Una alarma se dejó escuchar en la enorme habitación, permitiendo que Adrien Agreste despertará. Tenía una sonrisa en la cara por el inminente buen día que tendría a continuación.
No tenía actividades impuestas para ese día y su padre, junto con la mirada protectora de Natalie saldrían de la ciudad por asuntos de negocios, dejándolo prácticamente solo ese fin de semana; por lo cual su meta impuesta era actuar como un adolescente normal.
En el momento en el que se enteró de sus días libres decidió que desayunaría cereal frente al televisor hasta las doce del día, después se alistaría para salir con Nino, el cual le había prometido ¨instruirlo en el mundo de la música como era debido¨ y pasar a una tienda de comics que frecuentaban para ver qué tenían de nuevo.
Por otro lado, estaba decidido a comer comida rápida sin preocuparse de la mirada desaprobatoria de su padre, el cual no tenía porque enterarse de su buena alimentación en esos días.
Sin pensarlo mucho entró a su baño personal para lavarse la cara y acto seguido caminar perezosamente hasta la cocina por su desayuno. Su humor era tal que no lo pensó dos veces antes de poner una doble ración del queso preferido de su kwami. Él también debía disfrutar ese fin de semana.
Regresó a su habitación mientras tarareaba una canción de Jagued Stone y no pudo evitar pensar lo lejana que le resultaba la cocina, entró para poner la bandeja sobre la mesa de centro que descansaba entre el sillón y la gran pantalla plana, sintonizando el canal de caricaturas.
Se dejó caer en el sillón y llenó su tazón de cereal, listo para esperar a su compañero.
—Plagg, despierta ya.
Habló tranquilamente, le parecía extraño que el gato no hubiera despertado al llegarle el olor de su alimento. Pasaron cinco minutos cuando Adrien intentó de nueva cuenta hablarle al ser negro.
—Plagg despierta. Están sacando tu caricatura favorita —Nuevamente silencio.
Todo aquello le resultaba muy raro al modelo que de mala gana se levantó para buscarlo en los lugares que eran preferidos del gato. Lo buscó en un hueco de la librería donde le gustaba dormir, el cajón del escritorio que usaba cuando quería estar solo, el cesto de basura donde solía ponerse a comer… sin éxito alguno.
Se dejó caer sobre su cama, exhausto. Apenas había sentido la textura de la cama contra su espalda cuando un gritó agudo lo hizo saltar, girándose bruscamente al no reconocer aquella voz. Sus ojos se agrandaron al ver a un ser rojizo de ojos azules que se sobaba la cabeza por el impacto.
—¡Tú no eres Plagg! —Atinó a decir dado el asombro.
La mirada de la catarina no era distinta a la del chico, que con una acción más propia de su portadora levitó a la altura del rostro del chico para ponerse a flotar en círculos mientras hablaba consigo misma.
—Esto no debería estar sucediendo, aun no. Es muy pronto ¿No es muy pronto? Ella aún no está lista —Una frase tras otra era emitida por la kwami, con gran frenesí.
El de ojos verdes no quería interrumpir la charla unilateral de su invitada, pero no se estaba enterando de nada.
—¿De qué estás hablando? ¿Dónde está Plagg?
La catarina se detuvo en seco para girar su rostro hacia el chico, parpadeando un par de veces antes de contestar.
—Chat Noir... Tenemos un problema.
—¿Y cuál podría ser ese? Pequeña kwami.
—¡Ups! Soy Tikki, el kwami de Ladybug —Dijo serena la pequeña rojiza mientras saludaba con su pequeña mano derecha.
—Yo soy... Adrien, el portador de Plagg —El chico le regalo una sonrisa mientras extendía su mano para que la pequeña se posara en ella.
—Mucho gusto Adrien.
Tikki correspondió la sonrisa mientras reía internamente, no podía decirle al chico que sabía perfectamente quién era, después de todo su portadora tenía miles de fotografías suyas en su recámara.
—Perdón, pero... ¿tendrás galletas? Empiezo a tener un poco de hambre —Los ojos del rubio se abrieron un poco más al caer en cuenta de sus malos modales.
—De hecho, tengo algunas —La catarina volvió a flotar cuando Adrien se dirigió a su escritorio, dejando ver una bolsa de papel de la panadería Dupain —Tienes suerte, ayer pase al mejor establecimiento de todo París por estas delicias.
La pequeña volvió a reír, sentándose después junto a la bandeja de comida del chico. Tomó una de las galletas que se le habían ofrecido, reconociendo las galletas que Marinette había preparado el día anterior.
Por su parte, Adrien tomó el cartón de leche para verterla en su tazón de cereal y disponerse a comer con la contraria.
—Así que... ¿Ladybug?
—Sí, ella debe estar con Plagg en estos momentos.
—Pero, ¿por qué? —La kwami suspiro, planteándose cuál sería la mejor manera de explicar la situación al de ojos verdes.
—Creo que es preciso presentarte a alguien muy importante, él sabrá explicar mejor que yo esta situación.
—¿Él?
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