nuestros colegas sangre pura. El ex profesor de pociones sabía de sobra hacía quienes nuestra inclinación se dirigía.
Snape jamás nos confesó sus verdaderas intenciones o por qué hacia aquellas cosas en favor de los estudiantes y de la Orden del Fénix, su única respuesta al preguntarle el porqué, fue: "Aquí la autoridad soy yo y se hará lo que yo diga, no lo que los Carrow les hinche."
Sí bien sabíamos que los métodos de Snape eran…digamos, no benéficos para los otros estudiantes, lo correcto sería decir que les dificultaba menos la vida –porque sencilla nadie la teníamos rodeados de mortifagos vigilándonos-, sobre todo a aquellos de la pequeña resistencia dentro del colegio que se hacían llamar el ED.
Cuando llegó el día en que Potter y sus secuaces entraron en los terrenos de Hogsmeade mi corazón dio un vuelco enorme cuando se corrió la voz de que estos habían sido detectados en las afueras del pueblo. Me preocupaba el joven pelinegro pero más me preocupaba su amiga castaña. Granger me había robado la atención desde el día en que hablé con ella en el gran comedor antes de nuestra selección con el sombrero. Ella me hacía sentir cosas que no sentía desde la muerte de mis padres en las raras ocasiones en las que me encontraba con ella a solas y esta me saludaba sonriendo tímidamente o al explicarme algún tema a causa de que algún profesor nos emparejó a trabajar juntas. Hábil, hermosa, inteligente y con una pasión inigualable por aprender y ser comprendida. En más ocasiones de las que me gustaría admitir, al tenerla sentada a mi lado explicándome algún tema –por orden de algún profesor obviamente-, tuve que contener las locas ganas de besarla, de tocar su cabello de la forma más sensual que mis manos me permitieran. Recordaba las palabras de mis padres y aunque alguna vez quise conversar calmadamente con ella mi miedo a ser observada por alguna tipa o tipo chismoso o que mi horripilante tía tuviera espiándome en el colegio me retenía de cualquier avance personal con ella si no era el insultarle.
El día de la batalla final… todo cambio para ambas.
::ימשיך::
Glosario:
Ianthe: Tía de Pansy seguidora de Voldemort. Se pronuncia i-a-n-t-e.
Gracias por leer y ojala les haya gustado, no olviden decirme que opinan!
Espero ganarme un rvw chiquitín si les ha gustado leer mi trabajo.
Y recuerden:
A más Rvws más rápido actualizamos!
LATERS!
